Mentira y libertad

la_gran_patranaLa gran patraña (Carlos Trillo y Roberto Mandrafina). ECC, 2016. Cartoné. 128 págs. Color. 16,95 €

Es bastante sencillo detectar a un escritor primerizo, a alguien que aún tiene camino por recorrer. La principal señal es la utilización de descripciones que más que enriquecer al personaje buscan crear una proyección idealizada del héroe. No es extraño encontrarse habitualmente personajes masculinos tan fuertes que sólo saben mirar al pasado con melancolía y dibujar sonrisas irónicas en un rostro donde reina una mirada triste. Creo que hay pocas cosas que me expulsen más de una obra que ese tópico de héroe torturado en lo estético pero vivaz en todo lo demás. Pocas cosas hay menos creíbles que un personaje con el aspecto de Philip Marlowe pero el comportamiento de un semidiós griego adolescente.

Porque aunque el personaje noir torturado quede guay, sobre todo hay que saber llevarlo y ser honesto con la apuesta, la oscuridad y la fatalidad no pueden ser meros elementos estéticos sin más, la tragedia, que no el drama, exige un pago. Por fortuna, esto es lo que hicieron Roberto Mandrafina y Carlos Trillo en La gran patraña, un cómic que rezuma por todos sus poros el amargo sabor de la fatalidad, esa sensación de darlo todo por última vez y fracasar como nunca. El guión de Carlos Trillo sitúa la acción en una colonia latinoamérica, una especie de república bananera donde la corrupción reina sin problemas. Allí se cruzan los caminos de Donaldo Reynoso y Malinche Centurión, él un policía acabado y traicionado que malvive para esponjarse en alcohol, y ella un juguete sexual del poder corrupto que se vende como una virgen pura capaz de obrar sanaciones milagrosas. Como es lógico, como cualquiera sospecharía, ambos se ven abocados a una huída con pocas esperanzas primero para salvar sus vidas y después para conservar el amor que surge entre ambos, el amor de dos perros apaleados que se lamen las heridas mutuamente.

Esta historia central de serie negra basta para mantener la atención del lector y atenazarle las entradas. Carlos Trillo supo construir un universo rico y complejo, desde el dictador excesivo hasta las prostitutas de buen corazón o los rebeldes idealistas de la sierra, La Colonia vibra ante nuestros ojos y cada nuevo detalle va aumentando su experiencia de realismo y verosimilitud. Pero tampoco se puede dejar de lado el juego metanarrativo que mantiene toda la trama, convirtiendo a varios personajes en una especie de coro griego que matiza lo acontecido y nos habla del pasado y el futuro, casi siempre con la intención de que comprendamos mejor a los personajes y aceptemos de una vez por todas la tragedia pura, ni cruel ni bondadosa, que reina en las páginas de La gran patraña. De este modo, Carlos Trillo enriquece su trama oscura con diversos juegos, llegando incluso a introducir puntadas de realismo mágico en las últimas páginas de su creación, un leve toque sobrenatural hilado con tal finura que es capaz de mantener el contrato de verosimilitud en todo momento, ya que el amor y la desesperación reinante bastan para mantener esa atmósfera negra.

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Pero si algo habría que resaltar por encima de todo en La gran patraña, es la construcción de los personajes, desde los dos protagonistas hasta la enorme cantidad de secundarios que pueblan sus páginas. Carlos Trillo hace personajes creíbles tanto por sus virtudes como por sus defectos. Donaldo Reynoso es un héroe sin duda, pero con la armadura tan sucia y oxidada que al principio cuesta diferenciarlo de un asaltante de caminos. Sucede lo mismo con Malinche Centurión, una representación de la bondad sin límite pero llena de contradicciones, y sobre todo de egoísmos tan creíbles como perdonables. Incluso los personajes más arquetípicos, limitados a una función, como ocurre con el asesino la Iguana, tienen ese toque de profundidad suficiente para pasar de la bidimensionalidad utilitaria a la tridimensionalidad más enriquecedora.

Tampoco podemos dejar de lado el trabajo artístico de Roberto Mandrafina, que se adapta como pocos al guión que le toca ilustrar. Su arte es puramente realista pero sabiendo cuando sacar los pies del tiesto para enfatizar algún elemento, especialmente en los rostros de los personajes, que sin dejar de ser realistas en ningún momento, tontean con la caricatura más suave para mostrarnos en gestos y expresiones lo que esconden. La gran patraña es un gran cómic sobre las oportunidades perdidas y el fracaso más absoluto, una poesía triste en lo narrativo y en lo visual donde Carlos Trillo y Roberto Mandrafina nos regalan la experiencia de intentarlo y fracasar.

@bartofg
@lectorbicefalo

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