Las mujeres y yo (según Matsumoto)

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La chica de los cigarrillos (Masahiko Matsumoto). Gallo Nero, 2016. Rústica, 272 págs. B/N, 21€.

Entender el Japón de la posguerra es algo complejo. Hay que pensar en un país que sufre dos reestructuraciones sociales radicales y forzadas en menos de un siglo: la del periodo Meiji y una posguerra en la que el gobierno americano impone una nueva constitución y unas nuevas formas sociales, políticas y económicas. El arte del momento, sobre todo el popular, no dudó en representar aquel cambio brusco con el que, entre otras cosas, llego la igualdad de la mujer en el sistema social japonés. Entre estas nos encontramos la obra cinematográfica de Yasujirô Ozu con películas como Cuentos de Tokyo (1953) o Buenos días (1959); díptico en el cual se observa el cambio de valores y prioridades entre diferentes generaciones, o el caso del más desconocido por estos lares Mikio Naruse en el que focaliza la atención, en algunos de sus filmes, sobre la mujer y habla de La voz de la montaña (1954) en la que el aborto aparece como uno de los temas transversales.

Si bien las películas citadas nos permiten aproximarnos a ese nuevo Japón que se arrastra hacia una nueva definición de su sociedad es mejor avanzar unos años para entender las nuevas formas de los japoneses y de la construcción que hemos percibido desde occidente. Un título clave es el relato corto Las algas americanas (1967) de Akiyuki Nosaka, en el que un joven matrimonio nipón recibe a un viejo matrimonio americano. Los primeros se desharán en atenderlos, mientras los segundos pasan completamente de ellos, por el camino subyace, a pesar de “los años de paz”, el odio hacia los americanos.

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En este camino de la evolución social del país del sol naciente podemos incluir La chica de los cigarrillos de Masahiko Matsumoto  publicada en la década de los setenta. En este título, que recopila algunas historias cortas de este autor, no encontramos con un trabajo completamente apartado de sus inicios, tanto en lo temático como en lo estético, influenciado en un primer momento por Osamu Tezuka. Aquí el autor se centra en la relación entre individuos, principalmente en la relación hombre mujer, en el que esta última aparece completamente emancipada y por lo general víctima de sus propias circunstancias y no de las impuestas en una sociedad heterocéntrica. Destaca desde un primer momento un desarrollo de las tramas trágico-cómico en el que el dibujo juega un papel importante, quizás más con un toque caricaturesco que apunta a la desdramatización de todos los problemas de los personajes.

Centrándonos en la cuestión de género vemos que el esclavo de la situación es el hombre, él depende más de casarse o tener una relación estable con una mujer que a la inversa. El nuevo sistema de valores revela la incapacidad del hombre a adaptarse a las nuevas condiciones. La emancipación femenina aparece retratada principalmente en la cuestión laboral, gran parte de las mujeres que aparecen en este manga son independientes y en el sentimental, son ellas las que deciden el tono de las relaciones. Paradigmático me parece el caso de “Señorita felicidad” un relato en 7 partes en el que una mujer joven se independiza económicamente a través de la vente de preservativos, procura la felicidad de terceras personas sin procurar la suya, algo muy vinculado a los estereotipos de la cultura japonesa, siendo  así la manera en que llega a obtenerla. Todo ello se desarrolla en ambientes laborales, casa de clase media-baja en un país que mientras se reconfigura deja atrás todo su pasado.

La chica de los cigarrillos es sin ningún tipo de dudas el mejor manga publicado en muchos años en este país. Es delicioso, brillante y sincero como pocos, y sin pretenderlo, o si, muestra la realidad de ese Japón que ha quedado medio olvidado y que se encuentra entre la posguerra y la imagen de eficiencia tecnológica que conocemos hoy día. Leer a Matsumoto cuatro décadas después resulta fresco y alentador, tanto en lo narrativo por la agilidad a la hora de crear unos personajes de trazo simple pero carismáticos, como en lo personal, ya que uno se encuentra en situaciones personales similares a las narradas. Si tenéis que leer un manga este año que sea este, sin ningún tipo de duda.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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