Promethea. Libro 2 (Alan Moore y J.H. Williams III)

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Promethea. Libro 2 (Alan Moore y J.H. Williams III). ECC, 2016. Cartoné, 336 págs. Color, 31,50 €

En la entrada que dedicada al primer volumen de Promethea se hablaba de la maestría a la hora de crear un universo embebido basado en una estructura histórica ficticia. El trabajo de Moore consiste, en esta obra, en explorar, o más bien investigar, sobre los mundos posibles, que en el caso que nos ocupan ya existen dentro de la mitología universal. La primera entrega está orientada a un relato más o menos canónico sobre la conformación de una heroína, es, casi, discurso superheroico en estado puro pero lleno de texturas que funciona a modo de apertura en una sinfonía.

El segundo volumen, que recopila del número 13 al 23 de la colección regular, transita por otros espacios de narración. Perdemos de vista el mundo real factible desarrollado en la primera entrega para adentrarse por las diferentes realidades paralelas construidas a través de miles de años de conocimiento humano creados principalmente para explicar aquello que no puede ser contado de manera lógica. Para ello Moore se sumerge en la construcción de un texto difícil y áspero, que no da ninguna facilidad al lector y en el que este ha de concentrar toda su atención en el acto de lectura, ya que la aventura en la que se ve Barbara y Sophie es la del conocimiento. El camino que recorren es desconocido por ellas, incluso en las ocasiones en las que estas se encuentran con espacios reconocibles o personas de su pasado que han adquirido otra forma dependiendo de la dimensión en la que se encuentran.

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Promethea es de lejos la obra más compleja de Moore en la que el dibujo pasa de la mera representación para adentrarse en códigos iconográficos que juegan en favor del conjunto mucho más allá de convertirse en una mera plasmación del texto. Abre con el viaje de Sophie con el barquero Caronte llevándola al ámbito de los muertos, debe simular haber fallecido para conocer los secretos de la vida, y con estos el llegar a conocer a Dios y el origen y final del universo. En ese punto se transmite una idea inquietante: todo ha sucedido en una fracción de segundo desde el nacimiento del universo hasta su colapso, por tanto la existencia humana tal y como la conocemos, es tan solo un eco que se repite en nuestras mentes.

@Mr_Miquelpg

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Spain is Pain #275: Lo social en primera persona

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Historias del Barrio. Edición Integral (Gabi Beltran y Bartolomé Seguí) Astiberri, 2016. Cartoné, 312 págs. Color, 28 €

La clave de un buen relato en el que el rasgo principal sea lo social reside en los autores. No me refiero a la calidad de los mismos, que también hay que tenerlo en cuenta, sino el origen de los mismos. Esto nos permitirá dilucidar la autenticidad de lo narrado. El extracto social de los narradores será definitorio para encontrar esa autenticidad, y para ello no vale el estudio concienzudo, el trabajo de campo, el visionado de documentales, etc. porque en este caso el narrador se convierte en un investigador, o lo que en cine mudo se conocía como un explicador, que era aquella persona que daba un background narrativo a lo que veía las tempranas audiencias del cinematógrafo.

Siguiendo con esa idea, en el prólogo de Historias de barrio, Óscar Palmer apunta lo que es uno de los aspectos fundamentales para entender esta obra: “Por mucho que uno se sumerja en el ambiente, por mucho que llegue hasta las trancas y se revuelque en el malditismo, la granujería, ‘la bohemia’ o lo que sea con lo que pretenda darle un aire de (innecesaria) legitimidad a su arte, siempre seguirá teniendo, por una parte el conocimiento de que ha elegido su destino de manera voluntaria y, por otra, la disimulada pero persistente convicción de que, si las cosas se ponen verdaderamente feas, siempre podrá recorrer el camino a la inversa”. No se podría definir mejor la idea de explicar desde la experiencia que diseccionar la vida de terceros. Ahí reside la autenticidad de lo social, en quien lo cuenta y con qué objetivo.

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Los dos títulos que componen este integran resumen a la perfección el hecho de narrar desde dentro, sin ningún tipo de intención progre de denuncia que desemboque en un relato torpe. Beltrán nos cuenta los hechos, estos hablan por sí mismo, tanto los personajes como los barrios y las personas que transitan por estos, pero sobre todo el dolor, ese dolor incurable, inconsolable como ese que sufre la madre del  protagonista. Ni tan solo trata de hacer un relato generacional. Hay reside la fuerza de Historias del Barrio la falta de intención en la disección quirúrgica y pura, en evitar el relato maniqueo y fácil, todos y cada uno de los personajes que pueblan las 300 páginas de este integral son responsables de sus actos, y en gran parte de su situación social. Y es que el barrio, como espacio simbólico, el que se convierte en una especie de prisión de la que cuesta salir, y eso hay que vivirlo para contarlo, mejor, para saber explicarlo en condiciones.

 Historias del Barrio es el relato social perfecto, narrado por una persona que ha vivido las situaciones que se nos explican sin ahondar de forma analítica en los orígenes y el porqué de la vida de estas personas. Las diferentes anécdotas y situaciones vividas por el protagonista, que no es otro que el guionista rememorando su adolescencia en la Palma de los 80, en un ambiente árido y crudo en el que nada parece perpetuarse, excepto aquellas cosas que lastran la voluntad y la libertad de los seres humanos. El relato en viñetas se ve entrelazado con otro en prosas de tono más personal y más seco, que nos ayuda a profundizar en la relación del narrador con sus padres. Siendo este el complemento perfecto a una historia que nos da los elementos necesarios para que nos hagamos una idea propia de todo lo que supone vivir en según qué condiciones y la dificultad de crecer sin expectativas.

@Mr_Miquelpg

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Las hormigas se comen la luna de queso

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Wet Moon 2 y 3 (Atsushi Kaneko). ECC, 2016. Rústica. 256 y 344 págs. ByN. 10,95 y 13,95 €

Stanley Kubrick es uno de mis directores favoritos. La naranja mecánica es una de mis películas favoritas de Stanley Kubrick. Pero aún así me gusta más la novela de Anthony Burgess que la adaptación fílmico. Todo por el Nadsat, la jerga inventada por el autor. Al final de la novela hay un pequeño diccionario de nadsat, pero lo recomendable es obviarlo y leer la novela sin red, para que a medida que avance la lectura ir comprendiendo, aprendiendo por asimilación, el vocabulario nadsat, una experiencia cultural mágica que mezcla el aprendizaje involuntario con el esfuerzo por la asimilación. Algo equiparable a desentrañar sin guía la filmografía de David Lynch o a embarcarse en la lectura de los tres tomos que conforman el manga Wet Moon de Atsushi Kaneko.

Si el primer tomo de Wet Moon es una violenta declaración de intenciones, donde la fuerza autoral mira de frente y con arrogancia a cualquier petición de accesibilidad para el lector. Los tomos dos y tres que continúan la historia del agente Sada no se quedan atrás en cuestión de misterio, belleza y complejidad. Las referencias siguen siendo importantes para Atsushi Kaneko, aunque queda a discreción de cada lector darles mayor o menor medida. Siguen presentes todas esas alusiones al cine primigenio surrealista, desde los intentos artesanales de Georges Méliès hasta el juego psicológico de Luís Buñuel, referencias que no son explicadas en ningún momento y exigen que el lector conozca sus juegos. Evidentemente seguro que a mí se me pasan otras referencias, las cuales por suerte, al igual que las mencionadas, no son necesarias para entender, cosa que es imposible del todo, la trama de Wet Moon. Las declaraciones de amor a los autores ya nombrados, así como a otros como Lynch o Kubrick, están ahí, pero no son para nada el único sustento de Atsushi Kaneko para hacernos explotar la cabeza.

La magia sigue presente en Wet Moon, aunque el thriller aumenta en el segundo y tercer volumen hasta coquetear con el horror, del mismo modo que cierta fantasía se transmuta en ciencia-ficción dura que exige tanto curiosidad por parte del lector como interés. Este es un elemento que el autor repite mucho, la exigencia para con el lector, algo que es de agradecer en estos tiempos modernos. Que nadie espere una lectura sencilla con Wet Moon, ni mucho menos una resolución redonda en su final que cierre todas las incógnitas y grabe sobre piedra las reglas de su universo. Es fácil perderse entre las páginas del manga, tanto por su complejidad como por su belleza estética, siendo responsabilidad nuestra en todo momento encontrar la salida del laberinto, salida que siempre será aparente. Por contra podemos definir que la lectura de Wet Moon nos regala una sensación de trabajo realizado, quizás no la clausura más satisfactoria para los completistas, pero si la suficiente como para saber que nuestro esfuerzo ha tenido su fruto, un fruto al que nosotros debemos darle nombre, forma, color y sabor.

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Por su parte, el dibujo de Atsushi Kaneko sigue siendo impecable, capaz de mantener un estilo sólido y personal en todo momento, con un acabado delicioso de las tintas que funcionan a un nivel superior en blanco y negro. Aunque como buen cómic, al igual que la llegada del cine sonoro dio importancia al sonido, el blanco y negro pretendido por Atsushi Kaneko hace del color una herramienta tan poderosa como narrativa e ideológica. No cabe duda de que Wet Moon pasará a ser una lectura recurrente en mi futuro, aunque alimentado de la necesidad del paso del tiempo para que las teorías se afiancen y el misterio crezca. Pues aunque el hombre haya llegado a la Luna, el satélite no ha perdido su halo de misterio, del mismo modo que aunque creamos conocer el desenlace de las aventuras del agente Sada, aún son muchos los misterios que habitan en Tatsumi, lugar donde la corrupción es ley, la información el bien más escaso y preciado; y donde lo imposible es tan bello como mortal.

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The protectors

Kasajiro, el clava-tatamis Vols. 1 y 2 (Kazuo Koike y Goseki Kojima). ECC, 2016. Rústica, 464 – 448 págs, B/N, 14,95€

En este blog ya hemos visto anteriormente algunas de las características principales de las obras publicadas en España de Kazuo Koike y Goseki Kojima, estás pasan por una narración ambientada en un periodo histórico del país del sol naciente perfectamente ubicable a eso hay que añadirle los topos de las narrativas relacionadas con el sistema feudal japonés. Sin embargo, el caso de Kasajiro es un tanto paradigmático ya que se trata de un spin off de Asa el ejecutor, pero que pone el foco en algunos temas un tanto diferentes a los que suelen tratar este dueto de autores.

Kasajiro es un tipo que aspira a ser un policía ejemplar en Edo, para ello deberá moverse en los bajos fondos como pez en el agua. Al principio del relato el protagonista requiere la ayuda de Saizo, un hombre apreciado por las prostitutas de la ciudad por la ayuda que este les presta, un hombre que ayudará al policía en casos relacionados con la violencia de género. Por otro lado esta Shinko, la esposa del funcionario, la cual tiene un pasado turbio que nunca llega a esclarecerse de manera cristalina. Pero Shinko es un caso atípico dentro de la obra de Koike, a pesar de estar casada es independiente, no está subordinada a su marido, de hecho este le pide consejo como a una igual, algo raro en este tipo de narrativas. Esta actúa como un hombre en sus formas de expresión no verbal: sentarse con las piernas cruzadas y fumar.

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La descripción de Shinko es fundamental para aproximarse al núcleo del cómic, posiblemente el que hace menos sangre en la relación hombre-mujer del periodo feudal japonés. Tanto Saizo como Kasajiro hacen una aproximación personal e íntima hacia las mujeres las prostitutas son tratadas como individuos y no como seres anónimos. La sensibilidad del dueto investigador hace que se tomen en serio aquellos que les hacen daño, las matan o las obligan a prostituirse. Es decir, podemos intuir en este trabajo un giro diferente al de otros de estos autores. Se explota menos el factor violencia hacia la mujer centrándose este en los culpables. En si parte del encanto de la obra es la relación de complicidad entre Kasajiro y Shinko, y la de Saizo con las prostitutas a las que cuida, no se trata del proxeneta, y a las que protege no de un modo paternalista, sino tratando de empoderarlas.

Kasajiro nos ofrece un aspecto muy interesante por el tipo de lectura que nos proporciona. Al no ser un tipo de narrativa central nos permite realizar una aproximación panorámica al texto, a pesar de que parte de las obras publicadas anteriormente de estos autores tienen lugar en diferentes momentos de la historia cada vez está más claro de que en su momento trataron de elaborar un gran lienzo sobre el Japón medieval a través de un dialogo con la historia. Eso si en Kasajiro los temas y el tratamiento de los personajes difieren por completo al de otras obras.

Otras obras de Kazuo Koike y Goseki Kojima:

Hanzo, el camino del asesino.

Son Goku, el héroe de la ruta de la seda

El hombre sediento

@Mr_Miquelpg

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Le surréalisme est ici

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Philémon Integral 1 (Fred). ECC, 2016. Cartoné, 304 págs. Color, 35 €.

Siempre es una buena noticia la publicación de una obra clásica que apenas ha visto la luz por estos lares, como es el caso del Philémon  de Fred que llega a nuestro país de la mano de ECC  recopilado en tres volúmenes. Por fortuna el cómic franco belga está volviendo a ocupar un lugar en nuestras estanterías. Y es que aparte de los sempiternos Tintín y Asterix y Obelix cada vez vemos más novedades de un tipo de tebeo que cada vez cosecha más lectores, tanto nuevos como aquellos que en algún momento fueron adeptos a estos títulos. Si bien parece que este tipo de novedades busca contentar más a viejos lectores que a las nuevas generaciones, posiblemente estas reediciones contentan más a aquellos que en su juventud leyeron estos títulos que a aquellos que se acercan a estos por primera vez.

En el caso de Philémon nos encontramos con un caso un tanto diferente en cuanto a cómic franco-belga se refiere, trasciende de las formulas clásicas del mismo pero sin olvidarlas en su esencia más pura. Sin embargo, Fred nos plantea desde el principio un pacto que tenemos que asumir o dejar de lado, las reglas a las que están sometidas las aventuras de Philémon que transitaran desde el relato más clásico de aventuras fragmentado en piezas que se articulan a partir de la cita a textos clásicos y el surrealismo. El pacto se llama suspensión de la credibilidad y una vez firmado no podemos dejarlo de lado ni abandonarlo.

Si bien la esencia del relato es el enfrentamiento/aceptación entre realidad y fantasía este es uno de los casos en el que solo el padre del protagonista no acepta los hechos que le cuenta su hijo pero está en minoría, su propio hermano, Félicien, participa de la experiencia con la fantasía en primera persona. Tal es su conocimiento que hace uso de la misma como parte de su vida en el ámbito de la realidad, que estos cómics se ve reducida a lo mínimo.

El pacto firmado con Fred implica otra serie de condiciones: tener un background cultural mínimo. Leer Philémon implica no solo sumergirse en el cuento planteado ni saber navegar en el con las condiciones impuestas desde el primer momento sino reconocer las citas de otras obras que aparecen en el cómic, las referencias a Lewis Carroll, Jonathan Swift, Winsor McCay o George Herriman, son recurrentes desde el primer momento. Pero no son citas como tales, aunque se disfracen de estas, ya que pueden condicionar la lectura, Fred se apropia para convertirlo en recursos narrativos propios para hipnotizar al lector.

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Pero ¿De qué va todo esto? El cuento, me gusta más denominarlo como tal, está protagonizado por Philémon, un chico que vive en mitad del bosque, y su burro Anatole, ambos se verán una y otra vez envueltos en un universo surrealista en el que nada es lo que parece y todo adopta un doble perfil. Nada es reconocible a simple vista, pero el protagonista en su inocencia y juventud acepta desde el primer momento. Aunque aparte de su tío podemos encontrar a otro adulto que acepta esa experiencia con la fantasía, se trata de Barthélemy, un sosias de Crusoe, que habitaba en una isla con la forma de A de la palabra Atlántico, tal y como aparece indicado en los mapas. Este después de escapar de la isla siente tal añoranza que quiere retornar. Ese será el leit motiv de gran parte de este primer tomo.

¿Qué debemos esperar los lectores de Philémon? Absolutamente todo. Veremos cómo los relatos continúan de un álbum a otro pero se incluyen relatos cortos para explorar al personaje protagonista, pero sobre todo al mundo desarrollado por Fred. El tópico seria decir que es una obra surrealista, que lo es, pero lo interesante es articular un mundo de esas características en una historia narrativamente convincente que no traspase las fronteras de lo excesivamente fantasioso de tal manera que anule el resto de la construcción ficcional. A pesar del tiempo transcurrido sigue siendo una obra fresca y divertida que no deja de sorprender al lector contemporáneo. No existe la necesidad de ponerse en situación del periodo en el que fue publicado por la validez de lo descrito en estas páginas. Philémon es una obra para lectores valientes con ganas de leerse, si leerse, más allá de las narrativas puras de género, y es que a veces nos encontramos con autores que nos obligan a enfrentarnos a nosotros mismos.

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Los pétalos y las espinas

zr-condesa-pocketLa condesa sangrienta (Alejandra Pizarnik y Santiago Caruso). Libros del zorro rojo, 2012. Rústica. 60 págs. Color. 10,90 €

Leo mucho, casi tanto como olvido, y aunque puedo olvidar argumentos, pasajes, nombres o lugares, es complicado que olvide las sensaciones que me dejan una lectura. Si olvido dichas sensaciones supongo que no pasa nada por olvidar la lectura en sí, es lógico, hay cosas, experiencias que pasan sin más, quitahambres, quitaburrimientos sin más. Pero eso no me pasó con Fin de poema de Juan Tallón, esa obra de falsa no-ficción donde el autor gallego recorre las últimas horas de cuatro autores que vencidos por la marea dejan de nadar, abren la boca, sin violencia, sin aspavientos, y se hunden en la noche, la oscuridad, el agua negra o cualquier otro elemento que nos sirva para nombrar a la muerte sin nombrarla, para dar algo de poesía a ese momento. Por fortuna, las páginas de Tallón están tan llenas de poesía como carentes de épica, lo que las convierte en un compendio de humanismo donde la tristeza se bate con con la belleza.

En las páginas de Fin de poema asistimos a los últimos momentos de Cesare Pavese, Alejandra Pizarnik, Anne Sexton y Gabriel Ferrater. Hasta hace poco sólo había caído víctima de la poesía del italiano Cesare Pavese, caído vencido y derrotado de buen grado. Pero no ha sido hasta hace poco que he ido más allá tras leer La condesa sangrienta de Alejandra Pizarnik, supongo que Anne Sexto y Gabriel Ferrater se cruzarán también en mi destino en algún momento futuro. Pero hoy hablamos de Alejandra Pizarnik, con una cuidada edición ilustrada por su compatriota argentino Santiago Caruso. Es curioso porque La condesa sangrienta no es una obra sencilla de clasificar, marcándose a medio camino entre la crítica literaria y la poesía en prosa, definición que se complica con la adquisición del trabajo de Santiago Caruso, convirtiendo el libro en un artefacto aún más complejo, pues el texto de Alejandra Pizarnik se funde hasta los huesos con las ilustraciones hasta quedar todo combinado en una obra única y homogénea.

Aunque La condesa sangrienta comenzó como una reseña literaria de una obra de Valentina Penrose, la pluma de Alejandra Pizarnik no tarda en marcar distancia con la obra a reseñar hasta el punto de convertirse en una obra autónoma. La escritora argentina opta en ese momento en desgranar y comentar a la propia figura histórica, la Condesa Erzébet Báthory, con el único fin de llegar a la esencia misma del personaje. Erzébet Báthory, aristócrata húngara que vivió entre los siglos XVI y XVII, es famosa actualmente por ser la responsable del asesinato de más de seiscientas jóvenes, en su mayoría chicas adolescentes que fueron torturadas y posteriormente sangradas para que la condesa pudiera recibir baños de sangre. Es lógico comprender la fascinación por un personaje de tal ralea, capaz de lo peor y con la capacidad social para llevar a cabo los caprichos más cruentos y sádicos.

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Casi podríamos definir a Erzébet Báthory como el experimento perfecto para conocer el límite de la maldad humana ante un escenario perfecto donde la máxima violencia tienen libertad absoluta. Así que sorprende este estudio sobre el mal, la crueldad principalmente, realizado por una persona frágil y sensible, que como demostró al final de su vida, era incapaz de soportar el peso de la propia vida. Contraste que se destila en las páginas de La condesa sangrienta, donde una persona aplastada por el peso de su propia vida trata de desentrañar el misterio de otro igual, otra mujer, que no tuvo problemas con segar centenares de vidas. Antítesis existencial que se destila en las páginas de la obra, con una Alejandra Pizarnik que no deja de censurar el comportamiento de la condesa pero sin dejar en ningún momento de intentar comprenderla, así como sin caer jamás ni en la crítica obvia ni en la fascinación morbosa. Alejandra Pizarnik crea una rara avis de humanismo puro, convirtiéndose en abogada del diablo pero sin dejar de señalar en todo momento sus pecados.

Por su parte, mucho hay que decir del dibujo de Santiago Caruso, ilustrador dotado capaz de aunar un erotismo casi casto, se podría decir angelical, con una perversión más allá de lo físicamente representable. Algo así como si Las tres Gracias de Rubens coquetearan con El jardín de las delicias de El Bosco. Hay algo en su dibujo cercano a una serpiente de coral, donde la misma belleza que nos atrae es señal del peligro que habita en el interior del ser. Por su propio valor, las ilustraciones de Santiago Caruso merecen un reconocimiento en si mismo, pero adquieren más valor al confrontarse con los textos de Alejandra Pizarnik, con esa fusión ya comentada que a partir de ahora hace prácticamente imposible pensar en una edición honesta de La condesa sangrienta sin los trazos de Santiago Caruso.

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Spain is Pain #274: Buckson (Víctor Araque)

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Buckson (Víctor Araque) Grafito Editorial, 2016. Rústica, 104 págs. Color, 16 €

Uno de los aspectos más inquietantes de la nueva carne era la inserción de una relación anómala del cuerpo humano con elementos del entorno de los protagonistas, desde cachos de metal, pistolas, televisores, etc. también consiste en desarrollar apéndices físicos que originalmente no pertenecen a la anatomía convencional. En esa intersección el contexto en el que se desarrollan dichos relatos rezuman normalidad son contemporáneos, por lo general, al periodo histórico en el que están desarrollados o bien futuros de pasado mañana, por lo cual podemos considerarlos como universos embebidos.

La nueva carne en sí misma no es un género narrativo puro, ni tan siquiera un híbrido, sino que se trata de una temática que debe complementarse de manera transversal con alguno de los géneros canónicos. En Buckson Víctor Araque opta por filtrar en un relato sobre la mafia una historia en el que la nueva carne articula el resto del relato. En el que nos encontramos dos protagonistas uno de carácter vertical, Yannick, un chico que sobrevive llevando una especie de parásito con el que de manera ilegal y con la ayuda de un doctor tratan a gángsteres con heridas de bala. El otro protagonista, el diagonal, es aquel que da lugar al relato, y también le pone título al mismo, es el parásito en cuestión: buckson. Estos tienen la capacidad de estabilizar a aquellos que se encuentran en un estado de salud precario. Pero los buckson tienen que estar siempre en contacto con un cuerpo humano de manera que Yannick se encarga de transportarlos.

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La situación explota cuando uno de estos buckson succiona toda la sangre de un padrino de la mafia hasta matarlo, a partir de ese momento Yannick se ve envuelto en una historia de traiciones de la que debe de huir de manera constante. Este nos llevará a hacer un recorrido por una ciudad anodina, nadie lo cree, realmente es un ser abocado al peligro constante, ya que es utilizado desde la primera página hasta la última.

Buckson es un cómic de género bien estructurado en el que toman valor los arquetipos de los relatos de gángsteres ubicados en un futuro de pasado mañana. Los parásitos funcionan a modo de metáfora de aquellas personas con poca iniciativa y que a pesar de todo siguen siempre para adelante. Araque articula un relato para los amantes de la acción continua y violenta en la que el que los personajes son los que nos cuentan la historia, casi en primera persona.

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