Glamur y desigualdad

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El New Deal (Jonathan Case). Sapristi, 2016. Rústica, 112 Págs. Bitono, 19,90 €

Parece que algunos géneros narrativos están estrechamente vinculados a periodos históricos muy concretos. Algunos inapelables son, por ejemplo, el western, que no tiene otra cabida en otro momento histórico, el género negro vinculado a los detectives imposibles del primer tercio de siglo XX en Estados Unidos o los ladrones de guante blanco hasta la mitad de ese siglo. En este último caso no solo cuenta el contexto histórico sino también los topos recreado para este.

Aunque posiblemente lo más importante en la construcción de este tipo de relatos es la elaboración de un tipo de personajes prototípicos que deben de jugar a la confusión con el lector a la vez de buscar la simpatía de este. Ese es el trámite inicial planteado por Jonathan Case para  El New Deal, obra que se desarrolla en los años 30 en uno de los lugares más glamurosos de Nueva York: el hotel Waldrof Astoria. Ese espacio definirá el relato en su integridad, ya que da lugar a la aparición de una serie de personajes prototipos que nos llevaran de la mano por el ambiente de una ciudad que solo veremos a través de unos cuantos espacio.

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El hotel es un topo que dará pie no solo al relato sino a mostrarnos la construcción social de la ciudad a través de las aspiraciones de una serie de personajes que tratan de superar el trance de ser esclavos de su condición laboral. Por un lado está Frank, uno de los botones del hotel, que trata de salir de la miseria a través de métodos míseros. No tiene mucha conciencia de lo que sucede a su alrededor lo cual provoca que se vea involucrado en todo tipo de problemas relacionados con el dinero. Frank está enamorado de Theresa una chica afroamericana que trabaja en el servicio de habitaciones, pero cuya mayor esperanza de sobrevivir a este mundo es convertirse en actriz. Pero entra en juego Nina Booth, personaje que sirve como catalizador a los dos anteriores para que estos se rebelen de una situación plana de la que no son capaces de escapar por sí mismos.

Pero El New Deal no es solo una obra de género que cumple sobradamente las expectativas. En esta se ponen de manifiesto valores de denuncia del clasismo y el racismo imperante en la época, y en la actualidad, en la que el glamur supone un sistema de estratificación cruel que se sustenta en inundar de brillos todo tipo de desigualdades sociales, en el que los que están por debajo se ven deslumbrados hasta tal punto de sentir más las desgracias de los poderosos que la de sus conciudadanos o las suyas propias. A pesar del happy end de la historia este es un tanto frustrante en su lectura socio-económica, Frank y Theresa han de dejar todo, incluso sus principios, para poder sustentar una forma de vida alejada basada en construcciones sociales basadas en la desigualdad.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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