Viaje a las pesadillas polares

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Iceland (Yuichi Yokoyama) Mincho Press, 2016. Rústica, 96 págs. B/N, 17€

Una de las técnicas de narración más interesantes es la de buscar un punto cero o minimizarla a lo mínimo y sostener el relato a los resquicios que esta proporciona. Haciendo que la historia se agarre como un tipo al borde de caer por un precipicio. Esto permite focalizar en otro tipo de contenidos del universo ficcional desarrollado por el autor o centrarse más en el desglose de la acción, pararse y detenerse. Obligar al lector a seguir un ritmo de lectura predeterminado que lleva más hacia una exploración de los recursos utilizados por el autor que por la historia explicada por el narrador.

Es en cierta en cierta manera el triunfo de la forma sobre el fondo, solo que sin vacuidades, la forma en sí misma es el relato, el escenario y los personajes, estos juegan el papel que deben jugar en este tipo de relatos. En Viaje Yuichi Yokoyama, el autor que nos ocupa hoy, ya jugaba con dichas ideas un grupo de personas que recorren un tren en marcha de desde el primer vagón al de cola sin ningún tipo de fin ni desarrollo en tres actos la acción sucede con tan solo una premisa: no narrar.

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En Iceland Yokoyama retuerce un poco más dicha idea pero con la misma pretensión de hallar y exponer un punto cero de narración en la que todo sucede en tiempo presente a través de tres tipos que persiguen a un tercero. Un recurso narrativo mínimo para empujar un relato que se centra más en la impresión que quiere causar en el lector que aquello que pueda implicar a los protagonistas del relato. Podría parecer que para este autor japonés no narrar implica en cierta manera no tener interés por el relato de lo humano, tal y como se puede entender desde un punto de vista romántico. Ese parece ser el punto de partida para entender esta obra. Resulta desolador como el escenario planteado en la misma, un espacio polar carente de elementos, aparte de los estéticos, que ayuden al lector a anclar su conocimiento sobre el espacio adquirido en otras obras que le ayuden a articular lo que está presenciando.

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Si por un lado el aspecto narrativo se reduce a lo mínimo, un macguffin encajado en una narrativa mayor que desconocemos completamente, supuestamente tan mínima como esta historia, y que no conduce a ningún lado más allá de la mera contemplación de una construcción que maneja concepto como abstracción, y una concepción pesadillesca de un espacio árido y polar, que no tiene que tener ningún tipo de relación con la naturaleza de estos lugares. En Iceland Yokoyama sigue recurriendo a una serie de estrategias muy atractivas a través de las cuales procura explotar todos los recursos gráficos posibles para no narrar, pero si para fijar la retina del lector en lo que sucede en cada viñeta, en cada página y en la cara de unos personajes hieráticos que no transmiten ni un solo sentimiento y cuyas facciones son tan taxativas como las conversaciones que mantienen. Un trabajo que da mucho para pensar sobre la función de la estética por encima de la narración en el cómic contemporáneo y que permanece en la mente de los lectores durante mucho. Básicamente un must-have de libro.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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