Viajar

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Cuadernos japoneses (Igort). Salamandra Graphic, 2016. Rústica, 184 págs. Color, 25€

Hace unos años en un viaje a Venecia unos cuantos conocidos, y algunos que no lo eran tanto, debatíamos sobre la diferencia entre ser turista y ser viajero. El turista recorre el territorio a través de la anécdota, su recorrido se ve forzado por un tour de force que le obliga a ver lo mínimo necesario a través de la experiencia de otros: guías turísticos, planos de la oficina de información, recorridos preestablecidos, etc. Por su lado el viajero busca que los nuevos espacios llenen su experiencia personal y busca explorarlos desde la suya propia. Se informa antes y posiblemente no precisamente con guías sino con relatos de ficción inundados de la cotidianidad del país visitado; no tiene rutas marcadas, para donde cree que debe de hacerlo y vive el nuevo espacio marcando el tempo del viaje.

Cuadernos japoneses de Igort se enmarca en esa segunda categoría en el que el autor conoce el país del sol naciente no solo a través de su experiencia personal en sucesivos viajes a lo largo de varios años, sino a través de la cultura que tanto le fascina. Literatura, ilustración, manga y anime constituyen una piedra de toque para articular su día a día en los nuevos confines que se dispone a habitar. Redescubre el país a cada momento a través de lecturas pretéritas y contemporáneas a su estancia, de paso nos ayuda a entender la cultura popular contemporánea japonesa repasando los hitos del siglo XX y de siglos pasados.

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Igort analiza el país a través de la fascinación, Japón es un país que a pesar del conocimiento contemporáneo que tenemos de este el autor italiano nos ayuda a entenderlo a partir de sus maestros, desde Hokusai a Mishima pasando por Takahata o Tanizaki y de las obras que a lo largo del siglo XX devienen en lo que es el manga a día de hoy. El sistema editorial japonés forma parte de ese entendimiento de una cultura, en este caso a través de lo laboral que se convierte en relaciones sociales inmersivas a través de las cuales el autor aprender a moverse dentro de las estructuras editoriales lo cual implica reconocer los recovecos de la pragmática de la lingüística del japonés, eso le lleva a entender mejor que nadie la sociedad en la que vive.

Los recuerdos del autor traslada aspectos reales la sociedad, desde la discriminación por castas, los ritmos de trabajo, el pasado para entender el presente. Pero permanece ante todo una querencia por su profesión y querer entender su labor mediante la memoria de aquellos que le precedieron incluyendo la función del editor que en el caso de ilustradores tenían que ver como los grabadores adaptaban a las modas del momento sus obras y que en el presente marca unos ritmos de trabajo infernales. Se recomienda leer Cuadernos japoneses de manera reposada, anotando y repasando alguno de los títulos y de las obras citadas; todo ello sin olvidar de que son unas memorias muy personales de un viajero que no solo recorre un espacio físico sino también intelectual en el cual el lector puede volcar su propia experiencia como lector espectador.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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