Spain is Pain #267: Golden.

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Todos los hijos de puta del mundo (Alberto González Vázquez). ¡Caramba!, 2016. Cartoné, 136 págs. Color. 18 €

España es un país de hijos de puta, eso es algo de lo que todos somos más o menos conscientes. Cuanto más arriba estemos en la jerarquía de poder más lo somos, o más lo son. Si bien las estructuras de poder ayudan a articular los discursos de manera políticamente correcta a pesar de que la gran mayoría de estos están destinados a dificultar la vida de los ciudadanos, a hacer todavía más opaca la vida política y a hacernos entender que la democracia existe tan solo cada cuatro años.

En el segundo libro de Alberto González Vázquez, a.k.a. Querido Antonio, sigue hablando de este país a su manera, reutilizando materiales y reinterpretándolos poniendo una voz y un discurso que no les pertenece. Posiblemente dándole una real, la que todos pensamos que tienen los políticos que dicen gobernarnos. Dicha apropiación textual de la imagen provoca una doble articulación, la de la realidad reflejada, a través de la cual se dota a estos personajes de un reverso de objetividad impúdica equivalente a los doblajes que este mismo autor realiza para programas como El Intermedio.

La gran diferencia con respecto a Humor cristiano, primer trabajo del autor, reside en el foco, el punto de vista del mismo cambia diametralmente. Mientras que en el primer libro los protagonistas éramos todos, la masa anónima, y reincidía sobre la idea del individuo bastardo, aquel que no sobresale del resto. Aquí principalmente son los políticos, no hay que dejar de anotar que gran parte de estas viñetas pertenecen a las colaboraciones publicadas en El Mundo Today y Orgullo y Satisfacción. Esto dota a estas viñetas de un valor de crónica contemporánea, personajes reconocidos y reconocibles de nuestra historia actual, del día a día. Pero también sigue otorgando, aunque en menor medida, a los seres anónimos, uno de los factores clave de la obra de Alberto González Vázquez que niega de manera rotunda la supuesta sencillez que se les suele adjudicar a los pobres y el buenismo social de la clase media. La conclusión es que todos somos unos mierdas, sin posibilidad de redención… de manera que estamos todos perdidos.

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Así pues el autor traza una línea recta entre el hijoputismo de la calle con el de los políticos describiendo una parábola sobre la imposibilidad de solucionar todo esto, de acceder a cualquier a realizar cualquier sandez o barbaridad para mantener el estatus. Pero por encima de todo es una gran mentira, la de los discursos de construcción social, sobre como la posmodernidad aplicada al día a día, a la política, al amor, a los nichos profesionales ha relativizado todos los aspectos de la vida. Un discurso en el que lo global se ve apagado por lo local, lo regional y aspectos conceptuales que buscan hincar el diente en lo banal. La crítica que hace Alberto González Vázquez no pasa por lo directo ni por lo prosocial, prefiere poner en cuestión la textualidad pura de lo político desvocalizándolos y convirtiéndolos en barriobajeros, yuppies sin escrúpulos o machos alphas en busca de manada. Un texto en el que la oralidad de segundo grado adquiere el estatus de primaria.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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