Estudio en sombra

Semillasdeansiedad_1
Semillas de ansiedad 1: Capítulos de la portada (Masaaki Nakayama). ECC, 2016. Rústica. 136 págs. ByN. 8,95 €

La mayor dificultad a la que se enfrenta todo relato de terror es la luz, en el momento que la luz baña al peligro éste se vuelve mucho menos terrorífico. Debido a esto es obligatorio volver otra vez a la idea del horror defendida por Lovecraft, nada es comparable a lo desconocido, el horror cotidiano tiene salidas, escapatorias, pero nada te prepara para lo que no tiene nombre. Si un león se escapa del zoológico basta con encerrarse en casa y esperar a que las fuerzas de seguridad lo atrapen y lo vuelvan a encerrar. Si los niños de un pueblo comienzan a desaparecer sin dejar rastro, si de repente se encuentran cadáveres mutilados y con marcas en una extraña caligrafía, no hay seguridad que valga, la tranquilidad está más allá de lo posible. Porque si algo nos aterra más que nada es lo que no podemos controlar, lo que no podemos siquiera nombrar o describir.

Así que es normal que cuando el foco se coloca sobre el mal, ya sea un espectro victoriano, una criatura de otro mundo o un ingenio mecánico poseído por una entidad maligna; ya tenemos suficientes opciones para derrotarlo. Cuando sabes que tienes que enterrar unos restos en campo santo, atacar a la criatura con fuego o provocar una sobrecarga de unos circuitos, el terror al abismo se transforma en una carrera por la supervivencia. Desde este momento la historia puede acabar mal, pero al menos tenemos un fin, un objetivo que mantiene nuestra mente ocupada. Es cuando el horror da paso a la acción, a la aventura. Con esto en mente no podemos leer Semillas de ansiedad: capítulos de la portada de Masaaki Nakayama como una recopilación de historias de terror, pues si nos ponemos puristas, no encontramos en sus páginas ningún desarrollo narrativo más allá de una sucesión eterna de detonantes, de semillas de historias que dan pie a la creación, por parte del lector, de una situación de horror y desconocimiento.

Desde esta perspectiva, podríamos relacionar más la obra de Masaaki Nakayama con un estudio pictórico traducido al cómic que con un interés de contar historias. En las páginas de Semillas de ansiedad: capítulos de la portada asistimos una y otra vez al primer encuentro de lo humano con lo sobrenatural, al cruce entre lo cotidiano y lo fantástico. La mayoría de las veces observamos simples cruces de miradas, movimientos por el rabillo del ojo que invitan a plantar la duda en nuestras mentes, llegando incluso algunas narraciones a plantar una duda profunda en la que el lector cree saber y el protagonista prefiere vivir con la duda al no girar la cabeza o abrir los ojos. Desde una perspectiva del terror más clásico japonés, Masaaki Nakayama explora un mundo de posibilidades, de encuentros imposibles que dejan espacio para el horror sin dar ningún golpe sobre la mesa, sin romper la membrana entre lo que es y lo que parece ser.

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Y aún así las páginas de Semillas de ansiedad: capítulos de la portada son aterradoras, porque su lectura, más si es continuada, es un compendio de mazazos a la psique del lector, una reafirmación de los miedos que descartamos cuando andamos solos de madrugada por calles mal iluminadas, una defensa de ese miedo que durante menos de un segundo recorre nuestra espalda cuando, solos en casa, escuchamos un sonido que inmediatamente no podemos definir. Masaaki Nakayama nos recuerda que lo que descartamos por imposible puede ser real en tanto y cuando no es descartable totalmente, planeando esa paradoja de que lo imposible es posible mientras no se enciendan las luces. La mayoría de los personajes del manga se cruzan con lo imposible para seguramente olvidar el horror cuando lleguen a casa, para reducir a imaginaciones esa sensación de que algo los observaba o perseguía. Pero nosotros, como lectores, sabemos que algo había, no sabemos el qué ni mucho menos su origen, pero algo había acechando, puede que no fuera peligroso, o que aún siéndolo careciera de la intención de dañar, pero su propia existencia, como agente negador de la realidad, basta para quebrar a la más valiente de las personas.

El acabado gráfico de Masaaki Nakayama no es espectacular, algo que es de agradecer como lector, pues un intento de ser más efectista o macabro habría degenerado la obra hacia un terreno más ficcional, hacia ese mundo donde los monstruos existen y pueden ser derrotados. La contención en el trazo del autor y su gusto por el detalle y el realismo en sus páginas, hace que la apuesta de Semillas de ansiedad: capítulos de la portada suba varios enteros, haciendo la obra aún más perturbadora. Ahora sólo queda leer los dos volúmenes que completan la trilogía de Semillas de ansiedad para saber hasta qué punto nos arrastra Masaaki Nakayama, cuánta cordura nos hace perder y si nos imposibilita volver a andar solos de noche por una calle desierta.

@bartofg
@lectorbicefalo

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