Ciencia ficción costumbrista

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Los hijos del crepúsculo (Gilbert Hernandez y Darwyn Cooke). ECC, 2016. Cartoné, 128 págs. Color, 14,95 €

Los pueblos pequeños son como microcosmos de funcionamiento interno que no se mueven por las reglas generales del resto de la sociedad. La estructura social jerarquizada es mucho más relajada que en poblaciones más grandes y complejas. Las personas son quienes son independientemente del lugar que ocupan en el escalafón social o de su puesto dentro de la comunidad. El policía, la médico, el profesor o la directora del banco son algo más que sus simples cargos y son conocidos por sus defectos, virtudes y por el historial familiar.

Gilbert Hernandez y Darwyn Cooke plantean dicha estructura de mundo para hablarnos de un típico pueblo costero en el que empiezan a tener lugar sucesos paranormales. En esta población todo parece funcionar con regularidad, el sheriff ejerce su trabajo con firmeza pero con cierta pasividad, el panorama no invita, al parecer, a la delincuencia; Tito, una sensual lugareña, es el centro de un triángulo amoroso en el que ella engaña a su marido con Antón, aunque parece ser vox populi. Y también está Bundo, el viejo borracho del pueblo que vive en constante pena por la muerte de su esposa e hijos. Perfiles muy arquetípicos que funcionan en contextos de poblaciones, digamos, paradisíacas.

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Pero en este pueblo aparte de los problemas entre parejas y los sentimientos de culpa empiezan a aparecer unas esferas de luz de las que nadie sabe nada. En las habitaciones de los habitantes, en la playa, en el mar, casas enteras, y con estas empiezan a desaparecer algunos de los lugareños y algunos de los visitantes que se ocupan de investigar que son, de donde vienen, y misión tienen; y quizás lo que es más importante a donde llevan a aquellos que son absorbidos por la luz. Ninguno de ellos recuerda nada pero parece que han sufrido algún tipo de redención, una especie de paz que no son capaces de explicar.

Los hijos del crepúsculo juega con aquellos valores que Beto Hernandez da a sus relatos, unos personajes sólidos en los que la estereotipia es utilizada para que el lector los asimile rápidamente, pero sin abusar de los lugares comunes; la definición de un espacio reconocible en el que dichos protagonistas encajan a la perfección y ese punto de realismo mágico que si en otras ocasiones es más transversal esta vez es mucho más directo. Darwyn Cooke aporta un dibujo de trazo limpio, sencillo que permite vislumbrar a los personajes y la serenidad de ese lugar paradisíaco reflejado en sus rostros. Para ver luego como contrasta la aparición de estos fenómenos paranormales. Estamos ante un relato que principalmente juega a implementar el relato de ciencia ficción, con un ritmo calmado, dentro de una narración costumbrista con unos resultados más que interesantes.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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