Las niñas que juegan

portada_paper-girls-n01_brian-kvaughan_201603291547Paper Girls #1 (Brian K. Vaughan, Cliff Chiang y Matt Wilson) Planeta Cómic, 2016. Grapa. 48 págs. Color. 2,95 €

Lo más triste del regetón es que bien podrían estar recitando la tabla periódica o la lista de los reyes godos, la gente bailaría igual sus ritmos simples y repetitivos. Pero no, en lugar de eso lo que hacen es lanzar mensajes como mínimo sexistas y misóginos al universo. Mensajes que fuera de toda duda son perjudiciales, dando imágenes tan tristes como chicas jóvenes que bailan al son del machismo más gris, muchas veces en grupos de chicas, mientras recitan las ominosas letras, con el rostro casi en éxtasis, como si vertieran por sus labios los versos de Last blues, to be read some day de Cesare Pavese. Todo bajo la excusa de la festividad absoluta, de la supuestamente inocente diversión. Pero yo no puedo evitarlo, cada vez que soy testigo de esta situación algo hierve dentro de mí, algo me incita a acercarme a esas chicas y preguntarles sin son gilipollas, si no saben que precisamente esta cultura del sexo simplemente las invita al inmovilismo, al utilitarismo social ya no como madres, sino como meros juguetes de consumo rápido. Es la inocencia naïf del amour fou transmutado en ganadería.

En esos momentos no puedo evitar pensar en lo agradecido que estoy con mi madre, en como me transmitió su amor por la ficción, por vivir en las posibilidades, en mi hermana y en su capacidad sin igual para la creatividad, en su capacidad para la feminidad y la sensibilidad artística sin sacrificar un ápice de dignidad y autorespeto. Pienso en lo que me gustan las mujeres que sonríen, no usan pendientes y limitan el maquillaje a un pintalabios rojo. Pienso en como me hubiera gustado que en mi adolescencia hubieran existido chicas como las protagonistas de Paper Girls de Brian K. Vaughan, Cliff Chiang y Matt Wilson. Yo hubiera estado loco por ir al cine con alguna de ellas, jugar a la consola, perder el tiempo con un juego de rol o simplemente darme el lote en algún rincón sucio lleno de escombros. Porque si algo me transmite Paper Girls es unas ganas locas de que todo el mundo lo lea, desde las niñas necesitadas de verdaderos modelos hasta cualquier idiota que crea que los cómics son cosas de tíos. La única pega respecto a Paper Girls es que recurre a los años ochenta del pasado siglo, como si la rebeldía femenina, el girl power adolescente, fuera una rara avis del pasado. Aunque en tal caso esperemos que se trate de un ave fénix.

Aunque si hablamos de temas de género, a nadie debe pillar desprevenido la apuesta de Brian K. Vaughan, que ya demostró ser capaz de controlar un universo netamente femenino en Y, el último nombre, su colección para Vertigo. Aunque en este caso, el guionista se centra en un grupo de chicas repartidores de periódicos en la segunda mitad de los años ochenta, algo así como si la obra estuviera ambientada en la actualidad y versara sobre un futbolista profesional homosexual. En el primer número de la colección, Brian K. Vaughan consigue crear un cosmos propio con tres pinceladas suburbanas, manchas narrativas que podrían parecer una vuelta a los viejos tópicos del cine adolescente de la década prodigiosa, cuando existían realmente productos dirigidos a los adolescentes. Sin embargo, el guión rezuma frescura por todas sus esquinas, así como un planteamiento casi de slice of life cotidiano, tan veraz que es complicado no leer un par de páginas y quedar atrapado entre sus personajes, enganchados a sus peripecias.

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Como se trata de un cómic, no podemos dejar de lado el trabajo gráfico, en este caso del dibujante Cliff Chiang, participe en algunas de las mejores últimas obras de Vertigo, una esencia que parece haber recogido en parte Image para mantener vivo ese cómic como producto cultural masivo alejado de los superhéroes y totalmente consciente de su valor como estrella de la cultura popular. Cliff Chang maneja un estilo casi cinematográfico, cuidando es especial la cantidad de detalle, sabiendo siempre que es necesario para que la historia fluya, huyendo de la sobrecarga pero sin renunciar a una búsqueda estética última de la obra. Tampoco podemos olvidar el trabajo del colorista Matt Wilson, encargado de que Paper Girls sea un cómic redondo en todo su sentido, con un color capaz de crear atmósferas como pocos, consiguiendo un nuevo nivel de lectura narrativa sin sacrificar en ningún momento el realismo. El trabajo artístico de Cliff Chiang y Matt Wilson trabaja como un recuerdo, no es una búsqueda última del realismo, sino más bien la sensación que deja un recuerdo detrás de los ojos.

Así que cuando vea a mí hermana lo primero que haré será regalarle una copia del primer número de Paper Girls, sé que lo va a disfrutar, y sólo espero que como ella sean legión los lectores de la colección, para que Brian K Vaughan, Cliff Chiang y Matt Wilson puedan seguir entreteniendo como pocos sin dejar de ofrecer modelos femeninos tan necesarios como rompedores. Porque al final lo que no evoluciona se estanca, y en algún momento de hace varias décadas las tías de instituto molaban y les daban sopas con ondas a los niñatos, y sinceramente necesitamos volver urgentemente a esa época.

@bartofg
@lectorbicefalo

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Un comentario en “Las niñas que juegan

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