Hiperdiégesis elíptica

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El día de Julio (Beto Hernandez) La Cúpula, 2016. Rústica, 116 págs. B/N, 12€

La hiperdiégesis narrativa es una técnica por la cual un creador describe un espacio ficcional amplio del cual se describe tan solo una pequeña parte. Pero a partir de un pequeño relato podemos percibir que el universo narrativo es muchísimo más amplio, es lo que Ronald D. Moore define como texturas, definiendo esto último como pautas y elemento que apuntan a una profundidad que no hace avanzar la historia pero profundiza en el universo. La elipsis, técnica más conocida, consistente en la supresión de algunas acontecimientos del relato ya sea por cuestiones de economía narrativa o bien para utilizar dichos eventos a nivel estructural.

El día de Julio  de Beto Hernandez hace gala de ambas técnicas de una manera sublime. Pero yendo por partes, este título nos narra la historia de Julio un hombre que nace en el año 1900 en un pequeño pueblo y que al parecer morirá a final de siglo. La vida del protagonista es la de ser un mero testimonio de la vida de otros y de los cambios sociales que devienen a lo largo de 100 años. Julio es una especie de Shigekuni Honda, el protagonista transversal de la Tetralogía del mar de la fertilidad de Yukio Mishima, participando de manera muy leve en el devenir de las vidas de los habitantes de dicha población.

Julio habita en un pueblo miserable de gente que vive del trabajo del campo y en el que se intuye una breve evolución en la forma de ganarse la vida. No hay señoritos ni terratenientes, pero los personajes que pueblan este título se ven atados a la tierra, pero no de una manera visceral si no instintiva, se agarran a sus raíces pero más como una forma de vida conformista que no pretende más que seguir hacia adelante y perpetuar la especie que como una superación de las generaciones anteriores.

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Quizás debido a eso subyace una de las técnicas mencionadas en el primer párrafo, la hiperdiégesis, aunque en este caso quizás sea más interesante denominarlo como texturas. Dichas texturas se construyen a través de los topos a través de los cuales se elaboran el imaginario popular del pueblo: el hombre que hace desaparecer niños, la mujer que cree que su marido e hijos sepultados por una alud de barro siguen vivos, la mujer que se ofrece como enfermera en todas las guerras, el chico que al que devuelven completamente amputado y que la madre no lo reconoce como tal. Micronarrativas que ayudan a concebir un espacio en off mucho mayor. Atribuyendo, todavía más, un papel meramente testimonial a Julio.

Sin embargo, el gran rasgo de este título es la elipsis, en apenas 120 páginas se narran 100 años de historia, toda una vida narrada a través de la vida de otros. Julio es un personaje estático que ve y deja pasar la vida, ni se enamora, ni se casa, ni tiene hijos; no hace nada en particular, tan solo estar. El día de Julio se enmarca, o se debería, dentro de ese macrouniverso de Palomar en el que la visión que Hernandez tiene del realismo mágico preside la vida de los personajes que en cierta manera se mueven entre cierta ficcionalidad y rasgos apegados a las tragedias diarias de la realidad.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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