Paraíso rural

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Duerme pueblo (Núria Tamarit y Xulia Vicente). La Cúpula, 2016. Rústica. 116 págs. Bicolor. 12 €

La gente que se ha criado en una ciudad no se lo cree, pero no hay nada comparable a la potencia de lo rural. Yo viví mi infancia y adolescencia en un pueblo de 15.000 habitantes, aunque hubiera preferido que tuviera aún menos población. Por suerte mi casa estaba justo donde terminaba el pueblo, con lo que a un lado tenía las calles, las plazas, la biblioteca y la heladería; pero al otro lado tenía los arroyos, los campos de cereal, los árboles secos al sol, la marisma y los caballos que correteaban sueltos. Hay algo mágico en salir de tu casa y en 10 minutos estar rodeado de naturaleza salvaje, hasta la rodilla de barro mientras capturas renacuajos, o a la sombra de una caba hecha con balas de paja seca. Hay pocas cosas comparables durante la infancia a que se te haga de noche en mitad del campo y tener que volver entre las sombras más negras a casa, sabiendo que entre las sombras habitan criaturas hambrientas y que tu madre te va a dar con la zapatilla.

Conseguir capturar ese ambiente de la cotidianidad rural, de la existencia en los límites entre humanidad y naturaleza, ciudad y campo, es bastante complicado. Pues tanto para el desconocedor como para el experimentado, es peligroso no caer en los lugares comunes, en las fantasías arquetípicas que los urbanitas proyectan sobre el pueblo como concepto más poético que real. Una buena historia rural debe ser ante todo cruda y trágica, pues la belleza y la tristeza habitan en valores absolutos. En los pueblos hay menos crímenes, pero cuando sucede uno es el infierno en la tierra. Creo que Núria Tamarit y Xulia Vicente han conseguido en su primera obra conjunta, Duerme pueblo, ese fin, representar lo rural desde la óptica del que lo vive, todo gracias a la eliminación de fronteras entre hombre y naturaleza, ciencia y magia.

Aunque Duerme pueblo es un cómic a cuatro manos donde Núria Tamarit y Xulia Vicente comparten labores de guión y dibujo, se nota cierta predominancia a la hora de retratar los ambientes que la primera tuvo que vivir durante su infancia en la Galicia rural. La aldea ficticia de Barballo recuerda a cualquier pequeño asentamiento humano en mitad de la naturaleza, pero no se puede negar que las dos autoras se han valido de una estética y un tono que recuerda enormemente al norte de España, desde sus paisajes hasta la utilización de personajes típicos de su folklore como la bruja o el lobo; hasta el alcalde o el cura del pueblo tienen ese gusto típico de los minifundios gallegos. Pero que nadie espere con esto un drama documental en la Galicia profunda, pues ante todo Duerme pueblo es un cómic que juega a diversos niveles, sin miedo a mancharse las manos o a transitar por caminos poco recorridos. Esto llega a puntos álgidos en el último tercio de la obra, donde Núria Tamarit y Xulia Vicente pervierten la figura del deux ex machina para convertirla en un portador de sentido en lugar de en una salida fácil. Es un juego ingenioso y que aumenta aún más lo perturbador de la obra.

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Pues ante todo, Duerme pueblo es una historia perturbadora, un relato que comienza con el hallazgo de un cadáver en el pueblo pero que se aleja completamente de una trama detectivesca, llegando por momentos a ser un tour de force con forma de caja china donde la violencia y los desastres traídos por las buenas intenciones se van sumando de forma exponencial. Audrey la huérfana es el personaje más cercano a la figura de un protagonista claro dentro de Duerme pueblo, y aún así funciona más como una proyección del propio lector, un personaje que lo sabe todo pero que aún así se ve incapacitado para solucionar los problemas, pues hay una diferencia entre lo que la chica sabe, lo real, y lo que las apariencias insinúan, lo que los vecinos de Barballo prefieren creer, influenciados siempre por sus propios intereses. Las dos autoras generan un guión trepidante alimentado por impulsos, lo que obliga a una lectura casi impulsiva, pues aunque esperemos una solución con la siguiente escena, en el fondo sabemos que sólo veremos una nueva complicación, y puede que alguna muerte más.

Pero no deberíamos optar por una lectura tan impulsiva a la hora de enfrentarnos a Duerme pueblo, o si lo hacemos deberíamos recurrir a una segunda lectura. Pues el dibujo de Núria Tamarit y Xulia Vicente bien merece ser observado con detalle, autoras capaces de tener un trazo dulce y animoso a la hora de representar a dos niños que juegan en las calles de un pueblo rural; pero también capaces de retratar el horror más primigenio con dos figuras con forma de lobo bailando alrededor de un hombre. Pero para eso lo mejor es que cada uno se lea Duerme pueblo y recuerde la oscuridad del bosque y sus sombras durante su infancia, o al menos se sienta mal por no haberlo vivido.

@bartofg
@lectorbicefalo

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