Spain is Spain #258: sin pena

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Que no, que no me muero (María Hernández Martí y Javi de Castro) Modernito books, 2016. Rústica, 168 págs. Color, 19,50€

Lupe es una mujer cercana a los cuarenta, que tiene la vida más o menos organizada hasta que le detectan un cáncer de mama. A partir de ahí el relato podría tomar una serie de desvíos: por un lado se podía haber decantado por lo lastimero, el porqué del castigo divino, etc. Podría haber sido un cuento sobre la dignidad de la enferma por encima de la injusticia de un sistema que no cumple su parte. Pero no, Que no, que no me muero, no opta por ninguna de las vías clásicas para la ficción sobre enfermedades.  Evita de pleno el relato maniqueo de bien y mal y por supuesto el lastimero.

La guionista opta por una serie de microrrelatos, un total de 32, que recorren las etapas por las que Lupe pasa por su enfermedad. Pero no se trata solo de la historia de ella sino de la de aquellos que la rodean, los cambios y una misma. Pero sobre todo por la fuerza que va adquiriendo el personaje página tras página, que lejos de desfallecer y convertirse en un personaje patético se convierte en el motor de los que la rodean. Aunque el carácter de la protagonista se pueda confundir muchas veces con el amargor que supone el tratamiento de esta enfermedad no es más que su carácter. Lupe no busca posibles causas kármicas a su situación, ni el perdón de la gente.

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Página tras página podemos ver como el proceso no homogeniza, a cada enfermo le afecta de una manera diferente, no solo en lo físico sino a nivel intelectual, cada uno es diferente , y la mala leche que destila Lupe es única. Se agradece a lo largo del volumen evitar la moralina fácil, buscar la lágrima o construir un personaje que de lástima sino a una persona un tanto cabrona.

Me da la sensación que pocos autores como Javi de Castro hubiesen sido capaces de plasmar los recursos literarios propuestos en el relato. Algo que ya hemos podido ver en trabajos anteriores suyos y que se convierte en una especialidad del autor: desglosar el espacio visual del relato y desfragmentar la acción dentro del encuadre. El autor se sirve de estas técnicas para apuntar a la evolución de Lupe, un personaje que apuesta por seguir con su vida independientemente de la opinión de aquellos que le quieren hacer comer remolacha. Una obra que María Hernández Martí escribe con un buen punto de mala leche, el necesario para sobrevivir hoy día.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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