Santo Tomás de Belfast

punk_rock_jesusPunk Rock Jesus (Sean Murphy). ECC, 2016. Cartoné. 368 págs. ByN. 30 €

Aunque uno no crea en ningún poder superior no se puede negar que la religión tiene un atractivo tan brillante como perturbador. Desde un niño con estigmas que llora sangre hasta un suicida que se inmola en una estación de metro. Hay algo que atrae y aterra a partes iguales, tanto por lo ilógico como por lo incuestionable de su naturaleza. Hablamos de algo que es imposible demostrar, todo convencido lo hace a través del sacrifico del conocimiento, y encima espera que los demás sean partícipes de su juego. Quizás sería más comprensible si un religioso guardara su fe como un tesoro y sintiera lástima de los no creyentes, pero el problema es cuando el no creyente se vuelve un ser inferior. Entonces llega lo peligroso, porque el no creyente ofende a un poder superior que a pesar de ser omnipresente, omnisciente y omnipotente, necesita que otra persona te rebane el cuello o te pegue un tiro en la cabeza.

Pero por si esto fuera poco, la religión en lugar de convertirse en una herramienta para la paz se convierte en una creadora más de diferencias. Pareces que pocos son los dispuestos a aceptar el martirio, a aceptar la belleza moral de la víctima. De modo que no sólo odias a los creyentes de otras religiones, sino también al de otras sectas. Esto lo vemos hoy en día entre sunies y chiies en el mundo islámico, pero hasta no hace mucho los católicos y los protestantes hacían lo mismo. Irlanda del Norte fue el último bastión que enfrentó a católicos con protestantes, mezclando la lucha entre Irlanda y Gran Bretaña, republicanos y monárquicos. Quizás todo se hubiera solucionado si todos los implicados hubieran leído con atención la carta de San Pablo a los romanos, pero en su lugar optaron por matarse. Y de dicha masacre nace Thomas McKeal, el verdadero protagonista de la obra magna Punk Rock Jesus de Sean Murphy, quien guarda un gran paralelismo con San Pablo, verdadero padre fundador del Cristianismo moderno.

Pero el planteamiento inicial de Sean Murphy es mucho más ambicioso, en Punk Rock Jesus se habla de religión en el sentido último de la palabra, de mesianismo y redención. En un futuro tremendamente cercano, un productor de televisión crea el reality-show más popular de la historia,  J2, todo clonando a Jesucristo gracias al material genético del sudario de Turín. J2 ocupa la primera mitad de Punk Rock Jesus, donde vemos el crecimiento de Chris, el clon de Jesucristo, desde su gestación hasta la llegada a la adolescencia. En la segunda mitad vemos como Chris rechaza su papel de mesías y decide usar su popularidad para despertar conciencias a través del punk. En estas dos mitades Thomas es primero el jefe de seguridad de J2 y el guardaespaldas de la banda de punk de Chris después. Porque aunque Chris sea un personaje interesante, el primer mesías que es educado como tal, el niño del que se esperan los milagros, el talento como escritor de Sean Murphy llega con los personajes menos idealistas, con los fracasados.

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Como en toda buena historia, en Punk Rock Jesus los personajes son los restos que la marea de sus fracasos ha dejado varados. De este modo tenemos a Gwen, la madre del nuevo mesías; Slate, el productor de J2; o a Epstein, la científica responsable del clonado. Todos estos personajes, así como los numerosos secundarios, ofrecen suficientes motivos para ser tanto odiados como amados, o al menos ser dignos de lástima. No sé si de forma consciente o no, Sean Murphy escribe una historia tremendamente humanista, con personajes que pivotan continuamente en busca del perdón, algunos fracasando una y otra vez para volver a partir en busca de la redención. Siendo el personaje más claro Thomas, antiguo asesino aterrado por las llamas del infierno. Hay cierto paralelismo entre Gwen y Thomas, ambos son personajes fácilmente criticables por el ateo medio, son en cierto sentido el creyente tranquilo que Chris llama a la acción, ambos con una vida alejada del evangelio, combativo o no. Pero es precisamente ese papel de cristianos fallidos lo que los hace más puros, no sabemos si sus experiencias divinas fueron reales o no, lo que si sabemos es que creen en Chris, en el nuevo mesías.

Sean Murphy desarrolla en Punk Rock Jesus una historia madura, dejando clara sus ideas religiosas, su clara inexistencia, pero siendo tremendamente respetuoso. Las críticas caen sin clemencia sobre todo radical, como debe ser. Sean Murphy hace una llamada a la autoreflexión y el cuestionamiento de las grandes verdades, esperando que la caída de los grandes relatos sea su conclusión, pero contento al menos con que se consiga un ejercicio de reflexión. Punk Rock Jesus es un cómic valiente e inteligente, pero es que aunque no lo fuera su lectura sería igual de recomendable. Es más, aunque Punk Rock Jesus fuera un cómic estúpido y aburrido yo seguiría recomendándolo, sólo por disfrutar del dibujo de Sean Murphy, por sus líneas anguladas y sus perspectivas imposibles, por este evangelio gráfico de la vida y el movimiento, por saber dibujar como pocos un puñetazo y unos ojos llenos de ternura.

@bartofg
@lectorbicefalo

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