El hogar pese a todo

jamilti portJamilti y otras historias (Rutu Modan) Astiberri, 2016. Rústica, 176 págs. Color, 18 €

Es complicado defender al pueblo hebraico como el pueblo elegido por Dios, más cuando ni siquiera creo que exista tal cosa. Pero lo que para mí es indudable que hay algo tan misterioso como poderoso entre estas personas que durante milenios han mantenido su propia idiosincrasia al margen de lo más básico para un pueblo, el territorio. Aunque no hay constancias de que los israelitas realmente fueran esclavizados por los egipcios, si las tenemos de su confinamiento en Babilonia y del posterior desprecio tras el ascenso del cristianismo, todo sin olvidar el genocidio durante la Segunda Guerra Mundial. Nada ha podido con los judíos, nada. Guardianes de una religión y cultura, imposibles de separar totalmente extrañas, con una normativa que controla la vida al detalle y una mística más cercana al transhumanismo que al credo clásico.

En todo caso, estos milenios de historia han dado forma a la propia psique social que configura el actual Estado de Israel, que para rizar el rizo nace como una tremenda chapuza sin igual y convirtiendo la propia existencia del país hebreo en un quebradero de cabeza más para ellos y la comunidad internacional. Tampoco es que a los judíos les cueste asimilar la noción de vivir en un estado sitiado, en su lista de enemigos cuentan desde el Imperio Romano hasta la Santa Inquisición, siendo expertos en levantarse tras una paliza. Pero al margen del estado militarizado en perpetua guerra, existe otro Israel, un país occidental con una población civil que trata de emular, al igual que todos, lo que vemos por la televisión. De este modo, Tel Aviv, Israel, trata de ser una pieza más en un tablero, con la rareza de ser un alfil en mitad de un tablero de damas. Por eso disfruto tanto la lectura de obras como Jamilti y otras historias de Rutu Modan, porque hablan desde una óptica personal de lo que es Israel más allá de sus treinta segundos de rigor en los telediarios.

Si queremos conocer la Historia del Israel moderno tenemos grandes referentes como Israel: Un retrato de familia, pero una vez que tenemos clara, si es que es posible, la génesis política y social de uno de los países más delicados del mundo, hay que ahondar en lo que respira sus calles. Para ello, Rutu Modan se convierte en una guía perfecta, pues a través de Jamilti y otras historias no vemos sólo frescos sobre Israel, sino que también observamos la adquisición de la autora de una nueva voz, de seguir esa máxima que debería ser básica para cualquiera con intención de contar una historia “escribe sobre lo que sabes”. De este modo, la historia El rey de las rosas, la primera realizada por Rutu Modan de las recogidas en Jamilti y otras historias, es quizás la menos significativa a pesar de lo bien construida que está su trama y de la calidad del acabado gráfico. Pues es en el resto donde explota la personalidad de la autora, muy ligada a su calidad y genio artístico.

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Cronológicamente, a El rey de las rosas le sigue Lo pasado, primera obra de Rutu Modan ambientada en Israel, donde vemos como la autora inicia la tónica general del resto de las narraciones englobadas en Jamilti y otras historias, la cual no consiste que en otra cosa de contar dramas netamente familiares pero tocados por la realidad israelí. Así tenemos historias como la mencionada Lo pasado, bloqueo de energía, el asesino de las bragas, y su mayor fan. Las dos primeras cuentan historias muy parecidas, con familias israelíes marcadas por la desgracia pero con un extraño poso de felicidad, o al menos de tranquilidad. Esta relajación tras la tormenta choca con El asesino de las bragas y su mayor fan, contando el primero una historia de género llena de mediocridad, en el tono, no en su acabado; y centrándose en el segundo en un músico israelí con ínfulas y poco éxito. Estas cuatro historias nos permiten ver el día a día israelí más allá de la historia trágica del país.

Aunque Rutu Modan también tiene espacio para el conflicto israelí en Jamilti y otras historias, tanto en la narración que da título a la obra como Vuelta a casa. Si el estilo de Rutu Modan es absolutamente costumbrista, casi con ínfulas de cronista, en éstas dos historias alcanza un nivel mayor, o quizás eso es lo que percibe el lector externo. Pues al fin y al cabo, los personajes de Jamilti y Vuelta a casa son tan complejos como los del resto de historias, creaciones llenas de matices y complejidad inscritas en tramas donde lo tremendo se cruza de tú a tú con el detalle más cotidiano. Pero en estas dos historias se mezcla la guerra y el terrorismo, un conflicto que pasa de drama grotesco a ruido blanco de fondo. No sé si Rutu Modan busca un conflicto directo con el lector, convirtiendo la guerra en rutina, o realmente ese es su día a día normal. En todo caso, la lectura de Jamilti y otras historias es un ejercicio fascinante por el contraste, desde el dibujo inocente, casi infantil, capaz de saltar de lo más naïf a lo aberrante y perturbador; hasta sus guiones, donde el humor más blanco y cotidiano se dan de la mano con la crueldad más espantosa. Aunque bien pensado, en más o menos eso consiste la vida, y puede que un poco más en Israel.

@bartofg
@lectorbicefalo

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