Amor en los circuitos

descender-portadaDescender: Estrellas de hojalata (Jeff Lemire y Dustin Nguyen) Astiberri, 2016. Cartoné, 144 págs. Color, 18 €

Mi amigo Manolo es ingeniero, especializado en robótica o algo así, de modo que cuando tengo dudas científico-técnicas le pregunto a él, ahora menos, que vive en Alemania. Hace un tiempo le pregunté un poco sobre robótica, sobre si el problema para tener androides humanoides, que pudieran ser criados o soldados, se debía al hardware o al software. Por lo visto, el problema está en la construcción de los robots, pues velocidad y complejidad de cálculo ya tenemos, el problema es que los servomotores siguen siendo lentos y las baterías no duran todo lo que deberían. Más o menos es lo que entendí mezclando lo que me dijo Manolo con mi conocimiento que se basa más en la ciencia-ficción que en la ciencia real. Así que las mentes robóticas están ya allí, esperando que la tecnología les invente alguna carcasa que les permita tocar el violín, cocinarnos una sopa o apuntarnos con un fusil de asalto.

Así que a menos que nos extingamos o que algún tipo de catástrofe, humana o natural, nos lleve de vuelta al medievo o el neolítico, es simple cuestión de tiempo que los androides campen a sus anchas por las calles, ya sea simplemente cargando bolsas de la compra tras una anciana o fustigando con látigos a unos humanos con números grabados a fuego en la frente. Lo único importante es que al final no estaremos solos, lo que de algún modo será el mayor cambio de paradigma posible desde la extinción de los neandertales y hasta la llegada de los alienígenas. Es curioso como en la ciencia-ficción las razas humanas desaparecen. En las páginas de Descender: Estrellas de hojalata, la primera entrega de la saga galáctica de Jeff Lemire y Dustin Nguyen, tenemos humanos, alienígenas y robots, y los humanos son todos humanos, humis o formas de vida basadas en el carbono. Nadie habla de blancos, negros o asiáticos, diferencias que pierden su valor, pues la nueva diferencia crea nuevos grupos de enfrentamiento.

Con este fin, Jeff Lemire crea un universo rico y complejo, con dos grandes grupos sociales que reaccionaron de forma diferente ante un cataclismo robótico, con las propias criaturas artificiales en medio, víctimas y verdugos por igual. Aunque Jeff Lemire, al menos en los primeros compases de Descender, huye de la épica más excelsa y masiva para mostrarnos la historia de un simple androide, Tim-21, encerrado en un mundo que no conoce y zarandeado por poderes fácticos que lo ven como una mera herramienta. Jeff Lemire es inteligente y juega con Tim-21 la mejor baza que tenía a su alcance, la empatía, haciendo del niño robótico el personaje más humano de la historia, aunque simplemente lo sea debido a su programación, de modo que el lector pueda percibirlo como un niño asustado que lo único que quiere es estar a salvo y volver con sus seres queridos. Así que aunque se crucen diversos personajes de toda índole, Tim-21 es una pequeña chispa humanista en mitad de las intrigas y luchas políticas y militares de un universo al borde del colapso.

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De esta forma, Estrellas de hojalata es una presentación que nos da las pinceladas justas y necesarias primero para entretener y emocionar y después hacernos rogar por más, algo a lo que ayuda el final del tomo. Jeff Lemire sabe jugar con un universo complejo del que cualquier fan de la fantasía espacial querrá saber más, con unos personajes complejos, capaces de sorprender a medida que vamos aprendiendo más de ellos, y una filosofía transhumanista heredera no sólo de la space opera clásica, sino del ciberpunk más puro, y no hablo de la mera estética de implantes, sino de la filosofía humana a través de las almas. Hay algo de Neuromante en Descender: Estrellas de hojalata, al igual que hay algo del remake de Battlestar Galactica a la hora de saber que aunque su principal labor es entretener, dedicar la mayoría del esfuerzo a plantear pregunta tras pregunta, a formar sentimientos y dudas, cuando la labor primaria ha sido resuelta con soltura.

Ni mucho menos se puede dejar de lado el trabajo de Dustin Nguyen, un artista que sabe ilustrar la historia a la perfección, gracias a su trazo personal y a su dominio particular de la narrativa, consiguiendo que una historia puramente tecnológica adquiera un halo aún mayor de fantasía y misterio por el propio dibujo que la representa. Aunque hay que remarcar especialmente el trabajo de Dustin Nguyen en el color Estrellas de hojalata, aunque también se podría hablar de la ausencia del mismo, pues el artista consigue dominar los espacios mediante la predominancia del blanco, el negro y los tonos rojizos oscuros, consiguiendo que estas variedades cromáticas demarquen la predominancia emocional de cada escena. Jeff Lemire y Dustin Nguyen han iniciado un camino largo y trabajamos con Descender: Estrellas de hojalata, pero seguro que merece la pena seguirlos a ellos y a Tim-21 a través de toda la galaxia.

@bartofg
@lectorbicefalo

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