El honor del débil

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La República de la Lucha (Nicolas de Crécy). Ponent Mon, 2016. Rústica. 220 págs. ByN. 20 €

El mundo se construye sobre dípticos enfrentados que despliegan en sus intersecciones infinitos que nos dejan habitar un universo de libre albedrío. Entre lo bello y lo feo, lo bueno y lo malo, vamos moviendo gradientes como piezas de una maquinaria de vapor para ajustar nuestras válvulas internas e intentar sobrevivir. La mayoría de las veces se plantea uno de los dos extremos maniqueos como el ideal, con lo que lo esperable es orientar nuestra vida hacia dicho extremo: alejarnos de lo feo para alcanzar lo bello; dejar atrás lo malvado y alcanzar lo bondadoso; y sobre todo huir de las debilidades para habitar sin la más mínima duda el reino de las fortalezas. Porque al final todo se resume es ser fuerte, en ser capaz de actuar y soportar los embates del destino con la mayor presteza posible, para lo cual se debe de tener un cuerpo atlético y sano, una mente sagaz y rápida, así como un corazón justo y amable.

Lo que sucede es que dicha aspiración es tan admirable como inalcanzable, pues muy difícilmente conseguiremos alcanzar la excelencia en todos los campos existenciales que habita un ser humano. Ante esto podemos seguir luchando por ser mejor, por alcanzar lo óptimo, o bien resignarnos y tratar de ser felices como buenamente podamos. También tenemos una tercera opción, elegir la debilidad como valor positivo, considerar la flaqueza como un elemento que enaltezca aún más la victorias, por pírricas que sean éstas. Y esto es lo que hace precisamente Nicolas de Crécy en La República de la Lucha, una historia que mezcla las tradiciones más clásicas del manga y el cómic europeo para hablarnos del martirio de los débiles y la gloria de la derrota. Un canto no ya al diferente, si no directamente al inferior.

La República de la Lucha surge como un encargo a Nicolas de Crécy por parte de una revista de manga japonesa que buscaba tener un autor de bande dessinée entre sus páginas. El experimento resultó más que positivo debido a la implicación que Nicolas de Crécy deja en sus páginas, un intento sincero por encontrar los nexos de unión entre Francia y Japón, no sólo desde el punto de vista de la historieta, si no de las propias culturas nacionales, mezclando incluso sus mitologías y cultura criminal. El pequeño Mario es un vendedor de pianos perteneciente a una extirpe de mafiosos oriundos de Sicilia, familia criminal liderada en la actualidad por su sobrino, un delincuente bastante precoz. Mario se conforma con vender pianos junto a su amigo, un pingüino que toca el piano, aunque lo que realmente quiere es tener una vida con una luchadora de lucha libre perteneciente a la República de la Lucha, una organización supuestamente atlética pero controlada por los mafiosos, que se valen de los luchadores como matones y soldados.

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Y es en este distancia conceptual, entre el pequeño y débil Mario y los fuertes y aguerridos mafiosos y luchadores, donde Nicolas de Crécy desarrolla las ideas más interesantes de La República de la Lucha. Básicamente, Mario es un mártir, tanto por destino como por elección, que se enfrenta a un universo violento premiado con todas las fortalezas menos la búsqueda del bien, elemento que queda reservado a Mario a cambio de carecer de cualquier otro atributo positivo, tanto físico como mental, viéndose reducido a la culminación total de la debilidad. Mario no es sólo pequeño, cegato y feo; también es cobarde y no demasiado listo; quedándose lo positivo resumido a su bondad, la cual varias veces se enfrenta a su falta de valor. Así que aunque Nicolas de Crécy crea un universo atípico lleno de surrealismo, el conflicto último es tan cercano como la búsqueda de la lucha por un lugar en el mundo y la aceptación. Ya otra cosa es que se consiga.

Por un lado tenemos a los luchadores al servicio de la mafia y por otro a una cohorte de fantasmas, o yokais japoneses, que se empeñan en ayudar a Mario a pesar de su reticencia. Así como lectores sólo podemos sentarnos en primera fila y disfrutar de las desventuras de Mario enfrentado a su propia familia y con unos aliados que hacen de la debilidad su mayor fuerza. Por momentos sentiremos lástima por Mario, del mismo modo que no podremos evitar despreciarlo un poco, pero al final seguro que nos identificamos con él en algún momento, como víctimas de la zozobra del libre albedrío, siempre al límite de la duda. Nicolas de Crécy construye un relato rápido, que sabe cuando detenerse para dar más detalle a una figura y por contra cuando correr y limitarse a bosquejar, todo con un blanco y negro desangelado que aumenta la atmósfera de La República de la Lucha hasta un clímax final tan atronador como silencioso.

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Astro City – El ángel caído (Kurt Busiek y Brent Anderson)

astro_city_el_angel_caidoAstro City: El ángel caído (Kurt Busiek y Brent Anderson). ECC, 2015. Cartoné. 224 págs. Color. 22 €

Aunque lo que Kurt Busiek buscaba en todo momento mediante la publicación de Astro City, con la ayuda de los dibujos de Brent Anderson, era traer de fuerte ese sentido de lo maravilloso que poblaba la época dorada de los cómics, el autor también tiene espacio para jugar con otros elementos dentro de su serie. De este modo, El ángel caído es una historia negra en el sentido más clásico del género pero sin abandonar las calles de Astro City, simplemente cambiando el foco desde los superhéroes hasta los villanos. El ángel caído cambia de acera pero manteniendo en todo momento el tono, pues como ya demostró en números anteriores Kurt Busiek, se puede maravillar y al mismo tiempo tratar temas adultos, en este caso con un villano que sale de la cárcel tras cumplir 20 años de condena.

Al cruzar referentes y mezclar las historias de superhéroes más clásicas con elementos propios del cine negro y la literatura, la sombra de Raymond Chandler baña toda la trama, nos encontramos quizás con la versión más oscura de Astro City en el sentido más cotidiano. No hablamos de una saga con héroes al límite obligados a cruzar sus límites morales, no, simplemente estamos en la zona pobre de la ciudad, donde los dotados usan sus capacidades para huir de la forma más rápida. Esto es curioso, ya que Kurt Busiek dar un realismo atronador a sus villanos sin necesidad de convertirlos en seres despreciables, al mismo tiempo que crea entre ellos una sensación de comunidad viva.

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La mayoría de los autores oscurecen a los superhéroes llevándolos al límite, haciendo que habiten un negro que hacen pasar por gris, pero en El ángel caído Kurt Busiek nos enseña el supuesto negro de sus villanos desde su punto de vista, lo que para ellos es blanco. Carl Donewicz, un ladrón con la piel recubierta de metal y conocido como Jack Steel sale de la cárcel con la intención de no volver, pero al no encontrar trabajo acepta el encargo de sus vecinos de investigar quién está asesinando villanos, o como prefieren ellos llamarse máscaras negras. Pero Jack Steel no es más que un bruto con la cara de Robert Mitchum que busca la redención, alguien castigado por la vida que tiene que poner corazón donde le falta inteligencia, con lo que Kurt Busiek nos enseña el lado más oscuro de Astro City, un lugar donde la bondad existe pero a su manera.

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El detalle cómo juicio

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El árabe del futuro Vol. 2 (Riad Sattouf). Salamandra, 2015. Rústica con solapas. 160 págs. Color. 19 €

En la entrada que se le dedicó a la primera entrega de El árabe del futuro se apuntaba a una triple perspectiva desde la cual se narraba el relato: desde el de la madre del protagonista, la del padre y la del niño. Tres visiones que resumen tres percepciones sobre el mismo hecho: una mirada europea, otra árabe y la del niño que está a medio camino de ambas. Dichas variaciones sobre un mismo tema en forma de relato gráfico nos proporciona una visión bastante particular sobre la multiculturalidad en las sociedades contemporáneas en las cuales se manejan términos como inserción o inmersión cultural.

Este tomo transcurre en su práctica totalidad en Ter Maaleh, cerca de Homs, con un interludio en Francia que pone en perspectiva el escenario sirio, al menos para los lectores occidentales. En cierta manera una de las perspectivas de la interculturalidad es tratar de conocer una cultura a partir de la propia buscando las diferencias a partir de lo común. Para ello el personaje del niño gana protagonismo para hablarnos de la inmersión en una cultura ajena para él, la madre y, parece que por parte del padre, que lleva muchos años fuera de del país y más que entender su propia cultura la justifica.

El periodo narrado es el que va desde 1984 a 1985, los primeros años de escuela de Riad en el sistema educativo sirio. Se produce una mayor focalización en el punto de vista infantil que en la de los progenitores y en cierta manera repercute en mostrar la cultura siria a través del detalle. El niño nos permite fijarnos en los valores patriarcales que imperan en dicha cultura, una formación al servicio del estado, lo vacuo de la ostentación del padre, por ser doctor, y de sus vecinos poderosos. Pero la perspectiva de los padres se revaloriza cuando entra en juego cuestiones más complejas, como los crímenes de honor, ahí tiene más peso la opinión de la madre y la indecisión del padre sobre cómo enfrentarse a dicha situación.

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Nos encontramos con un Hafez el Asad omnipresente, pero desaparecido, que domina toda la escena social, política y militar y unos enemigo, los judíos, que se convierten en un concepto abstracto sobre los que verter todo el odio del pueblo. Con tales ideas peregrinas se construye el relato de reafimación de un pueblo devastado y totalmente lastrado por cierta idea de un nacionalismo impostado, que es cómo se muestra a los ojos de ese niño.

Esta segunda entrega de El árabe del futuro es una obra fluida que nos habla de la infancia del autor, pero también de cómo enfrentarse a lo desconocido en otras culturas, la importancia de las varas de medir y de cómo se enfrentan las diferentes sociedades y sistemas de valores. Sattouf nos ofrece un título inevitable que marca las pautas de la narración biográfica, de la que a pesar de ser su propia historia mantiene cierta distancia como narrador, dejando de lado una escritura sancionadora dejando al propio lector el juicio de valor.

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Spain is Pain #253: La resistencia nº1 (VVAA)

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La resistencia nº1 (VVAA) Dibbuks, 2016. Rústica, 80 págs. Color y B/N, 8€.

La desaparición en 2005 de El víbora auguraba un hecho que quizás en aquel momento los lectores no éramos muy conscientes el panorama editorial iba a cambiar para siempre. Principalmente para las revistas. Por suerte no fue la última en los más de diez años que han pasado desde que cayó el buque insignia del cómix nacional han ido apareciendo diferentes publicaciones que realmente no lo han tenido muy fácil; desde TOS a Zander Magazine, pasando por Humo, Dos veces Breve, El Manglar. Las revistas implican en mayor o menor grado cierta complicidad por parte del lector a la hora de seguir las series de las mismas, eso implica una periodicidad razonable.

La gente de Dibbuks vuelve al ataque con otra revista aunque quizás con una mentalidad un tanto diferente a la que tenían las anteriormente citadas. En este caso La resistencia busca crear una revista que no implica un seguimiento continuo, todas las historias son autoconclusivas y nos permiten conocer los registros de distintos autores actuales y también hacer un poco de arqueología del panorama nacional. No es baladí que la revista reciba dicho nombre, el planteamiento de una publicación de estas características es un acto bastante atrevido con el que muchos no cuentan. Imagino que aparte de los fanzines puros y duros nos resulte extraño encontrarnos este tipo de publicaciones en las tiendas a día de hoy.

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El enfoque de la publicación es para lectores habituales de cómic nacional pero sin excluir a aquellos que se quieran acercar por primera vez a conocer otros autores o deseen realizar una aproximación al panorama actual. En ese sentido los editores no han optado por obras radicalmente experimentales buscando una publicación que sirva para divulgar las virtudes de la historieta nacional contemporáneas. Una labor divulgativa en pro de favorecer el acercamiento de nuevos lectores. Lo cual lo convierte en una buena oportunidad para retomar la costumbre de ir a comprar revistas de cómics, ya no a los quioscos pero si a las librerías especializadas.

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En este número de la resistencia colaboran: Juan Berrio, Pablo Velarde, Chipi, Juanjo el Rápido, Javi de Castro, Josep Busquet, Miguel B. Núñez, Manel Cráneo, Olaf Ladousse, Jali, Rubén Garrido, Raúl, Álex Fito, José Luis Ágreda, Antoine Ozanam, Infame & co, Chema García y Fermín Solís.

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Sandman: Muerte (Neil Gaiman, Chris Bachalo, Dave McKean, Jeff Jones y Mark Buckingham)

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Sandman: Muerte (Neil Gaiman, Chris Bachalo, Dave McKean, Jeff Jones y Mark Buckingham) Ecc, 2015. Cartoné, 216 págs. Color, 21,50€

A parte de cualquier tipo de opinión basada en el gusto como lector a Neil Gaiman hay que reconocerle la capacidad de haber creado en Sandman un universo con los suficientes huecos como para poder retomar la historia una y otra vez y poder explorar tanto personajes como situaciones. En este volumen se recopilan las dos miniseries y algunos relatos cortos protagonizados por una de las secundarias más icónicas y queridas de la serie: Muerte, la hermana de Sandman.

El personaje diseñado por Gaiman se aparta de aquellas lecturas puramente tenebrosas al igual que de aquella excesivamente intelectuales. Muerte, la muerte representada por el autor inglés rezuma, paradójicamente, vida. Es una mujer joven que vive en el mundo de los vivos una vez cada 100 años para disfrutar de los placeres de los mortales y más que dar lecciones sobre vivir la vida, aprovecharla o el consabido carpe diem hace que los propios personajes vivos saquen sus propias conclusiones sobre la vida.

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En este volumen se recopilan dos miniseries: El alto coste de la vida y Lo mejor de tu vida. En la primera Muerte está en una de sus viajes a la vida, en este viaje se unirá Sexton Furnival un adolescente que no le gusta el mundo donde vive. Con este emprenderá la búsqueda del corazón de Hettie La loca, una mujer de más de dos siglos de edad, en el trayecto Sexton aprenderá el valor de la vida. En la segunda miniserie Muerte aparece en el contexto de lo etéreo retoma al personaje de Hazel, que aparecía en la serie madre y en la anterior miniserie, retomando también a la pareja de esta Foxglove, una cantante pop emergente que vive atrapada entre lo que realmente quiere y el cómo debería ser. Hazel ha hecho un trato con muerte para salvar a su hijo, y un tiempo después debe ajustar cuentas. El resto de páginas están dedicadas a una serie de relatos cortos, bocetos y diseños y unas páginas muy curiosas en las que Muerte habla sobre modos de evitar el contagio de enfermedades de transmisión sexual.

Al igual que en cualquier obra relacionada con Sandman parece que estamos asistiendo a algo de proporciones mayores a lo mostrado en el texto en cuestión. Las historias de este volumen permiten ser leídas de manera independiente pero para aquellos lectores de Sandman serán una gozada. La ampliación del universo es tal que el nivel de comprensión aditiva hace que la lectura de las miniseries de Muerte sean todavía más plenas. Un tomo imprescindible para completistas.

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Impacto visual

TheDivine portThe Divine (Asaf Hanuka, Tomer Hanuka y Boaz Lavie) First Second, 2015. Rústica, 160 págs. Color, 19,99$

Lo más complicado a la hora de escribir una historia, siempre y cuando esta sea más que un relato corto, ya sea cortometraje, videoclip o cuento, es desarrollar todo su potencial más allá de la génesis de la idea. Porque la mayoría de las veces todo surgirá debido a un único concepto, una escena llena de fuerza si tenemos suerte, si somos menos afortunados una única imagen capaz de hacernos vibrar. Pero como narrar no es pintar, es obligatorio construir un andamiaje alrededor de imagen tan poderosa, pues ya sea esta un galeón en llamas que se estrella en mitad de la noche contra el puerto o una mujer que recorre las calles bajo la lluvia y cargando con el cuerpo de un perro muerto, todo debe de tener sentido.

Es obligatorio construir un universo que dé coherencia a esa imagen, que nos ponga en contexto y que nos explique que llevó a esa situación y cuales fueron sus consecuencias. Que la imagen suceda antes o después dependerá de si queremos que esa imagen sea el detonante o el clímax de la historia, aunque eso es algo que raramente se piensa, pues la propia chispa suele decirnos si nos encontramos al principio o al final de la odisea. Creo que en el caso de Asaf Hanuka y Tomer Hanuka, dibujantes, y Boaz Lavie, guionista, esa imagen fue la génesis de la narración, una poderosa chispa que terminó dando lugar a The Divine, una novela gráfica que se vale de la crueldad más real para mostrarnos una historia de fantasía.

La génesis de The Divine fue tomada prestada por los autores a partir de una fotografía del fotoperiodista Apichart Weerawong, que muestra a dos niños guerrilleros birmanos, los hermanos Jhonny y Luther Htoo. Los autores no dejan claro quien trajo la imagen a la palestra, pero fue la perfecta excusa para que los tres desarrollaran una historia sobre mitología y guerra sucia. Por su parte, Boaz Lavie nos entrega un guión lineal y en apariencia simple, pero que esconde mucho más de lo que aparenta, pues su perfecto engranaje interior, así como la perfecta definición de las personalidades complejas de cada personaje, hace que la historia fluya como un arroyo. De este modo no tenemos la sensación de que nada sucede porque sí, si no más bien que los acontecimientos, como una fuerza de agua, van adaptándose a las necesidades temporales de los actores y el espacio.

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The Divine es lineal porque seguimos en todo momento la historia de Mark justo un poco por detrás y por encima de sus hombros, desde la génesis de su vida familiar en Texas hasta su odisea en Quanlom, destilación última del sudeste asiático. Quizás el mayor acierto sea que el propio Mark es un testigo obligado a actuar, sometido a presiones externas que le empujan a buscar la supervivencia, ya sean la responsabilidad de ser padre o unos niños soldados empeñados en proteger a un dragón que vive dentro de una montaña. Mark, y nosotros con él, somos testigos de cosas que no comprendemos, obligados a avanzar en busca del equilibrio entre supervivencia y bondad, pues al final Mark no deja de ser un idiota idealista, lo que deberíamos ser todos.

Pero no cabe duda que The Divine no sería nada sin el trabajo visual de Asaf Hanuka y Tomer Hanuka, pues ambos artistas consiguen que la narración de aventuras de Boaz Lavie se convierta en un viaje más allá de la razón y la locura. Los dos artistas crean un universo propio, que recuerda en su planteamiento al trabajo del propio Asaf Hanuka en el film Vals con Bashir, pero cambiando ahora los rigores del desierto por la sobredosis de la jungla. Quanlom parece un país de verdad, habitado por niños llenos de matices y una mitología rica y bella, y tenebrosa cuando toma el control de la situación. Hace mucho que no veía una imagen tan potente en un cómic como el ataque al campamento de The Divine, una historia de tres israelíes que nos hablan de la locura de la guerra protagonizada por niños y del papel de la magia en la construcción de nuestra realidad.

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El sueño de la razón produce monstruos

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Go Go Monster (Taiyô Matsumoto) Ecc, 2015. Rústica, 472 págs. B/N, 27€

El título del aguafuerte que Goya realizó en 1799 nos viene muy bien para hablar de la obra que nos ocupa en esta entrada: Go Go Monster de Taiyô Matsumoto. La obra de Goya resume a la perfección esta obra del autor nipón, en esta vemos en primer plano como un hombre sentado en una silla reposando la cabeza mientras duerme sobre un escritorio en el que se puede apreciar una pluma y unos escritos. En segundo plano, en la penumbra, aparecen búhos, gatos salvajes y murciélagos, seres de la noche que vinculados a la misma se les suele adjetivar de monstruos.

En Go Go Monster nos encontramos con la misma composición pero en este caso a nivel conceptual. La razón viene determinada por el espacio en el que se desarrolla el relato, un colegio. Y en un segundo plano los monstruos, los buenos y los malos, que solo puede apreciar el protagonista del volumen, Yuki Tachibana, y que el resto de alumnos y profesores, y nosotros mismos como lectores, somos incapaces de ver. Tan solo IQ, un alumno superdotado que se esconde detrás de una caja con un solo agujero, Ganz el conserje del colegio y, un nuevo alumno, Makoto Suzuki, serán capaces de creer las palabras del protagonista. Cayendo en una suspensión de la incredulidad en la que nosotros, como lectores no parecemos caer nunca. En cierta manera nos engaña, el whodunit del relato es el mundo paralelo de Yuki, pero el eje de la historia es saber cuándo el resto de personajes van a creerle o ser capaces de verlo por ellos mismos.

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El colegio es uno de los topos más utilizados en el manga para adolescentes, por ser el lugar en el que este tipo de productos tiene su público. Sin embargo, para Matsumoto no es más que un aspecto funcional, el colegio recoge una serie de aspectos formacionales que preparan para la vida social posterior al periodo académico, que en el caso nipón se multiplica debido a lo excesivamente jerarquizada y estructurada que esta la vida en este país. Yuki se sale de la línea marcada por los profesores, aunque es un niño brillante con buenas notas, pero como en algún momento anota uno de sus amigos este, el nuestro, es su otro mundo. Este alumno tiene la capacidad de ver unos monstruos que viven en la cuarta planta y relaciona todo lo que sucede en el edificio con la intervención de estos o por otros de carácter maligno.

Matsumoto desarrolla ciertas pautas del relato de terror psicológico que tan de moda estuvo en Japón a finales de los noventa y principios del siglo XX, esta obra se desarrolló entre 1998 y el año 2000. Basándose en dos aspectos: el primero un mundo paralelo que tan solo perciben unos pocos y un tempo narrativo basado en la prolongación de la escena. No hay pruebas de lo que diga Yuki sea real, más allá de sus propios dibujos, sin embargo los alumnos más jóvenes le creen. Este protagonista funciona a modo de segundo demiurgo un creador de historias, el primero sería el autor de la obra. La extrañeza de la situación viene dada por los personajes IQ es un personaje al que no conocemos y que pierde los estribos por cualquier motivo, su incapacidad social, es una especie de hikikomori, es solo comparable a su capacidad para focalizar de manera intensa sobre algunas situaciones, cosas o animales.

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La prolongación de la escena tiene lugar principalmente en la recta final de la historia, con un desglose de viñetas que busca captar la esencia de la situación. Cierta trascendencia de los personajes principales, Yuki e IQ, Matsumoto es un ser plano incapaz de comprender lo que sucede a su alrededor y Ganz, el conserje, que funciona a modo de ayudante que no abandona su posición pero da apoyo a Yuki.

Lo extenso del relato y cierta carencia de causalidad narrativa me hace sentir como lector cierta extrañeza. Matsumoto se aleja tanto de los parámetros del shonen convencional que en cierta manera nos desmonta la visión estereotipada que tenemos sobre los relatos protagonizados por chicos. El extrañamiento de viene dado por la carencia de acción, personajes hieráticos alejados a la imagen de felicidad eterna de los adolescentes y por la inmersión narrativa total dentro del edificio. Go Go Monster es uno de los mangas más relevantes del nuevo manga de principios de siglo XXI, en el que la apuesta estética viene de la mano de un relato de autor, no siempre perfecto pero siempre muy interesante.

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