Las calles del misterio

SUCESOS_NOCHE_1Los sucesos de la noche 1 (David B) Norma Editorial, 2015. Cartoné, 96 págs. Color, 20 €

En cierto sentido, las ciudades son cadáveres habitados, como es lógico hablamos sólo de las más antiguas, las que han vivido suficiente tiempo como para morir y aún así no desaparecer. Este proceso tiene lugar en parte debido al afán eterno de la arquitectura, tanto en sus edificios como en sus planteamientos urbanos, ningún arquitecto le pone fecha de caducidad a sus creaciones, incluso las realizadas con materiales perecederos, como las yurtas de los mongoles nómadas o los tejados de paja de las casas campestres del norte de Alemania, parten siempre de la base de durar. Pero no todo puede durar, más cuando la sociedad es tan cambiante, con lo que podemos pensar en las ciudades como enormes esqueletos y en las personas como parásitos que los habitan, como cangrejos ermitaños viviendo de prestado. Puede que las antiguas mansiones del centro ya no tengan razón de ser como viviendas unifamiliares, es posible que las estrechas callejas sean un quebradero de cabeza para los repartidores en furgoneta, pero la ciudad es nuestra por el derecho de uso, es nuestra porque la habitamos e insuflamos vida en órganos que deberían haber dejado de funcionar hace mucho.

Aunque lo más importante es recordar que aunque seamos inquilinos temporales, no estamos solos, vivimos entre huesos y debemos pagar un precio, el cual no es el otro que el de compartir calles y plazas, huecos de escalera y portales por debajo del nivel de la calle, con los fantasmas, con entes que pudieron ser los habitantes originales de la ciudad u otros ermitaños que antes que nosotros doblegaron las avenidas y callejones a sus necesidades. Sevilla, Roma o Brujas son ciudades viejas con huesos amarillos, todas modernas pero tensadas por el peso de sus años muertos. Pero si alguna ciudad debe llevarse el título de bello cadáver reanimado, ésta tiene que ser París, la ciudad de la luz y de las sombras, pionera en demasiados campos, tantos como otros que se niega a actualizar. Esto es lo que extraigo yo de mi percepción del París real y del imaginario, tesis apoyada en la obra Los sucesos de la noche de David B. un intento de adentrarse en ciertos sectores de París buscando la tensión entre lo real y actual, y los fantasmas y demonios del pasado.

Si utilizo el término intento no es para remarcar la falta de éxito de David B. sino por subrayar la individualidad de su ejercicio, porque antes que París está el barrio de Marais, espacio real del autor que se mezcla con su leyenda, blanca y negra, para tratar de cartografiar el sentimiento tanto de pertenencia como exilio entre esquinas y negocios de barrio. Los sucesos de la noche nos cuenta una trama terrorífica que asusta menos por la belleza de lo que cuenta, que no aterra todo lo que debiera debido al cuidado de David B. a la hora de convertir en fábula y peripecia conceptos más propios de la metafísica. Pero que nadie se lleve a engaño, tras esa trama casi detectivesca y ante todo divertida, se abre un campo de reflexión sobre la inmortalidad y sus hijos monstruosos, sobre lo humano y lo divino. En una escena de la teleserie The Last Kingdom, un personaje vikingo del siglo IX, define a la escritura como una magia, como voces sin rostro ni sonido. Esta idea es plasmada por David B. desde una perspectiva mucho más romántica, mezclada con la imaginería de las librerías de antiguo y la cábala judía, no por nada Marais es ante todo un barrio judío donde conviven los hebreos ortodoxos con la plaga de la droga de principios de los noventa del siglo pasado. Todo está obligado a ser oscuro, misterioso y decadente.

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Así que seguimos al propio David B. buscando primero números de una revista esotérica del siglo XIX, Los sucesos de la noche, para terminar luego bregando contra elementos como Azrael, el ángel de la muerte; el Capitán Travers, fundador del folletín; o Ene, el dios de la exterminación. Sin olvidar a extraños libreros, agentes de la ley singulares y una atractiva periodista. Todo entre montañas de libros desvencijados, calles oscuras y peligrosas, y una sensación etérea que mezcla la mayor épica con un sentimiento de fatalismo absoluto. Es curioso como David B. consigue una historia tan atractiva, que te agarra y no te suelta, con una puesta en escena tan onírica y conceptual. El autor consigue mezclar como pocos la reflexión con la acción. Es un equilibrio complicado, pues un poco más hacia un lado o hacia otro haría de Los sucesos de la noche una obra pedante y aburrida o ininteligible y vacía.

Sobre el acabado artístico de Los sucesos de la noche poco se puede decir a quienes sean seguidores de la obra de David B. su trazo característico está presente en cada viñeta, con esa habilidad para reducir al mínimo los personajes y aún así llenarlos de vida y emoción. Las criaturas de David B. casi parecen más talladas en madera que dibujadas, expuestas a luces duras para ser fotografiadas entre la oscuridad absoluta y el sol de mediodía, una propuesta que mejora cuando hablamos de sus escenas más fantasiosas, donde el trabajo del autor parece convertirse en una puesta al día de la imaginería medieval más apocalíptica. Recorrer las páginas de Los sucesos de la noche es transitar por un París, un barrio de Marais, que no existe más allá de la propia percepción y reflexión de David B., pero al mismo tiempo es conocer de primera mano unas calles de la forma más directa, transitar no sólo por el aspecto físico de unas intersecciones urbanas, sino también recorrer los fantasmas de la arquitectura, viendo tanto la vida actual como el peso de los fantasmas de las personas y usos que estuvieron antes.

@bartofg
@lectorbicefalo

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