Mi pequeña gran aventura

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Los Kurdles (Robert Goodin). La Cúpula, 2016. Cartoné. 68 págs. Color. 16,50 €

La escala es un elemento básico a la hora de diseñar una historia épica. Si queremos que una narración sea lo más grandiosa posible, que mantenga atrapados a los espectadores, ansiosos por más, nuestro héroe debe ser siempre más pequeño y débil que sus obstáculos y villanos. Ya sea por el ingenio, la ayuda mágica o mera fuerza de voluntad, el héroe terminará triunfando contra todo pronóstico, porque al fin y al cabo es el bueno y merece ganar. Esto es lo que inculcamos a los más pequeños a través de fábulas y cuentos, la bondad siempre vence. Puede que después en la vida real no sea tan así, pero es una mentira útil y agradable, si todos nos la creyéramos el mundo iría mejor, pues nadie optaría por el mal, sabedor de que está destinado al fracaso.

Así que es recomendable que los niños lean historias como Los Kurdles de Robert Goodin. Los niños y cualquier adulto capacitado para disfrutar de un buen cómic. En la obra, Robert Goodin nos presenta al protagonista más pequeño y desvalido que uno pueda imaginar, la osito de peluche Sally, la cual es cruelmente abandonada por una dueña tan caprichosa como malvada. Aquí comienza la historia de Sally, perdida en mitad del bosque y con el único deseo de volver a casa. No es la primera vez que nos encontramos con una historia estructurada como una vuelta a casa, una odisea que cambia al protagonista hasta el punto de que no retorna la misma persona. Pero en Los Kurdles, Sally no vive un viaje lleno de infortunios y aventuras, su retorno a Ítaca se ve interrumpido por un grupo de personajes tan variopintos como un muñeco de trapo, un extraño cefalópodo y un unicornio, que termina cambiando los planes de la pequeña osa.

Es curioso como Robert Goodin destroza la estructura del imposible retorno para construir una fábula de nuevo comienzo. Todo esto es gracias a una línea argumental muy sencilla: Sally acepta ayudar a arreglar su casa a sus nuevos amigos a cambio de que le ayuden a volver a su casa, sin embargo, la construcción de lazos entre personajes cambia los planes de todos. Esta historia principal es tan simple como divertida, llena de un humor blanco y tierno, pero la verdadera fuerza recae en las relaciones que se van construyendo entre los personajes, Robert Goodin demuestra un especial talento para el diálogo, el cual está perfectamente acompañado de la acción. Todos los personajes hablan continuamente sin dejar de hacer cosas, lo que permite que compartan una gran cantidad de información sin dar sensación de ser cabezas parlantes estáticas. Nada se suelta al azar ni de forma obligada, todo fluye dentro de conversaciones triviales entre viejos amigos y personas que se acaban de conocer, situaciones donde el conflicto está presente.

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Pero por si fuera poco, Los Kurdles no es sólo una historia emotiva y divertida de leer, también es una fantástica experiencia visual. El dibujo de Robert Goodin es tierno, yo diría que hasta abrazable, consiguiendo que hasta los momentos más dramáticos tenga un acabado lleno de ternura, con lo que la lectura es aún más placentera. Pero habría que prestar especial atención al color de la obra, un acabado que añade aún más profundidad y delicadeza a todo el trabajo visual. Se me hace difícil pensar en alguien que no pueda disfrutar de este trabajo artístico, y ya directamente imposible que algún niño no quede atrapado entre las páginas del cómic, una aventura a la fantasía y la aventura.

Los Kurdles podría ser definido como una obra infantil para todos los públicos en el sentido más positivo del término. No hablamos de una historia adulta adaptada para niños, no es una historia simple para que los niños la entiendan pero llena de chistes para adultos puestos para entretener a los progenitores. Es una historia universal que se disfruta por si misma y que al mismo tiempo trata con la mayor delicadeza temas tan importantes como el abandono o la búsqueda del hogar. El niño y el adulto tienen acceso al 100% de la obra sin tener que soportar partes diseñadas en exclusiva para el otro. Puede que el niño aprenda valores y situaciones que en caso de ser interiorizadas le hagan mejor persona, también es posible que el adulto recuerde que a pesar de la crueldad del mundo exterior la bondad sigue siendo una opción; pero lo que sin duda ambos públicos compartirán es una lectura delicada, enriquecedora y sobre todo divertida, porque Sally es una señorita, pero también un bicho de cuidado.

@bartofg
@lectorbicefalo

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