Tu colega del instituto

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Mi amigo Dahmer (Derf Backderf) Astiberri, 2014. Rústica, 224 págs. ByN, 18 €

La enfermedad mental sigue siendo un tabú de proporciones colosales, algo triste si tenemos en cuenta que vivimos en una sociedad tecnificada donde la información y la mente ocupan un lugar mucho más predominante que el cuerpo, si dejamos de lado actividades como ir a la playa o salir a correr. En todo caso, no hay ningún problema con comunicar que tenemos que ir al dermatólogo o al fisioterapeuta, pero es mucho más complicado poder comunicar libremente que tenemos cita para un psicólogo, y ya se convierte casi en un suicidio social dar a conocer que recurrimos a los servicios de un psiquiatra. Esto no es más que un ejemplo más de desconocimiento convertido en miedo, un comportamiento que muchas veces aísla a quien tiene una enfermedad o dolencia mental, quien además de padecer su propio problema debe cuidarse del rechazo social. Algo realmente triste, si tenemos en cuenta que la depresión o el estrés post-traumático no son contagiosos, mientras que los hongos de los pies, la sarna o la clamidia sí.

Esta injusticia hacia las enfermedades mentales es en cierta medida el poso que ha dejado la lectura de Mi amigo Dahmer de Derf Backderf en mí. La obra pudiera parecer bastante sencilla si nos atenemos a los sucesos que narra y su estructura, pero lo cierto es que el autor abre un cesto lleno de serpientes que atacan sin descanso a los pensamientos y sentimientos del lector. Es complicado ya de por sí entrar en la propia obra, los años de juventud de Jeffrey Dahmer, uno de los asesinos en serie más despiadados de la historia de Estados Unidos, responsable de al menos 17 asesinatos, algunos a adolescentes, víctimas a las que asesino, violó, descuartizo y parcialmente devoró; actos que le consiguieron el apodo de El carnicero de Milwaukee. Pero que nadie espere un cómic gore o de terror, Derf Backderf relata el tiempo que compartió con Dahmer en el instituto, hasta la primavera de 1978 justo antes de que realizara su primer asesinato, el cual dio paso a una década de descanso que derivaría en su masacre posterior entre 1987 y 1991, año en que fue arrestado, para posteriormente ser asesinado en prisión en 1994.

El impulso de contar esta historia nace de los sentimientos encontrados del propio autor por conocer a una persona que posteriormente se forjó una leyenda negra. Derf Backderf intenta en cierto modo comprender como Dahmer derivó hacia esa locura asesina, todo desde la lástima hacia el chico apartado y aislado, y el posterior odio y extrañeza ante la bestia que tomó forma. Derf Backderf construye así un relato lineal donde va desgranando la adolescencia de Dahmer, pero teniendo en cuenta su final, con lo que los comentarios y reflexiones son continuas, lo que ayuda a entender tanto actos que pudieron ser gatillos emocionales de Dahmer, como llamadas de auxilio, voluntarias e involuntarias, que fueron desatendidas. Es curioso, pero Derf Backderf construye un relato lleno de tristeza y hasta melancolía retratando a la América suburbana de los años setenta del pasado siglo. Todo se desarrolla como una lenta avalancha vital que arrastra a Dahmer hacia el precipicio, hacia el abismo. La propia complejidad y carencias de la persona se acentúan debido a la sociedad que le rodea, elementos que individualmente ya hubieran sido un problema para Dahmer, como su homosexualidad, su alcoholismo o su incapacidad para relacionarse, se ven agravados por una familia desestructurada y una maquinaria educativa que lo deja en el arcén.

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Es curioso, pues los retazos que Derf Backderf muestra sobre su propia adolescencia son casi idílicos, el típico nerd rodeado de los mismos inadaptados que termina encontrando su lugar, con sus paseos en coche y un futuro tan lleno de posibilidades como incógnitas. Un reflejo, no sé si perverso, de la vida de Dahmer, con la que el propio autor no deja de comparar la suya, especialmente en el terreno familiar. Por suerte, Derf Backderf no cae en la autoculpa, ya que trata de ir más allá, no reduciendo a Dahmer a una víctima inocente de sus circunstancias. Derf Backderf considera a Dahmer un asesino culpable último de todos sus actos y merecedor de sus castigos, pero no puede evitar preguntarse que hubiera pasado si alguien hubiera detectado sus problemas, quizás no hubiera tenido una vida plena, pero al menos estaría libre de cargar con la culpa de sus asesinatos y la desolación de los familiares de las víctimas.

La duda última de Mi amigo Dahmer no es otra que saber si alguien podría haber detenido a la bestia antes de ser totalmente liberada, al mismo tiempo que se escarba en la psicología interna de Dahmer antes de iniciar su carrera como asesino en serie. Derf Backderf no tiene ninguna respuesta para estas dudas, pero no tenía más remedio que sacar esta historia que le ha atormentado durante la mayor parte de su vida adulta. El problema es que Derf Backderf puede haberse sacado la espina que tenía dentro, pero nos la pasa a nosotros como lectores. Ahora lo ideal es que nos convirtamos en personas más conscientes de lo que nos rodea para que nos abramos y ayudemos a los demás en lugar de aislarlos y aislarnos, porque lógicamente no todos compartimos pupitre con un asesino en serie, pero seguro que nos cruzamos con alguien que necesite ayuda o que nos la pueda prestar.

@bartofg
@lectorbicefalo

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