La paternidad como constructo

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La enciclopedia de los bebés (Daniel Goossens) ECC, 2015. Cartoné, 152 págs. ByN, 14,95 €

La paternidad, o maternidad, es en si mismo un acto biológico, que va desde la fecundación hasta el alumbramiento y la posterior crianza de la preciosa criaturita resultado del proceso. Al final, todas las criaturas tienen la potestad de traer vida al mundo, desde el macho del caballito de mar hasta los caimanes de Florida o esa tía tuya que te regaló ese primo tan especial. Pero como los humanos nos empeñamos en convertir todo lo biológico en social, haciendo que la naturaleza deje de serlo para renacer como cultura, la formación y crecimiento de tu primo, incluso la tuya propia, está muy alejada de la del caimán y la del caballito de mar. Desde antes de nacer, la experiencia de la paternidad humana se convierte en una ristra de ritos y procesos que van más allá de la salud del infante, teniendo en cuenta ya su lugar dentro de la sociedad, su lugar exclusivo bien diferenciado del mundo adulto, al que llegará con el tiempo, a través de otros ritos y procesos.

Que nadie se engañe, no defiendo con esto abandonar la reproducción humana ni lanzar a los niños al campo para que se formen al margen de la cultura, pero cualquier buen observador externo verá que esas preciosísimas criaturitas, con su diminutos y adorables deditos, juegan un papel predominante en el teatro de sombras al que llamamos sociedad. Yo no soy ni el primero ni el más acertado observador del proceso, pues cualquier defensa de esta ficción que pasamos por realidad ya fue examinada y desmontada cuidadosamente por Daniel Goossens en su obra La enciclopedia de los bebés, una obra cumbre para entender no sólo el humor inteligente y la sátira más incisiva, pues también es una perfecta herramienta para comprender lo aleatorio y consensuado de nuestra realidad cotidiana, lo absurdo y necesario para que el hombre sea algo más que un primate sin pelo.

La enciclopedia de los bebés es ante todo una obra de humor, pero con un humor muy particular y quizás no adecuado para todo el mundo. El lector ideal de Daniel Goossens debe de estar dispuesto a entrar en su juego de relectura y a reírse de sí mismo, pues es complicado no entrar en la identificación en algunas páginas, donde el autor, de forma directa y sin concesiones, desmonta situaciones cotidianas mostrando su absurdo. Pero el juego de Daniel Goossens no termina ahí, y del mismo modo que visualiza lo absurdo de la paternidad en su contexto actual, extiende la crítica a cualquier segmento de la sociedad, pero realizando el ejercicio contrario, colocando a un bebé en terrenos que le deberían ser ajenos. Así encontramos una mezcla entre el costumbrismo más cáustico y el surrealismo más descarnado, ya sean las visitas de una madre preocupada al pediatra o la labor de un bebé como piloto de un avión de carga.

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El humor de Daniel Goossens en La enciclopedia de los bebés está fuera de todo recelo, está presente en cualquier página, siendo capaz de mutar y adaptarse a cada viñeta, pasando del absurdo más naïf a la crueldad más directa. No es raro sonreír con ternura en una viñeta para en la siguiente congelar el gesto un segundo y al instante soltar una carcajada por la burrada que Daniel Goossens nos lanza a la cara, sin paños calientes o preparación. Estos virajes sentimentales son aplicables a la propia narración de las historias, ya que el autor no tiene problemas con saltar de una a otra en cualquier momento, intercalando viñetas para volver atrás o saltar adelante, ya sea para hablarnos del estudio científico, en el sentido más empírico, de los bebés, o para contarnos como las manadas de infantes cruzaban las grandes llanuras americanas para proveer de críos al oeste.

Esto y nada más es La enciclopedia de los bebés, un puñetazo a la cultura y la sociedad, un intento de optar por el discurso más aséptico para desmontar algo tan sagrado y sentimental como la paternidad. Incluso el dibujo de Daniel Goossens se presta la juego, ya que mediante un trazo realista, casi duro, llena las páginas de hombres serios y bebés llorones, con una dualidad de difícil solución, enfrentando a sesudos tertulianos televisivos con mocosos que necesitan que se les cambie el pañal. La lectura de La enciclopedia de los bebés no tiene porque quitarle a nadie las ganas de ser padre, si ese era su fin conmigo no lo ha conseguido, pero si tiene un efecto más potente: demostrar que todo es aleatorio, que la cultura es un tablón al que nos agarramos para no perecer en el naufragio de la naturaleza, una mentira que nos repetimos continuamente para sobrevivir. Por suerte, Daniel Goossens lo cuenta de una forma que nos permite reírnos de todo el asunto.

@bartofg
@lectorbicefalo

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