El camino del catador (y 2)

El hombre sediento  vols. 5-8 (Kazuo Koike y Goseki Kojima) ECC, 2015.Rústica, 253-259 págs c/u. B/N, 9.95 c/u

En un post anterior dedicado a este fantástico manga, de lo mejor que se esta editando en estos momento por estos lares, me remitía a las pautas y las regularidades en las que se sitúa la narrativa de Koike y el preciosismo volátil del dibujo de Kojima. Y sobre todo los parámetros históricos y el cuidado a la hora de situar el relato en un momento muy determinado de la historia de Japón. Eso ayuda a crear un flujo ficcional que bebe directamente de la historia y que le permite tomar situaciones, personajes secundarios y figurantes de un pasado real. Por no hablar de los existentes que permiten construir un mundo amueblado y habitable.

En estos cuatros volúmenes continua el periplo de este catador/samurái al servicio de su padre el shogun, una persona inestable y carente de todo sentido de la responsabilidad, que está desaparecido en esta recta final de la serie. Mondo Kainage no solo es el que dirige, orienta y asienta el pensamiento estratégico y político de su padre si no que lo protege con su propia vida. Sin embargo, en estos últimos cuatro volúmenes la personalidad de Mondo se va disolviendo poco a poco y va cediendo protagonismo a unas secundarias de lujo: Fukiko, Arare y Kan. Sus esposas, mondo es un ser extraordinario no solo por su visión preclara del mundo, su dominio en el combate cuerpo a cuerpo y el manejo de la katana, sino también por sus excelentes artes amatorias.

No se trata de un aspecto baladí ya que en esta segunda parte de la historia de Mondo las protagonistas son las mujeres. En un principio Fukiko y Arare y más adelante Kan. En los tomos 5 y 6 los enemigos consideran que ellas son el punto débil de Mondo, empiezan a sembrar la semilla de la discordia, ahí entra en juego la sexualidad del protagonista, retratado de forma tan bella, y entendido por los personajes que pueblan el cómic como un tanto andrógino que es percibido con un halo sobrenatural. El tomo 6 Mondo se ve atrapado en una trampa de mujeres que lo encuentran tan bello que intentan asesinarlo como parte de la sexualidad de ellas.

En el séptimo tomo se cierra el trio de esposas con la llegada de Kan, hermana del protagonista pero de distinta madre, con la que mantiene una relación amorosa desde la adolescencia. Kan esta adiestrada en las mismas artes que Mondo por lo que se convierte no solo en una esposa complaciente sino en una valiosa aliada en los lances en los que se ven envueltos. La recta final del volumen nos habla del origen de mondo y el cruel entrenamiento con venenos al que se vio sometido cuando era niño. Pero es en el octavo cuando Mondo Kainage percibe su misión en el mundo: “que si era capaz de emitir  un solo rayo de luz en las tinieblas de Edo ese sería su trabajo y su objetivo en la vida a partir de entonces” Es en ese momento en el que su sed se sacia, cuando busca con su aspecto puro y sus rectos modales encontrar el porqué de su existencia en la Tierra sin las obligaciones impuestas desde la infancia.

El hombre sediento es uno de los mejores mangas editados en este país, una historia de género que recorre los recovecos de los seres humanos desde las mentes más míseras hasta aquellas que buscan prevalecer sobre otras. Mondo Kainage es la esperanza de una especie que tiende a la corrupción a escoger los caminos fáciles y evitar los esfuerzo para conseguir sus metas. No me queda más que recomendar esta magna obra de Koike y Kojima, aquellos que se adentren en este trabajo se verán gratamente recompensados por un relato rico en todos sus aspectos y que hará las delicias de los amantes de las artes gráficas niponas más clásicas.

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Spain is pain #249: Survivalismo existencialista.

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Dios ha muerto (Irkus (m) Zeberio) Bang Ediciones, 2016. Cartoné, 208 págs. Color, 25€

Hace muchos años que leí por primera vez Así habló Zaratustra, concretamente más de veinte años, por aquel entonces no tenía ni un solo conocimiento de filosofía, casi lo mismo que ahora. En aquel momento Nietzsche me pareció difícil, hosco para una persona que apenas conocía el trabajo del filósofo, pero extrañamente hipnótico. La cantidad de ideas que recorren el texto constituye una fuente ideológica para los inconformistas de todos los periodos.

Con la relectura propuesta por Irkus Zeberio Dios ha muerto vemos lo poderoso de las ideas expuestas a lo largo del texto del filósofo alemán. La rebelión del ser humano contra aquello impuesto por los valores hegemónicos culturales dominantes, como más tarde enunciaría Gramsci, era el hecho transversal que recorre el cada uno de los capítulos que compone la obra original. Un cuestionamiento de los relatos de legimitización cultural, que posiblemente desembocó posteriormente en la postmodernidad, que Nietzsche encarna en un viejo que sube y baja de la montaña constantemente para realizar unos discursos. Aunque suene tópico en plena transmodernidad los reveladores discursos de cuestionamiento hacen de este texto algo de plena actualidad. En estos tiempos de categorización podríamos renombrar el tipo de discurso formulado por el filósofo alemán como de survivalismo existencialista, por lo que supone de autoaprendizaje y toma de conciencia de la condición humana. Quizás la visión de Zeberio lo sitúa en ese bloque de pensamiento contemporáneo.

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Unos de los grandes retos de este proyecto es el de intentar elaborar una historia coherente a partir de un libro no narrativo, en el que no existen tramas argumentales ni causalidad  narrativa. Dicha carencia pretendida en el original es un punto de partida complejo por el alto nivel de polisemia presentado en el mismo, Zeberio despliega un universo propio a partir de una reescritura que parte del dibujo. Un dibujo tenso que representa los valores de oposición al mundo, a Dios y a la civilización construida a través de las jerarquizaciones sociales y la consiguiente pérdida de libertad.

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Los pasajes elegidos por el autor donostiarra son aquellos que pueden ser los más adecuados para el momento actual, por ser considerada en su momento como una biblia laica anti valores; el concepto de valor como una estratagema jerárquica para retener al pueblo en unas condiciones intelectuales determinadas. Todo a través de un dibujo de carácter expresionista que se basa en la construcción del relato en función de una investigación de lo simbólico en el título original que aquí se convierte en fundamental para plasmar la función crítica que recorre de manera tranversal el trabajo de Nietzsche. Dios ha muerto pone de manifiesto el valor de un autor en constante evolución que en cada nueva muestra de su trabajo no deja de sorprendernos, en este su primer trabajo largo ha optado no solo por adaptar un texto complejo optando en primera instancia en reducir el concepto inicial y narrativizarlo mínimamente para que este no pierda en exceso el tratamiento original, creando una trama principal consistente en seguir al personaje principal, mudo, a través de un viaje de proporciones surrealistas. La visión de Zeberio nos regala una experiencia gráfica inigualable, su concepción del espacio y de la construcción de los personajes hace de este título una obra muy interesante, en la que el peso del relato recae en la forma en la que el lector se aproxima al relato global.

@Mr_Miquelpg

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Las calles del misterio

SUCESOS_NOCHE_1Los sucesos de la noche 1 (David B) Norma Editorial, 2015. Cartoné, 96 págs. Color, 20 €

En cierto sentido, las ciudades son cadáveres habitados, como es lógico hablamos sólo de las más antiguas, las que han vivido suficiente tiempo como para morir y aún así no desaparecer. Este proceso tiene lugar en parte debido al afán eterno de la arquitectura, tanto en sus edificios como en sus planteamientos urbanos, ningún arquitecto le pone fecha de caducidad a sus creaciones, incluso las realizadas con materiales perecederos, como las yurtas de los mongoles nómadas o los tejados de paja de las casas campestres del norte de Alemania, parten siempre de la base de durar. Pero no todo puede durar, más cuando la sociedad es tan cambiante, con lo que podemos pensar en las ciudades como enormes esqueletos y en las personas como parásitos que los habitan, como cangrejos ermitaños viviendo de prestado. Puede que las antiguas mansiones del centro ya no tengan razón de ser como viviendas unifamiliares, es posible que las estrechas callejas sean un quebradero de cabeza para los repartidores en furgoneta, pero la ciudad es nuestra por el derecho de uso, es nuestra porque la habitamos e insuflamos vida en órganos que deberían haber dejado de funcionar hace mucho.

Aunque lo más importante es recordar que aunque seamos inquilinos temporales, no estamos solos, vivimos entre huesos y debemos pagar un precio, el cual no es el otro que el de compartir calles y plazas, huecos de escalera y portales por debajo del nivel de la calle, con los fantasmas, con entes que pudieron ser los habitantes originales de la ciudad u otros ermitaños que antes que nosotros doblegaron las avenidas y callejones a sus necesidades. Sevilla, Roma o Brujas son ciudades viejas con huesos amarillos, todas modernas pero tensadas por el peso de sus años muertos. Pero si alguna ciudad debe llevarse el título de bello cadáver reanimado, ésta tiene que ser París, la ciudad de la luz y de las sombras, pionera en demasiados campos, tantos como otros que se niega a actualizar. Esto es lo que extraigo yo de mi percepción del París real y del imaginario, tesis apoyada en la obra Los sucesos de la noche de David B. un intento de adentrarse en ciertos sectores de París buscando la tensión entre lo real y actual, y los fantasmas y demonios del pasado.

Si utilizo el término intento no es para remarcar la falta de éxito de David B. sino por subrayar la individualidad de su ejercicio, porque antes que París está el barrio de Marais, espacio real del autor que se mezcla con su leyenda, blanca y negra, para tratar de cartografiar el sentimiento tanto de pertenencia como exilio entre esquinas y negocios de barrio. Los sucesos de la noche nos cuenta una trama terrorífica que asusta menos por la belleza de lo que cuenta, que no aterra todo lo que debiera debido al cuidado de David B. a la hora de convertir en fábula y peripecia conceptos más propios de la metafísica. Pero que nadie se lleve a engaño, tras esa trama casi detectivesca y ante todo divertida, se abre un campo de reflexión sobre la inmortalidad y sus hijos monstruosos, sobre lo humano y lo divino. En una escena de la teleserie The Last Kingdom, un personaje vikingo del siglo IX, define a la escritura como una magia, como voces sin rostro ni sonido. Esta idea es plasmada por David B. desde una perspectiva mucho más romántica, mezclada con la imaginería de las librerías de antiguo y la cábala judía, no por nada Marais es ante todo un barrio judío donde conviven los hebreos ortodoxos con la plaga de la droga de principios de los noventa del siglo pasado. Todo está obligado a ser oscuro, misterioso y decadente.

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Así que seguimos al propio David B. buscando primero números de una revista esotérica del siglo XIX, Los sucesos de la noche, para terminar luego bregando contra elementos como Azrael, el ángel de la muerte; el Capitán Travers, fundador del folletín; o Ene, el dios de la exterminación. Sin olvidar a extraños libreros, agentes de la ley singulares y una atractiva periodista. Todo entre montañas de libros desvencijados, calles oscuras y peligrosas, y una sensación etérea que mezcla la mayor épica con un sentimiento de fatalismo absoluto. Es curioso como David B. consigue una historia tan atractiva, que te agarra y no te suelta, con una puesta en escena tan onírica y conceptual. El autor consigue mezclar como pocos la reflexión con la acción. Es un equilibrio complicado, pues un poco más hacia un lado o hacia otro haría de Los sucesos de la noche una obra pedante y aburrida o ininteligible y vacía.

Sobre el acabado artístico de Los sucesos de la noche poco se puede decir a quienes sean seguidores de la obra de David B. su trazo característico está presente en cada viñeta, con esa habilidad para reducir al mínimo los personajes y aún así llenarlos de vida y emoción. Las criaturas de David B. casi parecen más talladas en madera que dibujadas, expuestas a luces duras para ser fotografiadas entre la oscuridad absoluta y el sol de mediodía, una propuesta que mejora cuando hablamos de sus escenas más fantasiosas, donde el trabajo del autor parece convertirse en una puesta al día de la imaginería medieval más apocalíptica. Recorrer las páginas de Los sucesos de la noche es transitar por un París, un barrio de Marais, que no existe más allá de la propia percepción y reflexión de David B., pero al mismo tiempo es conocer de primera mano unas calles de la forma más directa, transitar no sólo por el aspecto físico de unas intersecciones urbanas, sino también recorrer los fantasmas de la arquitectura, viendo tanto la vida actual como el peso de los fantasmas de las personas y usos que estuvieron antes.

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¡Zanardi cabrón!

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Zanardi (Pazienzia) Fulgencio Pimentel, 2015. Rústica, 152 págs. B/N y color, 24€

El estudiante boloñés Massimo Zanardi no es trigo limpio, no es un buen tipo, ni siquiera con sus amigos. Es más le da un palo a todo el que confíe en él por un segundo. Como ya os podréis imaginar este tipo no es un dechado de virtudes, si al menos no tuviera a Roberto Colasanti y Sergio Petrillo para reírle las gracias la cosa no iría a más. Zanardi vive tanto de engañar a la gente como de hacerles daño a nivel físico. Pero no os fieis de mi es que los tipos como Zanardi me caen como el culo, es ese tipo de persona que nos ha causado problemas en el pasado, que evitamos en nuestro día a día a pesar de que lo tenemos más cerca de lo que parece.

Por otro lado me gusta el arte de Pazienzia, para mi casi un desconocido a excepción de unas cuantas páginas leídas hace muchos años. El autor italiano es capaz de crear un personaje situado en lo más profundo de la fauna urbana contemporánea nacido de aquella cultura de los ochenta que había dejado cualquier habito transgresión vinculado a modos de vida contraculturales y en el que las drogas habían perdido su valor contestatario para reivindicarse como una forma de culto y adoración hacia uno mismo aunque sea como forma de autodestrucción consciente.

La tesis de Pazienzia a través de los relatos cortos que podemos encontrar en este primer volumen apuntan a la creación de un entorno vivo alejándose incluso de algunas de las pautas autorales del momento. La transgresión sucede de puertas para adentro del relato nunca hacia fuera. Nosotros como lectores no nos queda otra que asistir al modus operandi y a las fechorías de este tipo sin otra alternativa que escandalizarnos o esbozando media sonrisa y estableciendo cierta complicidad con Massimo. Para esto también entra en juego cierta puesta en abismo narrativo en la que el propio Pazienza aparece al principio como un personaje de fondo y luego en primera persona el “La primera de las tres”. El autor se introduce a modo de Mary Sue, bello y fornido´, y viviendo en el depravado mundo de su creación.

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En este primer volumen aparecen los relatos: Día, Un thriller escolar, El palo, Verde matemático, La propiedad transitiva de la semejanza 1 y 2, Noche de carnaval, Zanardi el inexistente y la historia más extensa de la saga, la mencionada anteriormente. En Un thriller escolar se abre con la imagen de un gato destripado que nos avanza los principios mentales del personaje. Aquí se muestra la capacidad del autor de elaborar un pequeño cuento con moraleja sobre Zanardi, mostrarnos la idea que el propio autor tiene sobre el personaje y de cómo este trata a sus presuntos amigos. En El palo se recrea en el acto de un grupo de personas que se unen para ir a comprar droga a otro pueblo para ver como la acción final, que da título al relato, se precipita. Dicha postergación el hecho que define al personaje protagonista es de lo más efectiva para visualizar su vertiente maquiavélica. Zanardi no actúa por instinto, aunque lo parezca, sino de manera premeditada.

Este primer volumen nos abre las puertas a uno de los genios italianos del noveno arte que hasta el momento ha pasado bastante desapercibida por estos lares. Las formas como los temas tratados, prototípicos de la década de los 80, se transforman de la mano de Pazienza en un punto de partida para dibujar a un personaje en el que su punto fuerte es creérnoslo, ser testigo de sus actos vandálicos para mirarlo con desdén. Zanardi es un personaje prototípico de la época un icono de cierta maldad urbana que circunscribe su radio de acción a su círculo social más cercano. Zanardi con la ayuda de Pazienzia, o a la inversa se dibuja página tras página cambiando el estilo para mostrar y representar mejor las diferentes facetas psicológicas de este.

@Mr_Miquelpg

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Cuando el gatillo emocional no es una metáfora

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Button Man: El juego de la muerte (John Wagner y Arthur Ranson) ECC, 2015. Rústica, 96 págs. Color, 8,95 €

La violencia ficcionalizada es y será siempre un elemento de debate continuo, no sólo sobre la idoneidad de representar o no la violencia, sino del propio grado de lo representado. Lo primero que llama la atención es como lo permitido varía con el tiempo, avanzando en una línea clara hacia la representación total del hecho cruento, donde el tendón y la materia gris van saltando desde los confines de la cultura más minoritaria hasta el primer plano. Puede parecer una exageración, pero escenas de series como CSI o Bones, confeccionadas para una clase media que sólo busca evasión y entretenimiento, pueden competir con las películas más atroces de hace medio siglo. Simplemente nos hemos acostumbrado, hemos ido aceptando cada vez un poquito más, sin que sepamos muy bien si el aumento de la violencia en el centro ha radicalizado los extremos o si la propia radicalización de los extremos es lo que ha ido enviando mayor carga de violencia al centro.

En todo caso, hay algo que jamás se debe olvidar, este aumento de la violencia representada se realiza sólo a un nivel visual, es decir, cada vez la carga es mayor en lo que vemos, la violencia se vuelve cada vez más anatómica y pornográfica, pero no sucede lo mismo con la moralidad, e incluso lo psicológico. Si en buena parte somos capaces de soportar tales cantidades de violencia es por la cosificación de la víctima, e incluso del verdugo, asistimos a un juego visual donde los participantes son engranajes para convertir la biología en una mecánica visual, como sucedía en el Grand-Guignol francés, teatro gore de principios del siglo XX al que siempre terminamos volviendo. Pero nos negamos a ver a la víctima como una persona, y muchísimo menos al verdugo. Sólo basta ver cuales son los actos violentos que causan más revuelo en la ficción, las violaciones, escenas que no son las que más muestran pero si las que más revuelven, porque en las mismas percibimos a la víctima como un ser vivo que está siendo vejado, degradado y agredido a todos los niveles, no sólo el físico, en un acto que destruye tanto su cuerpo como su mente, hasta su propia concepción con ser humano.

Es en estos juegos ficcionales cuando el arte nos demuestra que por mucha sangre que veamos no somos tan duros como creemos, que más que insensibilizados ante la violencia nos colocamos una máscara burda. Y esto no es nuevo, basta leer Button Man: El juego de la muerte, el cómic de John Wagner y Arthur Ranson para ver que cuando la violencia realista, que no creíble, entra en el juego de la ficción. Button Man es una novela gráfica publicada por entregas en la revista británica 2000 AD, a principios de la última década del pasado siglo, un pequeño juego narrativo. Juego porque John Wagner lo que hace es dar el protagonismo a Harry Exton, un mercenario de élite que acepta participar en un juego a vida o muerte para lucrarse. John Wagner es un guionista dotado y lo demuestra con soltura en Button Man siguiendo la máxima de menos es más, eliminando cualquier adorno o añadido que pudiera dar una coartada moral a Harry Exton. Como es lógico, el guionista crea una trama llena de peripecias para que el lector no se aburra, pero en todo momento deja claro que su protagonista es un cabrón despiadado que no tiene ningún problema en matar para conseguir un fin.

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Ahí radica el verdadero potencial de Button Man, Harry Exton no es ni un héroe obligado a usar la violencia para conseguir un fin bueno, ni un psicópata que disfruta aplicando la violencia sobre víctimas inocentes. Harry Exton mata personas igual que un pescadero eviscera una caballa o un mecánico cambia una bujía. Y existen hombres así en nuestra sociedad, racionalizadores de la violencia. Esto crea una condición extraña en el lector de Button Man, pues es complicado empatizar con su protagonista, pero seguimos leyendo porque la trama atrapa por si misma y como lectores deseamos un cierre para su historia, saber que pasa con éste sujeto y con los elementos que pueblan su universo, el cual podemos cometer el error de pensar que es externo o anexo al nuestro, cuando realmente vivimos en el mismo plano de violencia y bondad. John Wagner nos la juega y aceptamos gustosos el engaño, sabedores en el fondo de que esa violencia mercenaria no ocurre en un pasado olvidado ni en un futuro distante.

Pero todo esto no podría haber sido posible sin el dibujo de Arthur Ranson, un trabajo que sólo puede ser definido como demoledor. Pues todo el juego del guión se hubiera caído si un dibujo dentro del estándar del cómic hubiera tomado las riendas. Por fortuna, Arthur Ranson es realista hasta volver la historia dolorosa, hay tanto detalle que todo se vuelve caústico en cualquier acepción del término. Arthur Ranson no tiene necesidad de dibujar imágenes especialmente cruentas o desagradables para plasmar la intención de John Wagner, es más, en cualquier cómic de superhéroes medio actual encontramos más violencia, pero la excusa de la fantasía, del cartón violence que llaman los americanos, acaba con la posibilidad de crítica disfrazándolo todo de juego. En Button Man no tenemos asideros morales o excusas metarreferenciales, es violencia, y como tal no sólo duele, también afecta a lo más profundo de nuestra mente, porque nos guste o no, y como John Wagner y Arthur Ranson nos recuerdan, aún no somos una sociedad de psicópatas desquiciados. Todavía.

Button Man: El juego de la muerte
Button Mann: La confesión de Harry Exton
Button Man: Asesino de asesinos

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Spain is Pain #248: pragmática vs. teoría.

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El cristal imposible (Anabel Colazo) DeHavilland, 2015. Rústica, 48 págs. B/N, 11 €

El cuento y las formas del cuento pueden ser de lo más perverso. De hecho creo que los cuentos deben serlo, sobre todo hoy día. La sociedad occidental ha hecho que estos pierdan esa función aleccionadora que tenían en el pasado convirtiéndolos en versiones softcore de lo que deberían ser. Porque una cosa es la forma del relatos, la estética, los giros, el tratamiento de personajes y otra el fondo que debe esconder lecturas, más o menos moralistas sobre la vida, los cuentos o la construcción de los mismo se basan en la doble articulación del relato.

En El cristal imposible Anabel Colazo juega a disfrazar un pequeño cuento, en principio amable, sobre el descubrimiento personal a través de los elementos que rodean al protagonista, en un relato cruel sobre las diferentes percepciones de la vida. Quim es un joven que se dedica a documentar todo lo que ve en el bosque, desde rocas a flores pasando por insectos u otro tipo de animales. Hasta que en un determinado se encuentra algo parecido a un mineral, el cual le es imposible de catalogar, el carácter pragmático del muchacho impregnado por el cognitivismo le impide desglosar las características de su hallazgo.

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Quim decide buscar otro punto de vista ya que la mera observación no le permite obtener un conocimiento pleno sobre se dirige a un mago, un animista, que busca el conocimiento a través del contacto directo con el objeto en cuestión, con ese cristal imposible. Ambas formas de conexión con el universo son incapaces de conectar con el nuevo elemento, por lo que este animista disfrazado de mago, disfrazado de alquimista, recurre a Azul, una teórica pura, que busca comprender el mundo a través del estudio. El cristal imposible es una creación inconsciente de ella, tiene la capacidad de concebirla a nivel teórico pero no puede captarla en la realidad.

El cristal Imposible esconde bajo una forma de cuento, que en lo estético bebe de la influencia de Pilarín Bayés, un relato sobre las formas de percepción de la realidad: pragmática, animística y teórica. Se trata de una historia ambiciosa que es como los cuentos deben de ser dulces por fuera y amargos y crudos por dentro. Aquí lejos de establecer un debate sobre nuestra realidad crea un mundo en el que las tres percepciones tienen su espacio preestablecido y en el que el debate gira en torno a un objeto inexistente, aliena el objeto del contexto para que cada uno de nosotros haga su propia lectura. Colazo nos habla de cómo muchas veces las entelequias son entendidas en el ámbito teórico de una manera, pero que cuando se plasman en el mundo de los mortales adquieren formas que quizás seamos incapaces de reconocer.Un título maravilloso que nos obliga a seguir a esta autora de cerca.

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Dada meets ero guro

Respuesta de una inteligencia absurda vols. 1 y 2 (Shunji Enomoto). ECC, 2015. Rústica. 160 págs. c/u.  B/N. 6,95 € c/u.

Recuerdo todavía la irrupción de Shunji Enomoto a principios del siglo XXI en las páginas de El Vibora y más adelante en un tomo recopilatorio de alguna de las historias. Enomoto se caracteriza por un humor escatológico-naif en el que las historias, por lo general cortas, tienen un desarrollo narrativo mínimo que da pie a situaciones completamente absurdas. Los relatos exponen situaciones absurdas en las que sin apenas causalidad los personajes acometen acciones sin sentido o los las victimas de terceros. Las estética de Enomoto es prácticamente kawai sin embargo esta se pervierte por la puesta en escena.

Las formas redondas y amables, en apariencia de los personajes nos hace pensar en una serie de pautas en torno a las dinámicas narrativas desarrolladas por Enomoto: la primera y principal y principal es el ya comentado aspecto visual, lo cual redunda por completo en el fondo de los relatos, si bien estamos ante el reverso estético amable de Kago muchas veces la resolución de los microrrelatos es la misma que en el caso del autor de ero guro, escatología, amputaciones y sangre. Marcando una pequeña diferencia si en Kago podemos estar hablando de un trasfondo surrealista conjugado con la exploración del espacio de la página con Enomoto se explotan aspectos dadaístas aplicados en la construcción del relato.

El segundo aspecto son las situaciones, por lo general, comunes: niños jugando con sus padres, partidos de béisbol, accidentes caseros, etc. Personajes casuales que son capaces de sonreír ante una muerte en cadena y en la que el cuerpo humano despojado de la ropa como adjetivo cultural y de estatus hace de los protagonistas más anónimos todavía. En tercer lugar los desnudos masculinos adquieren protagonismo frente a la ausencia de los femeninos, los genitales de los hombres aparecen pero no en actitud erecta sino como parte del desconcierto generado por las historias del autor. En algunos de los cuentos los protagonistas van vestidos solo de cintura para arriba.

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En último lugar el “efecto retelling”, Enomoto explica la misma historia una y otra vez   con pequeñas variaciones; un niño/niña recibe un regalo de su padre con el que accidentalmente mata a su progenitor, una profesora que va vestida de manera provocativa en un jardín de infancia, o las historias de Hajime y Nakoto en las cuales uno empieza a experimentar aspectos de la vida cotidiana como algo excepcional. Son estructuras narrativas que nos recuerdan a Hong Sang-soo en su película En otro país (2012).

Respuesta de una inteligencia absurda es un texto sorprendente tanto para los conocedores del trabajo de Enomoto y sus pautas discursivas como para aquellos que se acercan por primera vez a su forma de entender el humor. Enomoto es un autor profundamente japonés pero que tiene la capacidad de conectar con la universalidad a través de un humor puro en el que los topos nacionales no tienen el peso que encontramos en otros mangas. Una maravillosa introducción a un autor que busca un público diferente al lector habitual de mangas y que confirma la maravillosa trayectoria que ECC está tomando en lo que a la edición de mangas se refiere.

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