Lobo – El asunto Qigly (Alant Grant, Val Semeiks y Christian Alamy)

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Lobo: El asunto Qigly (Alan Grant, Val Semeiks y Christian Alamy). ECC, 2015. Cartoné. 216 págs. Color. 21,50 €

Parece que la última década del siglo pasado, los llamado 90, no terminaron de existir, es como si la historia humana hubiera saltado directamente de los años 80, una década ya idealizada y mitificada, al nuevo milenio de Internet y las redes sociales. Pero entre la caída del muro de Berlín y la caída de las Torres Gemelas pasaron muchas cosas, mucho más que el grunge. No se pueden pasar por alto fenómenos como las bandas de pop industriales, desde las Spice Girls hasta Take That, sin olvidar el mundo del cómic y su locura mezcla de neofascismo e inversión en capital de riesgo. Una época donde Lobo, que no nació bajo la mano de Alan Grant pero que sí consiguió su propia entidad con la ayuda de dicho guionista, fue un perfecto ejemplo de lo que un nerd, en bajo estado físico y problemas para relacionarse con las chicas, pensaba que tenía que ser un Hombre.

Ya hemos dedicado algunas entradas a Lobo, donde queda claro que es y que representa, pero es interesante seguir excavando en esta figura tan atrapada en unas coordenadas espaciotemporales que casi se vuelve atemporal. El tomo El asunto Qigly recoge los primeros seis números de la serie regular de Lobo, con dibujo de Val Semeiks, y su primer anual, con arte de Christian Alamy, todo como no podía ser de otra forma con guiones de Alan Grant. Ambos dibujantes desarrollan una línea muy de su época, con hombres con una musculatura formada más por tumores que por fibra muscular y mujeres con cuerpos inexistentes sin la ayuda de un cirujano plástico sin moral. Pero por suerte, aunque prisioneros de su época, ambos autores consiguen desviarse lo suficiente para encontrar más de dos y tres aciertos y conseguir cierta personalidad en su trazo. El dibujo de El asunto Qigly no sólo se deja leer, además se puede disfrutar.

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Por su parte, Alan Grant continúa haciendo lo que mejor sabe hacer con Lobo, construir una línea argumental basada en la violencia, normalmente reduciéndolo todo a una cacería, pero plagando las páginas de referencias culturales y sabiendo introducir un humor tan socarrón como bobo, entendido esto como un punto a su favor. El asunto Qigly es Lobo en estado puro, con violencia para todos los gustos y mala actitud saliendo por cada poro. Evidentemente, Lobo no debería ser un ejemplo a seguir para ningún niño del mundo, es más, los adultos impresionables deberían mantenerse alejados de su obra, pero para cualquiera que sepa disfrutar de un buen desmembramiento y no tenga problemas para reírse de todo, Lobo es su hombre.

@bartofg
@lectorbicefalo

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