Las flores y los sauces

historia de una geisha portada

Historia de una geisha (Kazuo Kamimura) ECC, 2015. Rústica, 360 págs. B/N, 19,95 €

La prostitución es un tema como mínimo delicado, incluso dentro del propio feminismo existen diversas corrientes a la hora de juzgarlo, ya que mientras para algunas mujeres comerciar con su propio cuerpo y sexualidad es un derecho, para otras, que se consideran igual de feministas, es un acto vejatorio en cualquier caso. Todo teniendo en cuenta siempre que el debate se limita a quien ejerce la profesión con libertad, sin olvidar a la gran cantidad de mujeres que se prostituyen de forma obligada en régimen de esclavitud. Del mismo modo, también sería conveniente dejar fuera del debate esa figura casi romántica de la mujer desvalida que encuentra seguridad y cariño en el cliente. Hay mujeres dispuestas a vender su cuerpo y hombres dispuestos a comprarlo, es un acto totalmente carente de belleza o poesía, pues lo demás es una impostura cultural, que del mismo modo puede tratar de embellecer el maltrato animal o la explotación infantil.

Porque al final lo que importa es la cultura, cuando se carece de ella y hablamos de un mero intercambio económico y sexual, o cuando se construye un discurso para implementar, e incluso justificar, la prostitución como un aspecto más de la vida social. Quizás una de las sociedades donde la prostitución ha alcanzado cuotas más altas de refinamiento sea la japonesa, aunque por lo general la mayoría de las culturas asiáticas tienen una percepción más compleja de la prostitución que las occidentales. En todo caso, en Japón la prostituta, la geisha, no deja de ser una prostituta, pero a la que se le añaden tantas capas y complementos que sus labores van mucho más allá del sexo. El manga Historia de una geisha de Kazuo Kamimura es un perfecto vehículo para tratar de entender que es una geisha. Lo mejor de esta obra es que no hace concesiones en ningún campo, ni es una historia de amor redentora dentro de la prostitución, no nos encontramos con un cliente que salva a la prostituta como víctima; ni mucho menos es un mero recopilatorio documental al modo de un manual de uso y comportamiento.

Kazuo Kamimura nos muestra la formación y posterior ejercicio de la joven Tsuru como geisha en un okiya, burdel japonés, en el barrio del placer de Tokyo entre los años 20 y 40 del pasado siglo, desde la Guerra de Manchuria hasta la Segunda Guerra Mundial. A medida que avanza la lectura, nos vamos introduciendo en el mundo de la prostitución de aquella época, donde las niñas de zonas rurales eran vendidas por un saco de arroz, un acto supervisado por un policía, para pasar primero a ser criadas del burdel, posteriormente ser formadas en artes como la música y la danza, y terminar ejerciendo como geishas, ya fuera para diversos hombres o para algún potentado que se pudiera permitir mantenerla en exclusividad. Por fortuna, el personaje de Tsuru acepta su destino, es más, desea ser una geisha de renombre, lo que dirige la historia hasta las últimas consecuencias profesionales y vitales de dicha profesión. De este modo, podemos asistir a momentos tan cruciales, y desde la óptica occidental actual tan aberrantes, como la compra de una niña o la venta de su virginidad.

geisha

Pero que nadie espere encontrar morbo o pornografía en las páginas de Historia de una geisha, el sexo está presente, y se muestra, pero desde una perspectiva naturalista dentro de las vidas de las geishas, incluso podemos ver un cierto grado y tipo de amor que estas mujeres se pueden permitir. Hasta cierto punto se puede defender que la obra de Kazuo Kamimura carece de crítica, lo que para mí personalmente es de agradecer, pues el autor se limita a exponer los hechos haciendo que el lector tome partido moral, dejando en el receptor la responsabilidad de ver una aberración o un arte en la vida y obra de estas mujeres. La poesía está presente en Historia de una geisha, pero desde un punto de vista totalmente costumbrista, como puede ser una visita a la playa un día soleado o ir a la peluquería en víspera de año nuevo. Hay una danza continua entre la estructura cerrada de la vida japonesa, más en el caso de las geishas, y los pequeños resquicios donde respira la vida, donde estas mujeres que aceptan su destino tratan de encontrar cierto respiro y libertad.

Por último no se puede pasar por alto el trabajo gráfico de Kazuo Kamimura, poseedor de un dibujo clásico, no olvidemos que la obra fue editada originariamente en 1974, que a veces se echa en falta en el manga actual, que parece tener cierta obsesión por la desmesura. Kazuo Kamimura llena las páginas de detalles que dan realismo pero sin llegar a saturar en ningún momento, con una representación realista de los entornos y objetos, pero siendo al mismo tiempo de llenar de personalidad y sentimiento cada personaje. No puedo pasar por alto la fuerza de los rostros dibujados por Kazuo Kamimura, una fuerza visual que humaniza y personaliza cada personaje presente en Historia de una geisha, especialmente en el caso de Tsuru, que comienza siendo una niña llena de curiosidad y ganas de vivir para pasar a ser una adulta responsable dispuesta a satisfacer los caprichos que la norma y rectitud de su profesión le permiten.

@bartofg
@lectorbicefalo

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Un comentario en “Las flores y los sauces

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