El rey pesimista

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Biblioteca Michael Moorcock: Elric de Melniboné (Roy Thomas, Michael T. Gilbert y P. Craig Russell). Yermo Ediciones, 2015. Cartoné. 176 págs. Color. 26 €

Soy capaz de comprender los mecanismos cognitivos que llevan a defender casi cualquier postura ideológica, la mayoría, como es lógico, no las comparto, pero puedo llegar a entender los argumentos de un comunista o un neoliberal, después puedo argumentar en su contra y ver ciertas fallas, pero sin dejar de vislumbrar su lógica interna. Lo que nunca entenderé, lo que jamás he sido capaz de comprender, es la monarquía. En una sociedad arcaica podría tener su razón de ser, pero en cualquier estado moderno, aconfesional cuando no directamente laico, la elección de un Jefe de Estado por su acervo genético me parece tan estúpida como fuera de toda lógica. Como bien defiende mi padre, cualquier persona que contara con las capacidades y talentos para ser monarca, lo primero que haría sería instaurar una república. Pues difícilmente se puede ser una persona honesta, inteligente y justa y aceptar liderar una nación por mero derecho de nacimiento.

Supongo que esto es algo parecido a lo que le ocurre a Elric, el monarca hechicero de Melniboné, un personaje creado dentro de la literatura pulp norteamericana por la pluma del escritor Michael Moorcock. Elric, como la mayoría de sus parejos, siendo Conan uno de los más conocidos, ha vivido muchas vidas en varios medios, como los juegos de rol o el cómic, siendo este medio donde nos centramos. En Biblioteca Michael Moorcock: Elric de Melniboné nos encontramos con una adaptación del personaje de Moorcock escrito por Roy Thomas, maestro indiscutible de la fantasía de espada y brujería en el cómic; ayudado por el arte de Michael T. Gilbert y P. Craig Russell. Aunque Roy Thomas demostró que dominaba el género con sus guiones para Conan, en Elric de Melniboné prueba que es capaz de hacerlo desde más de una perspectiva, pues si hay algo notable en Elric es su personalidad pesimista y fatalista, alejada de la violenta vitalidad del bárbaro cimmeriano, una visión que se extiende a las propias aventuras de Elric.

Elric es un monarca hechicero de gran poder, pero también es un albino enfermizo que sobrevive gracias a la ingesta continua de pociones mágicas, una metáfora de su propio reino, una nación que tras dominar el mundo conocido durante milenios ve como la decadencia y el ascenso de los pueblos jóvenes marca un destino negro en el futuro más próximo. El mérito primario es sin duda para Michael Moorcock, que gesta este universo al límite, optando por la melancolía en lugar de por la violencia, aunque sin renunciar en ningún momento a la épica, presente en toda la obra, aunque desde un punto de vista agridulce. Roy Thomas recoge toda la esencia de Elric y la lleva hasta sus últimas consecuencias, sabiendo cuando castigar a su protagonista, de las formas más crueles; para de vez en cuando darle alguna recompensa, siempre con regalos si no envenenados al menos amargos. La atmósfera de todo el tomo es crepuscular, con un personaje al límite en todo momento, alguien que no tendría problemas para rendirse y ser feliz si no fuera por las responsabilidades que caen sobre sus hombros.

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Porque ante todo Elric sería un buen monarca, tan justo que lo último que quiere es gobernar, pero con la desgracia de contar con unos conciudadanos que o bien le igualan en bondad o están tan corruptos que simplemente acelerarían la destrucción de la Isla del Dragón. Debido a esto, Elric no tiene más opción que tratar de navegar contra el destino para salvar una nación que no quiere ser salvada, cruzándose con dioses y elementales que aunque saben que su poder mengua se niegan a recortar sus cuotas de crueldad. Así que la épica está garantizada con hechizos de magia negra, dragones voladores y batallas tanto en ciudades lejanas como en el inframundo; pero que nadie olvide que el tiempo pasa y que los intentos de un monarca hechicero enfermo son la última oportunidad de redención de un mundo agonizante.

Aunque no todo el mérito es de Roy Thomas, mucha de la fuerza presente en Elric de Melniboné es mérito de sus artistas, Michael T. Gilbert y P. Craig Russell, ambos autores manejan un estilo parejo que permite una lectura continuada y unas sensaciones parecidas. El aspecto gráfico de la obra está a medio camino entre la épica más salvaje y los cuentos de hadas más coloridos, siendo la decadencia y la belleza sus elementos más predominantes, dando como resultado una belleza tan etérea como imperecedera. El dibujo, y especialmente el color, de Elric de Melniboné son los mejores aliados de Roy Thomas para trasladarnos a un mundo mágico y real, donde las buenas intenciones deben luchar a brazo partido con la fatalidad del destino.

@bartofg
@lectorbicefalo

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