Spain is pain #245: Antología poética de El Papus.

Sor Angustias de la Cruz (Ja) ECC, 2014. Rústica, 96 págs. B/N, 9,95 €

Hombre rico, hombre pobre (Ja) ECC, 2015. Rústica, 96 págs. B/N, 9,95€

Pocas veces en la historia reciente del cómic español podemos encontrar una publicación que defina mejor el momento en que fue publicada que El papus Autodenominada como revista satírica y neurasténica, marco los tiempos del fin de la dictadura, la transición y los primeros años de la democracia, concretamente desde 1973 hasta 1986. La idea tras la misma era alejarse de tanto de la prensa convencional como de las revistas de humor del momento para mostrar aquello que sucedía en la calle y como los ciudadanos sufrían las decisiones de los políticos.

Dicha decisión le valió numerosos expedientes administrativos, algún consejo de guerra y por parte de los sectores más reaccionarios de la sociedad un atentado que le costó la vida a una persona. Pero ¿Qué es lo que ofrecía El Papus a la sociedad española del momento? Básicamente, y desde mi punto de vista, una visión desprejuiciada de ellos mismos, entenderse tal y como eran (somos) los españolitos a pie de calle sin ningún tipo de idealización y desambiguación con la realidad. También por tener la capacidad  de tener una visión crítica con todos los sectores políticos, desde los conservadores hasta la izquierda, pero sobre todo por recoger el pulso de la sociedad semana a semana. Y es que lejos de ser una revista marginal las ventas no bajaban de los 110.000 ejemplares semanales llegando a los 400.000 de un especial en marzo de 1976. Es decir, jugaban un papel fundamental en la opinión de los españoles del momento, hasta el punto de jugar un papel activo en el referéndum por la entrada o no en la OTAN.

Los dos volúmenes de esta Antología poética publicados, por el momento, por ECC cuentan con dos estupendas introducciones a cargo de Toni Guiral en las que el divulgador pone en perspectiva a los lectores novatos y refresca la memoria de aquellos que leyeron la publicación en su momento. De dichas introducciones se sugiere la importancia que algunos de los autores dieron al momento presente sobre todo en términos de utilización de la cultura popular; se hace referencia a personajes famosos, no solo hablaban de políticos, o las series de televisión con más audiencia del momento.

Tanto Sor Angustias de la Cruz como Hombre rico, hombre pobre de Ja, representan a la perfección el espíritu de la revista. Acercarse al pueblo para representarlo ahuyentado cuestiones regionales idealizadas y obviando cuestiones de corrección lingüística. El autor catalán opta por utilizar el lenguaje de la calle sin tapujos: palabras mal pronunciadas, insultos, expresiones callejeras, etc, ¿se trata de dar voz a la gente de la calle? Posiblemente sea tan solo una cuestión alegórica, pero ahí está. La idea de un personaje como Sor Angustias invoca a deshacerse de las ideas de buenismo vinculado a las monjas que durante décadas el aparato del régimen se dedicó a promulgar. Hombre rico, hombre pobre, que toma el nombre de una popular serie televisiva del momento, se basa en otra idea; la de comparar, presente y pasado, clases sociales, situaciones entre dos personajes, por lo general ricos vs. pobres, o el mismo personaje dando sus opiniones durante la dictadura sobre lo que espera del futuro contra ese mismo personaje en el presente opininando sobre el pasado.

En ambos casos se trata de una magnifica introducción a una forma de hacer cómic que se asemeja más a una columna de opinión que cómic humorístico al uso, que, quizás, deja de lado el aspecto gráfico en pos de una lectura atenta. Autores como Ja hay que leerlos tranquilamente buscar los recovecos y entender las referencias. El papus apareció en un momento en el que las ideas eran peligrosas y en el que ser un poco, bastante, puñetero era necesario para sentar opinión y hacer ver a los lectores en qué tipo de sociedad vivían.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Defectos de amor

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La educación de Hopey Glass (Jaime Hernandez) La Cúpula, 2015. Rústica, 132 págs. B/N, 14,50€

Me suelen gustar mucho ese tipo de historias, independientemente del medio, en el que hay un personaje central o protagonista  que apenas aparece, o directamente no lo hace, pero esta omnipresente en el relato. Como lector, el desconocer a un personaje del que todo el mundo habla me crea una expectativas sobre el mismo, que van desde la recreación física a crear un perfil sicológico. En ese sentido mi personaje literario favorito es Kurtz, el protagonista de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad al que, casi, considero propio por imaginado y recreado una y otra vez en mi mente.

Lo mismo me sucede con Maggie Chascarrillo, el personaje central del universo creado por Jaime Hernandez a través de obras como Locas, El retorno de las Ti-Girls: Dios y ciencia, la recientemente publicada en España Chapuzas de amor o La educación de Hopey Glass, entre otras. Maggie es el personaje más importante para todos los personajes de la serie, deviene central por los odios y pasiones que despierta. En cierta manera esos sentimientos hacia ella vienen derivados tanto de las virtudes como de los defectos  de Maggie, siendo estos últimos los que enamoran a personas como Hopey y Ray. De hecho los defectos de todos los personajes creados por Hernandez son los que atraen al lector, que los veamos de igual a igual sin que el papel impida que los convirtamos en unos buenos amigos que tan solo vemos de tanto en tanto.

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La educación de Hopey Glass construye la personalidad de Maggie a través de las emociones que dos personajes manifiestan por esta, ambos seres imperfectos y conscientes de ello. La primera es Hopey una chica joven insegura en un momento de transacción en la que cambia de trabajo e intenta hacerse un hueco como docente en el ámbito infantil. Hopey no es capaz de atar ningún cabo en su vida se mueve a medio camino de varias relaciones sentimentales: Grace, Rosie, una mujer que trabaja en una óptica, y está enamorada de Maggie.

El segundo personaje es Ray una expareja Maggie, un cuarentón que en el momento de la narración está saliendo con Viv, una morena explosiva que parece que mantiene otras tantas relaciones a parte de la oficial. Ray vive del lamento y de las oportunidades perdidas tras romper la relación con Maggie, sabe que lo que tiene con Viv no es algo duradero sino una relación del momento (aquí te pillo…). Pero Viv es una superviviente que transpira ansiedad por el carpe diem y no dejar nada al azar del futuro, ella sabe que lo que importa es el paso, para zanjar deudas, y el presente para vivirlo. En un interludio a modo de transición vemos a Angel, amiga íntima de Maggie o quizás algo más, una deportista amateur, de formas generosas, que vive la vida de manera inconsciente sin darle mucha importancia a hechos que otros consideran relevantes.

La educación de Hopey Glass es otra oportunidad de volver a encontrarse con la maraña de amores y desamores que giran en torno a Maggie, ver como los personajes cambian, crecen, se frustran o como la cagan de manera continuada. Jaime Hernandez nos regala en cada uno de estas entregas una ventana a nuestras vidas y nos explica que los defectos es la parte de nosotros que mejor nos define.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Los hijos del norte

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Northlanders: El regreso de Sven (Brian Wood, Davide Gianfelice y Dean Ormston) ECC, 2015. Cartoné, 248 págs. Color, 24 €

En su novela El reino, el escritor francés Emmanuel Carrère defiende que cuando el cristianismo llegó a las tierras europeas, principalmente Grecia, la antigua Gran Grecia de la antigüedad, nadie creía ya en los dioses grecorromanos. El cristianismo supuso un impacto pues se entendía más como una filosofía religiosa y mística frente a los cuentos folklóricos a los que Zeus y sus camaradas se habían visto reducidos. Ciertamente es algo parecido a lo que sucede actualmente, cuando no son pocos los que reducen las creencias cristianas al folklore para abrazar otras religiones, como puede ser el budismo, al sentirlas como algo nuevo y por tanto más cargado de misterio y espiritualidad. Esto nos da a entender que tanto el escepticismo como el espiritualismo han existido siempre en el corazón de los hombres, siendo tan importante la duda de creer como la de en qué creer.

En el primer tomo de Northlanders, El regreso de Sven, el guionista Brian Wood desarrolla dos historias que hablan tanto de los vikingos, los hombres del norte, como de sus relaciones con el resto del mundo conocido, con especial interés en los trasvases religiosos de la época. No cabe duda de que los vikingos están de moda, desde un punto de vista serio e histórico, muestra de lo cual son las series Vikingos y The last Kingdom, en las cuales se trata con detalle la historia del norte de Europa durante el final de la Alta Edad Media, época que la zona vivió como los últimos tiempos de gloria de los vikingos y el ascenso de los sajones, dos pueblos acostumbrados a matarse entre sí. Y por lo que podemos leer en Northlanders, Brian Wood sabe de lo que escribe, o al menos para alguien simplemente interesado en la historia medieval europea encuentra correlación con lo que ya sabía al mismo tiempo que disfruta incontables nuevos datos. Porque que nadie se engañe, puede que los bárbaros no fueran tan exquisitos ni estuvieran tan avanzados como Al-Ándalus o el imperio Bizantino, pero lo suplían con enormes cantidades de violencia y una historia que merece ser contada.

Brian Wood nos regala en El regreso de Sven, la historia de un vikingo que a finales del siglo X vuelve a su tierra natal, al norte de Escocia, tras servir como mercenario en Constantinopla; más del relato de un niño a finales del siglo VIII que vive los primeros años del cristianismo en lo que sería Inglaterra, además de los saqueos indiscriminados de los vikingos. Que nadie se engañe, ambas historias están llenas de acción y emoción, son relatos donde el trabajo de Brian Wood brilla consiguiendo que el lector quiera saber en todo momento que será lo próximo que suceda. Ambos relatos tienen una cantidad más que notable de emoción, épica y fatalismo para que la lectura no se detenga salvo fuerza mayor, al mismo tiempo que se nos cuelan incontables informaciones sobre la época y sus gentes, que si te parecen interesantes pues mejor, pero es que aunque no te interese lo más mínimo la historia medieval, están tan bien colocadas en la trama que no molestan lo más mínimo. Con Brian Wood aprender es divertido.

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La primera historia de Northlanders, El regreso de Sven es el clásico retorno del héroe que le ha dado la espalda a su tierra natal, vuelve con la única intención de reclamar una herencia para volver a desaparecer, pero al final termina reencontrándose con su cultura. Lo bueno es que Brian Wood consigue dar las suficientes pinceladas y alejarse del camino preestablecido para que El regreso de Sven no termine convirtiéndose en el típico retorno del heredero exiliado, la historia tiene mucho más que ofrecer al mismo tiempo que sus personajes son mucho más complejos y orbitan inexorablemente la fatalidad. Para esta historia Brian Wood cuenta con el dibujo de Davide Gianfelice, quien realiza una labor más que correcta, aunque se podría agradecer un trazo menos angulado, pues termina resultando el dibujo demasiado caricaturesco, que aunque está bien para un cómic de acción o aventuras se antojaría algo más realista que lo acercara a un planteamiento más histórico y menos de fantasía.

La segunda historia Lindisfarne, sólo necesita dos números para contarnos el pillaje de uno de los primeros y más importantes monasterios de Inglaterra, todo desde el punto de vista de un niño que se revela frente al cristianismo adoptado por su padre, buscando el consuelo en los antiguos dioses nórdicos de su madre. Como aquí Brian Wood sólo tiene dos números frente a los ocho de la historia anterior, necesita ir más rápido, algo que ayuda a que la historia, un asalto rápido, se lea como sucede, como un relámpago de violencia. Para estas páginas, contamos con el dibujo de Dean Ormston, que parece estar más dotado tanto para los personajes históricos como para la atmósfera gris y misteriosa del norte de Europa. Aunque en todo caso, y aplicable a las dos historias, es importante remarcar el trabajo en el color de Dave McCaig, que mejora lo realizado por sus compañeros y le da una carga más de significado. Así que ahora lo único que queda es volver y continuar leyendo las otras historias de Northlanders, donde seguro que Brian Wood nos tiene preparados más relatos con los que enseñarnos lo que era ser un vikingo hace unos mil años.

@bartofg
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Lobo – El asunto Qigly (Alant Grant, Val Semeiks y Christian Alamy)

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Lobo: El asunto Qigly (Alan Grant, Val Semeiks y Christian Alamy). ECC, 2015. Cartoné. 216 págs. Color. 21,50 €

Parece que la última década del siglo pasado, los llamado 90, no terminaron de existir, es como si la historia humana hubiera saltado directamente de los años 80, una década ya idealizada y mitificada, al nuevo milenio de Internet y las redes sociales. Pero entre la caída del muro de Berlín y la caída de las Torres Gemelas pasaron muchas cosas, mucho más que el grunge. No se pueden pasar por alto fenómenos como las bandas de pop industriales, desde las Spice Girls hasta Take That, sin olvidar el mundo del cómic y su locura mezcla de neofascismo e inversión en capital de riesgo. Una época donde Lobo, que no nació bajo la mano de Alan Grant pero que sí consiguió su propia entidad con la ayuda de dicho guionista, fue un perfecto ejemplo de lo que un nerd, en bajo estado físico y problemas para relacionarse con las chicas, pensaba que tenía que ser un Hombre.

Ya hemos dedicado algunas entradas a Lobo, donde queda claro que es y que representa, pero es interesante seguir excavando en esta figura tan atrapada en unas coordenadas espaciotemporales que casi se vuelve atemporal. El tomo El asunto Qigly recoge los primeros seis números de la serie regular de Lobo, con dibujo de Val Semeiks, y su primer anual, con arte de Christian Alamy, todo como no podía ser de otra forma con guiones de Alan Grant. Ambos dibujantes desarrollan una línea muy de su época, con hombres con una musculatura formada más por tumores que por fibra muscular y mujeres con cuerpos inexistentes sin la ayuda de un cirujano plástico sin moral. Pero por suerte, aunque prisioneros de su época, ambos autores consiguen desviarse lo suficiente para encontrar más de dos y tres aciertos y conseguir cierta personalidad en su trazo. El dibujo de El asunto Qigly no sólo se deja leer, además se puede disfrutar.

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Por su parte, Alan Grant continúa haciendo lo que mejor sabe hacer con Lobo, construir una línea argumental basada en la violencia, normalmente reduciéndolo todo a una cacería, pero plagando las páginas de referencias culturales y sabiendo introducir un humor tan socarrón como bobo, entendido esto como un punto a su favor. El asunto Qigly es Lobo en estado puro, con violencia para todos los gustos y mala actitud saliendo por cada poro. Evidentemente, Lobo no debería ser un ejemplo a seguir para ningún niño del mundo, es más, los adultos impresionables deberían mantenerse alejados de su obra, pero para cualquiera que sepa disfrutar de un buen desmembramiento y no tenga problemas para reírse de todo, Lobo es su hombre.

@bartofg
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Las flores y los sauces

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Historia de una geisha (Kazuo Kamimura) ECC, 2015. Rústica, 360 págs. B/N, 19,95 €

La prostitución es un tema como mínimo delicado, incluso dentro del propio feminismo existen diversas corrientes a la hora de juzgarlo, ya que mientras para algunas mujeres comerciar con su propio cuerpo y sexualidad es un derecho, para otras, que se consideran igual de feministas, es un acto vejatorio en cualquier caso. Todo teniendo en cuenta siempre que el debate se limita a quien ejerce la profesión con libertad, sin olvidar a la gran cantidad de mujeres que se prostituyen de forma obligada en régimen de esclavitud. Del mismo modo, también sería conveniente dejar fuera del debate esa figura casi romántica de la mujer desvalida que encuentra seguridad y cariño en el cliente. Hay mujeres dispuestas a vender su cuerpo y hombres dispuestos a comprarlo, es un acto totalmente carente de belleza o poesía, pues lo demás es una impostura cultural, que del mismo modo puede tratar de embellecer el maltrato animal o la explotación infantil.

Porque al final lo que importa es la cultura, cuando se carece de ella y hablamos de un mero intercambio económico y sexual, o cuando se construye un discurso para implementar, e incluso justificar, la prostitución como un aspecto más de la vida social. Quizás una de las sociedades donde la prostitución ha alcanzado cuotas más altas de refinamiento sea la japonesa, aunque por lo general la mayoría de las culturas asiáticas tienen una percepción más compleja de la prostitución que las occidentales. En todo caso, en Japón la prostituta, la geisha, no deja de ser una prostituta, pero a la que se le añaden tantas capas y complementos que sus labores van mucho más allá del sexo. El manga Historia de una geisha de Kazuo Kamimura es un perfecto vehículo para tratar de entender que es una geisha. Lo mejor de esta obra es que no hace concesiones en ningún campo, ni es una historia de amor redentora dentro de la prostitución, no nos encontramos con un cliente que salva a la prostituta como víctima; ni mucho menos es un mero recopilatorio documental al modo de un manual de uso y comportamiento.

Kazuo Kamimura nos muestra la formación y posterior ejercicio de la joven Tsuru como geisha en un okiya, burdel japonés, en el barrio del placer de Tokyo entre los años 20 y 40 del pasado siglo, desde la Guerra de Manchuria hasta la Segunda Guerra Mundial. A medida que avanza la lectura, nos vamos introduciendo en el mundo de la prostitución de aquella época, donde las niñas de zonas rurales eran vendidas por un saco de arroz, un acto supervisado por un policía, para pasar primero a ser criadas del burdel, posteriormente ser formadas en artes como la música y la danza, y terminar ejerciendo como geishas, ya fuera para diversos hombres o para algún potentado que se pudiera permitir mantenerla en exclusividad. Por fortuna, el personaje de Tsuru acepta su destino, es más, desea ser una geisha de renombre, lo que dirige la historia hasta las últimas consecuencias profesionales y vitales de dicha profesión. De este modo, podemos asistir a momentos tan cruciales, y desde la óptica occidental actual tan aberrantes, como la compra de una niña o la venta de su virginidad.

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Pero que nadie espere encontrar morbo o pornografía en las páginas de Historia de una geisha, el sexo está presente, y se muestra, pero desde una perspectiva naturalista dentro de las vidas de las geishas, incluso podemos ver un cierto grado y tipo de amor que estas mujeres se pueden permitir. Hasta cierto punto se puede defender que la obra de Kazuo Kamimura carece de crítica, lo que para mí personalmente es de agradecer, pues el autor se limita a exponer los hechos haciendo que el lector tome partido moral, dejando en el receptor la responsabilidad de ver una aberración o un arte en la vida y obra de estas mujeres. La poesía está presente en Historia de una geisha, pero desde un punto de vista totalmente costumbrista, como puede ser una visita a la playa un día soleado o ir a la peluquería en víspera de año nuevo. Hay una danza continua entre la estructura cerrada de la vida japonesa, más en el caso de las geishas, y los pequeños resquicios donde respira la vida, donde estas mujeres que aceptan su destino tratan de encontrar cierto respiro y libertad.

Por último no se puede pasar por alto el trabajo gráfico de Kazuo Kamimura, poseedor de un dibujo clásico, no olvidemos que la obra fue editada originariamente en 1974, que a veces se echa en falta en el manga actual, que parece tener cierta obsesión por la desmesura. Kazuo Kamimura llena las páginas de detalles que dan realismo pero sin llegar a saturar en ningún momento, con una representación realista de los entornos y objetos, pero siendo al mismo tiempo de llenar de personalidad y sentimiento cada personaje. No puedo pasar por alto la fuerza de los rostros dibujados por Kazuo Kamimura, una fuerza visual que humaniza y personaliza cada personaje presente en Historia de una geisha, especialmente en el caso de Tsuru, que comienza siendo una niña llena de curiosidad y ganas de vivir para pasar a ser una adulta responsable dispuesta a satisfacer los caprichos que la norma y rectitud de su profesión le permiten.

@bartofg
@lectorbicefalo

Destruir para construir

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La formidable invasión mongola (Shintaro Kago) ECC, 2015. Rústica, 192 págs. B/N, 11,95 €

A veces hay que dar un par de pasos para atrás para tener una perspectiva global de la situación o como se dice normalmente tomar un poco de distancia histórica para poner los hechos en su sitio. No es raro encontrar en los tiempos que corren artículos, tuits, entradas en blogs, noticias, o reportajes televisivos, que ensalzan diariamente a diferentes tipos personas como héroes o tachar de histórico cualquier momento. El hecho histórico es un caramelo muy dulce que ningún medio de comunicación o cualquier tipo de arte quiere dejar escapar, lo malo es que seguramente el 95% de las cosas que hoy consideramos históricas en el futuro no sean estudiadas como tal y que los hechos que estructurarán el porvenir de las civilizaciones actuales ni los conocemos.

El hecho histórico acarrea, como es sabido, un gran debate sobre quien lo cuenta, cómo y porqué. De ahí parte otro aspecto, la creación de una mitología de la historia a partir de personajes de los cuales solo se ensalza las virtudes y el sacrificio realizado por el colectivo. Shintaro Kago nos plantea un desarrollo de estos parámetros desde una óptica rara, bizarra, en la que sus dotes para el eroguro se convierten en un medio perfecto para descontextualizar la evolución industrial del mundo. No se trata como se ha querido ver como una visión personal de la historia de la humanidad, sino de los procesos de producción y de los personajes históricos implicados.

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Para ello se detiene en: las invasiones mongolas, el viaje de Vasco de Gama para generar comercio con oriente, la revolución industrial, la primera guerra mundial y la producción en cadena de bienes materiales, en este caso vehículos. Las personas/personajes históricos son dibujados como seres llenos de defectos inseguridades destruyendo la mitomanía en torno a estos. Aunque el giro de todo el relato es el motor que produce los cambios y la evolución del sistema de producción: los caballos mongoles.

Estos no son equinos procedentes de una parte de Asía sino las manos de unos gigantes que los antiguos cultivaban en Mongolia como montura para la guerra. Al ser traídas a occidente se aliena el objeto, la mano, de su procedencia, y consiguen reproducirlas sin la necesidad de cultivarlas a partir de los gigantes originarios. Estos últimos, se rumorea, que son los dioses del pasado que ayudaron a conformar la tierra. Llegados a la revolución industrial se intuye un giro terrible: si los caballos  mongoles son tratados como cosas nada impide que el resto de los seres vivos del planeta sean tratados como tal, incluso aquellos hombres y mujeres que ocupan los escalafones más bajos de la sociedad.

Así pues Kago elabora una gran metáfora sobre la condición del hombre en el tejido socio-industrial y de cómo la evolución humana ha venido acompañada de una pérdida del miedo a la ira de los dioses, seres convertidos en algo instrumental para una evolución completamente material. El autor japonés sigue en su línea de mostrar lo ridículo de la condición humana y de que el concepto evolución no tiene por qué ser explícitamente positivo. Aunque más convencional en aspectos de forma que ofrece el medio que en obras anteriores, sigue siendo un relato igual de transgresor, crítico y mordaz con respecto a lo ridículo de la experiencia humana.

@Mr_Miquelpg

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Spain is Pain #244: Espacio y contexto/Entorno.

Hoy vamos a echar un vistazo a una par de títulos de esos títulos que pasan desapercibidos. Ambos están publicados por Ediciones Valientes, casa que siempre ofrece títulos interesantes y excitantes que apuestan por la innovación y remover las estructuras del medio. Concretamente se va a hablar de Optimización del proceso de Andrés Magán, autor al que no hay que perderle la vista, y El problema Francisco de Francisco Sousa Lobo.

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Optimización del proceso (Andrés Magán) Ediciones Valientes, 2015. Grapa, 32 págs. Blanco y verde, 4€

Anteriormente cuando aquí se ha hablado sobre el trabajo de Andrés Magán lo he tachado de perturbador. En su primer cómic existe un punto de narración próximo al cero, pequeños relatos unidos por un personaje misterioso. A través de dicha estructura delinea un mundo extraño que se desarrolla a través de cierta bipolaridad: cuenta sin explicar. En Optimización del proceso esa idea persiste a partir de dos parámetros espacio y contexto. El primero tiene lugar en tres escenarios: una oficina, un exterior y un simulacro de biblioteca o almacén de documentos. En cuanto al contexto es el de alguien dando forma a un tipo de proyecto desconocido a través de unos cálculos ininteligibles para tres individuos de apariencia no humana. Dos ideas que se complementan en otro aspecto dual  el hieratismo de los personajes secundarios y el esfuerzo y sufrimiento al que se va sometido por el trabajo que acomete.

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Magán tiene la capacidad de crear historias que se resumen en un par de líneas pero que poseen gran dificultad para ser analizadas por la desaparición de lo narrativo y en este caso refuerzan cierta idea de vinculación a estéticas como la nueva objetividad, mostrando tan cual reduciendo el énfasis a lo mínimo. Andrés Magán es ahora mismo uno de los autores que hay que seguir más de cerca, su trabajo no son solo obras complejas sino que apuntan a ser unos breves manifiestos sobre la forma de entender el medio.

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El problema Francisco (Francisco Sousa Lobo) Ediciones Valientes, 2015. Grapa, 20 págs. Color, 4€

Si en el caso del trabajo de Magán el lector se encuentra ante una incertidumbre total, El problema Francisco de Francisco Sousa Lobo plantea otro dilema: el autor como texto primario de la narración. Pero el planteamiento se aleja del biopic y lo desplaza hacia el problema de la creación en el entorno del arte o aunque mejor si lo acotamos un poco hacia el de la creación. El problema Francisco, personaje, persona y situación, tiene una pulsión por dibujar, escribir por desarrollar su pensamiento en cualquier medio y formato. Pero es el entorno ya sean las amistades, familiares o  que impulsan a El problema Francisco a los ámbitos más privados de la creación: a dibujar cómics para autoconsumo para después destruirlo.

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Francisco Sousa plantea una tesis sobre la, casi, imposibilidad de crear sin injerencias de terceros, y la obligatoriedad de emitir juicios sobre lo artístico incluso de aquello que es creado por el placer de hacerlo sin intención de ser público. Planteando una puesta en abismo con la estructura de las páginas que el protagonista lee cuando es joven y la estructura de colores con la que el lector lee la obra.

@Mr_Miquelpg

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