El coste de la aventura

keniaport
Kenia (Rodolphe y Leo). ECC, 2015. Cartoné. 240 págs. Color. 25 €

Los teóricos de la conspiración poseen el don y la maldición de saber crear pautas, de ver relaciones donde el resto sólo vemos coincidencias. Digo lo de don porque es una capacidad que permite estructurar teorías a través de redes de causalidad, consiguiendo que lo que en apariencia no tiene nada que ver forme parte de una estructura mayor. Sin embargo, esta capacidad para ordenar y clasificar puede convertirse en un problema, ya que se corre el peligro de relacionarlo todo sin aplicar el menor filtro, agarrándose a cualquier detalle nimio para postular que el arca de la alianza era un reactor nuclear en miniatura construido por alienígenas, afianzando su teoría en base a teorías de terceros que construyen los mismos castillos de naipes. Sin duda, los cospiranoicos serían una gran contribución al pensamiento crítico si no se lanzaran a los brazos de un pensamiento científico en el que la comprobación empírica se deja de lado para construir sin pausa nuevos postulados en base a teorías igual de frágiles.

Pero al menos no se puede negar que la ficción sería mucho más aburrida sin los teóricos de la conspiración, y lo que para algunos es una verdad oculta e incomoda, para otros es un campo abonado a la fantasía lleno de inmensas posibilidades. Dentro del cómic francés, de ese cómic de consumo popular que busca el entretenimiento más efectivo, hay un gusto por estas teorías de la conspiración que se mezclan con la historia-ficción y la ciencia-ficción más loca para regalar al lector incontables horas de disfrute. Un perfecto ejemplo lo teníamos en la obra Neptuno de Jean-Yves Delitte, que recogía lo mejor del steampunk para crear una aventura tan colosal como humana. Algo parecido hacen los autores Leo y Rodolphe con su obra Kenia, que partiendo de los postulados de la teoría de la conspiración y recorriendo un escenario tan evocador como Kenia durante la Guerra Fría, nos llevan a un recorrido donde la aventura adquiere todo su significado.

Para dejar claro desde el principio que tipo de obra es Kenia, basta con señalar que es bastante complicado no leerse los cinco volúmenes que encontramos en el su tomo recopilatorio. Leo y Rodolphe gestionan como pocos la tensión y la información, consiguiendo que cada respuesta dé lugar a nuevas preguntas hasta el punto de convertir el paso de página en una necesidad constante. El guión no deja de lado otros elementos tan importantes como la construcción de los personajes o el establecimiento de sus relaciones, pero tampoco se puede negar que la gestión de la información es el mayor valor de Kenia. Quizás si nos encontraremos ante otro tipo de obra este valor no sería tan importante, pero al tratarse de un cómic de aventura en el sentido más puro, la trama no podría estar mejor construida, haciendo de la obligación de avanzar casi una necesidad biológica para el lector.

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Aunque tampoco se puede dejar de lado la construcción de los personajes que pueblan Kenia, los cuales son reconocibles sin dificultad por cualquier lector de obras de género, desde la espía capaz de usar cualquier recurso hasta el héroe romántico fuera de su tiempo, pasando por el occidental excéntrico entre aborígenes. Pero por suerte, el guión de Kenia da suficientes matices a sus habitantes para que los mismos sean evoluciones personales de dichos arquetipos, en lugar de reducirlos a estereotipos intercambiables. De este modo, es fácil saber de donde viene cada personaje pero se deja espacio de sobra para que nos preguntemos hacia dónde se dirigen y nos sorprendan sus decisiones. Quizás la única pega que se le pueda echar en cara a Kenia sea su tratamiento sobre el sexo, en especial si hablamos de sus mujeres, pues se pivota entre un tratamiento libre y sin complejos de la sexualidad y una leve utilización del cuerpo femenino como simple reclamo, estrategia que el cómic en sí no necesita en ningún momento para resultar atractivo al lector.

Por último habría que señalar el dibujo de Leo, un autor que podríamos definir como funcional, artesano de ese dibujo realista francobelga cuya última máxima es conseguir que la historia sea legible y transitable, con una claridad absoluta en su lectura y la espectacularidad justa para que asombre sin llegar a emborronar la acción. En este sentido, habrá lectores que echen en falta mayor personalidad en el trazo, pero si tomamos como fin último la construcción de un relato, sólo se puede decir que tanto el dibujo como el guión de Kenia estaban al servicio de una narración concreta y ambos consiguen su objetivo a la perfección. Es cierto que no menciono absolutamente nada sobre la trama de Kenia, quizás porque en la sorpresa esté su mayor disfrute, es una historia que hace del pasar las páginas su mayor gozo, así que si te interesa la aventura y adentrarte en lo desconocido, viaja a la Kenia de 1947, donde han aparecido unas extrañas criaturas que deberían todos pensaban extintas.

@bartofg
@lectorbicefalo

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Un comentario en “El coste de la aventura

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