Spain is pain #236: Los infiernos.

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Heart Beat (María Llovet) Norma editorial, 2015. Cartoné, 152 págs. Color, 18€

Las etiquetas suelen ser lastre, y en ocasiones un estorbo y un impedimento que nos impide apreciar una obra en toda su amplitud, y lo que es más grave la obra de una autora que desarrolla dentro de esa supuesta clasificación. Dicha etiqueta es lo que se ha venido a llamar como manga español, hispamanga, etc., que por lo general ha sido percibido, no solo como una etiqueta sino como un género narrativo dentro de la producción española. Este no goza de muchas simpatías entre la crítica especializada y a veces ni de los propios lectores de manga. Eso se debe en gran parte al oportunismo editorial de publicar estas obras en ocasión de la celebración de los salones del manga lo cual acentúa esa idea de oportunista.

La artista es Maria Llovet, por la que siento un especial aprecio por la calidad de su obra. A esta se la suele ubicar, por lo general, dentro de esta etiqueta pero que a diferencia de autores de este subgénero ha sido capaz de desarrollar un universo propio que va mucho más allá de la copia de los textos originales. Porque si, porque Llovet es manga en un sentido global, ha incorporado algunos aspectos del discurso visual del manga y elementos estéticos. Pero también es Enric Sió, y el modernismo barcelonés, por no decir que las referencias culturales de las que bebe a la hora de crear una nueva obra son básicamente occidentales y, por supuesto, Suehiro Maruo.

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Todo eso se demuestra en Heart Beat su última obra, la primera a color donde da un paso más en el desarrollo de sus universos personales. Si en Eros/Psyche y Porcelain los espacios son los protagonistas y los personajes van evolucionando en función de la relación que tienen con estos, en esta obra sucede completamente lo contrario. Los espacios son ricos, diríase habitables, pero estos se definen a partir de los personajes que los habitan. Si en la primera obra de esta autora esa escuela inexistente condicionaba la relación entre las protagonistas, en este caso Eva, Violetta, Mackenzie y Donatien definen los espacios a partir de sus propios infiernos personales, aquellos que son elegidos, no en los que se cae de manera incauta sino los que portan dentro y florecen a lo largo de la historia.

Para ello la autora se vale de unos adolescentes eternos dejando de lado los estereotipos al uso, vemos un fragmento de sus vidas, posiblemente el más decisivo. Principalmente de todos aquellos que no llegarán al final del relato. Porque en Heart Beat nos encontramos con una de las especialidades de la autora: el trampantojo. Para ello se vale de capas narrativas y de múltiples códigos narrativos que pasan de lo textual a lo visual en el que la iconografía es muy importante. Esta va desde una reconversión de las flores del shojo que aparecen en los momentos más íntimos de Eva, la protagonista, a unas visiones oníricas en forma de vitrinas modernistas. Todo ello disfraza lo que en apariencia es un relato sobre el bullying que sufre la protagonista en un contexto atemporal, se podría decir que cíclico, en el que el verdadero protagonista es Donatien, un ser eterno que representa la idea de la inmortalidad de la adolescencia.

Heart Beat transita en el universo de lo íntimo mostrado a través de decisiones personales que nos enseña la voluntad de dejarse caer, que los infiernos personales son buscados elegidos que la culpa no debe ser siempre ajena y que los culpables son los protagonistas casi, sin la voluntad del autor los optan por vivir en sus propios círculos infernales. María Llovet nos regla un cómic intenso en la línea de sus obras anteriores en la que no existe ningún elemento banal y en el que todos los elementos juegan en pos de una narrativa inmersiva en un universo rico y en el que nada es lo que parece.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

 

La cólera de Fantomas 2: Todo el oro de París (Oliver Bocquet y Julie Rocheleau)

Portada_LaColeradeFantomas2La cólera de Fantomas 2: Todo el oro de París (Oliver Bocquet y Julie Rocheleau). Dibbuks, 2015. Cartoné. 64 págs. Color. 16 €

Los nudos son siempre lo más complicado a la hora de desarrollar una trilogía, no por nada el segundo acto es el más complicado y sufrido de cualquier obra. Todos podemos pensar un inicio rompedor y un final espectacular, lo complicado es rellenar lo que hay en medio. Por suerte, Oliver Bocquet y Julie Rocheleau se desenvuelven bastante bien en Todo el oro de París, la segunda parte de su trilogía La cólera de Fantomas, iniciada con el espectacular La guillotina. Las apuestas suben, Fantomas, el rey del terror, se nos presenta aún más desalmado e inteligente, una complicación más para el inspector Juve, que no sólo deberá luchar contra la encarnación física del mal, sino que tendrá en su contra a las propias fuerzas de seguridad parisinas y francesas.

Ahora mismo es complicado leer una historia como Todo el oro de París, aunque en la misma medida es más necesario que nunca. Los recientes hechos en la Ciudad de la Luz son capaces de eclipsar incluso al propio Fantomas, consiguiéndose una vez más que la realidad supere a la ficción, con un grupo de desalmados que han conseguido bajar de categoría al príncipe del crimen europeo. Sin embargo, al igual que los parisinos están obligados a volver a la calles, a recorrer y vanagloriarse sus conquistas como sociedad, sus avances más allá de la muerte y la sinrazón; los lectores debemos encontrar un asidero en la ficción, el marco referencial de lo que somos, ese Juve incansable cuyo único fin es acabar con el terror por el propio hambre de la justicia, ayudándose de personajes reales, como el mago-cineasta Méliès, que se mezclan en ese París idealizado de principios del siglo XX, capital cultural del mundo.

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Así que no se puede más que disfrutar de la trama orquestada por Oliver Bocquet, que enfrenta al héroe incansable con el villano casi omnipotente, capaz de llevar a cabo planes tan megalómanos como robar absolutamente todo el oro de la capital de Francia. Por su parte, Julie Rocheleau mantiene ese dibujo tan cargado de movimiento como de profundidad, sin olvidar un color evocador capaz de añadir nuevas capas de significado. Todo el oro de París es una obra oscura sobre la maldad, pero también sobre la obstinación de quienes luchan contra ellos. Porque por mucho que los franceses sean franceses, y todo lo que ello conlleva, no se puede negar que absolutamente nadie ama nadie nada más de lo que ellos aman la vida. Seguro que Fantomas presenta una dura batalla en el tomo que cierre la trilogía La cólera de Fantomas, pero nadie duda de que París será la única vencedora.

@bartofg
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El coste de la aventura

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Kenia (Rodolphe y Leo). ECC, 2015. Cartoné. 240 págs. Color. 25 €

Los teóricos de la conspiración poseen el don y la maldición de saber crear pautas, de ver relaciones donde el resto sólo vemos coincidencias. Digo lo de don porque es una capacidad que permite estructurar teorías a través de redes de causalidad, consiguiendo que lo que en apariencia no tiene nada que ver forme parte de una estructura mayor. Sin embargo, esta capacidad para ordenar y clasificar puede convertirse en un problema, ya que se corre el peligro de relacionarlo todo sin aplicar el menor filtro, agarrándose a cualquier detalle nimio para postular que el arca de la alianza era un reactor nuclear en miniatura construido por alienígenas, afianzando su teoría en base a teorías de terceros que construyen los mismos castillos de naipes. Sin duda, los cospiranoicos serían una gran contribución al pensamiento crítico si no se lanzaran a los brazos de un pensamiento científico en el que la comprobación empírica se deja de lado para construir sin pausa nuevos postulados en base a teorías igual de frágiles.

Pero al menos no se puede negar que la ficción sería mucho más aburrida sin los teóricos de la conspiración, y lo que para algunos es una verdad oculta e incomoda, para otros es un campo abonado a la fantasía lleno de inmensas posibilidades. Dentro del cómic francés, de ese cómic de consumo popular que busca el entretenimiento más efectivo, hay un gusto por estas teorías de la conspiración que se mezclan con la historia-ficción y la ciencia-ficción más loca para regalar al lector incontables horas de disfrute. Un perfecto ejemplo lo teníamos en la obra Neptuno de Jean-Yves Delitte, que recogía lo mejor del steampunk para crear una aventura tan colosal como humana. Algo parecido hacen los autores Leo y Rodolphe con su obra Kenia, que partiendo de los postulados de la teoría de la conspiración y recorriendo un escenario tan evocador como Kenia durante la Guerra Fría, nos llevan a un recorrido donde la aventura adquiere todo su significado.

Para dejar claro desde el principio que tipo de obra es Kenia, basta con señalar que es bastante complicado no leerse los cinco volúmenes que encontramos en el su tomo recopilatorio. Leo y Rodolphe gestionan como pocos la tensión y la información, consiguiendo que cada respuesta dé lugar a nuevas preguntas hasta el punto de convertir el paso de página en una necesidad constante. El guión no deja de lado otros elementos tan importantes como la construcción de los personajes o el establecimiento de sus relaciones, pero tampoco se puede negar que la gestión de la información es el mayor valor de Kenia. Quizás si nos encontraremos ante otro tipo de obra este valor no sería tan importante, pero al tratarse de un cómic de aventura en el sentido más puro, la trama no podría estar mejor construida, haciendo de la obligación de avanzar casi una necesidad biológica para el lector.

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Aunque tampoco se puede dejar de lado la construcción de los personajes que pueblan Kenia, los cuales son reconocibles sin dificultad por cualquier lector de obras de género, desde la espía capaz de usar cualquier recurso hasta el héroe romántico fuera de su tiempo, pasando por el occidental excéntrico entre aborígenes. Pero por suerte, el guión de Kenia da suficientes matices a sus habitantes para que los mismos sean evoluciones personales de dichos arquetipos, en lugar de reducirlos a estereotipos intercambiables. De este modo, es fácil saber de donde viene cada personaje pero se deja espacio de sobra para que nos preguntemos hacia dónde se dirigen y nos sorprendan sus decisiones. Quizás la única pega que se le pueda echar en cara a Kenia sea su tratamiento sobre el sexo, en especial si hablamos de sus mujeres, pues se pivota entre un tratamiento libre y sin complejos de la sexualidad y una leve utilización del cuerpo femenino como simple reclamo, estrategia que el cómic en sí no necesita en ningún momento para resultar atractivo al lector.

Por último habría que señalar el dibujo de Leo, un autor que podríamos definir como funcional, artesano de ese dibujo realista francobelga cuya última máxima es conseguir que la historia sea legible y transitable, con una claridad absoluta en su lectura y la espectacularidad justa para que asombre sin llegar a emborronar la acción. En este sentido, habrá lectores que echen en falta mayor personalidad en el trazo, pero si tomamos como fin último la construcción de un relato, sólo se puede decir que tanto el dibujo como el guión de Kenia estaban al servicio de una narración concreta y ambos consiguen su objetivo a la perfección. Es cierto que no menciono absolutamente nada sobre la trama de Kenia, quizás porque en la sorpresa esté su mayor disfrute, es una historia que hace del pasar las páginas su mayor gozo, así que si te interesa la aventura y adentrarte en lo desconocido, viaja a la Kenia de 1947, donde han aparecido unas extrañas criaturas que deberían todos pensaban extintas.

@bartofg
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Futuro reciente

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IAN (Integral) (Fabien Vehlman y Ralph Meyer). Spaceman Books, 2015. Cartoné, 208 págs. Color, 35€

No nos engañemos, el futuro ya está aquí. La intersección entre realidad y tecnologías futuras se vive en el presente. No hace falta irse muy lejos para ver como las herramientas de acceso a contenidos informativos han evolucionado en los últimos 15 años. Recientemente, este fin de semana pasado, he asistido a algunas conferencias del EBE (Evento Blog España) en las que se hablaba del pasado en función de las expectativas que se han creado en los últimos años, la conclusión obtenida es la misma que tuve tras ver la hiperclasista Her (Spike Jonze, 2013): el futuro hipertecnológico será tan solo para unos pocos. En el uso de tecnologías futuribles convivirán diferentes tecnologías al mismo tiempo, no todos será tan unificado como se nos suele mostrar.

En esa onda de representación opera IAN, título compuesto por cuatro álbumes, en el que el primero se diferencia completamente del resto de la colección. IAN es un androide con una inteligencia artificial emocional y que aprende a través de su experiencia con los humanos, con la característica que el crecimiento intelectual se corresponde con el de la edad que tiene el robot en ese momento. Vehlman y Meyer plantean un universo muy diferenciado entre estas cuatro obras. El primer álbum, titulado “El mono eléctrico”, define alguna de las pautas sociales en las el ser artificial protagonista va a tener que desarrollar sus habilidades, sin embargo, se sitúa en un género completamente diferente al del resto de volúmenes. “El mono eléctrico” es un relato de aventuras y acción a través del cual se inicia la socialización de IAN con un grupo de operaciones especiales en una misión de rescate en Siberia.

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Si bien el emplazamiento de un protagonista de este tipo parece encajar en el género de la primera aventura es en las tres siguientes, “Lecciones oscuras”, “Blitzkrieg” y “Metanoia”, ubicadas no tanto en la aventura futurista tal cual sino en las disquisiciones morales que surgen a partir de la construcción de un individuo de este tipo. La acción se desarrolla en Los Ángeles, un crisol de culturas pero también de clases sociales que están a punto de reventar el statu quo. En mitad de eso se encuentra IAN con una mentalidad cuasi infantil en cuanto a la percepción del bien y del mal, perseguido por la sociedad a la que debe proteger. En este contexto IAN se convierte en un ser maldito tanto por parte de los luditas como de aquellos creyentes de alguna fe lo consideran una aberración.

IAN es ante todo una aventura emocionante de un ser que trata de sobrevivir a algo que no comprende: los humanos. Aunque también su inconsciente, que no puede controlar, se convierte en su enemigo. De ahí parte su ferocidad en el combate, nacida de una evolución que él no ha experimentado en primera persona, sino que ha sido implementada en su memoria. Pocos relatos reflejan la frustración en el uso de las tecnologías, no solo mostrando las desigualdades sociales que estas generan sino que parte de un protagonista que no entiende su función en la civilización que habita.  Una historia que se acerca mucho a lo que esta por venir.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

El diablo en la librería

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Vil y miserable (Samuel Cantin). La Cúpula, 2015. Rústica. 152 págs. ByN. 14,90 €

La sociedad occidental actual corre a toda velocidad hacia su propia extinción. En cierto sentido se podría decir que nuestra forma de vida no tardará mucho en desaparecer con un millar de voces gritando que tienen razón y que el resto están completamente, sin la más mínima duda, equivocados. Aunque lo más triste es que todo surge de la bondad, de la intención de que todos seamos felices con un espacio propio. La única pega es que este espacio se construye enfrentándose al otro, como si la única forma de paz fuera la aniquilación del otro. Hasta cierto punto, los grupos más radicales de movimientos tan básicos y necesarios como el feminismo o el ecologismo terminan dando lugar a extremistas cercanos al integrísimo religioso. Es el conmigo o contra mí elevado a la enésima potencia, convirtiendo en cómplices del enemigo a todo aquel que no coincida hasta el último punto del credo oficial. Dentro del Islam esta tendencia es conocida como el takfirismo, una corriente que niega el título de musulmán a cualquiera que no coincida totalmente con sus creencias y prácticas. Algo que con tristeza se puede percibir en algunos grupos, minoritarios, eso sí, en todos los estilos de vida comprometidos occidentales, desde los veganos hasta los amantes del deporte.

Algo así podemos leer en el cómic Vil y miserable del canadiense Samuel Cantin, una historia protagonizada por personajes que se definen por su contraposición con el resto, haciendo de la mediocridad y la mezquindad el campo de batalla diario. El protagonista de la obra es Lucien, un demonio obligado a vivir en la Tierra que subsiste como librero en una tienda especializada en libros y automóviles de segunda mano. A partir de ahí nos encontramos con una galería de personajes tan desagradables como despreciables, una lucha constante por defender cada cual que tiene razón y que el resto son una sarta de ignorantes. La única nota discordante es Daniel, el nuevo compañero de trabajo de Lucien, la única persona no embarca en una lucha por la autoafirmación radical, que quizás por eso, se ve obligado a soportar los ataques y desprecios del resto de personajes.

Se podría defender que Daniel es un reflejo del lector dentro de Vil y miserable, un ente que trata de traer la concordia al resto de habitantes del cómic, pero que deberá cargar con los insultos y desprecios de todos los personajes, desde el protagonista Lucien hasta su jefe o el psiquiatra encargado de tratar los problemas del demonio. Lo más interesante es como Samuel Cantin parece querer jugar con las expectativas del lector, dando pequeños atisbos de esperanza para cada personaje para después recordarnos que no son dignos de la más mínima simpatía. Es especialmente hábil el juego entre Lucien y su psiquiatra, un especialista que trata con el mayor desprecio posible a Lucien, lo que puede hacer que comencemos a tener lástima del demonio, pero por suerte, Samuel Cantin no tarda en todo momento en volver a mostrarnos lo estúpido y mezquino de Lucien para recordarnos, que en cierto sentido, tiene lo que se merece.

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Samuel Cantin construye una enorme partida de póker donde unos personajes tratan de aparentar más de lo que son y de minusvalorar al resto, una práctica que en Lucien adquiere la categoría de arte, un arte chapucero pero arte y al fin y al cabo. Samuel Cantin funciona como una entidad kármica que una y otra vez castiga a los personajes porque ellos mismos se lo buscan. Tenemos un ejemplo perfecto en los problemas de sexualidad de Lucien, un motor en la trama general de Vil y miserable que en manos de cualquier guionista podría ser una herramienta para la superación del personaje, pero que en las manos de Samuel Cantin es un instrumento más para destrozar a su protagonista, principalmente porque el propio Lucien es quien se lo busca y porque absolutamente nadie discutiría que el demonio se merece todo el peso de la justicia cósmica sobre sus hombros.

Todo lo anterior llevado a cabo a través de un trabajo gráfico que aúna sin problemas una personalidad propia en el trazo y una simpleza que permite una lectura tan rápida como necesaria, pues es difícil no terminar leyendo Vil y miserable de una sentada, algo del todo compresible, pues es difícil no caer en las redes de Lucien. La lectura se iniciará por curiosidad, esperando uno de la redención de Lucien, un pobre outsider maltratado por sus compañeros, aunque a medida que avanzamos nos damos cuenta de lo merecido de su castigo, pasando de la lástima al odio, para al final terminar dándonos cuenta que el único pecado del diablo es ser humano y no aceptarlo, intentando de instaurar su visión del mundo y sus resultados por encima de los demás, en lugar de abrirse un mínimo, tratar de conocer al otro y ser feliz. Pues a pesar de que como bien decía Sarte, “el infierno son los otros”, pero no es menos cierto que estamos obligados a vivir en dicho infierno.

@bartofg
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Astro City – Álbum de familia (Kurt Busiek y Brent Anderson)

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Astro City: Álbum de familia (Kurt Busiek y Brent Anderson). ECC, 2015. Cartoné. 224 págs. Color. 22 €

El recopilatorio de las historias de Kurt Busiek ambientado en su ciudad superheróica de Astro City, hecha visible por el dibujo de Brent Anderson, continúa al mismo tiempo que los lectores nos vamos introduciendo en su mundo particular. El tomo Álbum de familia recoge varias historias que continúan la tónica de los guiones de Kurt Busiek, insuflar vida al estereotipo del superhéroe para utilizarlo como metáfora de la vida real. Básicamente, Kurt Busiek hace que superhéroes llenos de color y fantasía sean el perfecto reflejo del día a día.

Álbum de familia comienza con un número que sirve como una nueva presentación de la ciudad, la cual se presenta casi como una utopía de convivencia perfecta donde todo el mundo está dispuesto a echar una mano para mantener el paraíso estable, una idealización colorista de los superhombres. Aunque las historias siguientes varían un poco el tema y el tono. Seguidamente tenemos una historia protagonizada por la Primera Famiia, revisión de los 4 Fantásticos de Marvel, en la que la pequeña de la familia intenta tener una vida normal fuera de la perfección impuesta por sus parientes heroicos. La siguiente trama es interesante porque nos pone en la pista de un villano capaz de engañar a los héroes de Astro City, aunque se encuentra incómodo al no poder recibir elogios a su inteligencia.

Aunque estas historias no son más que acercamientos cercanos a lo que ofrece Astro City, siendo las dos que cierran Álbum de familia lo más reseñable del tomo. En la primera tenemos a un héroe ya conocido por los lectores, el Resorte, que debe lidiar con un tema tan delicado como la paternidad y la responsabilidad, una de esas buenas historias donde la figura de héroe y villano se desdibuja hasta reducirlo todo a seres humanos. Y por último, Leo el chiflado, una historia donde Kurt Busiek se desliga de todo lo superhéroico y convierte totalmente Astro City en un cómic adulto donde vemos la decadencia y la humanidad de uno de los personajes míticos de la ciudad.

@bartofg
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Wave of mutilation

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Transmetropolitan,vols. 1-4 (Warren Ellis y Darick Robertson). ECC, 2015. Rústica, 144 págs. c/u. Color, 13,95 € – 14,95€.

Spider Jerusalem, el periodista ficticio que protagoniza Transmetropolitan¸ sirve para explicarnos como es la sociedad contemporánea. Para empezar el cómic es un título atípico para una editorial americana en el que la acción pura y dura queda en un segundo y tercer plano para dar protagonismo a la información relativa a la actualidad de la ficción en la que se desarrolla el texto. Spider no es un santo, tampoco una víctima de la corrompida sociedad en la que vive: unos Estados Unidos creados por Warren Ellis que son una hipérbole de lo que conocemos hoy día, a pesar de cuando dejo de publicarse, hace más o menos una década, pudiera parecer una fantasía política más que una representación social.

El mapa en el que Ellis nos sitúa es en el de una economía de mercado brutal en el que el asesinato y la extinción de animales es un bien de mercado, y rechazado por muy poca gente. Por otro lado el relativismo cultural ha alcanzado su máximo nivel, se permiten desde tecno-religiones que apoyan la lapidación de personas por cualquier motivo, a reservas culturales en las cuales se permite el sacrificio de seres humanos para mantener el sistema cultural. En ese sentido la obra de Ellis y Robertson es impecable, no solo por lo planteado y por el sentido crítico del mismo sino por la idea de dibujar el territorio a partir del mapa.

Spider Jerusalem es el personajes guía, el que nos va a introducir a esta selva en la que las personas se apabulladas por unos sistemas informativos omnipresentes y que obstaculizan la visión y la percepción de la realidad misma. Lo planteado por Ellis a finales de los noventa es nuestro día a día en el que el retuit no solo da respaldo a la información sino que a medida que retuiteamos hacemos la noticia más fiable. La paradoja de Spider es que no es un novato en este mundo, pero si fue testigo de excepción de la reconversión de Estados Unidos a ese futuro viciado.

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Para ello nos valemos del primer recopilatorio “De nuevo en la calle”, en el que el protagonista vuelve de manera obligada a la civilización para poder finiquitar un contrato editorial. Este volumen nos sirve para: ver el ecosistema comunicacional y social en el que se va a desarrollar este título, hablarnos de la prehistoria del personaje, que se intuye rica, y su relación con el presidente del país, las nuevas necesidades biológicas y religiosas del país. Para ello dedica un capítulo para mostrarnos la televisión que se ve en ese momento, la caja tonta como reflejo de un país, y asiste a un congreso interconfesional en el que se muestra la variedad religiosa del momento, que esconde una crítica sobre la formación de las creencias. El segundo volumen “Pasión por vivir” sigue de manera errática el mismo camino a través de pequeñas aventuras: hacernos conscientes de lo extraño que es el mundo sobre el que estamos dispuestos a leer, y seguir indagando sobre los orígenes del personaje.

La tercera y cuarta entrega “El año del cabrón” y “La nueva escoria” marcan el punto de partida real de la historia. Spider se muestra como algo más que un periodista gonzo adicto a todo tipo de drogas, con “El año del cabrón” la obra se sitúa dentro de la política ficción. En periodo electoral el pueblo estadounidense debe elegir entre el presidente que ha hecho que el país se convierta en una selva del consumo amoral o un candidato que es todo sonrisas que pacta con la ultraderecha más rancia. Tras un artículo sobre Callahan, el segundo de los candidatos, Spider se convierte en un personaje mediático eclipsando con ello el verdadero motivo de su popularidad: sus artículos hirientes sobre la política del país.

El cuarto tomo, “La nueva escoria”, es el más brillante hasta el momento Spider se enfrenta a la bestia y vuelve a tener un encuentro con Callahan pocos días antes de las elecciones. Este volumen viene presidido por un trasfondo mucho más oscuro y está protagonizada en segundo plano por una población que elige al sonrisas como presidente a pesar del odio que este les tiene. La nueva escoria es aquella que es capaz de emitir un voto a aquellos políticos que les joden abiertamente sin ningún tipo de matiz. También hace acto de presencia como la política contemporánea desdibuja los rasgos ideológicos de los idearios políticos.

A pesar del tiempo que ha transcurrido de la publicación de Transmetropolitan es un texto que nos habla en presente tanto a la sociedad estadounidense como a la europea, en el que se esboza una visión metafórica de nuestro presente en un universo cruel, no tanto en la forma, sino por los usos y costumbres adoptados por sus habitantes. Así pues podemos entender la obra de Ellis y Robertson como una crónica de actualidad no solo por la representación socioeconómica sino por la puesta en valor de un discurso sobre la política en un medio como el cómic que no deja de ser una relectura sobre la cultura pop y los inconvenientes de trasportar dichos valores a los aspectos más trascendentes de nuestras vidas. Hoy más que nunca Transmetropolitan es una lectura necesaria.

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