Dinosaurios en el cajón de arena

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Dragonfly (Jim Lawson). Tyrannosaurus Books, 2015. Rústica. 86 págs. Color. 12,95€

Los habitantes al norte de los Pirineos y los Alpes tienen una obsesión declarada por limitar y ordenar las cosas, o puede que seamos nosotros, los mediterráneos, los que tenemos problemas con el orden. Quizás por eso, cuando se han tenido que marcar fronteras, los españoles las han creado anárquicas, como fruto de un paseo sin destino aparente, mientras que los norteños, en especial los anglosajones pero sin desmerecer a los franceses, han preferido tirar de escuadra y cartabón para delimitar el mundo, aunque durante el proceso convirtieran zonas como África en ollas a presión preparadas para el desastre. De prácticas así surgen elementos como los cajones de arena, lo que para cualquier niño es jugar en la tierra imaginándose desde una cocina con pasteles de barro hasta una pista de carreras en el desierto o un planeta desolado a millones de años luz. Mientras aquí el niño sólo necesita una montaña de arena, en sociedades más desarrolladas necesitan delimitar y marcar ese espacio dedicado al infinito de la imaginación.

Esta capacidad de crear universos de posibilidades infinitas en espacios finitos delimitados a la perfección es casi una constante en la cultura popular anglosajona, la que hasta cierto punto es la matriz de toda la cultura popular occidental. Una opción a la que se suma el artista Jim Lawson en su cómic Dragonfly, donde apuesta por un escenario finito y al margen del espacio tiempo donde todo es posible, ya que el mismo, como demiurgo particular, no se coloca ni la más mínima restricción. El propio autor expone que la última intención con Dragonfly es divertirse, algo que se puede apreciar a la perfección tras leer el tomo que recoge las primeras historias de esta historia tan particular. No es la primera vez que defiendo la improvisación como método de desarrollo narrativo, sin olvidar en ningún momento que es una estructura más proclive a los fracasos más desoladores que al éxito. En cierto sentido hay que tener algo de arte para dejarse llevar a la hora de escribir, pues no son pocos los ejercicios que han terminado dando como resultado un despropósito sin sentido.

dinosaur fight

Por fortuna, aunque Jim Lawson no se demuestre como un genio de la improvisación, consigue esquivar el fracaso y crear en Dragonfly una historia de juego y diversión con los suficientes andamios para sostener todos los elementos que despliega. La historia de Dragonfly empieza como muchas otras, con una serie de personajes que no se conocen de nada que despiertan en un lugar extraño. En este caso en un universo finito que se asemeja a la Tierra durante el reinado de los dinosaurios. Los personajes principales: Dragonfly/Libélula, una chica inmortal; Ketch, un perro parlante; y John, una tortuga antropomórfica, se ven obligados a recorrer ese mundo cruzándose con los mencionados dinosaurios y algún que otro personaje aún más extraño, como una pareja de alienígenas o un vampiro romántico. Está claro que Jim Lawson lo que quería era jugar dentro de las páginas de Dragonfly, preocupándose más por lo que le apetecía dibujar en cada momento más que por crear una historia compleja dentro de un universo coherente.

Es posible que en números posteriores Jim Lawson otorgue más consistencia a su creación, aunque es improbable, ya que el propio autor ha descartado continuar las aventuras de Dragonfly, en parte por la polémica suscitada debido al parecido de John con las tortugas ninja, serie de la que Jim Lawson fue dibujante durante dos décadas, un parecido que molestó incluso al propio Peter Laird. Sin embargo, esta polémica no ha impedido a Jim Lawson utilizar a John en otros cómics aunque la serie que le vio nacer quedara interrumpida, planteando una enorme cantidad de preguntas que posiblemente nunca tengan respuesta. Aún así, sería absurdo acudir a Dragonfly buscando una cosmología coherente y causativa, pues si algo pretendía ser la obra era divertida, y es un objetivo que queda del todo conseguido. Las preguntas seguirán ahí, pero nadie puede negar que Dragonfly es una perfecta herramienta para pasar un buen rato disfrutando de elementos clásicos de la ciencia-ficción más escapista, con un añadido constante de dinosaurios, y si no te gustan los dinosaurios es que tienes un gran problema.

@bartofg
@lectorbicefalo

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