Heroísmo como tapadera

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The Victories: Marcado (Michael Avon Oeming). Aleta Ediciones, 2013. Rústica. 136 págs. Color. 14,95 €

Los superhéroes en rara ocasión se enfrenta al mal puro, al cruel. Los ladrones de bancos no son el mal, son criminales de poca monta por mucho dinero que consigan sustraer o por muy espectaculares que sean sus asaltos a las fortalezas actuales. Los locos megalómanos que sueñan con el poder por el poder tampoco son el mal en estado puro, hasta cierto punto no son más que soñadores en busca de un orden social nuevo, sus hojas de ruta buscan más un mundo nuevo que un mundo destruido, por lo general un mundo nuevo en el que ellos manden. Los verdaderos monstruos, el mal encarnado, toma forma en otra clase de criminales, en criaturas como los pedófilos o los violadores, los maltratadores y los psicópatas. Seres carentes de empatía que o bien disfrutan con el sufrimiento ajeno o son del todo insensibles al mismo.

Si vemos la galería de villanos de héroes como Batman o Spiderman, vemos que se enfrentan a distorsiones de la realidad, meros atracadores con trajes estrafalarios o enfermos mentales con demasiado poder y poca supervisión. Es cierto que algunos guionistas han tratado de acercar el mal real, el que nos encoge el alma de verdad, a los cómics, pero tampoco es una práctica predominante o una cantidad reseñable en las estadísticas. Seamos sinceros, Cráneo Rojo o Dos Caras poco tienen que hacer contra un pedófilo que arrastra a un niño a un sótano, o un violador que empuja a una mujer dentro de una cabina telefónica en mitad de un polígono industrial. Aunque para ser sinceros, sería absurdo ver a Superman o el Capitán América ensuciando sus trajes en el barro del mal cotidiano y real, viendo como sus valores épicos tienen la misma consistencia que la paja mojada. Aunque esto no quiere decir que el mal y los superhéroes no puedan cruzarse, ya que como demuestra Michael Avon Oeming en The Victories: Marcado, el mal no entiende de género, edad, raza o máscara.

Lo más brillante de The Victories es como Michael Avon Oeming mezcla superhéroes y realismo desde una perspectiva nueva, deja atrás las lecturas fascistas del héroe de Moore y Miller para desmontar a los vigilantes no desde su locura violenta, sino desde su fragilidad intrínseca de ser al final del día meras personas. No es la primera vez que problemas como los traumas de la infancia o el abuso de sustancias se cruzan en el camino de los héroes, pero esta vez en lugar de ver a Batman luchando contra la droga o a Ironman superando sus problemas con el alcohol, todo mientras salvan al mundo por enésima vez, lo que nos encontramos son héroes tan imperfectos como nuestro propio mundo. Michael Avon Oeming descarta todas las tramas de superación y en su lugar opta por la aceptación, su personaje protagonista, Fausto, no termina la miniserie superando un trauma y volviendo a patear el culo de los malos, en su lugar comprende lo jodido que está, es consciente de haber tocado fondo, y sólo a partir de ese momento tiene la opción de iniciar un camino más hacia el autoconocimiento que hacia el perdón.

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Aunque que ningún posible lector se confunda, en las páginas de esta miniserie que da origen al universo de The Victories la acción es una constante, Michael Avon Oeming no da tregua al lector, mezclando la acción más descarnada con la reflexión más directa sobre el adicto y la víctima. El propio autor declara que la realización de The Victories fue en cierto sentido un proceso terapéutico, algo del todo lógico si vemos el descenso a los infiernos de Fausto, su confrontación física y moral con Chacal, y la violencia que explota en todo momento, tanto en la trama como en el dibujo, que escapa y fluye sin detenerse, con un trazo cinético que sin duda representa la frustración y dolor tanto del personaje como del autor. Ese continuo bosquejo alejado de cualquier naturalismo es una capa más, y bastante importante, de la idea que nos quiere transmitir Michael Avon Oeming, una violencia gráfica, en la propia plasticidad de las páginas, que confunde y aturrulla, escondiendo el mensaje del cómic a simple vista.

The Victories: Marcado funciona a la perfección como lo que es, una miniserie, aunque no se puede negar que apetece continuar profundizando en las historias de los personajes creados por Michael Avon Oeming, tanto por el placer de leer sus aventuras como por la necesidad de saber qué esconden esas personas bajo la máscara, que les invita a batir el cobre por salvar una ciudad que carece de supervillanos porque ella misma es su mayor enemigo.

@bartofg
@lectorbicefalo

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