Spain is pain #234: España es el dolor.

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El mundo a tus pies (Nadar) Astiberri, 2015. Cartoné, 224 págs. Color, 21€.

Pocas veces, sino la única, una obra aparecida en los cuatro años que llevo realizando reseñas/críticas de cómic español se acota al nombre de la sección. España es el dolor o en palabras de Nadar: El mundo a tus pies. Esta obra resume en poco más de doscientas páginas lo acontecido socialmente en este país en los últimos cinco años, pero con el trabajo como vértice que articula las tres historias narradas. El paro y la precariedad laboral es el fantasma que merodea a todos los protagonistas, es también el motivo por el cual todos ellos tienen que introducir cambios radicales en su vida, desde dejar de lado relaciones sentimentales a reestructurar las relaciones sociales y familiares. Los tres relatos constituyen tres formas de como los más jóvenes están sobreviviendo a dichas situaciones.

En “Cansado pero bien” trata de lo que cierta ministra lumbreras denomino como movilidad exterior. Un chico con la carrera de ingeniería acepta una oferta de trabajo en Estonia. Eso repercute de manera negativa en su entorno más cercano y de manera más próxima a su pareja, el trabajo se pone por encima de su relación personal con la posibilidad de romper. Aunque no solo de eso este capítulo trata sobre los huecos y los vacíos, la medida de todo es como como se desintegran los grupos de amigos y las comunidades. “Brillo compacto” es un relato sobre una rendición, David vive con su madre, que se gana la vida como trabajadora de la limpieza, y su abuelo afectado de alzheimer. Este dejo hace mucho de buscar trabajo de manera activa, de hecho apunta a que participó en las movilizaciones del 15-M aquellas con las que muchos creímos que se iban a hacer caer unos cuantos muros pero que a la larga ha provocado que los poderes asienten más el sistema. David vive en un entorno difícil, tanto el trabajo de la madre como la situación del abuelo hacen que se tenga que dejar de lado sus principios prostituyéndose a una mujer mayor que ha hecho fortuna con negocios inmobiliarios. En cierto punto rechaza seguir vendiéndose a ella, pero finalmente se ve absorbido por el sistema para seguir ejerciendo la misma profesión, sin futuro alguno.

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La pieza que cierra este tríptico sobre las repercusiones de la situación laboral es “Una piedra en el camino”, la más redonda de las tres, trata de una pareja en la que ella trabaja en un call center vendido seguros, la alienación máxima en el ámbito laboral contemporáneo: no saber lo que vendes a personas que ni siquiera les ves la cara. A pesar de que tanto ella como su pareja tienen trabajo no llegan a final de mes. Tienen formación, han querido hacer las cosas de manera correcta, pero nada sale como planean. Miran a su alrededor y ven que aquellas personas que han utilizado atajos son los que consiguen lo que desean, incluso en lo material. Tiene este capítulo uno de los momentos más catárticos de la ficción contemporánea cuando a la protagonista le echa en cara a sus padres, no a terceros, ni a políticos ni a ningún tercer actor, la responsabilidad de la situación actual. Ellos son el cáncer que han permitido con gran autocomplacencia la situación actual, menospreciando las problemáticas actuales y siendo indulgentes con las corruptelas de andar por casa.

El mundo a tus pies se aleja del artificio del cine social español, llevado siempre a cabo por niños de casas bien, profundizando en las consecuencias de la situación actual, a veces con esperanza y otras con resignación. Aunque todo apunta que las cosas van a seguir igual, Nadar acierta en escribir una crónica de nuestros tiempos sin querer hacerlo, por ello trasciende mucho más allá de los casos particulares. Si en Papel estrujado la estructura narrativa tenía el peso específico de lo medido para dar lugar a un relato redondo, aquí el coraje, la rabia y la impotencia son la tinta con la que se elabora estas tres historias que explican la de miles de ciudadanos de nuestro país. Para ello se aleja de las (putas) cifras, porque no hay nada menos objetivo que una cifra económica, de la mentira de la macro economía y entra en las casas de las protagonistas nos acerca a ellos sin practicar falsas introspecciones ni monólogos grandilocuentes. Todo ello con un solo motivo dar lugar a un trabajo que escuece al rato de ser leído y que a medida que pasan las horas va doliendo más y más, porque si, porqué España es el dolor.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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Lobo – El regreso (Alan Grant, Keith Giffen, Simon Bisley y Kevin O’Neill)

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Lobo: El regreso (Keith Giffen, Alan Grant, Simon Bisley y Kevin O’Neill). ECC, 2015. Cartoné. 232 págs. Color. 22,50 €

Hace poco ha saltado la noticia de que en la última reedición de las novelas juveniles de Los cinco han sido eliminados o retocados todos los pasajes machistas. Es uno de esos casos que me gustan, porque ayudan en gran medida a definir a la gente, obligándoles a tomar partido en contra o a favor de la iniciativa. En lo personal debo declarar que tal medida me parece una aberración, un movimiento cercano al Ministerio de la Verdad que Orwell describía en 1984, algo parecido a lo que se hacía en la Rusia Comunista con la eliminación de los disidentes mediante el trucaje fotográfico. Pero los ejemplos son muchos, incluso se vendió como una victoria de los derechos sociales una revisión de las novelas de Mark Twain en la que todo elemento racista era eliminado.

Pero lo que no piensan estos buenos pensantes, la mayoría de las veces autoproclamados defensores de la infancia, es que si un niño no conoce la injusticia no podrá reconocerla, pero en fin, parece mejor obviar los errores del pasado en lugar de perder algo de tiempo explicándole al niño lo mal que estaban las cosas antes y todo lo que se ha avanzado desde entonces. Pero supongo que el futuro será más bien una versión de El diario de Ana Frank sin nazis que termina con la niña judía de vacaciones en el sur de una España donde no ha existido la Guerra Civil. Pero por fortuna, obras como Lobo: El regreso son una fuerte declaración de intenciones, pues tras más de 20 años de su publicación, la obra no acepta la más mínima reescritura, todo el ambiente hiperviolento, misógino y vulgar no se puede separar pues no quedaría nada. La única reedición políticamente correcta de los cómics que componen Lobo: El regreso sería meterla en una papelera y prenderle fuego.

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En Lobo: El regreso tenemos la miniserie que da nombre al tomo, más otra titulada Lobo: Infanticidio, y el número especial Lobo-Con: El lamento de un fan. Las tres parten de ideas planteadas por Keith Giffen y desarrolladas por Alan Grant, aunque la primera está dibujada por Simon Bisley, la segunda por el propio Keith Giffen y la tercera por Kevin O’Neill. Lobo: El regreso nos muestra al anti-héroe obligado a resucitar más de una vez para acabar con el sicario que acaba con su vida, una simple excusa para disfrutar de la grosería del guión y el dibujo de Simon Bisley. Lobo: Infanticidio, nos cuenta las andanzas de los 200 hijos bastardos del czarniano intentando acabar con su progenitor, un guión con una historia principal casi estúpida pero con unos cuantos recursos narrativos a tener en cuenta, sin olvidar el dibujo de Giffen, que a veces no sabes qué estás viendo pero su energía es innegable. Por último, el especial dedicado a la Comic-Con de San Diego, en este caso a la de 1993, es una especie de cápsula en el tiempo con más valor como baliza espaciotemporal que como obra creativa. En todo caso, Lobo 100%, lo que eran los cómics a principios de los años noventa del pasado siglo.

@bartofg
@lectorbicefalo

Dinosaurios en el cajón de arena

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Dragonfly (Jim Lawson). Tyrannosaurus Books, 2015. Rústica. 86 págs. Color. 12,95€

Los habitantes al norte de los Pirineos y los Alpes tienen una obsesión declarada por limitar y ordenar las cosas, o puede que seamos nosotros, los mediterráneos, los que tenemos problemas con el orden. Quizás por eso, cuando se han tenido que marcar fronteras, los españoles las han creado anárquicas, como fruto de un paseo sin destino aparente, mientras que los norteños, en especial los anglosajones pero sin desmerecer a los franceses, han preferido tirar de escuadra y cartabón para delimitar el mundo, aunque durante el proceso convirtieran zonas como África en ollas a presión preparadas para el desastre. De prácticas así surgen elementos como los cajones de arena, lo que para cualquier niño es jugar en la tierra imaginándose desde una cocina con pasteles de barro hasta una pista de carreras en el desierto o un planeta desolado a millones de años luz. Mientras aquí el niño sólo necesita una montaña de arena, en sociedades más desarrolladas necesitan delimitar y marcar ese espacio dedicado al infinito de la imaginación.

Esta capacidad de crear universos de posibilidades infinitas en espacios finitos delimitados a la perfección es casi una constante en la cultura popular anglosajona, la que hasta cierto punto es la matriz de toda la cultura popular occidental. Una opción a la que se suma el artista Jim Lawson en su cómic Dragonfly, donde apuesta por un escenario finito y al margen del espacio tiempo donde todo es posible, ya que el mismo, como demiurgo particular, no se coloca ni la más mínima restricción. El propio autor expone que la última intención con Dragonfly es divertirse, algo que se puede apreciar a la perfección tras leer el tomo que recoge las primeras historias de esta historia tan particular. No es la primera vez que defiendo la improvisación como método de desarrollo narrativo, sin olvidar en ningún momento que es una estructura más proclive a los fracasos más desoladores que al éxito. En cierto sentido hay que tener algo de arte para dejarse llevar a la hora de escribir, pues no son pocos los ejercicios que han terminado dando como resultado un despropósito sin sentido.

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Por fortuna, aunque Jim Lawson no se demuestre como un genio de la improvisación, consigue esquivar el fracaso y crear en Dragonfly una historia de juego y diversión con los suficientes andamios para sostener todos los elementos que despliega. La historia de Dragonfly empieza como muchas otras, con una serie de personajes que no se conocen de nada que despiertan en un lugar extraño. En este caso en un universo finito que se asemeja a la Tierra durante el reinado de los dinosaurios. Los personajes principales: Dragonfly/Libélula, una chica inmortal; Ketch, un perro parlante; y John, una tortuga antropomórfica, se ven obligados a recorrer ese mundo cruzándose con los mencionados dinosaurios y algún que otro personaje aún más extraño, como una pareja de alienígenas o un vampiro romántico. Está claro que Jim Lawson lo que quería era jugar dentro de las páginas de Dragonfly, preocupándose más por lo que le apetecía dibujar en cada momento más que por crear una historia compleja dentro de un universo coherente.

Es posible que en números posteriores Jim Lawson otorgue más consistencia a su creación, aunque es improbable, ya que el propio autor ha descartado continuar las aventuras de Dragonfly, en parte por la polémica suscitada debido al parecido de John con las tortugas ninja, serie de la que Jim Lawson fue dibujante durante dos décadas, un parecido que molestó incluso al propio Peter Laird. Sin embargo, esta polémica no ha impedido a Jim Lawson utilizar a John en otros cómics aunque la serie que le vio nacer quedara interrumpida, planteando una enorme cantidad de preguntas que posiblemente nunca tengan respuesta. Aún así, sería absurdo acudir a Dragonfly buscando una cosmología coherente y causativa, pues si algo pretendía ser la obra era divertida, y es un objetivo que queda del todo conseguido. Las preguntas seguirán ahí, pero nadie puede negar que Dragonfly es una perfecta herramienta para pasar un buen rato disfrutando de elementos clásicos de la ciencia-ficción más escapista, con un añadido constante de dinosaurios, y si no te gustan los dinosaurios es que tienes un gran problema.

@bartofg
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Juanito Diminuto (Wilhem Busch)

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Juanito Diminuto (Wilhem Busch. Edición de Luis Alberto de Cuenca & Álvaro de Cuenca) Reino de Cordelia, 2014. Cartoné, 56 págs. Color, 9,20 €.

El sobrecargado mercado editorial actual está cada vez más por regalarnos a los lectores ediciones cuidadas y obras más recónditas de la literatura mundial. Un ejemplo de esta tendencia es la publicación a cargo de Reino de Cordelia de Juanito Diminuto de Wilhem Busch, una de las figuras más relevantes del primer cómic, del cual destaca Max und Moritz, obra con la que se inicia el género de niños revoltosos.

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La historia es más bien sencilla, Juanito nace fruto del amor entre un sastre y una “mujer muy gorda”, es un niño de reducido tamaños el padre le hace un traje de príncipe a medida. Juanito se pierde y en un breve periplo conoce a toda la fauna del bosque, finalmente vuelve con sus padres y una ninfa se prenda de él. Se trata de un cuento clásico con el encanto de unas bellísimas ilustraciones, una deliciosa narración en verso y un interesante prólogo a cargo de los editores del volumen. Todo ello en un libro de tamaño reducido de esos que se pierden por las estanterías y que luego nos alegramos de encontrar y releer  una y otra vez.

@Mr_Miquelpg

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Heroísmo como tapadera

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The Victories: Marcado (Michael Avon Oeming). Aleta Ediciones, 2013. Rústica. 136 págs. Color. 14,95 €

Los superhéroes en rara ocasión se enfrenta al mal puro, al cruel. Los ladrones de bancos no son el mal, son criminales de poca monta por mucho dinero que consigan sustraer o por muy espectaculares que sean sus asaltos a las fortalezas actuales. Los locos megalómanos que sueñan con el poder por el poder tampoco son el mal en estado puro, hasta cierto punto no son más que soñadores en busca de un orden social nuevo, sus hojas de ruta buscan más un mundo nuevo que un mundo destruido, por lo general un mundo nuevo en el que ellos manden. Los verdaderos monstruos, el mal encarnado, toma forma en otra clase de criminales, en criaturas como los pedófilos o los violadores, los maltratadores y los psicópatas. Seres carentes de empatía que o bien disfrutan con el sufrimiento ajeno o son del todo insensibles al mismo.

Si vemos la galería de villanos de héroes como Batman o Spiderman, vemos que se enfrentan a distorsiones de la realidad, meros atracadores con trajes estrafalarios o enfermos mentales con demasiado poder y poca supervisión. Es cierto que algunos guionistas han tratado de acercar el mal real, el que nos encoge el alma de verdad, a los cómics, pero tampoco es una práctica predominante o una cantidad reseñable en las estadísticas. Seamos sinceros, Cráneo Rojo o Dos Caras poco tienen que hacer contra un pedófilo que arrastra a un niño a un sótano, o un violador que empuja a una mujer dentro de una cabina telefónica en mitad de un polígono industrial. Aunque para ser sinceros, sería absurdo ver a Superman o el Capitán América ensuciando sus trajes en el barro del mal cotidiano y real, viendo como sus valores épicos tienen la misma consistencia que la paja mojada. Aunque esto no quiere decir que el mal y los superhéroes no puedan cruzarse, ya que como demuestra Michael Avon Oeming en The Victories: Marcado, el mal no entiende de género, edad, raza o máscara.

Lo más brillante de The Victories es como Michael Avon Oeming mezcla superhéroes y realismo desde una perspectiva nueva, deja atrás las lecturas fascistas del héroe de Moore y Miller para desmontar a los vigilantes no desde su locura violenta, sino desde su fragilidad intrínseca de ser al final del día meras personas. No es la primera vez que problemas como los traumas de la infancia o el abuso de sustancias se cruzan en el camino de los héroes, pero esta vez en lugar de ver a Batman luchando contra la droga o a Ironman superando sus problemas con el alcohol, todo mientras salvan al mundo por enésima vez, lo que nos encontramos son héroes tan imperfectos como nuestro propio mundo. Michael Avon Oeming descarta todas las tramas de superación y en su lugar opta por la aceptación, su personaje protagonista, Fausto, no termina la miniserie superando un trauma y volviendo a patear el culo de los malos, en su lugar comprende lo jodido que está, es consciente de haber tocado fondo, y sólo a partir de ese momento tiene la opción de iniciar un camino más hacia el autoconocimiento que hacia el perdón.

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Aunque que ningún posible lector se confunda, en las páginas de esta miniserie que da origen al universo de The Victories la acción es una constante, Michael Avon Oeming no da tregua al lector, mezclando la acción más descarnada con la reflexión más directa sobre el adicto y la víctima. El propio autor declara que la realización de The Victories fue en cierto sentido un proceso terapéutico, algo del todo lógico si vemos el descenso a los infiernos de Fausto, su confrontación física y moral con Chacal, y la violencia que explota en todo momento, tanto en la trama como en el dibujo, que escapa y fluye sin detenerse, con un trazo cinético que sin duda representa la frustración y dolor tanto del personaje como del autor. Ese continuo bosquejo alejado de cualquier naturalismo es una capa más, y bastante importante, de la idea que nos quiere transmitir Michael Avon Oeming, una violencia gráfica, en la propia plasticidad de las páginas, que confunde y aturrulla, escondiendo el mensaje del cómic a simple vista.

The Victories: Marcado funciona a la perfección como lo que es, una miniserie, aunque no se puede negar que apetece continuar profundizando en las historias de los personajes creados por Michael Avon Oeming, tanto por el placer de leer sus aventuras como por la necesidad de saber qué esconden esas personas bajo la máscara, que les invita a batir el cobre por salvar una ciudad que carece de supervillanos porque ella misma es su mayor enemigo.

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Superman, Un auténtico héroe británico (Kim Johnson, John Cleese y John Byrne)

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Superman, Un auténtico héroe británico (Kim Johnson, John Cleese y John Byrne) ECC, 2015. Rústica, 96 págs. Color, 8,95€

Superman, Un auténtico héroe británico es una historia perteneciente a la colección Otros mundos de DC, a través de la cual se especula sobre una serie de variantes narrativas sobre el origen o el estatus de los héroes clásicos de la editorial. En este caso dicha especulación gira en torno a la posibilidad de que Superman, el último hijo de Krypton, cayese en el Reino Unido. El equipo encargado no podría ser más británico por un lado los guionistas Kim Johnson y John Cleese, aunque el primero de origen norteamericano, y a cargo del dibujo esta John Byrne.

Con Cleese a cargo de la parte literaria no podemos imaginarnos otra obra que no sea cómica, al menos como este actor la entiende. El presente volumen juega con varios parámetros de la cultura inglesa para jugar a confundir a aquel lector que busca la típica relectura en la que el héroe sigue siendo tal, pero en otro contexto. El primero de ellos es lo quien se denomina como el englishness del Little England. Ese constructo imaginario de la Inglaterra rural en la que se viven los padres y donde estos crían a Colin, nuestro Clark original. El otro aspecto, también cómico son los medios de comunicación, concretamente los tabloides británicos, representados en la figura de Whyte-Badger, un magnate que controla los medios de comunicación del país.

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Este último personaje se convierte, casi, en el protagonista y a través del cual este volumen deviene más en una crítica al modo en que los medios tratan la información. De manera que la idea de utilizar a Superman para vender periódicos se pervierte en el momento en que sin motivo alguno Whyte-Badger decide que para seguir vendiendo hay que condenar las acciones de este Superman británico.

Superman, Un auténtico héroe británico, es un cómic muy divertido, con un humor muy pero que muy británico que juega no tanto a ridiculizar al héroe de Krypton sino a reírse de la propia idiosincrasia británica, sus costumbres y la forma que estos tienen de consumir la información a través de los medios.

@Mr_Miquelpg

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Spain is pain #233: Made in Guirao.

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La vida se te escapa (Joaquín Guirao). Entrecómics Cómics, 2015. Rústica, 48 págs. Color, 10€.

La vida está muy jodida, cada vez más, y no digamos el tema de socializar con personas ajenas a nuestro entorno social más inmediato. La vida se te escapa de Joaquín Guirao trata de todo eso; el autor juega poner a Daniel, el protagonista, en una serie de situaciones complicadas una tras otra. Este tipo es un profesor sustituto que pretende ser un escritor cuya vida a pesar de la autopercepción de poder prejuzgar a todo el mundo no es más que un ser mediocre en su primer día de trabajo como profesor en un instituto.

Pero el principal problema de Daniel es que es un ser incapaz de entender la ironía y de medir los espacios vitales en las relaciones interpersonales. Dichos aspectos se revelan a través de los espacios en los que se desarrolla la historia: el piso que el protagonista alquila al nieto de Hitler, el colegio en el que tiene que impartir clases, la casa de una profesora que tiene un concepto poco convencional de mantener relaciones sexuales y la fiesta de unos alumnos suyos. Todos destilan fracaso porque en ninguno de estos encaja porque él espera que el resto se adapten a él y su percepción univoca del mundo.

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La vida se te escapa tiene un tipo de humor difícil de definir, pero que sigue las pautas autorales autoimpuestas por Guirao. Un humor que sale desde muy dentro de su psique que al igual que en Bienvenido a Zaira todos los personajes son unos desgraciados y los que no los son procuran que los otros lo sean. Lo mismo sucede aquí nadie deja que otro salga del pozo en el que se encuentra. Guirao acierta en utilizar a un personaje de mediana edad alejándose del prototípico niño-rata que suelen poblar este tipo de historias, y en el desarrollo de un relato con cierta moralina que al final se agradece.

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