El mal interior

mater morbi portada
Mater Morbi (Roberto Recchioni y Massimo Carnevale). Spaceman Books, 2015. Cartoné. 144 págs. Color y ByN. 20 €

No recuerdo dónde fue exactamente, ni siquiera si fue en un museo concreto o en una exposición itinerante, si soy sincero no llego ni a recordar el tema exacto de la exposición, pero recuerdo la pieza. Era una enorme gráfica que representaba el crecimiento de la raza humana a través del tiempo. Una gigantesca proyección geométrica que iba creciendo más y más rápido, casi una necesidad física de llenar el vacío, de expandirse. Una subida sin límite, sin dudas ni temores salvo un pequeño diente que marcaba lo que debería ser una ecuación casi fractal. En la Edad Media la línea ascendente caía sin remisión, se desplomaba de forma perceptible la población humana. Es cierto que a los pocos centímetros volvía a crecer con fuerzas renovadas, sin miedo a nada esta vez, sin fuerza humana o espiritual capaz de detener ese impulso. Pero durante un momento, un instante en nuestra historia como humanidad, fuimos menos que antes, nos detuvimos, trastabillamos y por un segundo vislumbramos de forma real, como entidad biológica, nuestra propia extinción.

Ese diente mortal en la estadística de nuestra expansión fue algo trivial, carente de toda épica, fue la enfermedad, la peste negra. La muerte estúpida y ciega. Ni las mayores masacres de nuestra historia reciente como las dos guerras mundiales fueron capaces de dejar su impronta en esa gráfica de nuestro crecimiento, los hombres se han matado entre sí de forma mucho más lenta de la que se reproducían. Pero la enfermedad no es épica, no es bella, nadie la percibe como una fuerza destructora de mundos, los cuatro jinetes del Apocalipsis son la Victoria, la Guerra, el Hambre y la Muerte; ni siquiera se le dedicó una montura a la única dama con el poder de matarnos a todos. Por suerte existen historias como Mater Morbi, un volumen dentro de la larga historia del personaje Dylan Dog creado por Tiziano Sclavi, un símbolo del mejor cómic popular italiano. Aunque en su volumen 280 fueron el guionista Roberto Recchioni y el dibujante Massimo Carnevale los encargados de tomar las riendas de este investigador de lo oculto y enfrentarlo a un mal para el que por ironías de la propia existencia no existen curas.

En Mater Morbi vemos como Dylan Dog es atacado por una extraña enfermedad que parece no tener diagnóstico claro, lo que obliga a los médicos a enfrentarse al misterio de la forma más directa. Una vez que Dylan Dog entra en el escenario médico, el guión de Roberto Recchioni fluctúa entre realidad y fantasía de una forma cuidada y matemática que en todo momento da la sensación de arbitraría e improvisada. En realidad no tenemos ningún villano en la historia, pues la enfermedad se muestra más como un campo de batalla que como alguien a batir. El único enemigo visible como tal es la madre de la enfermedad, Mater Morbi, una figura que mezcla el mal puro sin conciencia con la fragilidad de los caprichos más infantiles. Incluso los propios sanitarios encargados de tratar a Dylan Dog son meros peones obligados a moverse según los inexistentes límites de la moral médica. Tras leer el tomo, no cabe duda de que cada cual ha actuado dejándose llevar tanto por lo que es como por lo que pensaba que debía ser. Se podría defender que Mater Morbi es una versión refinada de la fábula de la rana y el escorpión, un juego de espejos donde el bien y el mal no existen como tal, dándose la acción por el simple choque de voluntades contrapuestas.

mater morbi pag

Los referentes están claros y no hace falta señalarlos, desde el cine de David Lynch hasta los videojuegos de survival horror japonés, con esa atmósfera asfixiante y putrefacta. Pero lo cierto es que aunque puede que Recchioni y Carnevale se hayan valido de dichas fuentes, el propio tema que tratan es anterior, y aunque el juego referencial parezca heredado, lo cierto es que la referencia última, el origen de todo, es la propia enfermedad. El hospital como lugar vacío y aséptico donde anida la muerte más dura y menos bella, ese lugar donde nadie quiere estar y los tubos de plástico y los pitidos mecánicos toman el lugar de las espadas y los gritos de batalla. Nadie quiere morir en una cama de hospital dejando como recordatorio el sonido de calzado cómodo chocando contra un suelo limpio de gérmenes. Por eso no se puede decir que Roberto Recchioni recicle referentes, pues juega al mismo nivel, se introduce en el corazón de la bestia, donde nadie quiere estar y obliga a Dylan Dog a enfrentarse a su propio cuerpo que le devora desde dentro.

La lectura de Mater Morbi es inquietante y deja al lector intranquilo, sabedor de que uno sabe cuando entra en un hospital pero jamás puede saber ni cuándo ni cómo abandonará dicha instalación. Sensación que queda ampliada gracias al arte de Massimo Carnevale, empeñado en crear el hospital más insalubre posible y en poblarlo con las mayores aberraciones que la imaginación pueda provocar sobre el cuerpo humano. Sin duda, Carnevale crea uno de los ejemplos recientes más poderosos de la Nueva Carne en Mater Morbi, un escenario de terror y horror puro que se va expandiendo, luchando contra el ser humano. Todo esto sin olvidar lo absurdo de la propia historia, ese genial diálogo entre Recchioni y el lector sobre la propia naturaleza de la medicina y el control sobre el propio cuerpo, ese delicado momento en el que se debe seguir luchando a costa de todo, incluido el propio paciente, o más bien se debe uno rendir ante la clemencia para a través de los cuidados paliativos dejar al paciente que se marche.

@bartofg
@lectorbicefalo

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2 comentarios en “El mal interior

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