Vida y muerte de Sampei

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El niño gusano (Hideshi Hino) La Cúpula, 2015. Rústica, 212 págs. B/N 10,95€

No hay cosa que dé más miedo que lo cotidiano. Dejando de lado la estructura capitalista del occidente actual, las abusivas políticas o el control de datos al que nos  hayamos sometidos, riesgos que asumimos más o menos desde el conocimiento, el día a día supone una fuente de terror insospechada. Ruidos por la noche, callejones oscuros o la mirada sospechosa de un desconocido. Hideshi Hino va mucho más allá, los entornos que desarrolla en sus historias son el común denominador en la cotidianidad de la sociedad japonesa a la que este autor introduce una pequeña variante a la normalidad.

El niño gusano es un ejemplo de esa deriva, todo funciona a la perfección con sus defectos, los “necesarios asumibles”, para que los contextos urbanos sigan funcionando tal cual. En el caso de Sampei Hinomoto, protagonista del relato, esos males asumibles suponen un infierno: es maltratado por sus profesores, sufre acoso por parte de sus compañeros y sus padres y hermanos lo odian. Solo en un lugar destinado a los desechos de la sociedad materialista encuentra un espacio de paz. El vertedero en el que Sampei se oculta del mundo es también el lugar en el que este niño maldito por sus familiares y amigos crea un nuevo entorno social con animales abandonados convirtiendo a estos en sus compañeros. Es significativo como los animales que no son mascotas son desplazados y ubicados en este templo del deshecho como parte no útil, en el sentido material, de la sociedad.

Sampei solo tiene interés por los animales y eso supondrá una maldición para él, una noche tras ser castigado por el padre es picado por un insecto rojo. El veneno del mismo le causará una mutación que le convertirá en un gigantesco gusano, llegando a abandonar el cuerpo humano. La enfermedad del pequeño supondrá una molestia para la familia que intentará a envenenarlo y celebrará su entierro con la carcasa humana que Sampei ha dejado por el camino. Pero la transformación final llega cuando los animales que han sido sus únicos amigos hasta el momento le abandonan. En ese punto el lastre que es la humanidad se desentiende del nuevo cuerpo de Sampei y deja de sentir empatía por el género humano y por cualquier ser vivo. Es la vida de Sampei sin serlo.

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Hino recubre todo con un halito de normalidad para redundar en la idea de que la vida normal es opresiva. La que la casa, la escuela, el cuarto del niño supone todo un infierno al que Sampei que se muestra sumiso; en ningún momento muestra una voluntad por liberarse, por ser el mismo, deja que los otros decidan por él y su vida se convierte en pura circunstancia de lo que le ha sucedido cuando era humano.

Encierra este relato, bajo mi punto de vista, un par de críticas, entiendo, a la sociedad japonesa pero perfectamente trasladables a las sociedades contemporáneas occidentales: por un lado el inmovilismo de los individuos que buscan ser aceptados a pesar del maltrato inicial que sufran; Sampei por algún motivo inexplicable aguanta todo ese abuso sobre su persona, posiblemente para su posterior inclusión en el sistema social. Por otro lado como el sistema solo quiere lo util, incluso dentro del esquema familiar, cuando el niño enferma se convierte en una molestia por la posible opinión que puedan tener futuras visitas. El niño gusano tiene y es el nombre de un cuento de una pequeña fabula en la que no existe lectura moral, tan solo un final poético que parece guardar cierta recompensa para Sampei.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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