El fin del universo como excusa

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Odisea Cósmica (Jim Starlin y Mike Mignola). ECC, 2015. Cartoné. 208 págs. Color. 20,50 €

Parece que la forma más refinada de arte, o quizás de contar historias, sea explicar los conceptos más importantes o básicos de forma velada. Esto es lo que en narrativa, en especial en guion, se denomina subtexto, lo que va por debajo que en realidad es más importante que lo que se ve o dice de forma directa. Es tan sencillo como que si un personaje está enamorado o tiene miedo de algo no lo diga de un modo claro, si no que sus acciones y diálogos vayan en apariencia por otro lado pero dejando bien claro que en el fondo lo que le atormenta, le alegra o le empuja a seguir hacia delante es algo mucho más fuerte y obvio pero escondido. De cierta forma, esto obliga a los escritores a ser más originales y presenta al consumidor un relato que en cierto sentido es un juego que le obliga a ver más allá, a participar, dialogar con el relato y sacar sus propias conclusiones.

Esta forma de escritura adquiere niveles muy altos en ciertos géneros, siendo quizás el más excesivo la ciencia-ficción, pues es un género que casi funciona como una metáfora filosófica. La buena ciencia-ficción rara vez habla de cómo serán la vida o los conflictos en el futuro, pues su interés suele estar centrado casi en exclusiva en la propia reflexión sobre el presente, ya sea social o individual. No importa la cantidad de naves espaciales, androides o criaturas alienígenas que encontremos en nuestro relato, al final una buena obra de ciencia-ficción disertará sobre el diálogo entre culturas diferentes, el papel del individuo dentro de un sistema económico particular, el enfrentamiento con la muerte de un ser querido, o infinidad de temas parecidos. La buena ciencia-ficción es ante todo sociología y filosofía disfrazada de aventura o terror. Algo que hace a la perfección Jim Starlin, con obras como Gilgamesh II o La muerte del Capitán Marvel que a fin de cuentas hablan de nosotros mismos en este preciso momento.

Ejercicio que el guionista vuelve a repetir en Odisea Cósmica, una aventura que toma los elementos de space opera del universo DC para mostrarnos una nueva crisis del universo, el cual necesita de sus mejores héroes para no ser destruido. Otra vez. Sin embargo, Jim Starlin vuelve a hacer lo que mejor sabe, convertirlo todo en una gran metáfora sobre la responsabilidad y el heroísmo. Si en Gilgamesh II leíamos la imposibilidad de un superhombre para hacer del mundo un lugar mejor, en Odisea Cósmica vemos diversos casos de hombres dotados enfrentados al mismo mal. Se podría decir que Jim Starlin desgrana los diversos tipos de héroes, desde el guerrero inmisericorde de corte fascista hasta el dios con complejo de mártir, sin olvidar otros esquemas como el arrogante con demasiado poder o el noble carente de habilidades suprahumanas. Lugares comunes que al final no son más que opciones vitales que puede tomar cualquiera a la hora de enfrentarse a un problema que la vida le coloque delante.

Cosmic-Odyssey-Darkseid

A simple vista vemos como Darkseid, uno de los villanos más poderosos del universo DC se ve obligado a pedir ayuda a diversos héroes para acabar con un mal primigenio capaz de destruir todo el universo. Este esquema clásico de villanos y héroes obligados a colaborar se ha realizado mil veces, pero por suerte Jim Starlin consigue que su resultado sea diferente, no tanto en la trama, que presenta una estructura clásica, sino en el uso y personalidad de los personajes. Es notable como el guionista consigue humanizar a todos los personajes, desde los héroes terrícolas (por nacimiento o adopción) hasta las complejas personalidades de los Nuevos Dioses, valiente creación de Jack Kirby que da un giro inesperado al concepto de deidad en la modernidad, un moderno olimpo que va más allá de la mera actualización temporal.

El guionista consigue destilar a todos los personajes hasta conseguir con muy pocas escenas darles una gran profundidad sin que parezcan parodias de si mismo. Especial éxito consigue con Batman y Superman al colocarlos trabajando codo con codo con dos nuevos dioes, Orión y el Buscador. Las dos parejas funcionan como reflejos, ya que los integrantes poseen capacidades parecidas. Pero mientras Superman y Orion muestran formas diversas de utilizar su poder casi sin límites, Batman y el Buscador consiguen unir sus recursos limitados en busca del éxito. Tanto Superman como Batman se muestran como lo que son, el boyscout de ojos azules y el señor de la noche, pero Jim Starlin consigue que el estereotipo tenga mayor profundidad, un grado más de complejidad que lleva a los personajes más allá del tonto de buen corazón y el amargado vengativo que suelen parecer los personajes en manos de guionistas menos dotados. Todo sin dejar de lado el uso de los demás personajes como Grenn Lantern, el Detective Marciano, Starfire, Lightray o Demon; los cuales tienen algo que decir o aportar a la historia, ya sea sacrificándose por un bien mayor o cargando con las consecuencias de un orgullo desmedido.

Por su parte, no podemos dejar de lado el trabajo de un Mike Mignola que aún no había triunfado con Hellboy pero que ya mostraba un estilo particular. Es curioso como el dibujante aún no ha alcanzado su personalísimo estilo en Odisea Cósmica, con lo que se puede apreciar un dibujo atractivo y dinámico donde se cuelan pequeñas notas que darán lugar a su trabajo posterior. Durante la lectura una puede olvidarse por un instante que está disfrutando un cómic de Mignola, aunque la sensación no durará demasiado, pues cada poco nos salta a la cara un recurso o dibujo que presagia el arte futuro mucho más personal y refinado del artista. En resumen, Mike Mignola hace con su dibujo lo mismo que Jim Starlin con el guión, ambos crean un relato divertido y apasionante que invita a leer la siguiente página para saber qué sucederá, aunque realmente lo más importante, y lo que quedará en nuestra mente, serán las decisiones y los métodos que definan a cada personaje.

@bartofg
@lectorbicefalo

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