El botones contra el nazismo

Portada_ElBotonesVerdeCaqui_0
El botones de verde caqui (Schwartz y Yann). Dibbuks, 2015. Cartoné. 64 págs. Color. 16 €

Bruselas es una ciudad donde tuve la suerte de vivir varios meses, y a parte de comer muchos gofres y mejillones aprendí algo sobre la ciudad y el país que lo rodea. Bélgica es un país raro hasta el extremo, dividido entre dos sociedades, Flandes al norte y Valonia al sur, que ni siquiera comparten el idioma, dos grupos que viven en una continua tensión que no explota porque ambos han decidido ignorarse el uno al otro. Sin embargo, a pesar de vivir de espaldas, llegando incluso a aprender el idioma cooficial en su país, los belgas tienen un gran aprecio por sus símbolos nacionales, como pueden ser desde las patatas fritas hasta el chocolate o su cómic, un tesoro nacional que ocupa un lugar prominente en la capital del país. Es lógico que al pensar en Bélgica y cómic nos venga a la cabeza la figura de Tintín, pero tampoco se puede pasar por alto a Spirou, un personaje quizás más abierto al tener padres múltiples y haber seguido creciendo con el tiempo, a medida que lo hacía la sociedad que lo cobijaba.

Pero no vamos a hablar ahora de la actualización del joven botones, si no de un experimento más interesante, la reimaginación imposible de Spirou como un botones de hotel durante la Bélgica ocupada por los alemanes, un joven dispuesto a arriesgarlo todo, incluso a introducirse en la boca del lobo para liberar a su país. El caso de El botones de verde caqui de Schwartz y Yann es una interacción más de la colección Una aventura de Spirou por… que recoge propuestas de diversos autores que juegan con los personajes de la colección fuera de su cronología oficial. Algo que ha permitido al guionista y al dibujante retroceder en el tiempo para ver como se las tendría que ver nuestro héroe como miembro de la resistencia luchando contra los nazis. Dicho experimento sólo se puede definir como un éxito, ya que el guión de Yann consigue darnos por un lado una aventura frenética llena de dinamismo y al mismo tiempo entrar en los temas más grises, cuando no negros, de la Segunda Guerra Mundial. Por su parte, el dibujo de Olivier Schwartz es una delicia que pivota entre el respeto por el arte clásico de la cabecera y una apuesta personal que insufla de personalidad propia al álbum, capaz de dar el mayor tenebrismo con los uniformes nazis y de crear una atmósfera naïf con los trajes de los zazou.

La relación de Bélgica con su pasado durante la Segunda Guerra Mundial es más bien optimista, el país se ve a si mismo como un luchador que sobrevivió a la ocupación con tesón y la resistencia adquiere tintes casi de leyenda entre la población. Un caso paradigmático es el museo militar de Bruselas, donde una buena parte del fondo del mismo está dedicado al imaginario nazi, mostrando toda la perversidad del régimen y la respuesta inventiva, y en la teoría futil, de la resistencia. En Bélgica se respira orgullo por su papel en la Segunda Guerra Mundial, y Yann recoge este espíritu en las páginas de El botones de verde caqui. La mayoría de los personajes se enfrentan de un modo u otro a los nazis, la mayor parte del tiempo sin saber que sus amigos se dedican a la misma tarea. Ya sean como miembros de la resistencia, dando cobijo a pilotos aliados o sólo negándose a dar información a los alemanes, los personajes belgas son individuos derrotados que se agarran a su última fibra de dignidad para al mismo tiempo sobrevivir y hacerles la ocupación lo más amarga posible a los nazis.

Interior Caqui en baja_Page_1

En cierto sentido, Yann juega de forma cruel con los lectores, pues la historia tiende sola hacia el folletín de aventuras, hacia las huidas imposibles y los planes estrambóticos, pero la realidad, en especial la realidad de la guerra, salta una y otra vez a las páginas. Escenas como los enfrentamientos de la guerrilla, las torturas en el sótano del hotel e incluso el beso osado de una chica judía, están ahí para recordarnos que aunque exista un arma ultra secreta propia de la novela más pulp, la muerte y la desgracia están más que presentes. Este difícil equilibrio por parte de Yann es lo que hace tan especial El botones de verde caqui, porque todos los que hemos leído las aventuras de Spirou reconocemos los elementos básicos de su cosmología, podemos refugiarnos en la nostalgia… Momento que Yann aprovechará para darnos un buen guantazo y restregarnos por la cara la dureza del racionamiento, la crueldad de los colaboracionistas o las estúpidas luchas internas de quienes deberían estar luchando codo con codo contra la enorme y monstruosa bota del fascismo.

El botones de verde caqui es quizás una de las mejores historias de Spirou, quizás por la libertad que le da saberse deudora con una tradición pero conociéndose libre de la dictadura de la cronología. Schwartz y Yann pueden jugar con nosotros y con sus personajes, alterando la historia a su conveniencia y permitiéndose juegos propios como esa discusión sobre el colaboracionismo o no de Hergé. Bromas, volteretas y juegos, elementos plásticos y circenses que hacen del drama del nazismo algo masticable, una historia donde se limpian bañeras llenas de sangre, donde la resistencia se ve legitimada para hacer una limpieza entre las víctimas, y sobre todo, donde Spirou huye de la Gestapo por los tejados de Bruselas para dar con una chica judía de 15 años que se esconde en un desván.

@bartofg
@lectorbicefalo

Anuncios

Un comentario en “El botones contra el nazismo

  1. Pingback: Lo mejor más allá de las fronteras nacionales del 2015 | El lector bicefalo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s