Batman´66/Green Hornet de Kevin Smith, Ralph Garman y Ty Templeton

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Batman´66/Green Hornet (Kevin Smith, Ralph Garman y Ty Templeton) ECC, 2015. Cartoné, 128 págs. Color, 14,95€

Si de una cosa se puede vanagloriar el cómic es del ser el reino de los crossovers. Casi ningún medio se atreve a mezclar personajes con la alegría que nos los encontramos en las páginas de los tebeos. Estas mezclas suelen ser en la gran mayoría de ocasiones articulaciones para vender más colecciones en lo que se llaman los eventos, en los cuales se transforma radicalmente el universo que los personajes de una editorial concreta habitan y comparte.

Otras veces el crossover se convierte en una maravillosa locura como los cómics de Ash, o este del que hablamos hoy: Batman´66/Green Hornet. Una delicia que tiene sus orígenes en un par de capítulos de la adaptación televisiva de los sesenta del héroe de Gotham  titulados A Piece of the Action y Batman’s Satisfaction, en los que coinciden ambos personajes con sus sidekicks, y en este caso el villano de turno: el Coronel Gumm.

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Este villano reaparece con una nueva faz, obsesionado con los sellos, junto con un Joker idéntico al interpretado por Cesar Romero en la serie. Todo con un toque muy psicotrónico, Kevin Smith y Ralph Garman  conocen a la perfección: los tempos de los personajes y las argucias narrativas de la serie, en mitad de cada número, y al final hay un pequeño cliffhanger que nos conduce a la siguiente entrega. La descripción de espacios por parte de Templeton bebe directamente de los escenarios originales y los personajes son clavados a los de la serie original, a lo que hay que sumarle las portadas de Alex Ross, aunque se echan en falta las portadas alternativas de los Allred.

Batman´66/Green Hornet es un gran homenaje a aquella visión que se tenía de los justicieros que despierta la nostalgia de aquellos que pudimos disfrutar, ya sea en su momento o a través de redifusión, de ese Batman tan camp y kistch. Una oportunidad para descansar de las aventuras mensuales de Batman y conocer otras versiones del personaje.

@Mr_Miquelpg

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Chicas explosivas

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The Bomb (Steve Mannion). Tyrannosaurus Books, 2015. Rústica. 158 págs. ByN. 17,95 €

Los estudios culturales son una rama de pensamiento de las ciencias sociales que en cierto sentido abandonan por completo todo lo que tenga que ver con el concepto científico, reduciéndose casi a la interpretación subjetiva como único medio para desentrañar el funcionamiento de la sociedad y las relaciones de poder que se establecen dentro de ella misma. Este resumen puede molestar a algún que otro investigador, pero en resumen eso es lo que se defiende, la sociedad como un constructo de relaciones que se va perpetuando y reformando a si misma. La imagen es casi poética, ya que la sociedad, lo humano más allá de lo biológico es un entramado primero artificial y después con vida extra. Así que no es de extrañar que las minorías, desde los inmigrantes antillanos en Inglaterra hasta los homosexuales, fueran los primeros en usar los estudios culturales primero para denunciar como la sociedad los colocaba como sujetos de segunda, muchas veces de forma subversiva; y segundo como herramienta de acción para mejorar su propio estatus dentro de la sociedad.

Así que en cierto sentido los estudios culturales dejaron de ser un medio de estudio para pasar a ser una herramienta de acción, un elemento académico en si mismo pero que realmente busca más el cambio de su objeto de estudio que el análisis del mismo. De este modo podemos encontrarnos cosas tan interesantes como análisis de la producción de películas de la saga James Bond desde una perspectiva lesbiana. Todo esto sirve simplemente para que me pregunte qué diantres pensaría algún o alguna que otra investigadora de los estudios culturales si en sus manos cayera un volumen de The Bomb, el cómic de Steve Mannion, una celebración de la fantasía escapista masculina heterosexual desde los idealizados años de la Segunda Guerra Mundial. Me gustaría pensar que lo primero que defendería cualquier lector de The Bomb es que es un cómic ante todo divertido, divertido a rabiar, lleno de humor y acción, y con ese toque picante que alegra un poquito a cualquier adolescente, sin importar el número de décadas que el adolescente cargue en sus piernas. The Bomb es la bomba.

Steve Mannion crea un universo atemporal donde se mezclan los elementos más tópicos de la serie b más barata, desde los nazis hasta los piratas, regándolo todo con dinosaurios, zombies y robots. Pero sin duda, lo más llamativo de The Bomb sons sus protagonistas femeninas, chicas que parecen pin-ups de bombarderos B52 que han tomado vida y han optado por vivir las aventuras más disparatadas posibles sin abandonar un halo de ingenuidad y fuerza. Ingenuidad porque el mal presente en The Bomb es del todo anecdótico, casi infantil, pues es una maldad de opereta donde los nazis no pasan de ser masas de músculo tan torpes como idiotas y los dinosaurios son incapaces de herir a una mosca. Esto hace que las protagonistas pongan todo su empeño, sin saber muy bien, lo que hacen al enfrentarse a estos enemigos, lo que garantiza siempre que las chicas terminen salvando el día aunque sea de forma casual y sin que sus intrincados planes tengan que ser exitosos como ellas pensaban.

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Y fuerza porque no se puede negar que Steve Mannion tiene un cariño especial por sus chicas, haciéndolas del todo independientes y poderosas. Fearless Dawn, la protagonista principal, es una adolescente que sin saber muy bien como termina luchando contra un grupo de nazis que intentan conquistar su bucólico pueblo, representante de la arcadia americana de los pasados años cincuenta. Como lectores no podemos evitar encariñarnos con Fearless Dawn, pues aunque aparezca ligera de ropa y con unas curvas espectaculares, es antes una bomba de ternura que cualquier otra cosa. Algo parecido ocurre con la Chavala de la Jungla, la cual carece de una inteligencia avispada y debe su supervivencia más a la suerte que a cualquier otra cosa. Incluso Betty, la compañera de aventuras de Fearless Dawn, y la marinera Lil, dolor de cabeza y obsesión del pirata Brownhole Jones, son capaces de mostrar una feminidad propia más allá de su personalidad más dura y directa.

No nos engañemos en ningún momento, porque el propio Steve Mannion no intenta engañarnos en ningún momento, The Bomb no es un cómic para tomarse en serio, lo excesivo, lo absurdo e incluso por momentos lo idiota, puebla todas sus páginas. Pero esto no significa en ningún momento que la lectura del cómic sea una perdida de tiempo o un mero entretenimiento a olvidar tras su consumo. The Bomb se debe leer como está dibujado, jugando con la improvisación, con los continuos saltos de estilo de Steve Mannion que no son más que una respuesta a una narración que crece y decrece continuamente, sin miedo a los callejones sin salida o a los descubrimientos fortuitos. Todo desde una perspectiva de amor hacia el entretenimiento más puro y visceral. Al final, creo que The Bomb, desde una perspectiva de los estudios culturales, es un acto de empoderamiento social, principalmente femenino, pero también del grueso de la sociedad, un intento de virar el timón hacia una sociedad más igualitaria pero también más desenfadada y divertida.

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La guerra de otra manera

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Casacas Azules Vol. 3 (1973-1975) (Raoul Cauvin y Willy Lambil) Dolmen Editorial, 2015. Cartoné, 160 págs. Color, 29,95 €

Para los que somos de cierta edad lo de jugar a indios y vaqueros era algo habitual en las horas de patio y entre meriendas. El lejano oeste, y su evolución, con los personajes arquetípicos que componen su mitología suponían una fuente rica para los juegos de los que fuimos niños a finales de los setenta y principios de los ochenta. Tanto fue así que cuando hace unos años el compañero de blog y un servidor nos disponíamos a grabar un cortometraje, concretamente un western, no íbamos a salir delante de la cámara hasta que vimos la ropa del Séptimo de Caballería. El poder icónico de la ropa, los rifles y cientos de películas en las que estos eran los que sacaban de apuros a los civiles hicieron el resto.

La cuestión es que la mayoría de títulos publicados en la colección Fuera Borda siempre me traen algún recuerdo, son obras que por lo general he leído, algunas más que otras, y que en cierto momento desaparecieron del mercado español estas representan lo mejor del cómic de entretenimiento juvenil de todos los tiempos. Aventuras sencillas, divertidas que buscan la complicidad de un lector joven y  a día de hoy el nostálgico, creo que la chavalada hoy día anda interesada en otras cosas. Una de las obras que más esperaba era Casacas Azules, de la que guardaba un tenue recuerdo por lo breve de la publicación de sus aventuras por nuestras tierras.

Este título recoge todos los tópicos de la América de la Guerra de Secesión: unionistas y confederados en los que estos últimos salen peor parados. Los protagonistas son el sargento Cornelius Chesterfield y el cabo Blutch, el primero un fiel servidor del ejército y el otro el típico que intenta escaquearse de todo, pero no por cobarde, sino por la poca voluntad para atender a las órdenes de sus superiores. Aunque  el trasfondo narrativo es la guerra tan solo en una de los tres álbumes recogidos en este volumen existe un enfrentamiento directo continuado entre los dos ejércitos.

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En “Los desertores” la huida de unos cuantos soldados del fuerte en el que están acuartelados es la excusa para que los protagonistas se vean las caras con los indios, con la suerte que estos no son pintados como seres crueles y salvajes aunque si un poco torpes y cobardes, cuestiones de estereotipos. En “La prisión de Robertsonville” los protagonistas son encarcelados en la peor cárcel sudista, por lo que el relato devendrá en una narración en la que fugarse del presidio será la misión principal de los soldados del norte. Sin embargo, es en el último álbum, “Los novatos de la marina”,  en el que Cauvin y Lambil explotan los recursos históricos y estéticos cuando Cornelius y Blutch son enviados a los diferentes regimientos del ejército para acabar en la incipiente marina norteamericana para contrarrestar los ataques de un proto-acorazado sudista que está destrozando todo los navíos enemigos. Aquí se muestra la vertiente más bélica y apegada a la historia de los tres álbumes de este volumen.

A pesar de tener el conflicto como trasfondo narrativo la muerte no aparece en primer plano, ni sangre, en la mayoría de ocasiones soldados malheridos o magullados, no hay que olvidarse de del target inicial al que iba destinado. Otro gesto de Cauvin es mostrar a los altos mandos como déspotas, inútiles o desconocedores de su trabajo, que no les importa sacrificar la vida de los soldados. Casacas Azules profundiza en algunas de las características de la escuela de Marcinelle: despegarse del dibujo realista, los planos a ras de suelo, y esas viñetas descriptivas en las que aparecen muchas personas que rodean a nuestros personajes, que nos obliga como lectores a hacer una panorámica global para repasar la viñeta por completo. También nos hace repasar y tirar de background cultural para poder leerlo y disfrutarlo en toda su plenitud, a eso nos ayuda toda la información extra que aparece en estos volúmenes sobre la carrera editorial en España, biografía de los autores y extras de todo tipo. Una delicia.

@Mr_Miquelpg

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Spain is Pain #226: La ciudad es un estado de ánimo.

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Dentrópolis (Marc M. Gustà y Bernat M. Gustà) Ultarradio, 2015. Rústica, 64 págs. B/N, 8 €

Los cómics que edita Ultrarradio son de todo menos fáciles a veces cuesta pillarles el punto, tanto a los títulos concretos como a la línea editorial. Textos anarrativos, preeminencia de la imagen, que en muchas ocasiones son solo ilustraciones. Y aun así a pesar de lo difícil que nos lo ponen, de saber que no son títulos populares, consiguen llamarnos la atención lo suficiente para volver una y otra vez. Y porque tienen una capacidad inquietante que se resume en: la selección de autores, de obras y pasión por lo raro.

Dentrópolis de Marc M. Gustà y Bernat M. Gustà es una titulo que recopila historias de este microuniverso paralelo aparecidas anteriormente en publicaciones como: Kovra y ¡Que suerte!. Es un texto narrativo, historietas cortas pero con un nexo argumental en dos narrativas diferenciadas pero que ayudan a construir una visión de universo bizarro pretendido en el que la estetización del cronotopo define los personajes que lo pueblan. Dentrópolis más que una ciudad es un estado de ánimo, bastante crispado de unos personajes planteados para vivir el momento sin muchas ansias de futuro y menos de pasado.

El primer tramo de historias esta protagonizado por el Elefante Rosa, Cara Revés y Puto Pato. El primero es un personaje lastimoso, el segundo un flipao de los ácidos y el último un broncas, a parte de un chulo, que solo busca gresca. El devenir los une sin mucha fortuna ya que a partir de ese momento no les suceden más que desgracias en la medida que ellos tratan de fastidiar al resto del mundo. El segundo tramo es un relato de carácter fantástico en el que el superhéroe 3 Puntos, acompañado por Charla Violenta y el perro Mutis viajan al paleolítico tras luchar contra un terrorista llamado el Hombre Temporal, la historia, todavía abierta apunta por un espacio en el que la violencia se desata en un entorno salvaje.

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Las dos tramas se conjugan, 3 Puntos es el héroe de Dentrópolis en una ciudad en la que cabe todo. La obra en conjunto rebosa de una cosmovisión del mundo a través del cinismo, porque aunque a veces estas narrativas parecen abocadas a hacernos reír este no es el caso, tampoco es que quiera hacernos llorar o meditar, etc. Me recuerda al cómic underground en algunas pautas: la presencia del sexo, las drogas están ahí porque en el mundo real también está, y la violencia aparece en la misma medida. No hay nada que sea ni un fin ni un medio para conseguir algo, las historias avanzan como por casualidad, aunque ni las situaciones ni los personajes funcionen de esa manera.

A parte de todo eso el microuniverso planteado por Marc M. Gustà y Bernat M. Gustà es alucinógeno y con unos diseños divertidos que nos permiten acercarnos a la vida de unos seres miserables sin prejuicios, que por momentos me ha recordado a Dave Cooper. Huyen de cierta tendencia actual de hacer personajes adorables para explicar historias más o menos duras y más o menos hardcore.

@Mr_Miquelpg

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El fin del universo como excusa

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Odisea Cósmica (Jim Starlin y Mike Mignola). ECC, 2015. Cartoné. 208 págs. Color. 20,50 €

Parece que la forma más refinada de arte, o quizás de contar historias, sea explicar los conceptos más importantes o básicos de forma velada. Esto es lo que en narrativa, en especial en guion, se denomina subtexto, lo que va por debajo que en realidad es más importante que lo que se ve o dice de forma directa. Es tan sencillo como que si un personaje está enamorado o tiene miedo de algo no lo diga de un modo claro, si no que sus acciones y diálogos vayan en apariencia por otro lado pero dejando bien claro que en el fondo lo que le atormenta, le alegra o le empuja a seguir hacia delante es algo mucho más fuerte y obvio pero escondido. De cierta forma, esto obliga a los escritores a ser más originales y presenta al consumidor un relato que en cierto sentido es un juego que le obliga a ver más allá, a participar, dialogar con el relato y sacar sus propias conclusiones.

Esta forma de escritura adquiere niveles muy altos en ciertos géneros, siendo quizás el más excesivo la ciencia-ficción, pues es un género que casi funciona como una metáfora filosófica. La buena ciencia-ficción rara vez habla de cómo serán la vida o los conflictos en el futuro, pues su interés suele estar centrado casi en exclusiva en la propia reflexión sobre el presente, ya sea social o individual. No importa la cantidad de naves espaciales, androides o criaturas alienígenas que encontremos en nuestro relato, al final una buena obra de ciencia-ficción disertará sobre el diálogo entre culturas diferentes, el papel del individuo dentro de un sistema económico particular, el enfrentamiento con la muerte de un ser querido, o infinidad de temas parecidos. La buena ciencia-ficción es ante todo sociología y filosofía disfrazada de aventura o terror. Algo que hace a la perfección Jim Starlin, con obras como Gilgamesh II o La muerte del Capitán Marvel que a fin de cuentas hablan de nosotros mismos en este preciso momento.

Ejercicio que el guionista vuelve a repetir en Odisea Cósmica, una aventura que toma los elementos de space opera del universo DC para mostrarnos una nueva crisis del universo, el cual necesita de sus mejores héroes para no ser destruido. Otra vez. Sin embargo, Jim Starlin vuelve a hacer lo que mejor sabe, convertirlo todo en una gran metáfora sobre la responsabilidad y el heroísmo. Si en Gilgamesh II leíamos la imposibilidad de un superhombre para hacer del mundo un lugar mejor, en Odisea Cósmica vemos diversos casos de hombres dotados enfrentados al mismo mal. Se podría decir que Jim Starlin desgrana los diversos tipos de héroes, desde el guerrero inmisericorde de corte fascista hasta el dios con complejo de mártir, sin olvidar otros esquemas como el arrogante con demasiado poder o el noble carente de habilidades suprahumanas. Lugares comunes que al final no son más que opciones vitales que puede tomar cualquiera a la hora de enfrentarse a un problema que la vida le coloque delante.

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A simple vista vemos como Darkseid, uno de los villanos más poderosos del universo DC se ve obligado a pedir ayuda a diversos héroes para acabar con un mal primigenio capaz de destruir todo el universo. Este esquema clásico de villanos y héroes obligados a colaborar se ha realizado mil veces, pero por suerte Jim Starlin consigue que su resultado sea diferente, no tanto en la trama, que presenta una estructura clásica, sino en el uso y personalidad de los personajes. Es notable como el guionista consigue humanizar a todos los personajes, desde los héroes terrícolas (por nacimiento o adopción) hasta las complejas personalidades de los Nuevos Dioses, valiente creación de Jack Kirby que da un giro inesperado al concepto de deidad en la modernidad, un moderno olimpo que va más allá de la mera actualización temporal.

El guionista consigue destilar a todos los personajes hasta conseguir con muy pocas escenas darles una gran profundidad sin que parezcan parodias de si mismo. Especial éxito consigue con Batman y Superman al colocarlos trabajando codo con codo con dos nuevos dioes, Orión y el Buscador. Las dos parejas funcionan como reflejos, ya que los integrantes poseen capacidades parecidas. Pero mientras Superman y Orion muestran formas diversas de utilizar su poder casi sin límites, Batman y el Buscador consiguen unir sus recursos limitados en busca del éxito. Tanto Superman como Batman se muestran como lo que son, el boyscout de ojos azules y el señor de la noche, pero Jim Starlin consigue que el estereotipo tenga mayor profundidad, un grado más de complejidad que lleva a los personajes más allá del tonto de buen corazón y el amargado vengativo que suelen parecer los personajes en manos de guionistas menos dotados. Todo sin dejar de lado el uso de los demás personajes como Grenn Lantern, el Detective Marciano, Starfire, Lightray o Demon; los cuales tienen algo que decir o aportar a la historia, ya sea sacrificándose por un bien mayor o cargando con las consecuencias de un orgullo desmedido.

Por su parte, no podemos dejar de lado el trabajo de un Mike Mignola que aún no había triunfado con Hellboy pero que ya mostraba un estilo particular. Es curioso como el dibujante aún no ha alcanzado su personalísimo estilo en Odisea Cósmica, con lo que se puede apreciar un dibujo atractivo y dinámico donde se cuelan pequeñas notas que darán lugar a su trabajo posterior. Durante la lectura una puede olvidarse por un instante que está disfrutando un cómic de Mignola, aunque la sensación no durará demasiado, pues cada poco nos salta a la cara un recurso o dibujo que presagia el arte futuro mucho más personal y refinado del artista. En resumen, Mike Mignola hace con su dibujo lo mismo que Jim Starlin con el guión, ambos crean un relato divertido y apasionante que invita a leer la siguiente página para saber qué sucederá, aunque realmente lo más importante, y lo que quedará en nuestra mente, serán las decisiones y los métodos que definan a cada personaje.

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Spain is Pain #225: Popism.

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Las aventuras de Joselito. El pequeño ruiseñor (José Pablo García) Reino de Cordelia, 2015.Tapa dura con sobrecubierta, 160 págs. Color, 25,95 €

La gracia esencial del pop art consiste en coger elementos de la cultura popular ya sean actores populares más reconocidos por la audiencia general que por la crítica y convertirlos en iconos, o coger un producto en el supermercado y aplicar la misma operación, como sucede con la celebérrima lata de sopa Campbell de Warhol. Si bien siempre hemos entendido, al menos desde España, lo pop a través de lo americano sin tratar de profundizar en la cultura propia como una fuente primigenia para la creación de un arte pop consolidado. Un ejemplo del arte pop hispano es Costus (1978) de Juan Carrero y Enrique Naya, una representación icónica de la que fue esposa del dictador.

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Otro ejemplo es sin ningún tipo de dudas Las aventuras de Joselito, el pequeño Ruiseñor de José Pablo García. Un mural en forma de libro sobre uno de los artistas más populares en España. La popularidad es esencial para entender lo pop y Joselito fue una de las estrellas más grandes que existió durante la dictadura, muy reconocido en Francia, en Estados Unidos y nuestro país no digamos… Los niños prodigios en España nacieron en el periodo de tiempo que va de los cincuenta a los sesenta: primero llego Pablito Calvo, luego Joselito y Marisol, como una especie de culminación del estrellato precoz. Por medio, y luego más adelante siguieron fabricando posibles futuras historias, hasta nuestros días que una serie de infames talent shows infantiles para televisión cubren ese hueco.

De entre todos Joselito fue la clave una especie de modelo a seguir por todos aquellos explotadores que querían sacarle el jugo a un niño con talento. Películas, singles, libros, etc… hasta que un día la voz se apaga y el niño crece, a pesar de todos los intentos llevados a cabo por  ocultar su edad y hacerle parecer un niño durante un tiempo indecible, y le dejan de llegar los papeles. La estrella desaparece cuando el niño se va y empieza a llegar el hombre. A partir de ahí la vida del hombre se aparta y mucho de los cánones establecidos para convertirlo en una estrella consagrada, pero para entrar en el mito. Joselito ya José se ve envuelto en la guerra por la independencia de Angola, en asuntos de drogas, para luego resurgir en los noventa durante el advenimiento de la televisión basura. Y el personaje se convirtió en un mito… no, la verdad es que no fue así los periodistas, por llamarlos de alguna manera, más carroñeros, algunos los llaman de la prensa rosa, se dedicaron a destrozarlo, estoy seguro que en Estados Unidos se hubiesen escrito libros y hecho películas reconociendo el valor del personaje para la cultura popular.

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José Pablo García hace un reconocimiento al personaje como no se le había hecho nunca a través de una obra postmoderna como pocas, pero conservando en todo momento el valor de lo narrativo, las citas a obras de tantos autores casi, como páginas tiene el volumen van desde Tezuka a Kirby, pasando por la escuela Bruguera, Töppfer, Winsor McCay, al underground o el franco-belga. Utiliza todas esas referencias gráficas para reconstruir la vida de Joselito para hacerla actual, como un cuento que se adapta a los tiempos; en el que para los que conocemos de manera superficial la historia de la persona y el personaje nos sintamos rápidamente familiarizados. Otra de las maniobras del autor es no convertir al protagonista real en un personaje de cómic sino en un icono, en una figura del pop patrio, todos los estilos apuntan a no construir desde una única base estética sino desde varias como si fuese un proyecto colaborativo creado a lo largo de varias décadas en los que se narra la vida del cantante y el calvario de la persona. Todo para recrear o convertir al personaje en un mito con claroscuros con una vida que no ha sido de color de rosa, ni falta que le hace. Las aventuras de Joselito es una obra única, desde el planteamiento visual hasta la elección del personaje que tiene que ser narrado con el que juega mediante diferentes estéticas para llegar al lector, pero sin cambiar la esencia del protagonista.

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Dieciséis velas, superpoderes y Alá

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Ms. Marvel: Fuera de lo normal (G. Willow Wilson, Adrian Alphona y Jacob Wyatt ). Panini Comics, 2015. Rústica. 168 págs. Color. 15 €

Hace poco defendíamos aquí la validez de una obra como Astrocity: Vida en la gran ciudad como un uso metafórico de los superhéroes más allá de la fantasía de violencia y cambio propia de cualquier adolescente varón. Pero lo cierto, es que como bien defendíamos, este tópico se había fraccionado, pues por regla general nos encontramos con obras que cuentan temas adultos con la profundidad filosófica de un adolescente, siendo testigos más de bravuconadas pseudointelectuales que de obras complejas pensadas para un público concreto. De ahí la alegría de contar con historias que no sólo se atreven a contar historias adultas sin miedo a todas las complejidades que tiene la vida madura, habitando esos territorios grises donde un puñetazo en la cara o arrancar la columna vertebral de un enemigo nunca son la solución, donde lo sencillo de la vida no se explica desde lo simple

¿Pero qué sucede entonces con los adolescentes y preadolescentes? Pues no es menos cierto que la lectura de la mayoría de colecciones de superhéroes no repercutirán en un diálogo directo con su aquí y ahora. Con esto no voy a defender siquiera el uso de la protección de los adolescentes, yo soy el primero que ya de niño consumía productos culturales para los que debería haber esperado un lustro como mínimo, pero tampoco voy a negar que cuando mi comprensión no era en un amplio sentido parcial, con toda seguridad sabía que dicha obra no iba dirigida a mí. Por eso cuando leo cómics como Aquel verano fantaseo con lo que me hubiera gustado leerlo a los trece años, al mismo tiempo que cuando cada mes me compró las varias colecciones en grapa que leo me pregunto qué cojones tiene que pensar un chaval sobre dichas historias, y sobre todo, sobre las formas en que las narraciones se plantean.

Así que al leer Ms. Marvel de G. Willow Wilson mi sorpresa no ha podido ser mayor. La guionista por fin ha conseguido traer al mercado una obra que recupera el espíritu auténtico de los primeros números de Spiderman, esos cómics en los que Stan Lee acabó con la hegemonía de DC haciendo que los lectores se vieran reflejados en los superhéroes en lugar de verlos como un ideal. Kamala Khan, una joven inhumana que adopta el manto de Ms. Marvel es una superheroína de lengua rápida, pero antes que eso es una chica musulmana de 16 años en Nueva Jersey. Peter Parker era uno de esos adolescentes rebeldes del baby boom, un personaje que ahora nos puede parecer un empollón mojigato, pero era toda una revolución para los padres que había luchado en la Segunda Guerra Mundial y un golpe de frescura para sus lectores adolescentes. Eso es Kamala Khan, una chica revolucionaria ante las generaciones que le preceden, una hija de la multiculturalidad que debe luchar por su papel como mujer, hija de inmigrantes y musulmanas en el corazón de los Estados Unidos blanco y cristiano.

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Aunque lo mejor de todo es que Ms. Marvel es antes que cualquier otra cosa un cómic divertido y colorista, lleno de alegría y vitalidad que se enfrenta al conflicto con la mejor cara posible, demostrando a sus lectores, chavales y chavalas, que los conflictos existen pero que siempre se podrá luchar contra ellos, sobreviviéndose tanto tras las victorias como las derrotas. El primer tomo de Ms. Marvel, Fuera de lo normal, es la típica historia de presentación del personaje, donde vamos conociendo a Kamala al mismo tiempo que ambos conocemos sus nuevos superpoderes. La lucha de la joven funciona a dos niveles, los cuales realmente son el mismo: su entrada en el mundo adulto; por un lado una chica normal de 16 años que adquiere habilidades suprahumanas, y por otro una joven musulmana que sin perder el respeto y amor hacia su cultura lucha por su autonomía. Los guiones de G. Willow Wilson están llenos de entendimiento y comprensión, quizás porque la propia autora tuvo que pasar por el trance de ser joven y musulmana en Estados Unidos. Pero aunque el conflicto está siempre presente, las páginas de Ms. Marvel siempre apuestan por una solución razonada, lo que no quita que Kamala sea capaz de soltar algún que otro súper puñetazo.

En el aspecto gráfico, G. Willow Wilson cuenta con la ayuda de dos dibujantes que hacen de Ms. Marvel una obra en la práctica redonda. Por un lado tenemos a Adrian Alphona y por el otro a Jacob Wyatt. Mientras que el segundo tiene un dibujo personal y juvenil que se adapta al a perfección a los guiones, es el primero el que eleva a una categoría superior la obra. Las páginas de Adrian Alphona son capaces tanto de jugar con rostros humanos y llenos de matices, como de llenar de dinamismo las páginas de acción, jugando con la perspectiva para crear un verdadero espectáculo. Los dos artistas consiguen sin problemas otorgar una personalidad propia a Ms. Marvel muy alejada de la típica recreación fantasiosa de un adulto, mujeres que responden más a la suposición clásica del cómic de que una mujer feminista es una con una espada enorme, pechos operados y capaz de desmembrar a un hombre con sus propias manos. Kamala Khan es realmente una chica de 16 años con toda su complejidad, con la belleza de su inocencia y la energía de su rebeldía, una mujer destinada a grandes cosas por ella misma. Lo único que lamento es no tener ahora mismo 15 años para leer Ms. Marvel, para perderme en sus páginas haciendo los problemas y las victorias de Kamala mías.

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