Fanservice y costumbrismo

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No debí enrollarme con una moderna (Sebas Martín). La Cúpula, 2015. Rústica. 108 págs. ByN. 12 €

No seré yo quien critique jamás la conveniencia de los estereotipos, ya que son herramientas útiles para ordenar todos los elementos de significado que tenemos en nuestro cerebro. Sin embargo, también son un elemento peligroso, porque pueden llegar a mezclarse con juicios de valor que cierren el interés por conocer a fondo cualquier elemento, permaneciendo en el alegre terreno del tópico. Después queda a juicio de cada uno pensar si es lo mismo el estereotipo de que los gitanos están más dotados para el baile y para la vida criminal, algo del todo injusto para los gitanos que viven dentro de los márgenes de la ley y que tienen problemas de coordinación, los cuales estoy seguro de que son mayoría dentro de su etnia. Por lo que habría que tener también presente como el ruido alimenta al tópico, haciendo que los individuos más extremos y llamativos de un grupo se identifiquen como el individuo medio del mismo. No podemos olvidar ni que no todos los japoneses son karatekas ni que el homosexual medio no es un hombre de profesión liberal con buena posición económica y social.

Esto es lo que sucede un poco en No debí enrollarme con una moderna de Sebas Martín, un intento de confrontar las realidades de ciertos tipos de homosexuales, bregando entre el costumbrismo casi documental y el estereotipo más artificial. La estructura del cómic es intercambiable entre un sinfín de universos. Pensemos por ejemplo en un fan obsesivo de los cómics de Marvel y DC, alguien que no ve más allá y se siente perfectamente cómodo en su situación hasta que un día se enamora de una otaku. Los dos personajes inician un romance lleno de altibajos, con más momentos de choque que de unión, hasta que al final el fan de los superhéroes la abandona y vuelve a su grupo, buscando una chica con una camiseta de Batman. Todo esto regando las páginas con escenas donde se mezcla el sexo y el cosplay con el único interés de alegrar al lector. Esto es precisamente No debí enrollarme con una moderna, la historia de Peluche, un oso, que se encapricha de un hipster, abandonando la osera para iniciar una especie de relación con un chico quizás demasiado moderno.

Por suerte, el cómic de Sebas Martín no se reduce a la relación de Peluche con un hipster cabeza hueca, también se mezclan las relaciones del protagonista con sus amigos y su familia, especialmente su padre y su hijo. En lo relativo a la relación que sirve como hilo conductor a la narración, Sebas Martín plantea una descripción del todo desequilibrada, pues mientras los osos son presentados como personajes redondos, no sólo por sus figuras, los hipsters son más bien planos, mostrándose sin ambigüedad que no dejan de ser más que máscaras de papel. Mientras los osos hablan de sus problemas en el día a día, desde la tristeza de las relaciones que salen mal hasta la caza furtiva de hombres; los hipsters son una caricatura de ellos mismos, preocupados por la mera apariencia y una supuesta hambre cultural. Es cierto que ambas representaciones pueden ser reales, pues mientras los osos se han asentado tras décadas de visualización, los hipsters no dejan de ser una moda que ya muestra señales de agotamiento. En todo caso hubiera sido de agradecer que Sebas Martín hubiera sido menos agresivo contra los hipsters, o al menos hubiera enfocado mejor sus ataques más allá de los tópicos más obvios.

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Pero con esto no quiero decir que Sebas Martín ataque a todo lo que no sea su protagonista, pues también se debe reconocer que el autor utiliza tanta cal como arena a la hora de construir a Peluche. El guionista de cómics que realiza traducciones para sobrevivir, es un hombre complejo que lucha por vivir con dignidad sin negarse caprichos, pudiendo ser tanto la voz de la razón como un auténtico cure, en resumen un ser vivo. Es notable la relación entre Peluche y su padre, pues aunque las quejas del primero sobre su progenitor son del todo comprensibles, Sebas Martín tiene la delicadeza de hacer que los modos de su protagonista sean un poco explosivas e infantiles. De este modo, Peluche no se presenta como un ser perfecto, como ese gentil gay idealizado, sino como un hombre normal que simplemente está hasta los cojones de que su padre no le deje en paz, de que le critique mientras le gorronea.

La duda después de leer No debí enrollarme con una moderna son varias, si lo vemos como un cómic dirigido especificamente a homosexuales de la facción oso no podemos más que defender que funciona a las mil maravillas, algo que por desgracia consigue quizás expulsando al resto de los lectores. Si lo queremos ver como una obra general abierta a cualquier público pero con protagonistas homosexuales, objetivo que encontramos de sobra conseguido en obras como El condón asesino, lo cierto es que el cómic de Sebas Martín no funciona demasiado bien, muestras auténticos aciertos de costumbrismo donde el autor consigue mostrarnos la historia humana de Peluche, sin embargo esos aciertos se ven golpeados por una vuelta constante a querer contentar a su público objetivo. Una pena, pues momentos como la relación de Peluche con su hijo, o las últimas páginas del cómic, son un bofetón de realidad y ternura muy necesarias en la cultura actual.

@bartofg
@lectorbicefalo

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Un comentario en “Fanservice y costumbrismo

  1. Pingback: Demasiado guapo (Sebas Martín) | El lector bicefalo

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