El gag infernal

Fragmentos-del-mal-portS
Fragmentos del mal (Junji Ito
). ECC, 2015. Rústica. 224 págs. ByN. 9,95 €

El humor y el horror pueden ser los dos géneros más parecidos, pues aunque lo que se busca provocar en el receptor es bien distinto, la verdad es que su funcionamiento es bien parecido, intentando conseguir una respuesta directa, visceral y explosiva en el público. Es comprensible que no es lo mismo una carcajada que un escalofrío, pero al final son reacciones más parecidas entre sí que la respuesta emocional o reflexiva que pueden dar otros géneros, que necesitan una mayor participación del receptor para entrar en el juego narrativo. Es algo tan sencillo como que podemos levantar un muro para aislarlos de los efectos de un drama o una historia de ciencia-ficción, pero muchas veces aunque no queramos, aunque ni siquiera sea conveniente, podemos terminar soltando una carcajada o temblando en el lugar menos oportuno.

Estos efectos están muy relacionados con el golpe seco, la sorpresa por encima del discurso. El chiste y el susto funcionan mejor como un golpe seco inesperado que como el resultado de un largo proceso discursivo, el cual la mayoría de las veces es contraproducente. Tenemos el ejemplo perfecto en la clásica explicación de un chiste, pues no existe mejor camino para acabar con cualquier gracia que el mismo pudiera tener. En el terreno del horror el caso es muy parecido, pues no existe opción más acertada para eliminar el terror que alargar la historia. En muchas obras de terror, la propia capacidad de asustar se va diluyendo a medida que la historia avanza, cuando la fuente del mismo pasa de ser algo desconocido que ataca y desaparece a tener su propia naturaleza con características bien definidas. Sacar al monstruo de las sombras es como explicar el chiste, el foco ilumina y racionaliza, colocando al monstruo a la altura de cualquier elemento peligroso cotidiano como un león o un camión.

Así que es normal que el género del terror se mueva también en el terreno de la antología, la cual permite aunar historias cortas a modo de colección de chistes. Es sencillo, llegar, asustar y salir antes de que el espectador se haya dado cuenta de qué ha pasado realmente. De modo que es una suerte contar con volúmenes como Fragmentos del mal de Junji Ito, donde uno de los mayores expertos del manga de terror actual da rienda suelta a su imaginación para regalarnos una galería de conceptos tan terroríficos como perturbadores. Aunque Junji Ito se desenvuelve perfectamente con historias más largas, como en Black Paradox o Gyo, lo cierto es que en Fragmentos del mal consigue un trabajo más profundo gracias a no tener que desentrañar demasiado las reglas internas de sus historias. Junji Ito funciona mejor cuanto más potente es su golpe en la mesa y más rápido deja la historia, abandonándola muchas veces en lo más alto.

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En Fragmentos del mal podemos encontrar tanto historias de horror con moraleja, como es el caso de la perturbadora Tomio y el jersey rojo de cuello alto, como otras que dejan en suspensión la propia naturaleza de lo acontecido, como El ave negra. Historias ambas, como la mayoría de las presentadas en el tomo, que hacen del contrarreloj su mayor virtud, obligando al lector a devorar una página tras otra hasta llegar al clímax de la historia, simplemente para que las pocas respuestas que Junji Ito suelta al final se conviertan en una miríada de nuevas preguntas que nos dejan como lectores preguntándonos que demonios sucede que esos horrores que el autor suelta por el mundo, la mayoría de las veces sin control. Aunque no sólo hay espacio para el horror más malsano y enfermizo como en La mujer que susurra, ya que también encontramos historias que sin dejar de ser inquietantes para el lector, tienen un poso añadido de melancolía, como es Una separación lenta, donde la tristeza sobrenatural toma el lugar del horror. En todo caso, la lectura de Fragmentos del mal deja un poso de inquietud y desazón en el corazón y la mente de cualquier lector, pequeñas puñaladas a la red de seguridad de nuestra cordura.

El trabajo gráfico de Junji Ito se suma a lo que planean sus guiones, pues el trabajo del autor aúna como pocos el realismo cotidiano con la representación de lo monstruoso. El trazo de Junji Ito es perfecto a la hora de representar lo real eliminando cualquier obstáculo para el lector, su línea clara y su dominio de la proporción hace que cualquier elemento, tanto natural como artificial, introduzca rápidamente al lector, que no puede más que aceptar lo que ve como una representación del día a día más mundano. Aunque es precisamente esta bajada de las defensas lo que da más fuerza a las criaturas sobrenaturales de Junji Ito, monstruos que se derriten, mutan y transforman para llenar las páginas con un contraste que les da aún más fuerza. Es en esa tensión donde el límite de lo mundano y lo imposible se tensa hasta quebrarse y sangrar, ese terreno donde Junji Ito nos habla de horrores posibles no contrastados que siembran en nuestra cabeza la posibilidad de lo imposible y el mal.

@bartofg
@lectorbicefalo

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Un comentario en “El gag infernal

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