Lo intrascendente en la vida como un boceto.

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Y nunca volvió a suceder (Sam Alden) De Havilland, 2015. Rústica , 168 págs. B/N 18€

La vida es un work in progress. De eso no cabe ninguna duda, y pobre de aquel que piense que ha establecido una línea fronteriza para poder controlar todo lo que le sucede a lo largo de la existencia, ya que es algo imposible y difícil de hacer. Por otro lado están los que no dicen que no a nada sin darse cuenta de que la están condicionando tanto como aquellos que quieren controlar todos los aspectos que rodean su experiencia vital negando según qué tipo de interacciones sociales, reduciéndolo solo a lo provechoso.

En Y nunca volvió a suceder nos habla de esos momentos clave que se quedan anclados en la mente de las personas, por lo transformador de los mismos, a pesar de no haberse cumplido los deseos que había ocultos en esa misma situación. Sam Alden nos lo presenta con una estética de  lo aparentemente inacabado en los estético pero complejo en el planteamiento emocional que explican más por lo que callan, y retienen en su interior por lo dicen a través de sus palabras.

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La primera historia Hawaii 1997 funciona como una ensoñación de un niño que no encaja. Este se encuentra de vacaciones en las islas del pacifico apartado de Oregon, su habitad natural, está en la preadolescencia esperando el cambio un momento vital que sucederá una noche mientras pasea por la isla, juegan se persiguen. En mitad de la carrera Alden juega con los esas páginas sucias que poco a poco se van convirtiendo en diseños concretos, una transformación del niño al adolescente que por primera vez persigue algo con tesón, conocer a esa chica, saber quién es y que hacía ahí.

Anime es un tanto más compleja, los hilos que tiende hacia la juventud occidental y hacia la idealización de otras culturas se establecen como un discurso crítica hacia lo presuntamente deseado. Janet es una chica que vive en Estados Unidos y que vive con su pareja gracias al dinero que le procura trabajar en un puesto turístico de transporte con bicicleta, pero tiene un gran deseo que es viajar a Japón, se trata de una otaku que ve todas las series y que filtra su experiencia vital a través del anime y de la cultura japonesa, su rasero de relación pasa por esos dos aspectos, cree que todo el mundo debería conocer las series de animación japonesa y a la mínima habla a japonés cono todo el mundo. Una vez conseguido el dinero viaja a Japón en un peregrinaje simbólico, como diría Aden, hacia la tierra prometida. Pero nada es como ella se lo ha planteado Tokyo no es como el anime que ella cree que es , ni siquiera es el anime que ella desearía, pero paradójicamente allí encuentra el único reconocimiento personal a sus logros, cuando habla japonés con los nipones.

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Mientras que Anime es una historia más concreta, tanto a nivel narrativo como de dibujo, no dura pero si cruda que nos habla del nivel de desconexión que sufrimos a día de hoy y de la pérdida del referente de lo real frente a la ficción. Janet no es consciente de su posición en el mundo ni de cómo está integrada en el. En el caso de Hawaii 1997 la situación es más abstracta no se define la situación del protagonista ni de la compañera, esta dibujado como un recuerdo borroso que bien podría haber sido un sueño inacabado. Con Hollow, no publicada en España, se completa una especie de trilogía de lo intrascendente como base del desarrollo de la personalidad. De todas maneras Sam Alden enamora no solo por el dibujo sino por saber contar historias que definen al ser humano más allá de lo puramente narrativo o de crear personajes icónicos, que creo que podemos denominar como simbólicos y eternos.

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Spain is Pain #222: Sobre las sociedades utópicas

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Viaje a Cotiledonia. La novela gráfica (Cristóbal Serra y Pere Joan) Edicions de Ponent, 2015. Cartoné, 116 págs. Color, 20€

Durante unas clases de sociología en la facultad para explicar el tema de la estratificación social la profesora utilizo como ejemplo Metropolis de Fritz Lang. En la película el director alemán muestra de manera muy gráfica la estructuración de clase y la oposición que cada uno de estos ocupa en la jerarquía del sistema capitalista. Lang sacaba provecho a esta idea estratificando no solo en el sistema económico sino en el lugar en el que estos viven: los obreros, blue collar, en las entrañas de la tierra teniendo solo acceso desde su ciudad a su puesto de trabajo sin poder acceder a otros espacios a excepción del ascensor que los mueve entre esos dos cronotopos. Los white collar, la clase dominante vive en la superficie en habitáculos amplios, modernos y minimalistas, incluso los lugares de trabajo son estancias agradables, como espacios intermedios están los jardines espacios que representan lo paradisíaco.

El concepto de Metropolis funcionó a la hora de representar lo que en aquel momento estaba por llegar Alemania, y también cuando el trabajo era lo que definía pertenecer a una clase. A día de hoy hay cientos de cosas que nos definen por encima del trabajo, ya sea el género, los gustos, o nuestro hábitos de ocio. En el presente actual, lo laboral se ha convertido en un bien escaso, precario y el acceso es cada vez más tardío por lo que no es un referente en la construcción social contemporanea. El mito de la sociedades utópicas tiene que ver con el de las civilizaciones estratificadas y organizadas, algo que puede ser considerado como ideal, pero que también pude convertirse, de hecho lo es, una pesadilla para el indivduo, que poco a poco va perdiendo fuerza frente a las necesidad de la comunidad, no de los ciudadanos y si de los estados que están al servicio de las corporaciones.

Viaje a Cotiledonia de Cristóbal Serra, adaptado por Pere Joan, es un retrato sociodemográfico de una sociedad insular, aislada del mundo y con su propio sistema organizativo. Serra organiza a las microsociedades que viven en las islas en función de sus intereses personales, que van desde la pesca a obtener dinero de manera exacerbada pasando por los pirómanos o por sociedades que celebran la violencia sin ningún tipo de complejo. En todos los casos son modelos extrapolados de la vida real, de las civilizaciones occidentales y de cómo estas exportaban sus visiones del mundo a las colonias sin tener en cuenta los aspectos diferenciales de estas. Se trata de un relato de 1965 que nos habla de lo difícil que es a veces distinguir entre tradición y costumbre con la barbarie y las desigualdades.

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Este viaje propuesto por el escritor mallorquín reconoce la excepcionalidad de las islas en la formación de personalidades y formas de entender la vida de manera diferente de aquellos que viven “en tierra firme”, pero también profundiza  en la necesidad del cambio constante de superar a la historia como una amalgama de ideas impuestas que deben seguir manteniéndose a pesar de todos. Este atlas está dividido en tres partes. En la primera, que ocupa gran parte del volumen, se nos hace una descripción geográfica de cada uno de los grupos sociales que habitan la isla, sus costumbres y pautas de convivencia. Estas son mostradas en ocasiones con sorpresa y otras tantas un tanto neutra, como la del viajero que a veces no entiende aspectos de otra cultura porque no tienen los elementos para poder valorarla adecuadamente. En todas las visiones sociales vemos que se trata de una sociedad patriarcal en el que la mujer no pinta nada o tiene una mera función práctica en muchas ocasiones aceptada por estas.

La segunda parte de este título es un apunte histórico que supone una rotura con el relato inicial: Prun, el nuevo monarca, decide que la sociedad debe cambiar, hacer que el dinero no tenga tanta relevancia en el día a día de sus súbditos y hace que las mujeres ocupen espacios para procurar a esta su independencia y equiparación en derechos con los hombres. La tercera parte es consecuencia de la segunda, tras la muerte de Prun las fuerzas del pasado deciden acabar con todo lo realizado por este y volver a dejar las cosas como estaban, sin ningún ápice de cambio.

En el apartado gráfico Pere Joan tiene la difícil tarea de hacer algo más que ilustrar los textos de Serra, de no ser un mero acompañamiento. Si hay algo interesante en este autor es su capacidad de transmitir ideas y conceptos con los mínimos recursos posibles. En Viaje a Cotiledonia trasciende de las palabras llevándolas más allá, plasmando la idea de origen a la vez que profundizando no solo en los estético sino en las características de cada una de las sociedades descritas. No podríamos mejor imaginarnos mejor guía para el viaje a esa isla que Pere Joan.

A pesar de que han pasado 50 años de la primera edición de este trabajo de Serra nos encontramos con una obra que describe mejor que cualquier obra contemporánea el momento social y político que estamos viviendo hoy día, procesos de cambio que pretenden ser abortados por la fuerza de la peor de las maneras. Viaje a Cotiledonia, es un viaje no solo en el espacio sino también en el tiempo, donde la idea del eterno retorno reescribe de manera continuada el devenir de las sociedades.

@Mr_Miquelpg

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Fanservice y costumbrismo

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No debí enrollarme con una moderna (Sebas Martín). La Cúpula, 2015. Rústica. 108 págs. ByN. 12 €

No seré yo quien critique jamás la conveniencia de los estereotipos, ya que son herramientas útiles para ordenar todos los elementos de significado que tenemos en nuestro cerebro. Sin embargo, también son un elemento peligroso, porque pueden llegar a mezclarse con juicios de valor que cierren el interés por conocer a fondo cualquier elemento, permaneciendo en el alegre terreno del tópico. Después queda a juicio de cada uno pensar si es lo mismo el estereotipo de que los gitanos están más dotados para el baile y para la vida criminal, algo del todo injusto para los gitanos que viven dentro de los márgenes de la ley y que tienen problemas de coordinación, los cuales estoy seguro de que son mayoría dentro de su etnia. Por lo que habría que tener también presente como el ruido alimenta al tópico, haciendo que los individuos más extremos y llamativos de un grupo se identifiquen como el individuo medio del mismo. No podemos olvidar ni que no todos los japoneses son karatekas ni que el homosexual medio no es un hombre de profesión liberal con buena posición económica y social.

Esto es lo que sucede un poco en No debí enrollarme con una moderna de Sebas Martín, un intento de confrontar las realidades de ciertos tipos de homosexuales, bregando entre el costumbrismo casi documental y el estereotipo más artificial. La estructura del cómic es intercambiable entre un sinfín de universos. Pensemos por ejemplo en un fan obsesivo de los cómics de Marvel y DC, alguien que no ve más allá y se siente perfectamente cómodo en su situación hasta que un día se enamora de una otaku. Los dos personajes inician un romance lleno de altibajos, con más momentos de choque que de unión, hasta que al final el fan de los superhéroes la abandona y vuelve a su grupo, buscando una chica con una camiseta de Batman. Todo esto regando las páginas con escenas donde se mezcla el sexo y el cosplay con el único interés de alegrar al lector. Esto es precisamente No debí enrollarme con una moderna, la historia de Peluche, un oso, que se encapricha de un hipster, abandonando la osera para iniciar una especie de relación con un chico quizás demasiado moderno.

Por suerte, el cómic de Sebas Martín no se reduce a la relación de Peluche con un hipster cabeza hueca, también se mezclan las relaciones del protagonista con sus amigos y su familia, especialmente su padre y su hijo. En lo relativo a la relación que sirve como hilo conductor a la narración, Sebas Martín plantea una descripción del todo desequilibrada, pues mientras los osos son presentados como personajes redondos, no sólo por sus figuras, los hipsters son más bien planos, mostrándose sin ambigüedad que no dejan de ser más que máscaras de papel. Mientras los osos hablan de sus problemas en el día a día, desde la tristeza de las relaciones que salen mal hasta la caza furtiva de hombres; los hipsters son una caricatura de ellos mismos, preocupados por la mera apariencia y una supuesta hambre cultural. Es cierto que ambas representaciones pueden ser reales, pues mientras los osos se han asentado tras décadas de visualización, los hipsters no dejan de ser una moda que ya muestra señales de agotamiento. En todo caso hubiera sido de agradecer que Sebas Martín hubiera sido menos agresivo contra los hipsters, o al menos hubiera enfocado mejor sus ataques más allá de los tópicos más obvios.

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Pero con esto no quiero decir que Sebas Martín ataque a todo lo que no sea su protagonista, pues también se debe reconocer que el autor utiliza tanta cal como arena a la hora de construir a Peluche. El guionista de cómics que realiza traducciones para sobrevivir, es un hombre complejo que lucha por vivir con dignidad sin negarse caprichos, pudiendo ser tanto la voz de la razón como un auténtico cure, en resumen un ser vivo. Es notable la relación entre Peluche y su padre, pues aunque las quejas del primero sobre su progenitor son del todo comprensibles, Sebas Martín tiene la delicadeza de hacer que los modos de su protagonista sean un poco explosivas e infantiles. De este modo, Peluche no se presenta como un ser perfecto, como ese gentil gay idealizado, sino como un hombre normal que simplemente está hasta los cojones de que su padre no le deje en paz, de que le critique mientras le gorronea.

La duda después de leer No debí enrollarme con una moderna son varias, si lo vemos como un cómic dirigido especificamente a homosexuales de la facción oso no podemos más que defender que funciona a las mil maravillas, algo que por desgracia consigue quizás expulsando al resto de los lectores. Si lo queremos ver como una obra general abierta a cualquier público pero con protagonistas homosexuales, objetivo que encontramos de sobra conseguido en obras como El condón asesino, lo cierto es que el cómic de Sebas Martín no funciona demasiado bien, muestras auténticos aciertos de costumbrismo donde el autor consigue mostrarnos la historia humana de Peluche, sin embargo esos aciertos se ven golpeados por una vuelta constante a querer contentar a su público objetivo. Una pena, pues momentos como la relación de Peluche con su hijo, o las últimas páginas del cómic, son un bofetón de realidad y ternura muy necesarias en la cultura actual.

@bartofg
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El gag infernal

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Fragmentos del mal (Junji Ito
). ECC, 2015. Rústica. 224 págs. ByN. 9,95 €

El humor y el horror pueden ser los dos géneros más parecidos, pues aunque lo que se busca provocar en el receptor es bien distinto, la verdad es que su funcionamiento es bien parecido, intentando conseguir una respuesta directa, visceral y explosiva en el público. Es comprensible que no es lo mismo una carcajada que un escalofrío, pero al final son reacciones más parecidas entre sí que la respuesta emocional o reflexiva que pueden dar otros géneros, que necesitan una mayor participación del receptor para entrar en el juego narrativo. Es algo tan sencillo como que podemos levantar un muro para aislarlos de los efectos de un drama o una historia de ciencia-ficción, pero muchas veces aunque no queramos, aunque ni siquiera sea conveniente, podemos terminar soltando una carcajada o temblando en el lugar menos oportuno.

Estos efectos están muy relacionados con el golpe seco, la sorpresa por encima del discurso. El chiste y el susto funcionan mejor como un golpe seco inesperado que como el resultado de un largo proceso discursivo, el cual la mayoría de las veces es contraproducente. Tenemos el ejemplo perfecto en la clásica explicación de un chiste, pues no existe mejor camino para acabar con cualquier gracia que el mismo pudiera tener. En el terreno del horror el caso es muy parecido, pues no existe opción más acertada para eliminar el terror que alargar la historia. En muchas obras de terror, la propia capacidad de asustar se va diluyendo a medida que la historia avanza, cuando la fuente del mismo pasa de ser algo desconocido que ataca y desaparece a tener su propia naturaleza con características bien definidas. Sacar al monstruo de las sombras es como explicar el chiste, el foco ilumina y racionaliza, colocando al monstruo a la altura de cualquier elemento peligroso cotidiano como un león o un camión.

Así que es normal que el género del terror se mueva también en el terreno de la antología, la cual permite aunar historias cortas a modo de colección de chistes. Es sencillo, llegar, asustar y salir antes de que el espectador se haya dado cuenta de qué ha pasado realmente. De modo que es una suerte contar con volúmenes como Fragmentos del mal de Junji Ito, donde uno de los mayores expertos del manga de terror actual da rienda suelta a su imaginación para regalarnos una galería de conceptos tan terroríficos como perturbadores. Aunque Junji Ito se desenvuelve perfectamente con historias más largas, como en Black Paradox o Gyo, lo cierto es que en Fragmentos del mal consigue un trabajo más profundo gracias a no tener que desentrañar demasiado las reglas internas de sus historias. Junji Ito funciona mejor cuanto más potente es su golpe en la mesa y más rápido deja la historia, abandonándola muchas veces en lo más alto.

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En Fragmentos del mal podemos encontrar tanto historias de horror con moraleja, como es el caso de la perturbadora Tomio y el jersey rojo de cuello alto, como otras que dejan en suspensión la propia naturaleza de lo acontecido, como El ave negra. Historias ambas, como la mayoría de las presentadas en el tomo, que hacen del contrarreloj su mayor virtud, obligando al lector a devorar una página tras otra hasta llegar al clímax de la historia, simplemente para que las pocas respuestas que Junji Ito suelta al final se conviertan en una miríada de nuevas preguntas que nos dejan como lectores preguntándonos que demonios sucede que esos horrores que el autor suelta por el mundo, la mayoría de las veces sin control. Aunque no sólo hay espacio para el horror más malsano y enfermizo como en La mujer que susurra, ya que también encontramos historias que sin dejar de ser inquietantes para el lector, tienen un poso añadido de melancolía, como es Una separación lenta, donde la tristeza sobrenatural toma el lugar del horror. En todo caso, la lectura de Fragmentos del mal deja un poso de inquietud y desazón en el corazón y la mente de cualquier lector, pequeñas puñaladas a la red de seguridad de nuestra cordura.

El trabajo gráfico de Junji Ito se suma a lo que planean sus guiones, pues el trabajo del autor aúna como pocos el realismo cotidiano con la representación de lo monstruoso. El trazo de Junji Ito es perfecto a la hora de representar lo real eliminando cualquier obstáculo para el lector, su línea clara y su dominio de la proporción hace que cualquier elemento, tanto natural como artificial, introduzca rápidamente al lector, que no puede más que aceptar lo que ve como una representación del día a día más mundano. Aunque es precisamente esta bajada de las defensas lo que da más fuerza a las criaturas sobrenaturales de Junji Ito, monstruos que se derriten, mutan y transforman para llenar las páginas con un contraste que les da aún más fuerza. Es en esa tensión donde el límite de lo mundano y lo imposible se tensa hasta quebrarse y sangrar, ese terreno donde Junji Ito nos habla de horrores posibles no contrastados que siembran en nuestra cabeza la posibilidad de lo imposible y el mal.

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Spain is Pain #221: Esperpento

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Vigilia (Santi Arcas) Ecc, 2015. Cartoné, 160 págs. Bitono, 16,95€

En Luces de Bohemia Valle-Inclan nos narra las últimas horas de Max Estrella, un poeta venido a menos, que vende su trabajo por poco dinero y que es ninguneado por todo el mundo. En la obra se nos muestra un Madrid oscuro, cínico y absurdo que es incapaz de trascender más allá de esa posición moral. No se trata, evidentemente, de una obra buenista en la representación del pueblo llano ni de la hegemonía dominante. Aquí la cultura oficial es atacada a través de la vida de los otros.

En Vigilia Santi Arcas utiliza la misma estructura, nos narra la historia en la que todo un pueblo es protagonista durante una noche, si bien en Luces de Bohemia el relato estaba protagonizado por un solo individuo que a modo de Ulises iba fondeando por todo Madrid para ofrecernos una panorámica humana de la ciudad, en el trabajo de Arcas se centra más en una vertiente antropológica-social. Se trata de una obra coral con una única misión: representar la idiosincrasia de lo español, de lo que nos ancla como pueblo. Vigilia es un relato muy crítico con la espiritualidad, la superstición, la ignorancia y las costumbres estúpidas, pero también es un relato un tanto cínico, niega el amor y rehuye de los tópicos de los relatos pastorales y lo romántico vinculado al bandolerismo.

Entre los agradecimientos de la obra se menciona a Goya, cuya referencia es innegable en el apartado gráfico, Cela y Berlanga, del último toma las ventajas del relato coral a la hora de representar el espacio socio-geográfico español. Sin embargo, el director de cine dejaba un ápice de esperanza, la gente realmente no era tan mala, sino que lo era en su ignorancia del poder que puede surgir del global de una comunidad. En Vigilia el buenismo se convierte en pura estupidez, la ignorancia reina persiguiendo lo irracional y convirtiéndolo dogma. Tan solo el doctor y el pintor huye de esas dinámicas, uno con la ciencia a sus espaldas y otro con la función de crear significados son capaces de apartarse de todo lo que hace que el pueblo se aliene de los verdaderos intereses.

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Para esbozar dichos aspectos críticos Arcas se vale de múltiples tramas, que poco a poco van confluyendo pero no como un fin en sí mismo sino como un medio para hacer un relato social poliédrico. Todo parte de lo que parece un relato romántico convencional en el que el duque de Sifón y el Marqués de Peñafloja  van detrás de una chica del pueblo: Margarita. La cuestión es que en un arrebato el Marqués decide raptarla para conseguir su amor, para darse cuenta de que ella no es lo que piensa, que solo tiene interés en la posición social y en la riqueza de los pretendientes. El secuestro de la amada, falsamente representado durante siglos como el acto romántico definitivo hace que se desencadenen una serie de acontecimientos destinados a mostrar la estupidez no solo de la clase dirigente, sino también la del pueblo llano. Desde el hombre que sale de la cárcel y quiere vengarse a toda costa sin saber a quién matar ni porque, sin darle sentido al acto, o el grupo de personas que creen que la persona que ha sido chamuscada por un rayo y que creen que es un santo y que más tarde se convierte en una paloma. Grupos de personas buscando que buscan a al marqués, al duque, a la chica, a una cucaracha gigante, los bandoleros que planean una emboscada para matar a su jefe, pasando por el hombre de iglesia que ve pecado en todos los sitios y que al final sucumbe  a los deseos de la carne o el coleccionista de arte que no entiende el significado de la obras que compra.

Porque esa búsqueda es la que garantiza encuentros con otras personas, pero ninguno encontrará la necesidad de ayudar al otro para unir fuerzas y garantizar buenos resultados para llevar a buen puerto la exploración no solo del terreno para encontrar a sus compañeros, sino del alma humana. Pero en el fondo de todo Vigilia es una obra que trabaja con el humor negro, es ahí donde esconde la esa crítica social que al no ponerla en primer plano tampoco la hace vacua, sino plena y consciente. Haciendo de este libro casi un juego de marionetas que no sabemos quién maneja, pero del que nosotros somos los espectadores, en esta ficción, y en el día a día.

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Star Trek. Leonard McCoy. Medico Fronterizo de John Byrne.

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Star Trek. Leonard McCoy. Medico Fronterizo (John Byrne) Drakul Editorial, 2015. Rústica, 104 págs.  Color 15€

Uno de los requisitos que tiene que tener los cómics que provienen de franquicias televisivas o cinematográficas es la similitud que han de tener los personajes dibujados a los reales. Se trata sin ningún tipo de duda uno de los aspectos más importantes que nos ayudan a seguir dentro de las narrativas ficcionales. La segunda característica es que cumplan las dinámicas del universo planteado a través de la forma en que las aventuras son narradas. Como fan de la serie clásica puedo decir que Leonard McCoy. Medico Fronterizo cumple a la perfección esas dos pautas.

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Este trabajo de John Byrne es uno de los más notables que se ha hecho en los últimos años basado en el universo creado por Gene Roddenberry. Sobre todo porque cumple una de las premisas de la serie original hacer capítulos centrados en un tema concreto, a partir del cual se desarrolla una ficción, estos van desde: que podemos considerar como forma de vida, las consecuencias de jugar con el tiempo, y la esencial, entender otras culturas desde un prisma humano, que en la realidad se traduce en tener una visión occidental del mundo. Uno de los aspectos que más gustará a los trekkies son los vínculos que establece con algunos capítulos de la serie clásica como The Cage o Where no Man Has Gone Before, por lo que no debe faltar en la comiteca de los fans de la serie.

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Hecha la ley

supernatural-law-portada-low-500x761Supernatural Law (Batton Lash). Tyrannosaurus Books, 2015. Rústica. 192 págs. ByN. 18,95 €

Los entornos profesionales son enormemente útiles a la hora de crear universos de ficción, tanto en el caso de que sean conocidos por el grueso de los consumidores como si los mismos son totalmente desconocidos. Los espacios laborales reconocibles por el grueso de la población, como pueden ser el policial, el médico o el jurídico, permiten que que el espectador entre rápidamente en la trama sin necesidad de pasar por un tutorial demasiado complejo. Por su parte, si nos enfrentamos a entornos del todo novedosos, como los integrantes de un circo ambulante, consiguen que la propia novedad de las coordenadas vuelva la ficción interesante para el espectador. Aunque quizás sea más fácil atraer al público con la novedad, el cual puede quedarse hasta que se desinfle el globo de la novedad, en el caso de los caminos ya recorridos, el consumidor necesita rápidamente algo novedoso, algo que le haga quedarse con la enésima obra de ficción de abogados, algo que la haga relucir por encima de la media.

Precisamente a este juego de dar algo más a historias conocidas mil veces es a lo que recurre Batton Lash en su cómic Supernatural Law, tomo que recoge los primeros números de su serie Wolff & Byrd, asesores de lo macabro, para conseguir que la vida de dos abogados nos resulte lo más entretenida posible. Supernatural Law nos cuenta las vicisitudes laborales, y algunas personales que no se escapan del terreno profesional, de dos abogados que han decidido explotar un nicho de mercado aparentemente olvidado, la relación de la ley con lo sobrenatural. De este modo, estos dos letrados de Nueva York o bien defienden a criaturas sobrenaturales o hacen lo mismo con personas mundanas afectadas por lo oculto. En este momento cabe reseñar que Batton Lash opta por una decisión valiente, ya que aunque sus historias están llenas de horror y humor, mantiene todo el universo controlado por la ley, es decir, que aunque hablemos de posesiones infernales o ataques de hombres lobos, la última palabra siempre la tendrá el juez tras la pertinente exposición de los hechos por parte de la fiscalía y los abogados.

En realidad, esta opción de Batton Lash por atar a la realidad los casos de sus abogados de ficción da una capa más de humor a sus historias, quizás la más brillante, pues enfrenta a seres del todo irracionales a la frialdad matemática de la burocracia legal. A Batton Lash no le faltan recursos para llenar Supernatural Law de humor, recurriendo a ese humor norteamericano blanco tan característico donde no se daña a nadie, haciendo de la inocencia y los juegos de palabras el principal vehículo para arrancar una sonrisa al lector. Sin embargo, personalmente creo que la revolución llega al aunar ese humor inofensivo y tierno, como un gnomo que declara ser amante de la cerámica, con lo kafkiano del sistema judicial, en este caso el norteamericano. Aunque elementos como Dracula pueden parecer de lo más terrorífico, lo cierto es que no son nada ante las apelaciones y sobreseimientos del juzgado. Es en este choque donde Batton Lash muestra el absurdo de la vida real, capaz de absorber cualquier realidad mágica para envolverla en la mediocridad más ufana, como puede ser una criatura del pantano peleándose por conseguir el mayor dinero posible a la hora de vender a la televisión los derechos de su historia.

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Es cierto que este intento de racionalizar lo sobrenatural ya se ha realizado en numerosas ocasiones, pero Batton Lash lo lleva tan lejos y lo hunde tanto en un terreno tan aburrido como la abogacía cotidiana, que al final termina encontrando el humor al enfrentar monstruos y leyes. Nada pueden los colmillos sobrenaturales y la gelatina ectoplásmica contra el largo proceso de elección de un jurado popular. A todo hay que sumar las personalidades de los dos abogados protagonistas, Alanna Wolff y Jeff Byrd, que cumplen a la perfección su papel como abogados grises entregados por entero a su trabajo, totalmente ajenos a la espectacularidad o maldad de sus defendidos. Sin olvidar, claro está, a su incansable secretaria Mavis. Un trío que representa lo más pragmático del ejercicio de la abogacía.

De las estructuras narrativas de Batton Lash en Supernatural Law poco se puede decir en su contra, el autor sabe cambiar con acierto entre los casos puntuales a los que dedica unas pocas páginas y los de mayor recorrido que nos permiten conocer más en detalle a sus dos abogados y sus clientes, consiguiendo que la vida personal de los protagonistas se cuele en su despacho, pues al final los dos no dejan de ser dos adictos a su trabajo. Todo sin olvidar el caso de defensa del monstruo Terrón, que casi se convierte en un estudio del proceso judicial norteamericano en el que se juzga a una extraña criatura del pantano. En el terreno visual es quizás donde flaquea algo Batton Lash, y no precisamente por falta de calidad en su trabajo, pues a lo largo del cómic el autor deja claro su domino del lápiz, aunque desgraciadamente mezcla varios estilos sin que parezca haber demasiado concierto entre los mismos y optando la mayoría de las veces por uno quizás demasiado sencillo y falto de garra. En todo caso, no se puede negar que Supernatural Law cumple lo que promete, una típica historia de abogados, en la que todos podemos entrar sin problemas, para dejarnos seducir por los horrores y la alta cantidad de humor que pueblan sus páginas.

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