El imposible descanso del guerrero

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Carroñero (Ricardo Vilbor y Vicente Montalbá). La Cúpula, 2015. Rústica. 144 págs. ByN. 16,50 €

Uno de los últimos episodios de la serie Juego de Tronos parece haber levantado más polémica de la que habitualmente protagoniza la ficción. Todo a relación de una escena en la que asistimos a la violación de una de sus protagonistas. Muchos fans parecen no haber sido capaces de asimilar la escena, no sólo por la violencia inherente del acto, sino por ser la víctima quien es. Para mí la escena no es sólo pertinente, ya que la considero incluso necesaria, pues responde perfectamente a una de las máximas de la serie, atacar a los estereotipos de la fantasía heroica. Pues no nos engañemos, en la guerra la violencia es un elemento básico, incluida la violencia sexual.

Ningún héroe llega en el último momento para evitar la violación, la damisela en apuros no es rescatada con la ropa rasgada mientras que su agresor acaba con una espada clavada en las tripas. La violación acaba con la victima destrozada y el criminal queda impune, al menos de momento, como desgraciadamente sucede en la vida real. La cultura debería servir para esto, no sólo para entretener, también para hacernos reflexionar y para recibir algún que otro baño de realidad. Este ejercicio también se lleva a cabo en Carroñero, el cómic de Ricardo Vilbor y Vicente Montalbá, la aventura crepuscular de un antiguo héroe en un mundo medieval azotado por la guerra. Pero cuando hablamos de crepuscular no nos referimos a un homenaje al héroe en sus últimos días, si no al acercamiento realista a un hombre vencido por la vida, incapaz de adaptarse a la vida civil y condenado a vivir condenado a tener siempre una espada en la mano.

La historia de Carroñero es la de Khanis Fhou, un héroe que ha prestado su espada a los más grandes imperios para terminar los días siendo un mero ladrón que rapiña lo que puede mientras los estados de Tarsis y Krieg se desangran mutuamente en una guerra sin piedad. Ricardo Vilbor toma de partida esta historia, casi cliché, dentro de la fantasía para darle un lavado de barro y mugre hasta convertir a su héroe en el feliz propietario de defectos tan comunes como la avaricia o la cólera, algo que no sería tan malo si no estuvieran marinadas con un leve toque de bondad y remordimientos. De este modo, Ricardo Vilbor crea un personaje complejo que a veces despierta nuestro mayor desprecio para poco después ser digno de toda nuestra lástima. Al final, Khanis Fhou, el Mastín, no es más que un pobre hombre atrapado dentro de su propia vida, atado por recuerdos dolorosos que le castigan a una vida donde la redención no es una opción aplicable.

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Pero Carroñero no es sólo un estudio de un personaje complejo y redondo, también es una representación que busca realismo en el universo ficticio creado por Ricardo Vilbor, que trata de darle una lógica al mundo de Khanis Fhou, intentando que las naciones y sus habitantes se alejen del feudalismo utópico propio de universos como el de Dragones y Mazmorras. Tarsis es un país dominado por la religión más fanática mientras que Krieg es un imperio dominado por gobernantes crueles y despóticos. De este modo nadie es bueno en Carroñero, su protagonista es una hijo de puta atrapado entre dos naciones en guerra igual de nefastas. Aunque es cierto que en la segunda mitad de la obra, cuando cierta crítica social se hace demasiado obvia, Carroñero pierde cierta fuerza, al pasar casi de una fantasía heroica oscura a una parodia de la política actual española. Que nadie me malinterprete, la crítica social presentada por Ricardo Vilbor es tan pertinente como necesaria, aunque rompe la descripción de su héroe para entrar en otro terreno ajeno. Por suerte, el guionista recupera rápido lo que quiere contar y termina Carroñero con un final por todo lo alto y acorde al tono general de la obra, duro y violento, pero también triste e incluso melancólico.

Se puede decir que Ricardo Vilbor sale bien parado de su aventura en Carroñero, en gran parte gracias al trabajo artístico de Vicente Montalbá, pues tras leer el volumen se hace difícil imaginar un dibujo diferente para la historia de Khanis Fhou. El notable feísmo de Vicente Montalbá es el perfecto escenario para los guiones de Ricardo Vilbor, ya que esos claroscuros hacen más profunda la oscuridad de la historia y dan una capa de mugre extra que ayuda a afianzar las ideas que transmite el guión. Especial atención me merece el diseño de Khanis Fhou, que queda perfectamente representado como lo que es, un antiguo héroe rebajado a borracho, Vicente Montalbá muestra sin paliativos la degradación de su héroe, dejando claro en sus primeros planos toda la carga de una vida tan indómita como estúpida, llena de las cicatrices de la fama perdida y la violencia recibida.

@bartofg
@lectorbicefalo

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