Spain is Pain #219: Brevedad y minimalismo.

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Sushi #3 (Felipe H. Navarro) Cachalote Comix, 2015. Grapa, 24 págs. B/N y color, 5€

Hay pocos autores, por no decir casi ninguno que tenga la capacidad de Felipe H. Navarro a la hora de plantear obras minimales y concisas tanto en la forma como en el fondo. Este es capaz de hacer en cuatro viñetas, o en un par de páginas crear un relato complejo con un trasfondo narrativo que nace del contexto cultural y social que todos poseemos. O que al menos de nos deja ese regusto de profundidad narrativa con el que este autor dota a sus historias.

El tercer número de Sushi a diferencia del primero, el segundo estuvo dedicado a la recreación de carteles de cine, es quizás menos poético, que era uno de los principales valores del primer número en el que la concisión jugaba en favor de una estructura más cercana a la sinestesia que a la narración pura. En esta última entrega es diferente, sí que se mantiene esa brevedad en la extensión, en la estética y en el uso de los colores.

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Si bien puede ser un autor considerado como “dulce” en la primera historia de Sushi tira por los suelos dichos prejuicios. Somalia una narrativa de una página, cuatro viñetas crudas, en la que vemos a una persona de sexo y edad indefinida que finaliza con un texto: “solo los más pobres se quedan en Somalia para morir o vivir”. Un trabajo en blanco y negro, crudo como pocos. A pesar del golpe de inicio no deja de lado ese aspecto poético en Dos hojas, Japón o Islas. Aunque ahonda más en lo narrativo en piezas abiertas como La típica familia, Yo fui un galgo famoso, La triste historia de un ligón enamoradizo y Ese olor, con la que se cierra esta recopilación, son textos muy breves y a pesar de ello crean expectativas, y abren la puerta a un universo abierto creado a partir de apenas una o dos páginas.

Luego están los fragmentos puramente narrativos como La vida de Violet y Cactus, la primera es una pequeña historieta sobre una chica que busca conocer mundo, pero que tras varios incidentes decide que donde mejor esta es en tierra firme con ella misma. Cactus está basado en un cuento aymara, en el que se nos cuenta el origen de las flores en los cactus, para ello utiliza el verde acompañado de la utilización de la viñeta como forma narrativa y de creación de espacios.

La tercera entrega de Sushi es una buena muestra de lo que Felipe es capaz de hacer en formatos breves, a mí por lo menos me gustaría verlo en otras latitudes, y quizás en trabajos más extensos. Pero lo dicho, estamos ante un valor seguro del cómic nacional, porque no todo deben ser obras grandilocuentes, ni todo tener que publicar para editoriales grandes.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

El imposible descanso del guerrero

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Carroñero (Ricardo Vilbor y Vicente Montalbá). La Cúpula, 2015. Rústica. 144 págs. ByN. 16,50 €

Uno de los últimos episodios de la serie Juego de Tronos parece haber levantado más polémica de la que habitualmente protagoniza la ficción. Todo a relación de una escena en la que asistimos a la violación de una de sus protagonistas. Muchos fans parecen no haber sido capaces de asimilar la escena, no sólo por la violencia inherente del acto, sino por ser la víctima quien es. Para mí la escena no es sólo pertinente, ya que la considero incluso necesaria, pues responde perfectamente a una de las máximas de la serie, atacar a los estereotipos de la fantasía heroica. Pues no nos engañemos, en la guerra la violencia es un elemento básico, incluida la violencia sexual.

Ningún héroe llega en el último momento para evitar la violación, la damisela en apuros no es rescatada con la ropa rasgada mientras que su agresor acaba con una espada clavada en las tripas. La violación acaba con la victima destrozada y el criminal queda impune, al menos de momento, como desgraciadamente sucede en la vida real. La cultura debería servir para esto, no sólo para entretener, también para hacernos reflexionar y para recibir algún que otro baño de realidad. Este ejercicio también se lleva a cabo en Carroñero, el cómic de Ricardo Vilbor y Vicente Montalbá, la aventura crepuscular de un antiguo héroe en un mundo medieval azotado por la guerra. Pero cuando hablamos de crepuscular no nos referimos a un homenaje al héroe en sus últimos días, si no al acercamiento realista a un hombre vencido por la vida, incapaz de adaptarse a la vida civil y condenado a vivir condenado a tener siempre una espada en la mano.

La historia de Carroñero es la de Khanis Fhou, un héroe que ha prestado su espada a los más grandes imperios para terminar los días siendo un mero ladrón que rapiña lo que puede mientras los estados de Tarsis y Krieg se desangran mutuamente en una guerra sin piedad. Ricardo Vilbor toma de partida esta historia, casi cliché, dentro de la fantasía para darle un lavado de barro y mugre hasta convertir a su héroe en el feliz propietario de defectos tan comunes como la avaricia o la cólera, algo que no sería tan malo si no estuvieran marinadas con un leve toque de bondad y remordimientos. De este modo, Ricardo Vilbor crea un personaje complejo que a veces despierta nuestro mayor desprecio para poco después ser digno de toda nuestra lástima. Al final, Khanis Fhou, el Mastín, no es más que un pobre hombre atrapado dentro de su propia vida, atado por recuerdos dolorosos que le castigan a una vida donde la redención no es una opción aplicable.

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Pero Carroñero no es sólo un estudio de un personaje complejo y redondo, también es una representación que busca realismo en el universo ficticio creado por Ricardo Vilbor, que trata de darle una lógica al mundo de Khanis Fhou, intentando que las naciones y sus habitantes se alejen del feudalismo utópico propio de universos como el de Dragones y Mazmorras. Tarsis es un país dominado por la religión más fanática mientras que Krieg es un imperio dominado por gobernantes crueles y despóticos. De este modo nadie es bueno en Carroñero, su protagonista es una hijo de puta atrapado entre dos naciones en guerra igual de nefastas. Aunque es cierto que en la segunda mitad de la obra, cuando cierta crítica social se hace demasiado obvia, Carroñero pierde cierta fuerza, al pasar casi de una fantasía heroica oscura a una parodia de la política actual española. Que nadie me malinterprete, la crítica social presentada por Ricardo Vilbor es tan pertinente como necesaria, aunque rompe la descripción de su héroe para entrar en otro terreno ajeno. Por suerte, el guionista recupera rápido lo que quiere contar y termina Carroñero con un final por todo lo alto y acorde al tono general de la obra, duro y violento, pero también triste e incluso melancólico.

Se puede decir que Ricardo Vilbor sale bien parado de su aventura en Carroñero, en gran parte gracias al trabajo artístico de Vicente Montalbá, pues tras leer el volumen se hace difícil imaginar un dibujo diferente para la historia de Khanis Fhou. El notable feísmo de Vicente Montalbá es el perfecto escenario para los guiones de Ricardo Vilbor, ya que esos claroscuros hacen más profunda la oscuridad de la historia y dan una capa de mugre extra que ayuda a afianzar las ideas que transmite el guión. Especial atención me merece el diseño de Khanis Fhou, que queda perfectamente representado como lo que es, un antiguo héroe rebajado a borracho, Vicente Montalbá muestra sin paliativos la degradación de su héroe, dejando claro en sus primeros planos toda la carga de una vida tan indómita como estúpida, llena de las cicatrices de la fama perdida y la violencia recibida.

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Spain is Pain #218:Dos vidas en tres tiempos.

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Maria y yo (María Gallardo y Miguel Gallardo) Astiberri, 2007 Cartoné 64 págs. Color, 12€

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María y yo (Félix Fernández de Castro) Bausan Films y Pelis Chulas, 2010. 80 mins.

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María cumple 20 años (María Gallardo y Miguel Gallardo) Astiberri, 2015 Cartoné 64 págs. Color, 12€

Parece que las personas han decidido perder la dignidad por aparecer en programas de televisión desde los reality casposos como GH y, la ya directamente carroña televisiva, Hombres mujeres y viceversa, pasando por cientos de Youtubers sin imaginación. Parece que la mediocridad se ha apoderado en la representación del ser humano convirtiéndolos en masas grises que solo desean vivir de hacer bolos por cutre-discotecas y poco más. Son representaciones artificiales, articuladas por guionistas, realizadores y presentadores que actúan a modo de dictadores que tratan de marcar la pauta de pensamiento en torno a esos seres que han decidido ser carne de cañón televisivo. Pero ¿es la vida así de triste y cutre?

Todo en favor de crear una experiencia de normalidad, las personas que aparecen en esos carroña-shows son exactamente iguales a los que están viendo la televisión en ese momento, y viceversa. Por lo que esa tan ansiada `normalidad´ que desea gran parte de la sociedad está asegurada. Pero, donde esta aquella tendencia, aquella idea que decía que todos somos especiales, que cada uno de nosotros podemos aportar algo al mundo que nos hace únicos. Evidentemente esa generación que gasta kilos en lacas y espuma fijadora se han perdido por el camino de esa ansiada estereotipia que busca formar parte del colectivo, y lo que es perderse en el no destacar, ser del montón.

“No quiero que a María la traten como a un niño normal sino como a una reina” dice Miguel Gallardo en el documental Maria y Yo de Félix Fernández de Castro, a colación de la formación educativa pero traspasando las fronteras de esta. Las paredes que separan el trato con las personas, los docentes, los padres, y todas las personas que nos encontramos en nuestra vida es lo que nos hace como somos cada uno de nosotros, otra cosa es que algunos deseen sumergirse en una aborrecible y grisácea normalidad, y otras sean “(I’m) unique just like everyone else” como María.

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Estos fragmentos de vida que tanto Miguel como María, y Felix como un observador activo, nos han decidido regalar están destinados a mostrarnos la unicidad del ser humano frente a una masa amorfa que se mueve en la base de la pirámide de Maslow. En el primer libro María y Yo, Gallardo nos pilla por sorpresa con un estilo mucho más natural al que nos tiene habituado, fresco y espontaneo, un dibujo realizado por la necesidad de comunicarse con su hija nos desvela el relato del día a día que nos revela ha de ser siempre el mismo prefijado sin salirse de una estructura marca, pero decididamente emocionante para aquellos que leemos y conocemos por primera vez la existencia de María. El relato en primera persona, casi instantáneo, pasas página y esperas encontrarte a Miguel dibujando la siguiente página contándonos lo que está pasando en ese momento.

Sin embargo, en el álbum a pesar de que la centralidad de María y Miguel, iba a decir como personajes, se vislumbra esa masa grisácea de la que se ha hablado antes. Es en el documental donde se explota esa visión del mundo que se nos hace intuir en la obra en papel. Félix apuesta por la doble articulación para hablarnos del resto del mundo a través de María, May y Miguel, y de lo absurdamente predecible que es, para ello el director dota de centralidad a la piscina lugar donde convergen esos dos espacios de concepción del individuo. El documental se abre con escenas de la piscina del resort en el que un montón de turistas tumbados al sol no hacen nada mientras el monitor de fitness marca el ritmo de un ejercicio de fondo, sin embargo, ese espacio descrito como no lugar, es reescrito más adelante como un lugar poético en el que el autor de cómics y su hija juegan y se lo pasan bien, donde se ve el cariño y la dedicación del padre por la hija.

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Pero en María cumple 20 años todo cambia de registro, el tono, el estilo y las formas de contarnos sus vidas. Si en el primer trabajo Gallardo se decide por el diario instantáneo, de plasmar aquello que sucede en ese momento. En esta última obra los parámetros son diferentes, una obra más consciente como tal, más planificada en el que el discurso del comic al uso es más utilizado que el título anterior, las ilustraciones son más utilitarias a la obra que en el caso anterior, quizás sea una obra más convencional que María y yo, pero no una obra convencional. En este segundo título María ha dejado de ser una niña y ya existe una conciencia de futuro de que pasará el día de mañana, a diferencia del relato anterior, más volcado en otros valores como la ilusión y la esperanza, aquí se nos muestra, quizás, la parte más complicada de toda la situación, los tics, los problemas diarios, y sobre todo la incertidumbre por el futuro de María.

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Estas tres obras nos muestran lo importante del valor de la unicidad en las personas independientemente de los condicionantes existentes y que cada uno de nosotros somos imprescindibles para el resto, ya no tanto para ser especiales sino para ser nosotros mismos. Maria y yo es un relato en tres tiempos que nos muestra la importancia de los valores afectivos de las personas que nos rodean y de lo relevante de la creación de universos personales para nosotros y para los que nos rodean. Una obra en tres tiempos que no necesita ser leida/vista en orden cronológico en la que, al menos en las obras en papel, Gallardo plasma una realidad personal, sin morbo, casi sin espacios en lo que lo único que adquiere valor es el vínculo entre personas. Y respondiendo a la pregunta inicial ¿es la vida así de triste y cutre?, y tras haber visto y leído estas obras, la respuesta es no.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Reflejos en el humo del futuro pasado

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Madame Tarántula: Futurewest (Mike Hoffman). Tyrannosaurus Books, 2015. Rústica. 72 págs. ByN. 11,95 €

Absolutamente nadie en todo el mundo sabe como será el futuro, los grandes visionarios del siglo XX fueron incapaces de concebir como sería la vida a partir del año 2000, ya hemos comentado alguna vez que muchos esperaban que para estos días tuviéramos ciudades en la Luna y coches voladores, mientras que nadie sospechaba que llegaría algo conocido como un Smartphone. Así que quizás lo mejor sea volver la mirada atrás e imaginar nuevos contextos mezclando lo que ya ha sucedido, destruyendo el mundo sólo para reconstruirlo con las piezas que nos vayan interesando en cada momento, ya hablemos de hachas vikingas, dirigibles nazis o cuadrigas romanas. La cultura contemporánea se ha convertido en una especie de batidora donde la originalidad llega más por el orden y posición de los elementos que por la aparición de nuevas ideas.

Esto es lo que hace precisamente Mike Hoffman en su obra Madame Tarántula: Futurewest, una reconfiguración del Salvaje Oeste americano con elementos de la serie B más pulp hasta llegar al Nuevo Oeste, donde indios y vaqueros se mezclan con androides y mutantes. Ya habíamos hablado de Mike Hoffman en relación a su revista Tomb of Terror, creada junto al guionista Jason Crawley; una recuperación del espíritu más clásico de las publicaciones de Warren pero con un filtro más gamberro y menos políticamente correcto. Madame Tarántula también es un ejercicio nostálgico, aunque con la hibridación que ya hemos comentado, ya que su autor plantea un futuro donde tras una aparente edad dorada de la tecnología, diversos cataclismos ecológicos y bélicos han reconfigurado los restos de los días de glorias en un escenario que funciona a semejanza del viejo oeste. Este ejercicio no es nuevo, y vemos como otras sagas también han usado el futuro distópico para recrear épocas pasadas, casos como las novelas de Los juegos del hambre o los videojuegos Fallout, que a pesar de estar ambientadas en el futuro, recrean a su modo el Imperio Romano y la Norteamérica del baby boom de los pasados años 50.

Pero no es menos cierto que Mike Hoffman tampoco se toma muy en serio la cronología de su universo retrofuturista, no al menos en el sentido más matemático, pues en el artístico su implicación no podría ser mayor. En Madame Tarántula: Futurewest no encontraremos una saga épica en tres actos con su final apoteósico y liberador, más bien seremos espectadores del deambular de su protagonista por un escenario imposible donde todo responde a la fiebre de la imaginación, donde las emociones tienen más peso que la lógica. Mike Hoffman inventa un año 7011 muy particular con unas bases muy simples: en algún momento el centro de Norteamérica se inundó y el Nuevo Oeste es un páramo nuclear donde sólo los más valientes o estúpidos se atreven a entrar en busca de un codiciado nuevo mineral. Lo demás poco importa, pues cada nuevo dato o información no es más que la puerta para decenas de nuevos interrogantes, ya sea ese nuevo y ya extinto Nuevo Imperio Español o el hecho de que Madame Tarántula sea una mestiza, aunque no sepamos muy bien de qué.

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Madame Tarántula: Futurewest se debe de entender como un juego estético muy cercano a la improvisación, como una serie de ideas que bullían en la mente de Mike Hoffman y que ven su salida en volutas extrañas y hermosas que parecen no tener orden o concierto. Las historias cortas recopiladas en el volumen parecen no seguir ningún orden concreto ni llevar a ningún clímax donde encajen todas las piezas. En su lugar, acompañamos por un espacio árido y nuclear a una joven que trata simplemente de sobrevivir, sin preocuparse demasiado por las personas que le rodean, pues como defiende el propio Mike Hoffman en los extras al final del cómic, Madame Tarántula es más una villana del Nuevo Oeste que una heroína dispuesta a solucionar entuertos.

Por último no se puede pasar por alto el trabajo gráfico del propio Mike Hoffman, un arte que es imposible que no nos traiga a la mente el trabajo del mítico Frank Frazetta, del que el autor del cómic en cuestión bebe a grandes tragos. Por suerte, Mike Hoffman no se limita a ser una mala copia de Frazetta, y desde esa referencia construye un estilo propio lleno de puntos de unión, aunque con un gusto más notable por el cartoon más clásico. Este trabajo visual hace que Madame Tarántula: Futurewest sea un cómic que se disfruta tanto leyendo sus historias cortas como simplemente observando sus páginas, páginas llenas de una chica atractiva con capacidades más que de sobra para enfrentarse a cualquier peligro, así que es difícil imaginar qué más se podría pedir.

@bartofg
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El esplendor de Hollywood y el relato negro.

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Matar a mi madre (Jules Feiffer) Sapristi Cómic, 2015. Tapa dura, 160 págs. Color, 26,9 €

Desde hace unos años la revitalización de los géneros ha supuesto la piedra angular para que la ficción contemporánea tenga el peso social y cultural que tiene hoy día. Da igual que sea literatura, cine, cómic o videojuegos, estos aportan una serie de recursos que hacen que los lectores/espectadores identifiquen rápidamente los parámetros de la narración y los estereotipos; por lo que es mucho más fácil jugar con el relato, innovar y plantearse el uso de recursos poco habituales, incluso la hibridación con otros géneros.

Lo que es poco probable es que vuelva el cine negro de la época dorada de Hollywood protagonizado por las estrellas del momento. No solo porque no se puede traer de vuelta a aquellos actores míticos, sino porque la forma de hacer cine, de crear relatos en torno a la dinámica relacional de los personajes ha variado sustancialmente. Historias cargadas de personajes con un pasado que les pesa y les sesga la visión de su vida presente, sin que haga falta encajarlo en una cronología determinada. Sobre todo porque eran descritos como seres humanos y tan caóticos como cualquiera de nosotros.

En Matar a mi madre, Jules Feiffer nos devuelve al pasado de una manera inusitada. Uno espera leer un relato negro ambientado en dos momentos separados por una década: 1933 y 1943. Lo que uno no espera como lector es sumergirse y sentirse como un espectador de la época encontrarse en ese momento viendo, leyendo y disfrutando como un lector leyendo una obra en el tiempo que esta narra. Eso es parte de lo que nos regala Feiffer, pero ¿Cuál es la fórmula?

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Lo primero es la utilización del género mezclado con el estilo de cine de estudios de la época dorada de Hollywood, dándole importancia a los personajes y tratándoles como actores, dejándolos evolucionar y haciendo que se comporten como estrellas de la época. Todos y cada uno de los protagonistas de Matar a mi madre pasan por personas de carne y hueso envueltos en una historia en la que lo importante es lo que sucede entre ellos delante de nosotros, con pocos, o casi, ningún artificio narrativo. El segundo factor son los diálogos, son frescos y agiles moviéndose entre la consabida construcción, necesaria para la ficción, y la espontaneidad de esos personajes que están muy vivos.

Otro aspecto es la familiaridad con las formas de un relato clásico que experimenta con capítulos de diferente extensión, algunos de una página y otros de varias, en los que la composición de página tampoco se encierra en las formas convencionales. Algo que dota de fluidez a un relato con personajes muy definidos pero también muy líquidos capaces de fluir por la página y por el relato, a la vez de mantener sus características constitutivas.

Pero la esencia se mantiene, el libro de Jules Feiffer es ante todo un relato negro manteniendo los estereotipos para construir una historia de una madre y una hija en la que la segunda odia a muerte a la primera, y una madre que inicia una odisea personal para saber quién mató a su marido. Pero todo gira en torno al drama personal donde los personajes clásicos del género aparecen en segundo plano para dibujar un relato perfecto, en el que los escenarios y el ritmo de la historia es fundamental para sumergirse en un título que recupera una forma de contar que parecía pasada de moda, pero con Feiffer parece que no. Pero no es solo relato negro, es el color dorado de Hollywood, la suciedad de la guerra, una sociedad en la que sobrevivir no solo era llegar a final de mes sino buscar el equilibrio emocional a través de la catarsis personal. Vamos, una joya.

@Mr_Miquelpg

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Spain is Pain #217: Mártires de la no-acción.

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Cuando no sabes que decir (Cristina Durán y Miguel A. Giner Bou) Salamandra, 2015. Rústica con solapas, 128 págs. Color, 16 €

Los recuerdos de la vida universitaria son algo único y en cierta manera desde la desaparición de la mili, estos han venido a sustituir las batallitas de ese periodo en el ejército. Sin embargo, la vida universitaria ha cambiado mucho, tanto como la formación que se imparte en los centros universitarios, y las futuras derivas que se pueden llegar a tomar en el futuro. El abordar el currículo académico desde lo práctico dejando la teoría de lado tiene una consecuencia casi inmediata, la vidilla cultural que siempre ha caracterizado la vida universitaria se está reduciendo a mínimos.

Cuando no sabes qué decir de Cristina Durán y Miguel A. Giner Bou pone en escena a unos personajes que son los arquetipos de ese prototipo de vida universitaria pasada. Estudiantes que se juntan en torno a la cultura y a partir de la cual establecen una serie de relaciones personales. Son personajes del pasado que emocionalmente han evolucionado poco y se han mantenido con los mismos preceptos vitales que tenían de cuando eran estudiantes. Manu, Tomas, Roberto, Maider y Paula son el paradigma de la no-acción, personajes cultos, con gran desarrollo intelectual pero que parecen incapaces de tomar el control de su propia vida y de las pautas que esta les ha marcado.

Manu, al que podemos considerar protagonista, peca en exceso de corrección política y de un buenismo ideológico que deja poco margen a las zonas grises de la vida. Es incapaz de reaccionar ante la muerte de una animal inocente y de perder a su mejor amigo por no tenderle la mano, el dogmatismo por el que se rige hace de él, sin dudarlo, el personaje más solitario de todo el relato, incapaz de mantener una relación de amistad o amorosa. Y sospechosamente, a diferencia del resto de personajes, apenas sabemos nada de el tras el fin de la vida universitaria o como vive en la actualidad. Eso sí, es crítico de cine, se muestra la profesión como reflejo de un carácter, como cuando explica que quiere introducir a su amigo Roberto nuevos directores de cine y este no quiere, es una personaje falsamente tolerante para ser totalmente inflexible.

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Como se ha dicho anteriormente el resto de personajes se relacionan entre sí y con Manu a través de la cultura, este es en cierta manera el filtro de la misma y el que controla el origen de las conversaciones. La cultura que se convierte en el argumento central de la historia y de cómo esta nos moldea a su antojo, y convierte a estos personajes en unos mártires de la no-acción, creyentes de la cultura del emisor único y del ser humano como tabula rasa, de la que cualquier acción que podamos considerar como instintiva es rechazada automáticamente por el intelecto de los individuos.

Cuando no sabes que decir es, en cierta manera, un relato utópico sobre la sociedad contemporánea del que han desaparecido la gran mayoría de actores sociales, los que realmente muestran el desapego de la España actual hacia todo tipo de cultura que no sea la carroña que se emite en ciertas cadenas de televisión, y del futbol a todas horas. En la que unos personajes cargados, en principio, de buenas intenciones hacen de la corrección política una vara de medir muy dura para el resto y muy laxa para ellos mismos que son incapaces de salirse de la línea recta que han marcado para sus vidas. Así pues, refleja la vida universitaria como un hito en la vida de las personas pero en este caso como uno que no se supera y estanca a Manu y compañía.

@Mr_Miquelpg

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Se quema París

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La cólera de Fantomas 1: La guillotina (Oliver Bocquet y Julie Rocheleau). Dibbuks, 2015. Cartoné. 64 págs. Color. 16 €

No sólo es más sencillo destruir que crear, también es más espectacular. Colocar piedras con argamasa puede dar un resultado tan apabullante como una catedral medieval, un edificio de proporciones colosales dedicado a la consagración de un concepto, careciendo de una utilidad formal, pues seamos serios, lo mismo que se hace en el interior de una catedral se puede hacer en mitad de un prado del campo. Pero aún así, los anegados habitantes de la Europa cristiana no han tenido problemas en dedicar décadas, en algunos casos siglos, en levantar algunas de las construcciones más solemnes e imponentes que puebla el planeta. Y sin embargo, sí hay algo más espectacular que construir una catedral es volarla en miles de pedazos con una única explosión. A parte de la emoción cinética y violenta de la propia voladura, la propia energía inmoral del acto, reírse y escupir sobre el trabajo de otros hombres, nos recorre la espina dorsal. La destrucción se transmite por nuestro cuerpo como una descarga eléctrica, una emoción que no es otra cosa que el mal, el placer agridulce de vislumbrar ese segundo de movimiento puro que existe entre el edificio imponente y la montaña de escombros, pues antes de que se pose la primera mota de polvo asistimos a una génesis perversa.

En cierto sentido, la fascinación que sentimos por lo criminal se debe más a la fuerza de la destrucción, a esa sensación de caos, que a los beneficios del acto impuro. Es evidente que existen personas que aceptan colocarse al otro lado de la justicia por mero beneficio propio, pero no hablamos aquí de simples ladrones o asesinos, si no de estetas del caos, agentes de la destrucción cuyas obras aterran en el mismo sentido que atrapan. Artistas como Fantomas, una creación literaria de Pierre Souvestre y Marcel Allain que vive una nueva vida en el cómic de la mano del guionista Oliver Bocquet y el artista Julie Rocheleau, quienes con La Cólera de Fantomas: La guillotina, inician una nueva vida de este terrorista de mil caras que parece aterrorizar a media Europa por mera diversión. Esta génesis del supervillano es hoy en día un recuerdo difuminado, como bien recuerda su guionista en el prólogo de la obra, pero que vuelve ahora apostando por una vertiente aún más artística, acentuando los ángulos, difuminando las líneas y saturando los colores, casi vaciando a Fantomas de su papel de terrorista hasta depurarlo y crear a un artesano del crimen, un artista del mal.

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Desgraciadamente todo mi conocimiento sobre Fantomas se debe a fuentes secundarias, pues nunca he tenido la suerte de leer ninguna de sus novelas, pero al leer La cólera de Fantomas: La guillotina, no puedo evitar pensar que Oliver Bocquet ha apostado más por el simbolismo del personaje que por la puesta en marcha de una trama detectivesca. Los crímenes de Fantomas están presentes en el cómic, pero parecen responder más a una puesta teatral, en el sentido más literal del término, que a un plan para conseguir el golpe del siglo. Oliver Bocquet se recrea no sólo en el personaje, sino en la época que lo vio nacer, que ha pasado de ser el mero tiempo contemporáneo a convertirse en un tiempo idealizado y romántico, en lugar de resetear al personaje en nuestros días, lo ata a un París de principios del siglo XX lleno de todos los tópicos y clichés que el arte nos ha legado. No quiero que esto se considere en ningún momento como una crítica al trabajo del guionista, pues los clichés son malos según su uso, y el trabajo de Oliver Bocquet no está empujado por la facilidad de los lugares comunes, sino por su magia y carácter evocador.

El Fantomas de Oliver Bocquet es aún más romántico y poético que el original gracias a que su propio entorno también ha ganado esa magia que sólo puede otorgar el paso del tiempo, convirtiendo a quienes eran meros rateros a las orillas del Sena en criaturas mitológicas más cercanas al trasgo que al mafioso ruso. En este sentido, este proyecto no podría haberse llevado a cabo sin el trabajo gráfico de Julie Rocheleau, quien dinamita la realidad, volvemos a recordar la catedral en llamas, para dar a los personajes de Oliver Bocquet un diseño y espacio más que digno para expandirse ellos y su historia. El trazo de Julie Rocheleau parece cercano a la improvisación del jazz, jugando con la bidimensionalidad del papel, aunque es en su color donde el arte final de La cólera de Fantomas: La guillotina explota en un millón de trozos, quedándose suspendido ante nuestros ojos antes de posarse en tierra. La luz y la sombra bailan una delicada danza en la que el color sabe contenerse y saltar en una progresión narrativa, jugando al mismo nivel que la propia disposición de las viñetas en la página.

Oliver Bocquet y Julie Rocheleau lo han hecho bien, han resucitado al terrorista centenario en La cólera de Fantomas: La guillotina haciéndolo lo más actual posible sin olvidar la magia de aquel París donde el arte se da tanto en los inicios del cine como en su teatro, pintura y crimen. Ahora sólo queda esperar los tomos dos y tres de esta trilogía donde Fantomas vuelve a reinar sobre los criminales y el miedo de los justos.

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