Tú corre, después te lo explico

maggot portada
Maggot (The Black Frog). Spaceman Books, 2014. Rustica. 304 págs. Color. 30 €

El sincretismo es un término usado en antropología para designar la asimilación de elementos externos, normalmente en la cultura o específicamente en la religión. Es un proceso notorio porque la mayoría de las veces la asimilación se realiza dejando de lado la coherencia y preocupándose más que nada por contentar a todo el mundo. Quizás el mayor acto de sincretismo lo encontremos con la llega del cristianismo a Europa, sobre todo tras su designio como religión oficial del Imperio Romano. Resumiéndolo todo mucho, se podría decir que los padres de la Iglesia se encargaron en cuerpo y alma de hacer compatible las creencias judeocristianas con las religiones grecolatinas, y en algunos casos germánicas, que poblaban el continente. Como resultado, tenemos una amalgama de mitos y creencias que se conformó como la religión oficial de Occidente.

Pero el sincretismo no se detuvo entonces, e incluso hasta nuestros días se sigue produciendo esta fusión, aunque quizás más en el terreno cultural que el propiamente religioso. Hoy en día figuras como Lilith o Azrael abandonan su génesis religiosa para desdibujarse en la cultura de masas, hasta el punto de que la cultura popular adapta la religión a sus intereses, para utilizar esos personajes e historias conocidas por el receptor para crear nuevas narraciones. Esto puede entenderse como un juego postmoderno más, la reconstrucción de nuestro imaginario colectivo tras la caída de los grandes mitos que daban forma a la humanidad. Precisamente este es el juego que lleva a cabo The Black Frog, pseudónimo del artista Igor Alban Chevalier, en su cómic Maggot, una reconstrucción absoluta del inframundo judeocristiano protagonizado por una alegre chica de los años 20 más alocados.

Maggot cuenta una historia, aunque más bien se podría considerar una sucesión de escenas en las que su protagonista, Susan Swallow, se ve obligada a recorrer a toda velocidad, tratando de mantener su vida sin saber muy bien qué peligros son los que la acucian. En las primeras páginas de Maggot nos enteramos de que Susan debe trabajar para el señor del inframundo, sin que nos quede muy claro cual es su misión, a la chica se le entrega un anillo parlante, que la apremia para que acuda al infierno para registrarse y poder comenzar a trabajar. Entonces comenzará una marcha por el infierno y el cielo en la que Susan y su aliado con forma de joyería tendrán se limitan a huir de las criaturas más peligrosas del mundo de los muertos, contando en contadas ocasiones con la ayuda de aliados quizás más peligrosos que sus enemigos. En este sentido no asistimos a una trama compleja en exceso, ya que el autor se limita a recurrir a la acción continua soltando alguna pincelada para cerrar el tomo con una conclusión que aclare todos los interrogantes. En este sentido, las emociones de la lectura de Maggot son una continua sorpresa por acumulación, ya que difícilmente podemos imaginarnos cual será la siguiente desgracia o traición sufrida por Susan.

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A esta carrera continua se suma el ya mencionado uso de la mitología judeocristiana, la cual es deformada continuamente por The Black Frog para adaptarla a sus necesidades en cualquier momento. Es meritorio como el autor crea un cosmos propio tomando prestado tantos elementos iconográficos, consiguiendo hacerlos suyos y darle una vuelta de tuerca. El infierno y el cielo de The Black Frog es más parecido a un enorme engranaje burocrático que a la imagen que Dante nos regaló con su Divina Comedia. Así, Maggot termina configurándose como la explosión de una guerra fría entre dos bandos que tienen en común su hambre de poder, diferenciándose sólo por tener cuernos en la frente o alas en la espalda. Y en medio de todo está Susan, una chica que no sabe muy bien que hacer y mucho menos en quién confiar, tratando simplemente de sobrevivir a la muerte por segunda vez.

Aunque Maggot es algo más que una entretenida visita al infierno y al cielo, porque por encima de la capacidad de The Black Frog como guionista hay que resaltar sus aptitudes como dibujante, ya que es en su arte visual donde Maggot consigue las cotas más altas de éxito. La recreación visual de The Black Frog consigue llenar las páginas de la oscuridad y tenebrismo que todos esperamos del infierno. Es cierto que el estilo visual recuerda enormemente al de Mike Mignola, aunque sería exagerado considerar a The Black Frog un mero imitador del creador de Hellboy, ya que el autor consigue un acabado totalmente personal y distinguible. Casi podríamos decir que The Black Frog hace en Maggot un acto de sincretismo con la obra de Mignola hasta deformarla y moldearla haciéndola entrar en el terreno que él quiere, haciendo que todos transitemos con Susan un infierno que nos es del todo familiar pero viéndolo con unos ojos nuevos.

@bartofg
@lectorbicefalo

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