El peso de los años

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Eternal Warrior: La espada salvaje (Greg Pak, Trevor Hairsine, Clayton Crain y Diego Bernard). Aleta Ediciones, 2014. Rustica. 112 págs. Color. 12 €

En la mayoría de las obras de ciencia-ficción y fantasía la evolución parece haberse detenido, no sólo la biológica, sino también la histórica. Para este inmovilismo podrían defenderse varias causas, aunque a mí me gusta pensar que todo se debe a la existencia de razas y seres de vidas tremendamente longevas, cuando no inmortales. Si la gente lleva anillos de oro es por algo tan simple como que es un metal mucho más escaso que el hierro, la escasez lo hace valioso; algo parecido a lo que sucede con el tiempo, ya que la certeza de la muerte nos empuja a hacer algo con nuestra vida, pues tarde o temprano se va a acabar, sin remisión.

Así que es lógico que esas sociedades llenas de elfos permanezcan inmutables en una Edad Media mágica, temen el cambio más que a nada, con lo que es lógico que muchas de estas historias se centren en épocas crepusculares en la que los eternos dan paso a una raza joven de individuos efímeros empeñados en dejar su impronta en el mundo. Todo hasta que llega un momento en que los inmortales son tan escasos, si es que en algún momento fueron numerosos, que no tienen más remedio que convertirse en meros cronistas, observadores de la marea de la mortalidad. Dos obras tan diferentes como la película The man from Earth como el cómic Eternal Warrior fluyen del mismo modo a la hora de jugar con la representación de alguien incapacitado para terminar su existencia biológica. Aunque la apuesta que hace por la contención la película, es contestada con la mayor acción por parte del cómic.

The man from Earth, película del 2007 escrita por Jerome Bixby y dirigida por Richard Schenkman, es sencilla, un grupo de profesores universitarios se reúnen en una cabaña, uno de ellos les comunica que deja la universidad y que es un hombre de las cavernas con 14.000 años de edad, además de haber jugado un papel bastante trascendental en un momento de la historia de la humanidad. Poco más, una larga conversación donde la ciencia y la filosofía chocan y se redefinen ante lo imposible. Eternal Warrior, guionizado por Greg Pak y dibujado por Trevor Hairsine, con la ayuda de Clayton Crain y Diego Bernard, es menos sencilla, pues su protagonista es un antiguo habitante de la Mesopotamia de hace 10.000 años, una especie de peón en un juego de sombras de diversas deidades elementales. La sencillez de The man from Earth se enfrenta a la ingente cantidad de mitología y cronología que Eternal Warrior destila en el tomo La espada salvaje, recopilatorio de sus cuatro primeros números.

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Eternal Warrior es un cómic que se lee y disfruta rápido, Greg Pak se vale de todos los recursos típicos del cómic de acción fantástico, cercano a su vertiente de espada y brujería, para jugar con elementos actuales hasta gestar una mezcla entre Los Inmortales, Conan y una serie juvenil de la CW. Esto hace que el lector de Eternal Warrior venga con algo de bagaje a la lectura, que sepa que esperarse y como actuar ante el juego de espejos desplegado por Greg Pak, que ha dado por sabidas bastantes elementos y reglas por por parte del lector. Puede que no se la forma más académica de expresarlo, pero Eternal Warrior es un cómic que espera que sepas de que rollo va antes de empezar su lectura, pues de lo contrario podrías sentirte bastante perdido en la lectura, buscando respuestas a preguntas que el propio autor no espera que te plantees.

Gilad Anni-Padda es la espada de la tierra, una deidad que intenta mantener una especie de equilibrio en el planeta, básicamente llevando a cabo masacres selectivas. Pero en algún momento, Gilad parece cansado de ser un simple peón que mata a quien se le ordena y abandona su labor. Pero claro, el destino es así de simple y tanto su antigua patrona como el resto de deidades se niegan a dejar a Gilad fuera de la partida de ajedrez, algo que se complica cuando entra en juego la propia hija de Gilad, otra inmortal con un gusto inusitado por la violencia. Como es lógico, Gilad no puede con tanto caos y opta por lo más sencillo, acaba el mismo con todos los dioses.

Si éste es tu rollo, vas a disfrutar mucho Eternal Warrior. En los cuatro primeros números de la colección Greg Pak consigue por un lado crear un universo firme y estructurado con unas pocas pinceladas, consiguiendo además insinuar una mitología propia como mínimo interesante y cerrarlo todo con un cliffhanger que hace rogar rápido y con muchas ganas por el siguiente volumen de la colección. No nos encontramos con una obra llamada a ser un clásico atemporal, pero si ante la promesa de algo que puede entretener muchísimo a cualquier fan de la fantasía más bestia y cinética. Greg Pak no ha reinventado la rueda, pero la ha pintado de negro mate, le ha puesto unas calaveras cromadas y lo ha rematado todo con una brillante punta de lanza en el eje. Así que si es tú rollo te va a encantar el viaje.

@bartofg
@lectorbicefalo

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