Tú corre, después te lo explico

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Maggot (The Black Frog). Spaceman Books, 2014. Rustica. 304 págs. Color. 30 €

El sincretismo es un término usado en antropología para designar la asimilación de elementos externos, normalmente en la cultura o específicamente en la religión. Es un proceso notorio porque la mayoría de las veces la asimilación se realiza dejando de lado la coherencia y preocupándose más que nada por contentar a todo el mundo. Quizás el mayor acto de sincretismo lo encontremos con la llega del cristianismo a Europa, sobre todo tras su designio como religión oficial del Imperio Romano. Resumiéndolo todo mucho, se podría decir que los padres de la Iglesia se encargaron en cuerpo y alma de hacer compatible las creencias judeocristianas con las religiones grecolatinas, y en algunos casos germánicas, que poblaban el continente. Como resultado, tenemos una amalgama de mitos y creencias que se conformó como la religión oficial de Occidente.

Pero el sincretismo no se detuvo entonces, e incluso hasta nuestros días se sigue produciendo esta fusión, aunque quizás más en el terreno cultural que el propiamente religioso. Hoy en día figuras como Lilith o Azrael abandonan su génesis religiosa para desdibujarse en la cultura de masas, hasta el punto de que la cultura popular adapta la religión a sus intereses, para utilizar esos personajes e historias conocidas por el receptor para crear nuevas narraciones. Esto puede entenderse como un juego postmoderno más, la reconstrucción de nuestro imaginario colectivo tras la caída de los grandes mitos que daban forma a la humanidad. Precisamente este es el juego que lleva a cabo The Black Frog, pseudónimo del artista Igor Alban Chevalier, en su cómic Maggot, una reconstrucción absoluta del inframundo judeocristiano protagonizado por una alegre chica de los años 20 más alocados.

Maggot cuenta una historia, aunque más bien se podría considerar una sucesión de escenas en las que su protagonista, Susan Swallow, se ve obligada a recorrer a toda velocidad, tratando de mantener su vida sin saber muy bien qué peligros son los que la acucian. En las primeras páginas de Maggot nos enteramos de que Susan debe trabajar para el señor del inframundo, sin que nos quede muy claro cual es su misión, a la chica se le entrega un anillo parlante, que la apremia para que acuda al infierno para registrarse y poder comenzar a trabajar. Entonces comenzará una marcha por el infierno y el cielo en la que Susan y su aliado con forma de joyería tendrán se limitan a huir de las criaturas más peligrosas del mundo de los muertos, contando en contadas ocasiones con la ayuda de aliados quizás más peligrosos que sus enemigos. En este sentido no asistimos a una trama compleja en exceso, ya que el autor se limita a recurrir a la acción continua soltando alguna pincelada para cerrar el tomo con una conclusión que aclare todos los interrogantes. En este sentido, las emociones de la lectura de Maggot son una continua sorpresa por acumulación, ya que difícilmente podemos imaginarnos cual será la siguiente desgracia o traición sufrida por Susan.

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A esta carrera continua se suma el ya mencionado uso de la mitología judeocristiana, la cual es deformada continuamente por The Black Frog para adaptarla a sus necesidades en cualquier momento. Es meritorio como el autor crea un cosmos propio tomando prestado tantos elementos iconográficos, consiguiendo hacerlos suyos y darle una vuelta de tuerca. El infierno y el cielo de The Black Frog es más parecido a un enorme engranaje burocrático que a la imagen que Dante nos regaló con su Divina Comedia. Así, Maggot termina configurándose como la explosión de una guerra fría entre dos bandos que tienen en común su hambre de poder, diferenciándose sólo por tener cuernos en la frente o alas en la espalda. Y en medio de todo está Susan, una chica que no sabe muy bien que hacer y mucho menos en quién confiar, tratando simplemente de sobrevivir a la muerte por segunda vez.

Aunque Maggot es algo más que una entretenida visita al infierno y al cielo, porque por encima de la capacidad de The Black Frog como guionista hay que resaltar sus aptitudes como dibujante, ya que es en su arte visual donde Maggot consigue las cotas más altas de éxito. La recreación visual de The Black Frog consigue llenar las páginas de la oscuridad y tenebrismo que todos esperamos del infierno. Es cierto que el estilo visual recuerda enormemente al de Mike Mignola, aunque sería exagerado considerar a The Black Frog un mero imitador del creador de Hellboy, ya que el autor consigue un acabado totalmente personal y distinguible. Casi podríamos decir que The Black Frog hace en Maggot un acto de sincretismo con la obra de Mignola hasta deformarla y moldearla haciéndola entrar en el terreno que él quiere, haciendo que todos transitemos con Susan un infierno que nos es del todo familiar pero viéndolo con unos ojos nuevos.

@bartofg
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Spain is pain #214: Delicias nímias

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Nimio, nº 1 al 4 (VVAA). Nuez Ediciones, 2015. Grapa, 52 págs. B/N 4 € c/u

Todavía es pronto para hablar de la influencia de ciertas obras en futuros autores de comics. En los últimos años han predominado una serie de textos que desde cierta perspectiva fántástica, en principio infantil, han sido consumido por lectores/espectadores de todas las edades: Harry Potter, Bob Esponja, Hora de aventuras, Historias corrientes o Tito Yayo, entre otras. Estos serán sin ningún tipo de dudas obras fundamentales para entender futuras creaciones.

No sé si por mi parte será adelantarme poniendo en relación obras contemporáneas con las anteriormente mencionadas, o simplemente es ver rasgos comunes en obras diferentes, con tonos, en principio, bastante dispares pero con universos que comparten pautas discursivas. Eso es lo que me ha sucedido con Nimio, un fanzine de publicación mensual y que por el momento lleva cuatro números publicados presidido por una sana voluntad de jugar con los textos e introducir referencias de unos títulos en otro. Ya que la forma elegida es la de revista en la aparecen diferentes historias seriadas y con, más o menos, una continuidad velada.

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Los autores que llevan las riendas de esta publicación son: Ferro, María Ponce, Luis Yang, Nuria Tamarit y Anabel Colazo. Cuellos altos de pana tejana de Ferro es una serie protagonizada por una unos personajes un tanto infantiloides que tienen circunloquios sobre comida: Ganchitos, cacahuetes, o happy meals. El estilo de dibujo es engañosamente infantil y desproporcionado, pero esconde un buen trabajo de composición amparado en el horror vacui. El cartero de Luis Yang es un personaje enigmático que lleva su profesión a lo surrealista repartiendo paquetes y cartas, con un gran estilo gráfico que evoluciona y empieza a tomar forma en el último número.

María Ponce nos presenta a tres personajes que bordean la adolescencia y que viven en un mundo violento que es asumido con total normalidad por estos, pero sin ser el leit motiv de la historia, es una de los segmentos en los que el dibujo tiene un toque realista. El otro es el realizado por Nuria Tamarit, que se inicia con La plaga una historia de corte fantástico en un mundo desfigurado en el que los zorros parece que tienen cierto poder místico y no todos los humanos están tan evolucionados y en el que alguien que utiliza algo tan mundano como una moneda para pagar muere. Y para acabar Miguel el mago de Anabel Colazo, en el que un labrador, acompañado por una especie de patata negra con piernas, se hace pasar por mago para impresionar a la gente. Este personaje aparece en el resto de historias del fanzine de forma directa o indirecta.

La suma es un fanzine que mezcla tendencias actuales y ciertas referencias, o formas de entender la narración en los que lo fantástico juega un papel vital pero no central en el relato y sirve como excusa para plantear mundos con reglas muy concretas. Aunque quizás sea demasiado pronto para hablar de esta publicación sí que es necesario llamar la atención sobre este proyecto que tiene una periodicidad mensual, la evolución de lo planteado en las páginas de Nimio, resulta un mezcla muy interesante, sobre todo en unos autores de los que esperemos que nos den muchas alegrías en un futuro próximo.

@Mr_Miquelpg

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El peso de los años

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Eternal Warrior: La espada salvaje (Greg Pak, Trevor Hairsine, Clayton Crain y Diego Bernard). Aleta Ediciones, 2014. Rustica. 112 págs. Color. 12 €

En la mayoría de las obras de ciencia-ficción y fantasía la evolución parece haberse detenido, no sólo la biológica, sino también la histórica. Para este inmovilismo podrían defenderse varias causas, aunque a mí me gusta pensar que todo se debe a la existencia de razas y seres de vidas tremendamente longevas, cuando no inmortales. Si la gente lleva anillos de oro es por algo tan simple como que es un metal mucho más escaso que el hierro, la escasez lo hace valioso; algo parecido a lo que sucede con el tiempo, ya que la certeza de la muerte nos empuja a hacer algo con nuestra vida, pues tarde o temprano se va a acabar, sin remisión.

Así que es lógico que esas sociedades llenas de elfos permanezcan inmutables en una Edad Media mágica, temen el cambio más que a nada, con lo que es lógico que muchas de estas historias se centren en épocas crepusculares en la que los eternos dan paso a una raza joven de individuos efímeros empeñados en dejar su impronta en el mundo. Todo hasta que llega un momento en que los inmortales son tan escasos, si es que en algún momento fueron numerosos, que no tienen más remedio que convertirse en meros cronistas, observadores de la marea de la mortalidad. Dos obras tan diferentes como la película The man from Earth como el cómic Eternal Warrior fluyen del mismo modo a la hora de jugar con la representación de alguien incapacitado para terminar su existencia biológica. Aunque la apuesta que hace por la contención la película, es contestada con la mayor acción por parte del cómic.

The man from Earth, película del 2007 escrita por Jerome Bixby y dirigida por Richard Schenkman, es sencilla, un grupo de profesores universitarios se reúnen en una cabaña, uno de ellos les comunica que deja la universidad y que es un hombre de las cavernas con 14.000 años de edad, además de haber jugado un papel bastante trascendental en un momento de la historia de la humanidad. Poco más, una larga conversación donde la ciencia y la filosofía chocan y se redefinen ante lo imposible. Eternal Warrior, guionizado por Greg Pak y dibujado por Trevor Hairsine, con la ayuda de Clayton Crain y Diego Bernard, es menos sencilla, pues su protagonista es un antiguo habitante de la Mesopotamia de hace 10.000 años, una especie de peón en un juego de sombras de diversas deidades elementales. La sencillez de The man from Earth se enfrenta a la ingente cantidad de mitología y cronología que Eternal Warrior destila en el tomo La espada salvaje, recopilatorio de sus cuatro primeros números.

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Eternal Warrior es un cómic que se lee y disfruta rápido, Greg Pak se vale de todos los recursos típicos del cómic de acción fantástico, cercano a su vertiente de espada y brujería, para jugar con elementos actuales hasta gestar una mezcla entre Los Inmortales, Conan y una serie juvenil de la CW. Esto hace que el lector de Eternal Warrior venga con algo de bagaje a la lectura, que sepa que esperarse y como actuar ante el juego de espejos desplegado por Greg Pak, que ha dado por sabidas bastantes elementos y reglas por por parte del lector. Puede que no se la forma más académica de expresarlo, pero Eternal Warrior es un cómic que espera que sepas de que rollo va antes de empezar su lectura, pues de lo contrario podrías sentirte bastante perdido en la lectura, buscando respuestas a preguntas que el propio autor no espera que te plantees.

Gilad Anni-Padda es la espada de la tierra, una deidad que intenta mantener una especie de equilibrio en el planeta, básicamente llevando a cabo masacres selectivas. Pero en algún momento, Gilad parece cansado de ser un simple peón que mata a quien se le ordena y abandona su labor. Pero claro, el destino es así de simple y tanto su antigua patrona como el resto de deidades se niegan a dejar a Gilad fuera de la partida de ajedrez, algo que se complica cuando entra en juego la propia hija de Gilad, otra inmortal con un gusto inusitado por la violencia. Como es lógico, Gilad no puede con tanto caos y opta por lo más sencillo, acaba el mismo con todos los dioses.

Si éste es tu rollo, vas a disfrutar mucho Eternal Warrior. En los cuatro primeros números de la colección Greg Pak consigue por un lado crear un universo firme y estructurado con unas pocas pinceladas, consiguiendo además insinuar una mitología propia como mínimo interesante y cerrarlo todo con un cliffhanger que hace rogar rápido y con muchas ganas por el siguiente volumen de la colección. No nos encontramos con una obra llamada a ser un clásico atemporal, pero si ante la promesa de algo que puede entretener muchísimo a cualquier fan de la fantasía más bestia y cinética. Greg Pak no ha reinventado la rueda, pero la ha pintado de negro mate, le ha puesto unas calaveras cromadas y lo ha rematado todo con una brillante punta de lanza en el eje. Así que si es tú rollo te va a encantar el viaje.

@bartofg
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La sinestésica naturaleza de la vejez

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Sr. Esperanza (Tommi Musturi) Aristas Martínez, 2015. Cartoné con sobrecubierta, 230 págs. Color, 25 €

La tercera edad no suele ocupar un espacio importante entre los personajes de cómic contemporáneos, en general las narrativas convencionales suelen espantar el halito de la vejez para no espantar a las audiencias más jóvenes, casos como el de Arrugas de Paco Roca, en el que la mayoría de los personajes que protagonizan las historias son personas mayores, o de El arte de volar de Altarriba y Kim, que al principio y el final se explica la vida del padre del guionista ya adulto, son una excepción. Si aparecen en suelen ocupar una serie de espacios estereotípicos que o bien se decantan por representar los valores de lo anacrónico y de resignación o lo caduco o representan un espacio de libertad que al haberse despojado de las obligaciones paternofiliales y laborales pueden hacer lo que les venga en gana. Eso sin olvidarnos de esa representación de la sabiduría que siempre encarnan.

Hace tiempo que llegue a una conclusión: las personas mayores no es que sean más o menos sabias, sino que lo que hacen es escuchar todas las opiniones, y cuando todo el mundo ha hablado dan la suya sentenciando. Aunque ese atributo no es propiedad de la edad sino del conocimiento de las situaciones, problemas y sus causas en contextos que reconocen a la perfección. Sin embargo, Tommi Musturi nos lleva a otro punto en la representación de la iconicidad de la tercera edad en Sr. Esperanza. Relato protagonizado por una pareja de la tercera edad en el cual la mujer permanece en off hasta la quinta y última parte del libro. El hombre será aquel que nos enseña una posible, y factible, etapa soñadora en la que se puede convertir la tercera edad. Este renuncia completamente a la realidad para evadirse de la triste soledad que define como “una amiga peligrosa, una musa y una asesina” (pág. 45).

Esta entre otras reflexiones sobre la realidad son las que aparecen en la primera parte del libro. Musturi abre las puertas a un personaje que se irá creando para evadirse poco a poco y fundirse en una autoficción de evasión para al final retomar el pulso del mundo real en el que parece haberse reconciliado con este a través de la relación con su esposa que vive, por lo que podemos percibir, anclada al día a día a través de las obligaciones más mundanas: que van desde la limpieza de la casa hasta hacer la comida o intentar que su marido salga del mundo de fantasía en el que se ha sumergido.

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Este es desarrollado en la tercera parte del volumen, configurado como un western post-mortem en el que el hombre navega en su mitología personal, algo que ya hace a lo largo del relato, pero aquí de manera más acentuada. Esta travesía personal es un dialogo con la muerte, al igual que hiciera Bergman en la indispensable El séptimo sello pero aquí la partida es con el mismo, solo que tiene lugar en su mente o simplemente tras una mala noche por haber comido mucho. De ahí pasa a ser un ermitaño que es que se esconde en el bosque, siendo ahí donde la mujer lo recupera desde lo más mundano: dándole de comer. El último capítulo es una revisión a la vida de la pareja desde sus inicios pasando por los mitos, lo que les  ha unido durante años que acaba con el primer beso de ambos.

El pulso narrativo de Musturi es firme, capaz desarrollar una poética sobre el fin, o el principio, de un individuo cuya ligazón con el mundo real está muy lejos de ser el deseado. El autor finlandés nos lleva por un universo muy personal, en el que tiene cabida la rutina de la vida diaria y las posibilidades de un mundo onírico creado para no morir de realidad. Plasma a la perfección lo hierático asociado a las sociedades nórdicas en las que no se acaban nunca de mostrar todos los sentimientos a pesar de la situación. Sr. Esperanza es una oportunidad para conocer a uno de los mejores autores del momento, un creador capaz de marcar un tempo de lectura pausado, lineal, causal pero abierto a la reflexión. Con una estética propia y reconocible, capaz de mostrar con el color estados de ánimo, mundos y sensaciones en cada una de sus viñetas. Una obra imprescindible para todos.

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Más que una simple Pin-up

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Natacha Vol. 2 (Walthéry) Dolmen Editorial, 2015. Cartoné, 176 Págs. Color, 29,95€

Hace unos meses apareció en el mercado el primer volumen recopilatorio de las aventuras de Natacha, el personaje creado por Walthéry, hable del valor de la profesión en algunos géneros del cómic así como el valor del género y su representación en este título. El segundo volumen nos vale para seguir expandiendo dicho concepto ya que Natacha es una azafata de vuelo de cuando se empezó a configurar el mito de esta profesión allá por la década de los 70, cuando los vuelos no eran asequibles para todo la población, y volar, los aviones, los aeropuertos era algo exótico y ser azafata una profesión para privilegiadas. De ahí que Natacha sea uno de esos personajes interesantes del cómic franco belga por todo el tipo de lecturas que puede suscitar, ya que llevaba a las páginas de Spirou la imagen de una mujer sexual, con sus atributos intelectuales y físicos.

Pero el personaje de Natacha está muy lejos de ser una mera pin-up la cual solo posa para llamar atención, aunque tenga algo de eso porque la estética del personaje es muy atractiva. Por otro lado aporta un perfil profesional de la azafata, realiza su trabajo de manera impecable, tiene gran capacidad para las relaciones personales, pero sobre todo se nos muestra su vertiente intelectual. Natacha no es, ni mucho menos, la típica rubia tonta, todo lo contrario, la tramas giran en torno a ella no por su belleza sino por sus dotes para resolver todo tipo de misterios y problemas. Porque en el fondo las aventuras de la asistenta de vuelo están a medio camino entre el relato de aventuras y el género negro.

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En este volumen vienen recogidos tres álbumes correspondientes al periodo 1974-1977, y algunas historias cortas. La primera de ellas es Un trono para Natacha en la que ella, instigada por el servicio secreto de su país, debe convertirse en una guía, si surge ser la prometida, de un rey africano que tiene entre sus consejeros a un mercenario que pretende recuperar el oro que robo durante la Guerra Civil española. La segunda es Doble Vuelo una historia interesante en la que la misma Natacha secuestra el avión en la que está trabajando, y la última es El decimotercer apóstol, tanto este álbum como el primero están guionizados por Maurice Tillieux, para mí el mejor álbum de este personaje publicado hasta el momento y en el que Natacha es mostrado en todo su esplendor. Es un relato clásico de aventuras que incluye viaje en tren, intentos de asesinatos, investigación en tierras exóticas (en este caso la costa turca), terremotos y un gran secreto por descubrir sobre el origen del cristianismo. Una historia muy medida en su tempo y también en el estilo gráfico en el que Walthéry dibuja a la azafata sufriendo todo tipo de vicisitudes.

El volumen se completa con una breve pero gran historia que posiblemente hubiese dado para mucho más: Juego de manos, juego de villanos, en la que el avión se llena de magos y desaparece uno, una historia en el que el formato de las viñetas cambian de tamaño. Las últimas páginas están dedicadas a recopilar material inédito, historia de la evolución del personaje y del autor así como portadas e ilustraciones inéditas. Imprescindible para los fans del personaje, de la Escuela de Marcinelle y para todos aquellos que quieran, tanto recuperar viejas lecturas como para hacer una aproximación a una forma de entender el cómic en el que los géneros narrativos juegan un papel fundamental.

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Spain is Pain #213: Mondo raro.

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Soufflé (Cristian Robles) La Cúpula, 2015. Rústica, 100 págs. Color, 14,5€

Hace unos meses Cristian Robles nos sorprendía con Ikea Dream Makers una obra totalmente inesperada en la que se nos mostraba de forma alucinógena la vida de un tipo atrapado, primero en un habitáculo de una macrotienda de muebles y luego en una especie de espacio sicotrópico en el que estos muebles son construidos bajo la supervisión de un tirano. Se trata de una obra que nos muestra con gran solvencia, pero sin moraleja barata una lectura sobre el espacio que ha ido ocupando el capitalismo en nuestras vidas.

Tan solo unos meses después nos llega el segundo trabajo de este autor: Soufflé. Una obra en la que ha dado un salto cualitativo, aunque en tan poco espacio de tiempo es difícil hablar de una evolución o una progresión. En principio se trata de dos obras muy diferentes en la que la concepción del diseño de personajes y espacios dan unos valores muy concretos al trabajo. Si en el caso de la primera obra nos encontramos con un entorno fantástico, en Soufflé lo gráfico bebe de la realidad pero permitiéndose ciertas licencias surrealistas provocadas  por la droga de moda del momento y que da título a este trabajo.

Daniel, Gross, Andy, Bea y Lana protagonizan una historia no como colectivo, auqneu en un primer momento podría paracerlo, sino como un grupo de individuos que no se plantean opciones de vida más allá de ellos mismos y a los cuales las desgracias los convierten en seres egoístas, irritables y faltos de empatía. Estos son consumidores de Soufflé, a pesar de las advertencias del gobierno, una droga tipo cannabis que en apariencia parece inofensiva pero que con el consumo excesivo hace que pierdan partes de su cuerpo en el caso de Andy la mano derecha y de Bea los ojos.

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El relato se plantea como un thriller atípico basado en la linealidad y la causalidad pero sin abusar de los tópicos del género, y que recuerda en su estructura a Blue Velvet de David Lynch en el que la acción empieza con una oreja cercenada que es encontrada en el campo, aquí es Daniel el que encuentra un brazo en una caja, precisamente el que ha perdido Andy. Se redunda también en cierta idea del relato generacional en el que el resto de la sociedad es aparentemente inexistente y el estado se convierte en una mera advertencia sobre la peligrosidad de las drogas. Son una especie de supervivientes es una ciudad casi fantasma.

La droga es mostrada como un ente que emancipa el intelecto de los personajes del mundo real pero sobre todo como una condena para los personajes que tienen que arrastrar secuelas físicas, perdida de extremidades y las consecuentes psicológicas de la perdida. Aquí nos encontramos lo mejor, o peor de ambos mundos, el padre de Andy ha creado un paraíso sicotrópico a base de soufflé para recuperar a su mujer muerta y en el que las personas pueden trascender a la forma que quieran manteniendo el fondo. Es en estos aspectos, lo artificial en lo alucinógenos, que los diseños de Robles explotan en formas y colores.

Soufflé retoma la idea de representación de una sociedad alienada de sus instintos naturales que se mueve por una artificialidad de en los hábitos y costumbres, de la incapacidad de ser una comunidad más allá de la superficie, pero repitiendo la fórmula de su obra anterior, sin moraleja ni falsos relatos sociales. Los protagonistas son unos perdedores en un mundo anodino que una vez surgen situaciones excepcionales, se convierten insuperables. El estilo recuerda a los diseños de Dave Cooper y el tratamiento narrativo de Charles Burns, pero el discurso de Robles, es único, propio, y parece que va tomando forma poco a poco, tanto en lo narrativo como en lo visual, en la que lo que más brilla son los recursos gráficos que se saca de la manga para explicarnos una historia que se mueve entre el cielo y el infierno de los protagonistas.

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Mascarada

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Masks (Chris Roberson, Alex Ross y Dennis Calero) Aleta, 2015. Rústica, 240 págs. Color, 19,95€

No he podido evitar poner a esta entrada el título de mascarada para hablar de este cómic. La mascarada es un evento que alcanzó su mayor gloria entre el s. XVI y el XVIII en Francia, en la que los participantes se disfrazaban con una máscara y actuaban imitando la actitud del personaje, animal o ser del que iban vestidos. La mascarada es también como se ha definido durante mucho tiempo el hecho de disfrazarse en las convenciones de fans de personajes de ficción e “interpretar” poses, acciones y decir frases al igual que hace el personaje original. En cierta manera el cómic de superhéroes como género es en sí una mascarada, personajes con un alter ego oculto el cual se esconde bajo una vestimenta a través de la cual alteran su personalidad.

Masks juega a eso a lo largo de los 8 números de la edición original, en los que apenas vemos a los héroes sin la máscara puesta. Cierto es de que se trata de explotar la vertiente icónica de estos héroes que con el tiempo solo han ido quedando en la memoria de los fans y los seguidores de narrativas vinculadas al pulp o series de televisión anteriores a la década de los 60. Aquí la trama es muy sencilla un partido político llamado Partido de la Justicia, se ha hecho con la ciudad de Nueva York, el único problema es que esta formación es que esta parapetada y liderada por gangsters y mafiosos que han formado una fuerza policial a base de delincuentes, para luchar contra la dictadura que se avecina La Sombra, El Avispón Verde y Kato, The Spider, Zorro, el Lama Verde, Miss Fury y Black Bat, atacarán al centro de poder del partido.

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Masks es un volumen inevitable para los fans de estos personajes muy en la línea de la editorial Dynamite especializada en la expansiones diegéticas y universos expandidos de personajes muy icónicos y crossovers como el volumen del que estamos hablando hoy. Haciendo de estas dinámicas un terreno abonado y consolidado dedicado al fandom actual y para nostálgicos de estos personajes. Hay que agradecerle que la acción trascurra en 1938 un periodo en el que este tipo de héroes son todavía plausibles y funcionales para este tipo de narrativas de género pulp.

Así pues, podemos decir que Masks cumple con las expectativas puestas en él a través de una trama al uso, estructurada para que todos y cada uno de estos personajes tengan sus espacio para la acción y para presentarse, en el caso de que haya recién llegados, en el que el dibujo juega una baza muy importante; tal y como se muestra en el número uno con trabajo a cargo de Alex Ross al igual que el resto de portadas de la colección. Un volumen que encantará a los fans de estos héroes, nostálgicos y a aquellos que se vuelven locos con los crossovers puntuales. Puro pulp pop.

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