No sin mi camión

Wayne-Shelton
Wayne Shelton Integral 1 (Jean Van Hamme y Christian Denayer). Dolmen Editorial, 2014. Cartoné. 184 págs. Color. 34,95 €

Ser aventurero hoy en día no debe de ser nada fácil, hace sólo un siglo podías salir de Europa, dirigirte a cualquier lugar del mundo subdesarrollado y convertirte fácilmente en un saqueador de ruinas milenarias o en una especie de caudillo militar militar, todo sin mayores problemas. Hoy en día no, el mundo es más complejo y cualquier entorno subdesarrollado sigue sin tener agua potable, pero la presencia de armamento de lo más variado es de lo más común. Además no se puede negar que la venda del romanticismo ha caído y en cualquier lugar al margen de gobiernos más o menos estables es más sencillo ser víctima de torturas que encontrar alguna especie de paraíso anarquista. El mundo se ha vuelto, o se ha mostrado por fin, como una jauría de perros rabiosos amantes de la antropofagia. Así que si huimos en busca de aventuras más nos vale convertirnos en hijos de puta, en morder antes de que nos muerdan.

Wayne Shelton es un hombre que conoce la lección mejor que nadie, capaz de aunar una moral interior de lo más íntegra con un pragmatismo que le permite sobrevivir donde cualquier ciudadano del primer mundo terminaría violado y asesinado con algún órgano de menos, no precisamente en ese orden. En el primer integral de Wayne Shelton, que recoge los primeros tres tomos de la edición original, conocemos a un veterano de la Guerra de Vietnam que tras ser incapaz de volver a la vida civil se especializó en labores de soldado, o más bien especialista, de alquiler. Aunque nadie espere encontrar en la obra de Jean Van Hamme y Christian Denayer locas aventuras en templos perdidos en mitad del Amazonas o oscuras intrigas contra organizaciones criminales que buscan el dominio mundial. Aunque las referencias a James Bond e Indiana Jones son más que notables, Wayne Shelton está mucho más pegado a la realidad, cambiando la selva por las repúblicas ex-soviéticas y a los supervillanos por industriales y políticos.

Todo esto crea un campo de juegos más que entretenido, pues al mismo tiempo que se disfruta la lectura, Jean Van Hamme y Christian Denayer recuerdan una y otra vez al lector que el mundo que está ahí fuera es más complicado y cruel de lo que la cultura popular está empeñada en mostrarnos. En los tres álbumes que recoge Wayne Shelton en su primer integral asistimos a una misión del héroe, en los dos primeros capítulos, y a las consecuencias de la misma, en la tercera historia. La misión no puede ser menos romántica: rescatar a un camionero francés de una cárcel de Oriente Próximo para que el Gobierno de Francia desbloquee las restricciones comerciales con un pequeño y corrupto país. Afortunadamente, Jena Van Hamme desarrolla toda una intriga llena de acción para entretener al lector al margen de la poca nobleza de la actividad de su héroe. De este modo, se puede decir que Wayne Shelton respeta toda la tradición de la literatura de espías o aventureros pero colocándolo ante un escenario más realista y crudo, manteniendo el mismo nivel de violencia pero ensuciando cada página del relato.

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No hay lugar para la épica o la última tecnología, todo son antiguos rifles de asalto soviéticos y camiones con amortiguadores gastados. A fin de cuentas nada mata mejor que un kalashnikov y si te vas a mover por carreteras de tierra un deportivo de último modelo no te va a servir de mucho. Como es lógico, Jean Van Hamme deja espacio al juego y no todo es tan gris, dejando que algunos personajes sean algo más románticos, como un aristócrata inglés con afición por el tráfico de armas, un especialista de cine español o una prestidigitadora de innegables encantos. Quizás sea en los personajes donde el guionista se toma más libertades a la hora de añadir espectacularidad por encima de realismo, pues crea una cohorte de alegres malnacidos que da algo más de color a la historia. Wayne Shelton es un cabrón de buen corazón que siempre consigue llevarse a la cama a atractivas mujeres, aunque esté a las órdenes de industriales que no tienen problemas con saltarse legislaciones nacionales e internacionales para mejorar los beneficios de cara al final del año fiscal.

Por su parte, el dibujo de Christian Denayer es lo esperable en este tipo de obras, su estilo busca un realismo accesible que ayude a la lectura de la historia sin obstaculizar nunca su narrativa, la cual es totalmente cinematográfica, tratando siempre de hacer que el ritmo se adapte a la intensidad de las escenas. Se puede decir que el objetivo del dibujante está más que conseguido, pues aunque el dibujo de Wayne Shelton  no sobresalga excesivamente, es innegable que funciona en perfecta armonía con el guión, consiguiendo una obra totalmente unitaria donde la trama y el aspecto visual se marcan un destino único. Jean Van Hamme y Christian Denayer visitan las esquinas más oscuras del mundo sin ocultar la violencia, la suciedad o la corrupción, pero con el único objetivo de divertir y entretener al lector, el cual siempre que sea un amante de la acción va a encontrar una obra perfecta para pasar una tarde más que entretenida.

@bartofg
@lectorbicefalo

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