La eternidad en un suspiro

Caso para Dos Anthony Pastor (1)
Caso para dos (Anthony Pastor). La Cúpula, 2014. Grapa. 36 págs. Color. 5,90 €

El fotoperiodismo es quizás la más salvaje de las artes, pues es artística por equivocación, ya que su único fin es el documentalismo, la plasmación de un momento, el intento de explicar todo un enorme embrollo de contextos, suposiciones, mentiras, causas y efectos en una única imagen. Es una labor imposible, y quizás por eso le damos la categoría de arte, ya que se embarca en una odisea destinada al más absoluto de los fracasos. Y como no hay mayor dignidad que dedicar nuestro esfuerzo y tiempo a algo cuyo único fin es la derrota, no podemos más que valorar su carga poética y su encuentro secundario y fortuito con la belleza. De este modo, obras como la de Henri Cartier-Bresson o Martin Parr jamás conseguirán la victoria, pero por el camino abonarán a los receptores de su creación con una curiosidad por lo exterior, por la belleza intrínseca del mundo cuando simplemente se mueve.

La famosa fotografía de Henri Cartier-Bresson de un hombre saltando en un charco nos bloquea el cerebro porque nuestra mente nos impide disfrutarla en su totalidad, necesitamos saber por qué salta ese hombre y conocer las implicaciones de su acción: ver el pantalón mojado, sus zapatos destrozados y buscar en su rostro la jovialidad infantil o el malestar adulto. Cada uno puede al final hacer su propia lectura, conversar con la obra y generar sus propios significados. En esto consiste prácticamente el cómic Caso para dos de Anthony Pastor, un instante en la vida sin mayor explicación que la que el lector le quiera otorgar a la obra, para al final, como siempre sucede, termine hablando más de sí mismo que de lo que acontece a los personajes. Caso para dos es un golpe en el hombro, ligeramente violento pero justo en lo doloroso, con el que nos giramos para ver que estamos totalmente solos.

Anthony Pastor ya ha desarrollado el personaje de Sally Salinger en los cómics Castilla Drive y Caramelos atómicos, pero no es hasta Caso para dos cuando nos explica un poco de la vida anterior de su protagonista y su enigmático marido Robert, quien la abandonó a ella y a sus dos hijos en común. Por fortuna, Anthony Pastor no opta por llenar los huecos de la historia cronológica de Sally, sino más bien por dar una pincelada más en el cuadro abstracto de su existencia. Nadie encontrará en Caso para dos explicaciones a la Sally posterior en el tiempo, tendrá que conformarse con pequeños indicios, pistas veladas sobre quién era Robert Salinger y cómo afectó a la vida de Sally. Todo esto diluyéndose en otra trama, la historia de la búsqueda de un anciano desaparecido, Mortimer Buenavista, cuya esposa a contratado a Robert para que lo encuentre. Como en todo caso de detectives, nada es lo que parece y un caso de búsqueda de una persona desaparecida esconde más de lo que muestra a simple vista.

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Pero al final, la búsqueda de Mortimer Buenavista es lo de menos, porque lo realmente importante es Robert con una pistola en la mano en un oscuro aparcamiento mientras a escasos metros Sally espera en el coche con su hija en brazos. Con unos elementos mínimos, Anthony Pastor crea una tensión que sube y baja continuamente, haciendo del salto temporal una herramienta casi sádica para gestionar el avance en la trama. Todo es tan sencillo como que Robert cruce una puerta de un almacén a oscuras para encontrarse con el hombre que busca. Pero Anthony Pastor no duda en saltar continuamente hacia atrás, de forma discontinua pero intencionada, para retrasar el clímax, haciendo además que cada nueva pincelada traída del pasado desvirtúe lo que había construido hasta ese momento.

Esa escena central, que ocupa la mayoría de las páginas de Caso para dos, es digna del mejor thriller cinematográfico de los años setenta del siglo pasado. Un hombre armado y con un maletín oculto entre las sombras; otro hombre, también armado, que se lanza tras él; y una mujer, quizás la más valiente de los tres, que no tiene dudas en seguirlos aunque sea con un bebé en brazos. Como es lógico, los tres sujetos terminan encontrándose en un momento que redefinirá sus vidas completamente, obligándoles a enfrentarse a su presente, pasado y futuro, como un mordisco amargo de la fruta del Árbol del Conocimiento. Todo el interés de Anthony Pastor es explicar ese momento definitorio lleno de belleza e intensidad, creando la duda de si toda la información que despliega a su alrededor nos ayuda o nos embarra tal misión, misión que eso sí, no está carente de desafío y cuestionamiento para el lector.

@bartofg
@lectorbicefalo

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