No puedes salvarlos a todos

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Batman: Ciudad del crimen (David Lapham y Ramón Bachs). ECC, 2015. Cartoné. 288 págs. Color. 28,50 €

DC y Marvel no son para nada comparables. Esto quizás se deba a la diferencia de edad de ambas editoriales, o más que a su edad real al momento en el que se implantaron entre el gran público. Pues poco tiene que ver la sociedad de finales de los años treinta y la de principios de los sesenta del pasado siglo. Mientras DC construyó un panteón de modernos dioses, con personajes que parecían identificarse con valores concretos como los dioses griegos; Marvel configuró a seres extraordinarios que sobresalían entre iguales, creaciones que en lugar de ser un ancla atemporal también tenían que soportar los envites de la historia. Después es cierto que ambas editoriales tienen un arquero y un tío que corre muy rápido, del mismo modo que las dos se pierden en sagas y cronologías que parecen tener como único fin expulsar a actuales y potenciales lectores. Pero mientras el Capitán América llora ante los restos de las Torres Gemelas, Batman surca las calles de Gotham, una ciudad que no cambia, inmutable en su oscuridad y criminalidad.

En base a esto, creo que los personajes de DC funcionan mejor en sagas puntuales, en historias construidas como fábulas clásicas puestas al servicio de los grandes relatos que son sus héroes. Narraciones como All Star Superman son un recordatorio de esto, de que Superman es más el reflejo del poder que todos tenemos dentro, esa fuerza descomunal que nos invita a sacrificarnos y ayudar a los demás; así como Batman nos recuerda que el mundo está deseando que fracasemos, algo que terminaremos haciendo por lo que no tenemos más remedio que levantarnos. En cierta medida esto es lo que se recoge de la lectura de Ciudad del crimen, el tomo de Batman que recoge la etapa que el guionista David Lapham realizo sobre el caballero oscuro, todo con la inestimable ayuda de los lápices de Ramón Bachs. David Lapham es sobre todo conocido por su serie propia Balas perdidas donde aúna como pocos la serie negra más pura con el drama más cotidiano, algo que le convierte en el guionista perfecto para Batman, pues no olvidemos que no deja de ser el mejor detective del mundo.

En Ciudad del crimen nos encontramos dos líneas que avanzan de la mano en perfecta armonía: una trama criminal y la reconquista emocional de Gotham. La trama criminal funciona como un tiro, con un Lapham que sabe gestionar la información y el tono a la perfección, consiguiendo un relato de género que nos mantiene pegados al cómic en todo momento: parece que alguien está secuestrando adolescentes embarazadas para matarlas y vender a sus bebés, algo que Batman no está dispuesto a permitir. Pero al mismo tiempo, parece que el cerebro tras la trama criminal es algo más oscuro y misterioso de lo que debería, llegándose a convertir en una fuerza pulsante que quiere hacerse con toda la ciudad en un sentido literal. Este segundo nivel coloca a Batman en un sentido más abstracto en su rol de justiciero urbano, pues no todo se resume en lanzar bombas de humo y atar a los criminales, llegando incluso a tener que redefinir su papel como Batman y su relación con Gotham.

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En cierto sentido, Ciudad del crimen recuerda al cómic The Cult, donde el guionista Jim Starlin juega a un nivel interno con Batman enfrentándolo más al propio Bruce Wayne que a sus enemigos externos. Por si esto fuera poco, David Lapham consigue algo tan difícil como dar humanidad a Batman sin necesidad de romperle la columna vertebral o convertirlo en un psicópata fascista, con algo tan sencillo como el fracaso. La fuerza motriz que mueve Ciudad del crimen no es otra que la culpa, ya que Batman intenta acabar con la red criminal no por salvar a Gotham, si no por purgar el pecado de otras vidas que no ha podido salvar, intentando conmutar errores pasados con victorias futuras. Desgraciadamente, este conteo no es tan eficaz y las vidas que salva Batman no acaban con la culpa, algo que se suma a ese nuevo Gotham que va devorándolo todo, consumiendo la poca humanidad de la ciudad.

Por suerte, David Lapham consigue que la parte más mítica o panteista de Ciudad del crimen no se coma a la trama criminal, que se mantiene perfectamente estable sin caer en ningún momento en las estructuras clónicas del género. Para decirlo claro, David Lapham consigue que lo poético no caiga en la pedantería, ni que lo pragmático esté  vacío de sorpresas. Así que aunque personajes como el Pingüino y Mister Frío pueblen las páginas de Ciudad del crimen, los gadgets imposibles funcionan de forma orgánica con la  corrupción política y ese extraño ente conocido sin más como el Cuerpo. Esto se ve reforzado con el dibujo de Ramón Bachs, que sobre los bocetos de Lapham consigue un acabado realista pero lleno de intensidad, consiguiendo un verismo notable sin tener que descartar los usos dramáticos de las sombras y los colores que un cómic de Batman exige.

Obras como Ciudad del crimen son las que configuran las leyendas de los grandes héroes, consiguiendo que Batman sea más Batman que nunca, y haciendo que el propio personaje sea una extensión de Gotham, un territorio donde el crimen es real, tanto entre los supervillanos como con los rateros y violadores de tres al cuarto. Batman no es la cura de Gotham, es un simple anticuerpo luchando contra una infección quizás demasiado poderosa.

@bartofg
@lectorbicefalo

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