Spain is Pain #208: Luchas en el tiempo

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Las damas de la peste (Javier Cosnava y Rubén del Rincón) Dibbuks, 2015.Cartoné, 100 págs. Color, 16€

Esta misma semana TVE ha estrenado en prime time El ministerio del tiempo, una serie de corte ci-fi que juega con las posibilidades de intervenir en el pasado conociendo todas las situaciones previamente y los actores determinantes en el devenir de la historia. Situar personajes de ficción, o reales, pero que no pertenecen al espacio geográfico o histórico puede generar una serie de problemas, de ahí la regla de no intervención en los viajes en el tiempo. La serie en cuestión funciona así: la agencia trabaja para solventar problemas que surgen en el devenir histórico de España, pero no tiene pinta que vayan a jugar a cambiar la historia y menos de momentos tan concretos como la Guerra Civil española.

Nuestro conflicto bélico, y sus alrededores, muestra la división de un país y dos formas de entenderlo que perduran hasta nuestros días. Es un contexto difícil de articular y por el que hay que decantarse por alguno de los contendientes a la hora de crear una ficción y a la hora de leerlo. Las damas de la peste de Javier Cosnava y Rubén del Rincón es un relato se articula en tres momentos históricos en los que la represión ha salido triunfante frente a la lucha por las libertades: la revolución de Asturias de 1934, la Guerra Civil española, y la II Guerra Mundial. Más un epilogo que se desarrolla en el Mayo del 68. Son tres situaciones en las que los autores no se muestran indiferentes, para ello crean tres personajes femeninos que representan el ideal de la libertad, como algo metafórico pero también como algo buscado por ellas, tres mujeres que se sobreponen a las situación para emanciparse y sobreponerse a las limitaciones y represión de los gobiernos totalitarios, tanto en la oscura España que le gusta dibujar al catolicismo como en la Francia invadida por el ejército nazi.

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Si las tres damas, personajes de ficción, están situadas en contextos históricos reales, Albert Camus aparece fuera de su contexto histórico en la revolución asturiana, interpretando a un joven que quiere ver cómo se lleva a cabo la revolución si más paliativos y dejar la literatura de lado. Pero sin intervenir, se diría que su experiencia vital funciona a modo de demiurgo, abriendo la historia, poniéndonos en situación y respetando el continuo histórico para luego reencontrarse con las protagonistas, en una línea alternativa de su vida, lo que se conoce por el nombre de missing scene. Fe, Esperanza y Caridad, son las tres damas de la peste en un contexto narrativo necesitado de esas tres virtudes. La elección de los espacios histórico Asturias, guerra civil y segunda guerra mundial representan tres momentos del enfrentamiento de dos visiones que la humanidad tiene frente a la condición humana tres estados que se pueden resumir como de lucha, huida y resignación.

Para ello destrozan los cronotopos femeninos arquetípicos de manera que los espacios abiertos definen a unos personajes que se arrojan a la vida de la misma manera que arremeten con las armas contra el enemigo. Fe es una luchadora de raza con las cosas muy claras, una persona de principios que pone por encima de todos los valores de su lucha personal, perteneciente a la clase trabajadora, por lo que todos esos valores representan una actitud vital. En cambio Caridad es una persona curiosa a la que quizás le cueste mucho más darlo todo hasta el final por la lucha nos muestra la vertiente idealista, romántica e ideológica. Aunque de lejos el personaje más interesante es Esperanza, hija de militares lucha contra el destino que le tienen preparado por ser mujer en un ambiente conservador, hija de militares, decide luchar del lado de la libertad y como paradoja sufre el escarnio de los parisinos tras la liberación de la ciudad.

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Las Damas de la peste es un relato intenso sobre la lucha de ideales, nada maniqueo, en el que lo bélico no deja de ser una mera excusa para hablarnos de tres personajes cuya máxima es combatir para vivir y para poder hacerlo con las garantías suficientes ser ciudadanas de pleno derecho. Un gran acierto el situar el relato en tres contiendas militares sin hacer de este un relato de género bélico y que se quede como un trasfondo bien documentado y definido, sin que se coma la historia principal. El combate por las libertades representado en esta obra guarda al final una pequeña sorpresa, una nimia victoria: Mayo del 68. Una toma de conciencia que parece resurgir cada cierto tiempo pero que parece que nunca acaba de cristalizar y que es absorbida por los poderes, pero los autores lo dejan ahí, con la toma de conciencia de las nuevas generaciones, que en el fondo no deja de ser algo reconfortante.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

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Niños grandes, alcohol, armas y mujeres

el oro y la sangre portadaEl oro y la sangre 1 (Maurin Defrance, Fabien Nury, Merwan y Fabien Bedouel). Spaceman Books, 2014. Cartoné. 128 págs. Color. 25 €

Mi abuelo materno nació en 1896 y murió en 1988, cuando yo tenía tres años. Recuerdo estar en su regazo, un hombre tan alto como delgado que me sonreía con inteligencia. Después mi abuela y mi madre se han encargado de contarme historias de su vida. Mi abuela siempre cuenta que era capaz de almorzar copiosamente para después ir a ver a un amigo, autoinvitarse y comerse el solo un pollo asado. Hay otras historias, como la multa millonaria que tuvo que pagar por ocultar a un republicano durante la Guerra Civil. Pero quizás lo que guardo con más cariño es una fotografía de mi abuelo en África, con su uniforme militar mientras luchaba por mantener los intereses coloniales de España en África. Sé que el colonialismo es malo, pero no puedo evitar sentir una sensación de romanticismo y melancolía cuando veo la fotografía de mi abuelo, con su bigote y uniforme militar, mirando indolente a la cámara, pienso en las aventuras que tuvo que vivir, en lo que supuso ser un soldado español durante la Guerra del Rif. Por suerte mi abuelo no murió en el Desastre de Annual.

A medida que avanza la historia, el pasado se va reimaginando creando una nueva lectura romántica e idealizada. Así que mientras obras como La Gran Guerra abogan por mantener fresco el recuerdo de las atrocidades de la I Guerra Mundial, no son pocos los autores que consideran que dicha época ya forma parte de la leyenda y es hora de que los héroes alérgicos a la muerte y adictos al peligro la reinen. Esto es lo que sucede en El oro y la sangre, una historia escrita por Maurin Defrance y Fabien Nury, y dibujada por Merwan y Fabien Bedouel, un moderno cuento de piratas con la I Guerra Mundial y la Guerra del Rif como telón de fondo. Lo primero que hay que dejar claro es que aunque la trama de El oro y la sangre esté anclada en la historia más real, su objetivo principal, por no decir prácticamente el único, es el entretenimiento, pero el entretenimiento de la mejor calidad, poniendo los cuatro autores todo su talento al servicio de contar una historia de acción e intriga de la forma más eficaz posible. Objetivo que tras la lectura del tomo, que recoge las dos primeras entregas francesas de un total de cuatro, no puede más que ser considerado como un éxito sin paliativos.

Maurin Defrance y Fabien Nury apuestan por el localismo más obvio para crear a sus dos héroes, Léon Matilo y Calixte de Prampéand. Aunque ambos son veteranos de la I Guerra Mundial que cruzan sus destinos en las trincheras, sus origenes son dispares pero totalmente complementarios. Léon es un rufián corso afincado en Marsella, alguien que conoce a todas las prostitutas de Francia, siempre tiene un chiste ocurrente pero  que siempre ha estado a las órdenes de alguien. Calixte es un aristócrata parisino siempre dispuesto a hacer lo mejor para su familia, algo que parece chocar con su fondo noble. La unión de ambos personajes crea una simbiosis propia de las buddy movies policiacas de los ochenta. León es incapaz de llevar a cabo sus grandes sueños mientras que Calixte es incapaz de soñar, de modo que el primero pone los ideales y el segundo la energía. Esta combinación produce continuos tiras y aflojas que ayudan al ritmo de la aventura, pues en lugar de avanzar de forma continua, vemos como el destino va poniendo piedras en su camino que ambos amigos sortean con la ambición que nace de su unión.

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En cierto sentido, el destino que Defrance y Nury construyen para Matilo y Prampéand es el propio que todo niño de diez años quisiera tener. El corso quiere abandonar su vida de esbirro en Marsella y el aristócrata no aguanta la presión de su estatus social, con lo que optan por algo san sencillo como hacerse piratas. Durante el primer capítulo, los guionistas se centran en la vida de los dos hombres en las trincheras y en el salto que tras una noche de alcohol y prostitutas les lleva a convertirse en traficantes de armas. El segundo capítulo se centra en su encontronazo con el ejercito colonial francés y su unión a las tribus rebeldes del Rif. Absolutamente nada de lo que planean los dos amigos sale bien, pero cada fracaso significa una apuesta mayor por la aventura y el riesgo, El oro y la sangre es un continuo e infinito caer de la sartén al fuego.

Por su parte, el dibujo de Merwan y Fabien Bedouel parece empeñado en el mismo fin, acelerar el pulso del lector. Un acabado casi bosquejado, lleno de claroscuros y negros, llena de intensidad y dinamismo cada viñeta, algo que se ve acrecentado con el uso de proporciones y perspectivas aberrantes. Léon y Calixte parecen siempre canallas con medias sonrisas, aunque Léon tenga tendencia a congelar su rostro con sorpresa y Calixte sea incapaz de ocultar la determinación en su rostro. En resumen, el trabajo de los cuatro autores crea una obra donde la cimentación en hechos históricos o la recreación gráfica son lo de menos, pues su obra es ante todo acción y diversión. Puede que algunos vean un barniz demasiado masculino en el cómic, pero lo cierto es que hay que saber leer la obra como lo que es, una fantasía adulta basada en la imaginación más infantil, cuando todos aspirábamos ser totalmente libres, dueños de nuestro propio destino y llamados a hacer grandes cosas. Cuando veo la fotografía de mi abuelo no me lo imagino disertando sobre Platón, sino más bien borracho con sus compañeros en una cantina de mala muerte en Marruecos, quizás después de luchar contra tribus rebeldes, y quizás, sólo quizás, de enfrentarse a dos piratas franceses.

@bartofg
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Vuelve el hombre

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Lobo, autopista al infierno (Scott Ian y Sam Kieth) ECC, 2015. Cartoné, 144 págs. Color, 15,95 €

Batman/Lobo (Alan Grant, Simon Bisley, Neil Gaiman) ECC, 2015. Rústica, 64 págs. Color, 6,50€

La década de los noventa fueron el equivalente de los locos años 20 en el mundo del cómic, pero aplicando lo decadente a una locura sin sentido de los que pocos títulos y personajes se podrían salvar de la quema. La industria americana entró en barrena con el tema de las primeras ediciones, los números uno y la especulación que rodea muchas veces al mercado editorial y que en aquel momento demostró ser un bluff, la burbuja reventó en poco tiempo. El nacimiento de editoriales que tenían que haber supuesto una entrada de aire fresco al mercado editorial estadounidense supuso la confirmación de la falta de ideas de las editoriales, tanto de las viejas como de las nuevas. Estas recién nacidas venían a encumbrar a autores que podemos considerar como de los peores del cómic estadounidense de superhéroes: Rob Liefeld y Tod McFarlane.

Pero ¿fue todo un destrozo?, quizás no, pero la perspectiva que tiene uno como lector de comics de aquel periodo no es muy halagüeña, aquellos tebeos eran disfrutables en un contexto muy determinado. Sin embargo, surgió uno de los personajes más característico y carismáticos de aquel periodo: Lobo. Los noventa fueron de Lobo. Un tipo que por su construcción no era apto para todo tipo de lectores, que había que entrar a trapo con él y con la estética propuesta por Alan Grant y Simon Bisley en el fundacional El último Czarniano. Lobo representaba todos los excesos del medio, pero mezclándose lo justo para desmarcándose y delinear una personalidad a través de una visión gamberra de lo que es un cómic se superhéroes. El tiempo ha pasado pero el personaje sigue aguantando las visiones que otros tantos autores crearon de este.

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En Batman/Lobo de Alan Grant y Simon Bisley transporta a la bestia czarniana a un Gotham histriónico en el que el mejor Bisley saca punta a uno de los personajes más icónicos del cómic: Batman. Que se ve superado por Lobo, su incapacidad para la moraleja y la reflexión, cuyo único leitmotiv es la violencia. Pero lejos de ser la típica propuesta vacua en la que se plantea un escenario para el enfrentamiento, la trama nos plantea algo mucho más interesante: la suplantación. En un principio Lobo en contratado por el pingüino para matar al Joker, pero este le hace una contraoferta en la que contrata al asesino con la misión de hacer perder la reputación de Batman. Esta supone una maravillosa oportunidad para convertir un crossover en lo que casi seria un What if..? Batman/Lobo se configura como una intervención en la que los autores introducen en el oscuro mundo de Batman el colorido aportado por Lobo, aunque solo sea por la sangre que brota a su paso, y devolviendo al universo gothamita a lo camp y al kistch. La presente edición se complementa con la colaboración de Neil Gaiman para  Batman: Black & White vol. 1 en la que vemos un behind the scene en el que Batman y Joker se preparan para “interpretar” una pelea.

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El caso de Lobo. Autopista al infierno es una obra nostálgica que gira en torno a todo aquello que fue el personaje en sus inicios. Suele pasar que este tipo de personajes que nacen brutales para convertirse en carismáticos, no es que pierdan fuerzan, si no que los lectores habituales buscan una serie de tics que se vayan articulando a lo largo de la historia. Esta obra guionizada por Scott Ian, fan declarado de la serie, y dibujada por Sam Kieth, es un trabajo dedicado a todos los que en algún momento hemos sido fans de este tipejo. El dibujo de Kieth va como anillo al dedo al juego narrativo planteado por Ian, que a veces peca en exceso de metareferencial. Es un trabajo interesante, divertido hecha por alguien que quiere al personaje, por eso las situaciones en las que pone a este están hechas a su medida, para que pueda desarrollarse en toda su amplitud. En este caso a diferencia de la obra anterior, esta es de 2010 y la otra de 2000. No interesa tanto experimentar con Lobo tanto como hacerle vivir nuevas aventuras en este caso ir en busca de Satán para enfrentarse con él.

Ambos títulos son una magnífica oportunidad para reencontrarse con Lobo o para hacerlo por primera vez, que sirven para ir haciendo boca mientras se reeditan los títulos que lo hicieron lo que es a día de hoy.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

Spain is Pain #207: El Kovra es un animal salvaje

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Kovra 6 (VV AA). Ediciones Valientes, 2015. Rústica.224 págs. B/N. 15 €

Muchas veces nos olvidamos que los fanzines deben ser como animales indomables en los que caben contenidos que o bien no tendrían lugar en otro tipo de publicaciones o que no están pensados para públicos demasiado amplios. A día de hoy nos encontramos con dos tipos de fanzines según el formato: aquellos hechos de a base de fotocopias y grapas, y los que están editados con mimo, y a veces con más gusto con el que lo hacen algunas editoriales profesionales. En la mayoría de ocasiones en la forma está el fondo y los fanzines de grapa juegan con esa estética formal y esta se transfiere al interior de sus páginas.

En el caso del Kovra se establece un juego entre forma y fondo. La forma es exquisita, una edición impecable que contiene un monstruo en su interior, los contenidos de esta publicación se sitúan entre aquello que supuestamente encontraríamos en los fanzines de grapa y los contenidos del fanzine más innovador. Desde  hace años esta publicación ha presentado la apertura del cómic como medio cubriendo un hueco esencial para que los nuevos valores se den a conocer, o de aquellos autores que hacen del cómic medio y fin, el cómic por el cómic, como forma de expresión y quizás sin la aspiración a poder vivir de este.

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El Kovra se presenta a bocajarro sin una editorial lo cual es perfecto para entrar sin saber que encontrarnos y recibir un bofetón en nuestras retinas. Los contenidos se dividen básicamente en dos bloques: de carácter narrativo y los anarrativos o experimentales; aunque la mayoría se mueven a medio camino de ambas tendencias. De la casi treintena de autores que participan en este número me han parecido los más destacables: Andrés Magán con una historia mínima absurda, pero rica en la línea de las aparecidas en Grisa Zono, Carlos Gonzalez Boy con unas micronarrativas basadas en la forma y la estética, el exceso en el trabajo de Diego Gerlach , Berliach con una historia sobre el rencor y la resignación, la suciedad en la historia de Abraham Díaz, lo esteta en Carles G.O’D, Martin López Lam una historia sobre la amistad y las consideraciones en torno a esta, Laura Höldein con una historia cruda, Amanda Baeza ahondado en lo experimental, Agnieszka Piksa que utiliza la fotografía como intervención en vez de ilustración y Ulli Lust con la que quizás sea la historia más narrativa de todas.

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Posiblemente  lo más interesante aparte de los gustos personales, una de las ventajas de esta publicación es que cada lector puede hacer su lista de favoritos, es la capacidad de compilar diferentes tendencias y mostrar el panorama del cómic a nivel underground de hoy día. El Kovra es una representación de la viñeta como un medio sin fronteras, desprejuiciado que deja de lado las categorías y las clasificaciones, presentando una visión del mundo única e intratable. Sin Kovra no se entiende el panorama actual del cómic a nivel internacional, un imprescindible.

@Mr_Miquelpg

@lectorbicefalo

La eternidad en un suspiro

Caso para Dos Anthony Pastor (1)
Caso para dos (Anthony Pastor). La Cúpula, 2014. Grapa. 36 págs. Color. 5,90 €

El fotoperiodismo es quizás la más salvaje de las artes, pues es artística por equivocación, ya que su único fin es el documentalismo, la plasmación de un momento, el intento de explicar todo un enorme embrollo de contextos, suposiciones, mentiras, causas y efectos en una única imagen. Es una labor imposible, y quizás por eso le damos la categoría de arte, ya que se embarca en una odisea destinada al más absoluto de los fracasos. Y como no hay mayor dignidad que dedicar nuestro esfuerzo y tiempo a algo cuyo único fin es la derrota, no podemos más que valorar su carga poética y su encuentro secundario y fortuito con la belleza. De este modo, obras como la de Henri Cartier-Bresson o Martin Parr jamás conseguirán la victoria, pero por el camino abonarán a los receptores de su creación con una curiosidad por lo exterior, por la belleza intrínseca del mundo cuando simplemente se mueve.

La famosa fotografía de Henri Cartier-Bresson de un hombre saltando en un charco nos bloquea el cerebro porque nuestra mente nos impide disfrutarla en su totalidad, necesitamos saber por qué salta ese hombre y conocer las implicaciones de su acción: ver el pantalón mojado, sus zapatos destrozados y buscar en su rostro la jovialidad infantil o el malestar adulto. Cada uno puede al final hacer su propia lectura, conversar con la obra y generar sus propios significados. En esto consiste prácticamente el cómic Caso para dos de Anthony Pastor, un instante en la vida sin mayor explicación que la que el lector le quiera otorgar a la obra, para al final, como siempre sucede, termine hablando más de sí mismo que de lo que acontece a los personajes. Caso para dos es un golpe en el hombro, ligeramente violento pero justo en lo doloroso, con el que nos giramos para ver que estamos totalmente solos.

Anthony Pastor ya ha desarrollado el personaje de Sally Salinger en los cómics Castilla Drive y Caramelos atómicos, pero no es hasta Caso para dos cuando nos explica un poco de la vida anterior de su protagonista y su enigmático marido Robert, quien la abandonó a ella y a sus dos hijos en común. Por fortuna, Anthony Pastor no opta por llenar los huecos de la historia cronológica de Sally, sino más bien por dar una pincelada más en el cuadro abstracto de su existencia. Nadie encontrará en Caso para dos explicaciones a la Sally posterior en el tiempo, tendrá que conformarse con pequeños indicios, pistas veladas sobre quién era Robert Salinger y cómo afectó a la vida de Sally. Todo esto diluyéndose en otra trama, la historia de la búsqueda de un anciano desaparecido, Mortimer Buenavista, cuya esposa a contratado a Robert para que lo encuentre. Como en todo caso de detectives, nada es lo que parece y un caso de búsqueda de una persona desaparecida esconde más de lo que muestra a simple vista.

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Pero al final, la búsqueda de Mortimer Buenavista es lo de menos, porque lo realmente importante es Robert con una pistola en la mano en un oscuro aparcamiento mientras a escasos metros Sally espera en el coche con su hija en brazos. Con unos elementos mínimos, Anthony Pastor crea una tensión que sube y baja continuamente, haciendo del salto temporal una herramienta casi sádica para gestionar el avance en la trama. Todo es tan sencillo como que Robert cruce una puerta de un almacén a oscuras para encontrarse con el hombre que busca. Pero Anthony Pastor no duda en saltar continuamente hacia atrás, de forma discontinua pero intencionada, para retrasar el clímax, haciendo además que cada nueva pincelada traída del pasado desvirtúe lo que había construido hasta ese momento.

Esa escena central, que ocupa la mayoría de las páginas de Caso para dos, es digna del mejor thriller cinematográfico de los años setenta del siglo pasado. Un hombre armado y con un maletín oculto entre las sombras; otro hombre, también armado, que se lanza tras él; y una mujer, quizás la más valiente de los tres, que no tiene dudas en seguirlos aunque sea con un bebé en brazos. Como es lógico, los tres sujetos terminan encontrándose en un momento que redefinirá sus vidas completamente, obligándoles a enfrentarse a su presente, pasado y futuro, como un mordisco amargo de la fruta del Árbol del Conocimiento. Todo el interés de Anthony Pastor es explicar ese momento definitorio lleno de belleza e intensidad, creando la duda de si toda la información que despliega a su alrededor nos ayuda o nos embarra tal misión, misión que eso sí, no está carente de desafío y cuestionamiento para el lector.

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El juego de la literatura

pagnegra portPágina negra (Frank Giroux, Denis Lapière y Ralph Meyer). Spaceman Books, 2015. Cartoné. 120 págs. Color. 25 €

Los juegos metaliterarios son casi tan antiguos como la propia literatura, es probable que el nacimiento de la ficción se diera cuando unos de aquellos protonarradores pensara que su historia sobre la caza de un mamut no era todo lo interesante que debía. Quizás si el jefe de los cazadores fue herido durante la contienda, y tuvo que acabar con la bestia sólo con media lanza, la narración sería de más agrado para el público. Entonces la mentira tomo su lugar eclipsando a la verdad. Después, con los agotamientos cíclicos de la mentira, se recurre habitualmente a la no-ficción para dar más interés a las historias, con ese gran eslogan “basado en hechos reales”. Aunque claro, todo vuelve a complicarse, siendo el sino de nuestros días, y la no-ficción se convierte en una nueva ficción estética para jugar con el espectador nuevamente.

No nos referimos con esto sólo a obras como El proyecto de la Bruja de Blair, pues ya El Quijote hacia referencia al despiste, vendiéndose como una rara conjunción donde realidad y literatura bailan un extraño vals para disfrute y engaño del lector. En cierta forma esto es algo parecido a lo que encontramos en el cómic Página negra, escrito por Frank Giroud y Denis Lapière, dibujado por Ralph Meyer, y coloreado por este último y Caroline Delabie. En su nivel más superficial, Página negra es un thriller de misterio en el sentido más puro y aséptico. Por un lado tenemos a Kerry Stevens, una periodista literaria obsesionada con conocer la verdadera identidad de Carson McNeal, un escritor misterioso que rehuye a la prensa hasta el punto de que ni siquiera se conoce su aspecto físico. Por el otro lado tenemos a Afia Maadour, una refugiada palestina en Beirut que tuvo que soportar la parte más dura de la Guerra del Líbano hasta que pudo refugiarse en Francia, donde la vida no fue más sencilla. Estos tres personajes se relacionan de forma constante aunque por caminos muy separados, ya que Afia es la protagonista de la última novela de Carson, el objeto más preciado por Kerry.

Nos encontramos con tres estereotipos muy transitados. Kerry es la chica intrépida dispuesta a todo por una buena historia. Carson es el reflejo de un intelectual obrero llevado al extremo, como un Cormac McCarthy o Thomas Ligotti al límite. Afia es la chica que tras una infancia atroz termina cayendo en la prostitución y las drogas, pudiendo sobrevivir gracias a una rabia y nobleza interior casi animal. Pero poco importan el origen o planteamiento inicial que Frank Giroud y Denis Lapière dan a su trío de protagonistas, pues la verdadera puesta en valor de Página negra llega con la relación entre los mismos y el propio desarrollo de la historia. Es notable como los guionistas no necesitan recurrir a la violencia cruda para llenar de intensidad la trama de su cómic. Todo está muy bien calculado y los personajes se van transformando para pasar desde sus primeros planteamientos como arquetipos hasta ganar una redondez y profundidad más allá del yo soy así porque me pasó tal. No se puede dejar de lado el hecho de que Página negra es ante todo un juego y un engaño, una historia totalmente lineal donde los narradores van jugando continuamente con las expectativas del lector.

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Así que lo mejor es no entrar en detalles sobre el devenir de Página negra para que el lector pueda llegar lo más virginal posible, disfrutando de cada quiebro referencial en la trama y de los varios niveles de juego que plantean Giroux y Lapière. Leer Página negra es saber que uno se tiene que dejar llevar durante el baile, pues aunque todo parezca obvio, sus autores esconden los artificios a plena luz. En parte, todo esto no se podría llevar a cabo sin el dibujo de Ralph Meyer, que con una línea clara, tan simple como libre, consigue llenar de efectividad cada viñeta. Su dibujo es casi cinematográfico en su concepción, haciendo que los personajes tengan la dureza propia del realismo pero los suficientes resquicios como para llenar de intensidad, dinamismo, e incluso ternura, su actuación. De este modo, nos encontramos con una puesta en escena casi escueta donde se sacrifica el virtuosismo para atar a tierra la historia, dándole mayor gravedad gracias a la contención.

Pero si algo hay que remarcar por encima de todo es el color, ya que aunque todo el lápiz pertenezca a Ralph Meyer, éste sólo se encarga de colorear parte del cómic, dejando el resto a Caroline Delabie. Ambos artistas se reparten la historia de Kerry y Afia, creando así un nuevo nivel de diferenciación plástica entre realidad y literatura, con los consiguientes juegos de cruce que hacen del color un elemento narrativo como pocas veces se puede ver en el cómic. En resumen, Frank Giroud y Denis Lapière consiguen una historia, que aunque no sea demoledora, enganchará y jugará con el lector con acierto, para que después Ralph Meyer lo plasme en un dibujo que se bebe con los ojos, para que finalmente el artista remate el juego con Caroline Delabie con un color que hacen de Página negra un perfecto disfrute para cualquier amante del thriller o los juegos metaliterarios.

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