Todo aquello que somos

amor y policia cover
Amor y policía (Juarma). Ultrarradio, 2014. Rústica. 164 págs. Color. 10 €

La épica es casi por definición la ausencia de cualquier tipo de comportamiento lógico o racional. Ninguno de nosotros somos héroes, y lo más cercano que hay al estereotipo del héroe son los fundamentalistas islámicos que recorren el infierno de lo que antes era parte de Siria e Irak. Esos bárbaros recorren sus dominios vestidos y equipados como guerreros míticos de finales del siglo XX, con sus rifles de asalto al hombro y el rostro cubierto con un pasamontañas. En cierto sentido son la última broma cósmica, el lugar donde surgió la civilización humana está ahora poblado por personas, no digo simios para no insultar a los simios, que se entretienen amputando los órganos sexuales a las mujeres o lanzando homosexuales desde las azoteas. Ellos son los héroes, son héroes porque son mártires, porque se enfrentan a un enemigo al que odian con toda su alma en una lucha en la que están dispuestos a morir, lanzándose al combate entre risas de éxtasis. Son héroes y son gilipollas.

No han entendido que la verdadera modernidad es el vacío, no el ya no saber que hay detrás de la puerta, sino negar la propia puerta. Ni siquiera estamos en ninguna parte, somos una contradicción estúpida, quizás tuvimos la opción de ser perfectos pero nos pasamos de frenada. Ellos, los integristas, han vuelto a la barbarie, a las violaciones y las decapitaciones públicas. Nosotros, aquí en Occidente, nos quedamos en mitad de la carretera, mirando fijamente las luces de ese camión, luces que nos ciegan, nos aterran y nos impiden movernos. Ante tal panorama lo más sencillo es mirar hacia otro lado, buscar nuestra propia barbarie o por una vez hacer algo, patalear. Esto es lo que hace Juarma en Amor y policía, un tratado filosófico que disfraza bajo un aparente humor unas máximas cristalinas y necesarias. No encontraremos en Amor y policía ni verdades incómodas ni moralinas, ni siquiera consejos bienpensantes. Simplemente hallaremos un espejo.

Tengo una caja de cartón con dibujos de pingüinos llena de fanzines y cómics de Juarma, un tesoro donde he visto evolucionar su trabajo desde el intento de humorista gráfico atado a la información, hasta la obra de un poeta desnudo lleno de acidez y ternura. Amor y policía es el culmen de dicho trabajo, donde la actualidad da paso a la verdad y la belleza. El volumen es pequeñito, tanto que prácticamente entra en el bolsillo interior de una chaqueta o chaquetón, lo que lo convierte en el objeto perfecto para que nos entierren con él, para que en el futuro los alienígenas o las ratas evolucionadas, lo que llegue antes, sepan lo que supuso vivir nuestros días. Y como todo texto definitorio de una sociedad, está lleno de sin sentidos, de un odio visceral hacia un poder en las alturas, una mano negra; hasta el amor más tierno y dulce. Algo comprensible, pues todos podemos odiar a Rajoy, ser conscientes de que la sociedad es una puta mierda, pero aún así mirar con ternura a nuestra pareja.

Elefante Juarma

Aunque nadie se lleve a engaño, la lectura de Amor y policía es divertida en el sentido de sentirte estúpido, en lo que Juarma es un experto. El divertimento está ahí porque Juarma domina el chiste como pocos, especialmente cuando se trata de una única viñeta como es el caso de Amor y policía, con una efectividad que debería convertir cada uno de los chistes en un meme instantáneo si no fuera porque los idiotas de Internet no iban a pillar la ironía. La estupidez también hace acto de presencia de forma decidida porque Juarma es capaz de detectar como pocos las contradicciones de nuestra sociedad, incluidas las del autor y el lector. A lo largo de la obra, Juarma hace un llamamiento continuo hacia una vuelta al campo, al salvajismo más sencillo, lo que parece la única respuesta lógica ante la sociedad que hemos creado. Para estar mirando a través de una ventana, mejor cruzar la ventana, subirnos a un árbol y rascarnos los huevos tranquilamente mientras nos comemos un plátano. ¿Qué alternativas tenemos? Sí el futuro no es más que una proyección llena de sufrimiento y calvicie, un auténtico valle de lágrimas.

Aunque al final, y posiblemente para hacer daño, Juarma deja un regusto positivo que parece colocado a regañadientes. Es cierto que la mayoría de las veces ese positivismo se circunscribe a lo más básico y hedonista, pero es algo lógico si tenemos en cuenta que lo más divertido y agradable de la vida es tan simple como alegre. Así que no puedes más que leer Amor y policía y asentir, asentir cuando no estás riendo, claro. Porque los hijos de puta van a seguir ahí fuera, así que primero armémonos con autoconocimiento y después enfrentémonos a la vida, que oye, va a seguir siendo igual de mierda, pero lo mismo entre tanto tonto encuentras algo que te gusta.

@bartofg
@lectorbicefalo

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