Flores entre los adoquines

solanin portadaSolanin (Inio Asano). Norma Editorial, 2014. Rústica con sobrecubierta. 426 págs. B/N. 15,95 €

Más vale que nadie se equivoque, la crisis ya ha terminado, lo único que pasa es que tras pasar por la tormenta hemos llegado a un acantilado de rocas en lugar de volver a la playa de arena blanca que teníamos antes. El status quo ha cambiado y toca acostumbrarse, saber que ya no seremos como los hijos del baby boom americano de los cincuenta, que más bien nos pareceremos a las diferentes juventudes japonesas que durante las últimas décadas han tenido que enfrentarse a la precariedad y la inseguridad como parámetros del día a día. Así que más vale abandonar las fantasías de una segunda casa en la playa o en la montaña y concentrarse en conseguir un buen puesto de trabajo, y si aún tenemos energía y ganas, molestar un poco para generar una nueva crisis, una de las que traen un cambio de status quo para mejor. Pero tampoco hay que rasgarse las vestiduras, pues por muy mal que estén las cosas, la felicidad se empeña en perseverar.

Aunque claro, lo de la felicidad es más una cuestión de percepción del propio sujeto que de los hechos externos al mismo, uno puede elegir ver la vida como un drama o una tragedia. En el drama siempre hay esperanza, en la tragedia no. En este sentido, el manga Solanin de Inio Asano es un drama, un drama tan potente que orbita peligrosamente la tragedia, una tragedia oscura que parece empeñada en tragarse la vida de Meiko, su protagonista, una joven administrativa en una pequeña empresa de Tokio. De entrada, la historia de Solanin puede parecer un josei más, un manga dirigido a un público de mujeres jóvenes que gustan de tramas amorosas y de superación. Tanto la contraportada del manga como sus primeras páginas pueden ir dirigidas hacia esa dirección, algo que Inio Asano se empeña en dinamitar rápidamente, y más de una vez a lo largo de la obra. Solanin es un texto generacional en el sentido más amplio del concepto, donde la representación del paso a la edad adulta se describe sin concesiones al lector.

El punto de partida es la vida de la mencionada Meiko, quien en contra de lo estipulado por la buena etiqueta japonesa decide dejar su trabajo fijo por el simple hecho de que el mismo no le hace feliz. Cuando Meiko descubre que la inactividad tampoco es una solución, decide volcarse en su novio Naruo, al que insiste para que ponga más empeño en su grupo musical, casi tratando de vivir a través del sueño de su pareja. Aquí pudiera parecer que se abre una trama profesional-artística vista mil veces en el manga, del que nos pueden llegar grandes ejemplos como el shonen Beck de Harold Sakuishi, donde a través del empeño personal un artista termina triunfando. Pero, en Solanin hay muchos peros, a mitad de la obra, Inio Asano decide mutar la misma con un golpe de timón que descoloca totalmente al lector.

Esta extraña construcción en dos actos crea dos historias casi independientes, pues en ambas nos encontramos a dos Meikos totalmente diferentes que se ven obligadas a madurar a la fuerza y a encontrarse a si misma a marchas forzadas. Inio Asano es un demiurgo con un aparente síndrome bipolar, pues no deja de demostrar un cariño excepcional por sus personajes al mismo tiempo que no tiene problemas con torturarlos una y otra vez, colocando frente a ellos a sus peores demonios. Con este planteamiento sería fácil caer en el sentimentalismo más barato, convertir a Meiko en una luchadora por Naruo y a éste en un artista atormentado, pero las esquirlas e irregularidades que habitan Solanin hacen que todos los personajes sean tan únicos y complejos que el estereotipo no tiene cabida en los mismos.

solanin pag

Sucede algo parecido con las subtramas de los personajes secundarios. Los otros dos integrantes del grupo, Billy y Kato, presentan historias mil veces contadas, Billy está enamorado en secreto de Meiko y Kato parece dudar entre su novia actual y una joven universitaria; unas tramas destinadas al desastre consiguen prevalecer y mostrar tanto frescura como verosimilitud, haciendo al mismo tiempo que el lector se sorprenda y empatice con los personajes. Al final la música importa poco, incluso el recurso de Inio Asano de crear elipsis durante los momentos supuestamente más épicos del manga, llena de más profundidad la historia personal de sus personajes. Cuando Solanin llega al final el grupo de amigos sigue igual de perdidos en la vida, no alcanzan ni fama mundial ni consiguen un contrato con una gran discográfica, pero en el camino todos han cambiado, de una forma tan compleja como casi imperceptible.

En este sentido, es de agradecer la contención de Inio Asano, que se aleja rápidamente de la sensiblería más superficial que tanto ha contaminado al shojo hasta convertirlo casi en un estilo matemático donde el sentimentalismo más pueril es el rey absoluta. En Solanin no sobran las referencias a costumbres de la sociedad japonesa, hasta el punto que algunos comportamientos pueden parecer extraños al lector occidental, pero en lo más profundo, Inio Asano habla de los sentimientos con el mayor respeto hacia el lector y toda la entrega hacia conceptos como el amor o la pérdida. Del dibujo de Inio Asano poco se puede decir a parte de su capacidad de crear una sensación total de verosimilitud sin dejar de lado la expresividad humana. Todo es realista en el sentido más amplio de la palabra, desde la arquitectura de los objetos hasta la topografía de un rostro llorando. Solanin es una obra necesaria, una piedra más en el monumento a si mismo que se está construyendo Inio Asano como uno de los mejores mangakas de la actualidad. Cuando termines de leer Solanin no te van a entrar ganas de aprender a tocar la guitarra o dibujar, pero vas a ser un poco más consciente de que la felicidad, por muy mal que estén las cosas, siempre es una opción.

@bartofg
@lectorbicefalo

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Un comentario en “Flores entre los adoquines

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